Portada | Almadrasa | Foros | Revista | Galería | Islam | Corán | Cultura | Poesía | Andalus | Biblioteca | Jesús | Tienda

  

Capítulo 1:

Puesta en escena

 

Si has visto la película de Ridley Scott, El Reino de los Cielos (The Kingdom of Heaven), te habrá sorprendido tanto como a muchos otros en el cine ver que los musulmanes son presentados de una manera muy positiva. Por otra parte, ni monstruos ni villanos aparecen como muy civilizados.

De hecho, los únicos bárbaros de la película son un grupo de caballeros de las Cruzadas que olvidaron y traicionaron su noble causa.Si hubieras visto esa película en cualquier sala de cine del mundo árabe, la reacción del público te habría impresionado tanto como cualquier detalle de la película. Habrías podido ver como el público, en su mayoría chicos jóvenes, se sentaban sobre los bordes de sus butacas, asombrados de ver por primera vez a través de la pantalla cómo el Islam era presentado en Hollywood con un enfoque positivo. Acostumbrados a ver diariamente a través de la televisión imágenes de ataques terroristas suicidas cometidos supuestamente por musulmanes, no daban crédito a lo que veían sus ojos.

Dichos jóvenes musulmanes coinciden con cualquier otro joven del resto del mundo en su propósito de ir al cine. Tienen las mismas necesidades y preocupaciones que cualquier otra persona. Van allí con la simple intención de pasar la tarde con los amigos. Del mismo modo, son personas que sueñan con tener un buen empleo y, algún día, establecerse y casarse con la chica de sus sueños para formar una familia. La única diferencia es que, al finalizar la película, salen juntos a tomarse un zumo de naranja, en vez de una cerveza, y no van acompañados por sus novias, ya que esto sólo está permitido una vez que se han comprometido formalmente como pareja.

Sólo tienes que encender el televisor en cualquier lugar de Occidente para hacerte a la idea rápidamente de que el Islam es la religión del terrorismo. Los musulmanes sienten que tras los horribles sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos, o los terribles atentados con bomba en Madrid, Londres o Sharm Es-Sheij, cualquier explosión o gran estruendo producido en una gran ciudad, aunque en realidad se deba a una fuga de gas o al tubo de escape ardiendo de un automóvil, provocará que todas las miradas se giren hacia el Islam, acusándolo. La simple palabra "islámico" se ha asociado en la mente de la gente con bombas de suicidas y personajes sospechosos y demoníacos. Por otra parte, el que la mujer lleve puesta la vestimenta islámica y el velo, lejos de ser un símbolo de modestia, se ha convertido para muchos en un símbolo de opresión a la mujer, en una influencia religiosa extremista.

¿De dónde proviene esa imagen que hace que el Islam parezca tan violento, tan agresivo, tan irresponsable en el trato con los demás? La cobertura diaria de noticias trae a nuestras pantallas de televisión imágenes de violencia extrema en Irak y Palestina. Los árabes que suben a un avión se sienten vigilados por todo el mundo, no sólo por los responsables de seguridad del aeropuerto, sino también por los propios pasajeros, que temen por sus vidas… ¿Y si llevan armas escondidas?, piensan.

Sin embargo, cuando la violencia del IRA estaba en su máximo nivel en Irlanda del Norte durante los años 70 y 80, nadie hablaba de terroristas católico-romanos. La Iglesia católica-romana no recibía críticas unánimes. Cuando el grupo separatista vasco, ETA, perpetró ataques en la región vasca del norte de España, nadie hablaba de terroristas cristianos. Entonces, ¿por qué sucede así con el Islam?

De manera similar, los musulmanes creen que existen dos medidas muy diferentes al condenar los ataques con bombas en los que mueren hombres, mujeres y niños inocentes. Tras los brutales ataques con bomba en Madrid y Londres, Europa en su totalidad dedicó unos minutos de silencio en conmemoración de las víctimas, cosa que apruebo. Sin embargo, mujeres y niños inocentes son asesinados diariamente en Palestina sin que sus muertes a penas merezcan mención en las noticias de la televisión. Muchos jóvenes musulmanes se preguntan si las muertes de civiles palestinos no son en cierto modo tan deplorables como las de los civiles de Occidente. El Primer Ministro británico, Tony Blair, tenía razón al decir que las causas subyacentes de estos ataques necesitaban ser tomadas en cuenta. Esperamos analizar el asunto en estas páginas con un enfoque honesto.

No nos dejemos llevar por la parcialidad desde el principio. Tenemos que ser justos. Muchos musulmanes son en sí su enemigo más acérrimo. La imagen que muchos de ellos dan al mundo es una imagen falsa del Islam. El Islam no es violento. La idea del “terrorista islámico” es aborrecida por el auténtico Islam. El propósito de este capítulo introductorio es marcar el territorio y decir que los malentendidos existen, a ambos lados, y que estos malentendidos permiten que impere la falsedad. En efecto, podemos destacar ejemplos de individuos que refuerzan estas nociones equivocadas del Islam. La gente mala existe. Mucha gente del mundo occidental está aterrorizada por el Islam debido a las falsas ideas que tienen de esta religión. Los medios de comunicación mundiales tienen mucha culpa, mucho sobre lo que responder, por haber jugado con los miedos de la gente. En el fondo, no hacen más que buscar titulares, y la violencia es el reportaje con más tirada.

Demos un paso atrás. En Occidente, en Europa Occidental en particular, se han sentido fascinados desde tiempos muy lejanos por Oriente -el misterioso Oriente. El mundo árabe, el mundo de los moros, ha incitado admiración, miedo y maravilla. El Otelo de Shakespeare, el Moro de Venecia, es un personaje oscuro en todos los sentidos, consumido por la envidia, concebido para inculcar el miedo en los corazones de los niños. Shakespeare no escogió a un hindú, ni a un hispano, ni a un africano para ser su villano, sino a un moro, un árabe, un musulmán.

Las cruzadas, en efecto, supusieron el primer contacto entre Oriente y Occidente. Los caballeros de las cruzadas partieron hacia la Tierra Santa no sólo para reconquistar los Lugares Santos de las manos del infiel, sino para hacer fortuna, y poner en marcha un nuevo mundo de misterio. Son ellos los que rememoraron las historias de la brutalidad de Sarraceno, y la tortura que sufrieron sus paganos oponentes, así como otros cuentos de belleza deslumbrante y misticismo. Mujeres con velo, cálices de oro puro y plata, camellos, frutas y flores desconocidas, joyas más allá de lo imaginable… Todo formaba parte de la fantasía relatada desde Jerusalén y Damasco. Eternamente conocidos como los profanadores del santo sepulcro del salvador, o por haber aniquilado a miles de civiles inocentes, los moros, los musulmanes, quedaron fijados en las retinas de la gente como villanos. Una historia sucedió a la otra y la imaginación se desbordó.

Cuando concluyeron las cruzadas, el mundo musulmán reculó en las mentes de muchos, a pesar de que los moros se habían establecido en el sur de España y habían alcanzado hasta la mismísima Viena. Para muchos, sin embargo, el mundo musulmán se presentaba como un mundo desconocido, inexplorado. Todo lo que quedaba en la imaginación popular eran las memorias del pasado. Los visitantes procedentes de Oriente que llegaban a las cortes de Europa traían consigo regalos consistentes en camellos y elefantes, así como finas sedas y brocado. Los cónsules de la corte del sultán traían consigo historias de espléndida riqueza y lujo más allá de lo imaginable, sin olvidar las historias de esclavos y concubinas. Entre la magnificencia de estas historias, se encuentran los cuentos de exceso y crueldad, así como de decapitación y obediencia ciega.

Los interiores de algunos de los palacios islámicos, mostrados en escenas de El Reino de los Cielos -The Kingdom of Heaven-, eran verdaderamente bellos; lugares en los que las cosas bonitas son ensalzadas con honor y colmadas de aprecio. En verdad, el legado de arte islámico que se extendió por toda África septentrional hasta el sur de España es bastante exquisito. Los avances en matemáticas, ciencia y caligrafía, por nombrar algunos campos, transmitidos al mundo por estudiosos islámicos, es memorable. La cerámica islámica, así como la cristalería y la arquitectura, tuvieron un profundo impacto en la herencia cultural a nivel mundial.

Artistas y escritores del siglo diecinueve que viajaron a territorios musulmanes en busca de inspiración exótica, confirmaron nociones populares al traer consigo esculturas y pinturas de mezquitas, harenes y caballeros árabes. Algunos de los lugares visitados quedaron en la clandestinidad, incorporándose al sentido de lo misterioso. Estos orientalistas, a menudo vestidos de mujeres con velo y largas ropas oscuras, buscaban penetrar en el mundo prohibido, llegando a entrar incluso en la mismísima ciudad sagrada de La Meca. En resumen, el mundo musulmán se había convertido en un misterio. Muchas veces se teme aquello que no se comprende.

Durante gran parte de siglo veinte, y ya en el presente siglo, el establecimiento de un estado judío en Palestina ha sido un constante problema para las potencias mundiales de más envergadura. Incluso ahora Irak, Siria o Sudán representan un quebradero de cabeza que no tiene fin. Con la llegada del petróleo a los estados del Golfo en los años 60 y 70, los turistas más pudientes del mundo árabe empezaron a frecuentar ciudades como Londres, París y Nueva York, trayendo consigo extrañas costumbres y modos de vestir nunca antes vistos. Oleadas de inmigrantes venidos hacia Europa procedentes del norte de África, de Turquía y del sudeste de Asia, hicieron que mucha gente entrara en contacto con el Islam por primera vez.

Sin embargo, los musulmanes son gente común y corriente. La inmensa mayoría no posee una espléndida riqueza. De hecho, lo contrario es más cierto. La mayoría se levanta por la mañana, se marcha a trabajar y regresa por la noche para ver la televisión e irse a la cama. No hay nada de fanático en esto. Un conductor de autobuses musulmán de Damasco se va a trabajar de la misma manera que lo hace su homólogo en Washington. Ambos desean ganarse la vida, ganar el dinero suficiente como para mantener a sus familias, enviar a sus hijos a la escuela, y quizá reunir lo suficiente como para irse de vacaciones con la familia. No hay nada de extremista en ello.

Si tuviéramos la habilidad, el gran don, de ser capaces de ver las cosas desde el punto de vista de los demás, de poder ponernos en la misma situación que el otro, veríamos que el Islam es una religión de paz, sí de paz, que da respuesta a los problemas del hombre. Si suspendemos nuestra incredulidad por un momento, lo suficiente para escuchar qué dice el otro, el Islam tendrá la oportunidad de hablar por sí mismo.

Así, en este capítulo introductorio pretendemos aclarar algunos de los obstáculos que pueden impedir que comprendamos lo que es realmente el Islam. Los humanos cometemos errores. No somos ángeles y nos influyen todo tipo de cosas. No podemos presentar el Islam a los no musulmanes sin que mencionemos antes unas pocas palabras acerca de ciertas maneras de comportamiento que pueden parecer extrañas y confusas, incluso ofensivas, a aquellos que no están acostumbradas a ellas. Repetimos: los malentendidos y las malas interpretaciones alimentan la desconfianza.

En primer lugar, debemos mencionar algo sobre la manera en que el Islam trata a las mujeres. O mejor dicho, debemos decir algo sobre lo que la gente piensa que dice. Recuerda que las diferentes culturas y sociedades contemplan conceptos diferentes y de diferentes maneras, lo cual no les hace tener o no tener razón. Simplemente son diferentes. Si yo miro un cuadro desde su parte frontal, veré algo totalmente diferente de alguien que lo mire por detrás, aunque ambos estemos mirando el mismo objeto. Dependiendo de donde seamos originarios, esto influirá en nuestra manera de entender.

Pongamos un ejemplo. Las mujeres musulmanas de los estados del Golfo, Irán y Afganistán, por ejemplo, están cubiertas de negro de los pies a la cabeza, mostrando únicamente sus manos y parte de su rostro. Quien no esté acostumbrado a esto, lo verá como cruel. ¡Qué opresivo!, dirán. ¡Qué anticuado!, ¡qué opuesto a los derechos que la mujer ha conseguido a lo largo de los años!, ¡qué retrógrado!, ¡qué raro! Esta predisposición hace ver a las mujeres cubiertas de negro como algo erróneo, algo así como un símbolo del “imperio del mal” que amenaza con engullir al mundo civilizado.

El Islam requiere que los hombres y las mujeres se vistan con modestia. Es un requerimiento de bastante sentido común, que reconoce que los hombres y las mujeres tienen sentimientos el uno hacia el otro, que les pueden llevar a formas de comportamiento incorrectas. Los musulmanes probablemente se decantarían por la promiscuidad, el nudismo y la pornografía si dieran rienda suelta a los sentimientos naturales. Al vestir modestamente, según ellos, de manera que no se excite la pasión entre ambos sexos, el Islam ofrece un método para que hombres y mujeres vivan de manera casta y modesta. Para las mujeres musulmanas, esto significa llevar la vestimenta islámica y el velo en presencia de todos los hombres que no sean parte de su familia inmediata; sin embargo, se lo pueden quitar dentro de sus casas. En otras sociedades musulmanas, las mujeres permanecen completamente cubiertas, incluso cuando están en casa.

Deja a un lado tu incredulidad por un momento e intenta razonar de este modo: son mujeres que desean entregarse totalmente a la persona que aman. Tanto, que la única persona por la que ellas desean ser vistas es su marido. Esta idea, desde este punto de vista, resulta bastante romántica. La coacción religiosa no tiene cabida en el Islam. No vamos a dar aquí ejemplos de coacción que desmientan el concepto en el que se basa el Islam.

En una era en la que ceder el asiento en un autobús a una señora, o sujetar la puerta abierta para que ella pase, se ha convertido en algo arcaico en muchos lugares del mundo occidental, estos detalles permanecen firmes en la sociedad musulmana, por no mencionar el respeto y la reverencia hacia los más mayores como algo arraigado.

En contraste con ejemplos sensacionalistas usados por la prensa, que son la excepción más que la regla, podría escribirse un libro entero sobre los derechos que el Islam da diariamente a las mujeres. La dote que percibe al casarse le pertenece estrictamente a ella, y su marido no tiene ningún derecho sobre ese dinero, quien además tiene la obligación de sustentarla económicamente por estar casado con ella. Una esposa tiene derecho, por legislación, a ser mantenida. Ella no tiene que trabajar si no lo desea. Los derechos y el respeto que el Islam da a las mujeres fueron considerados revolucionarios cuando fueron en su día presentados en la Península Arábiga. Hoy en día, siguen siendo reales.

Dejando a un lado la jurisprudencia, uno sólo tiene que visitar la casa de un musulmán para ver la importancia que la mujer tiene en la familia. Recibe un profundo amor y respeto de sus hijos y es a su vez amada y protegida por su marido. Si uno se asienta en el seno de una familia musulmana, no le cabrá la menor duda de la importancia que tiene el género femenino entre los miembros familiares. Sólo basta con acercarse a cualquier mercado local de El Cairo para ver los derechos de la mujer en acción: verás al marido cargado con bolsas de compras, su hijo sentado sobre su hombro y con su hija pequeña cogida de la mano. Su esposa andará delante de ellos, comprobando las verduras, monarca de todo lo que contempla… ¡La realidad cotidiana no es tal como los periódicos quieren hacernos creer! "El Profeta Mohammad SAAWS [1]dijo: "El Paraíso se halla en los pies de tu madre.”

Aferrémonos a estas cosas, pero pongámoslas a un lado si aún nos preocupan, y oigamos lo que Islam dice al respecto. Trataremos de permitir que los musulmanes hablen sobre su religión. Si un joven roba y es atrapado no significa que todos los jóvenes sean ladrones. Si hay un marido malo, ello no quiere decir que todos los maridos sean malos. Esto es cierto para todo el mundo. Permitamos que sea igualmente verdadero para el Islam.

Es natural en nuestra condición humana que siempre busquemos a alguien a quien echar la culpa. “Alguien debería hacer algo al respecto”, se dice a menudo. La vida siempre pone de manifiesto nuestros defectos, diciéndonos de alguna manera que no damos la talla. Lo oímos en la escuela o en el trabajo todo el tiempo. De este modo, si alguien resulta ser peor que nosotros, esto significa que no somos los peores. Buscamos malhechores y nos convencemos de que tal vez no seamos tan malos. Los políticos, asimismo, buscan ansiosamente un cabeza de turco para echarle la culpa de los males de la vida, eximiéndose de este modo a sí mismos y a nosotros de toda la culpa. Lamentablemente, la vida no siempre es tan simple.

Quizás deberíamos señalarnos a nosotros mismos con uno o dos dedos para empezar, acerca de las cosas incorrectas que hemos hecho, antes de apresurarnos a tomar conclusiones, y comenzar a buscar a alguien a quien culpar.

Otra cosa que hace a muchos fruncir el ceño viendo en ello algo totalmente extraño, es la actitud musulmana respecto a la bebida. El alcohol causa estragos en muchas personas. Los musulmanes no beben alcohol. ¿Por qué? Porque está prohibido en el Corán, su libro sagrado. Según su creencia, el alcohol debe ser rechazado no sólo debido al deterioro que causa en el cuerpo, sino también porque al beber se pierde el control de uno mismo. Empaña el pensamiento, afecta a la razón, y hace disminuir la capacidad de vivir una vida digna. Sin embargo, la principal causa que les lleva a rechazarlo es que Al∙lâh[2] (Dios) lo prohíbe. Para los musulmanes, ésta debería ser una razón suficiente.

En el mismo sentido, hallamos otra prohibición: comer carne de cerdo. Los eruditos del Islam, así como los doctores, citan que existen motivos de salud para explicar esta prohibición, sobre todo en climas cálidos. Sin embargo, la causa principal es que Al∙lâh lo prohíbe en el Corán.

De este modo, después de haber mencionado algunas de las ideas erróneas que mucha gente tiene sobre el Islam -aunque no se hayan aclarado totalmente-, la historia del Islam está casi lista para ser narrada. Sería una pena que estas ideas falsas impidieran que el Islam hable por sí mismo.

No hace mucho tiempo, se llevó a cabo un proyecto para edificar una magnífica mezquita en Roma. Debía ser construida en mármol blanco y sería visible a gran distancia, esta mezquita se financió con dinero de Arabia Saudita. Dicha mezquita estaba pensada para que la población inmigrante de Roma, constituida por musulmanes de África del Norte y gente de los países balcánicos, pudiera llevar a cabo allí sus oraciones. Sin embargo, la trascendencia de este proyecto en Roma consistía en que iba a ser construida en el centro de la fe cristiana. Las protestas públicas y un reproche clamoroso realizado por los grupos derechistas, pidiendo una nueva cruzada contra la edificación de la mezquita, fueron acalladas cuando el mismísimo Papa de Roma dio luz verde a la construcción de dicha mezquita, para sembrar la confianza entre creencias y como un gesto de cooperación.

La mezquita principal de Roma es una realidad hoy en día y se halla en pie firme en sus alrededores. Incluso en Roma, la mezquita se ha convertido en una parte natural del paisaje. Un faro del Islam en la ciudad eterna.

El Islam es la religión mundial de crecimiento más rápido. Actualmente, existen aproximadamente mil millones de musulmanes en el mundo. Sólo el dieciocho por ciento del total de musulmanes es árabe. Hay más musulmanes viviendo en Indonesia que en toda África del Norte y Oriente Medio juntos, y la mayor parte de musulmanes viven al este de Karachi (Paquistán). Sólo en Estados Unidos existe una población musulmana de aproximadamente cinco millones de personas. Pero lo que es realmente extraordinario es que el número de personas que desea abrazar el Islam en Occidente ha ascendido significativamente tras los ataques del 11 de septiembre.

En estas páginas, el Islam narrará su propia historia. A veces, para hacerlo más legible, la historia será amenizada por visitas a lugares de El Cairo, o a través de la mirada de personajes particulares. El Cairo, una ciudad sintonizada con su gente, rezuma religión por cada poro. Su población, predominantemente musulmana, vive y respira el Islam. Su historia dará vida y profundidad humana a lo que Islam tiene que decir. Estas páginas intentan explicar lo que Islam es realmente, por qué crece tan rápidamente, y por qué apela tan directamente al corazón humano.

Los hombres y las mujeres pueden construir puentes entre naciones y poner cimientos para la paz, consiguiendo entenderse más los unos a los otros. Sin embargo, en primer lugar, necesitamos urgentemente entendernos a nosotros mismos, saber dónde estamos y en qué creemos. El Islam responde a esta necesidad que está en cada uno de nosotros. Reemplaza la necesidad de adquirir poder y fama, la necesidad de tener más por la de ser mejor. Los musulmanes creen que su religión incita a descubrir nuestro verdadero valor ante el Omnipotente e inclinarnos en señal de sumisión a Él.

El Islam rechaza el egoísmo vano e insaciable que nos deja vacíos, y nos invita, en cambio, a un Jardín de deleites.

En las páginas siguientes, permitiremos que los musulmanes nos tomen de la mano y paseen junto a nosotros por ese jardín.

[¡Hombres! Os hemos creado a partir de un varón y de una hembra y os hemos hecho pueblos y tribus distintos para que os reconocierais unos a otros. Y en verdad que el más noble de vosotros ante Al∙lâh es el que más Le teme. Al∙lâh es Conocedor y está perfectamente informado...] TSQ [3](Noble Corán 49: 13)


[1] (SAAWS): Sal·la Al·lâhu ‘Alayhi Wa Sal·lam: Los Rezos y la Paz de Al∙lâh sean sobre él, que es explicada por los ulemas como sigue::

Sal·la Al·lâhu Alayhi: significa que le cubra con Su Gloria y Su Misericordia…El motivo de traducirlo literalmente es porque estas palabras son repetidas por los musulmanes de todo el mundo, siguiendo el precepto divino de decir esta expresión siempre que se mencione al Profeta, en la llamada a la oración (Al Âdân) o en cualquier circunstancia, como veneración concedida por Al·lâh a Su último Mensajero, Mohammad, que ha sido enviado a toda la humanidad.

Wa sal·lam: significa: y derrame Su Paz sobre él.

 [2] Al∙lâh: significa Dios. Es el Nombre Más Grande que ostenta el Único Creador que posee todos los atributos propios de la divinidad, tal como fue revelado en el Qor´ân.

[3] TSQ : Traducción de los Significados de Al Qor'ân. Es imposible transmitir exactamente los verdaderos significados que contienen las palabras de Al Qor'ân o imitar su elocuente retórica. Se han traducido los significados de Al Qor'ân y no se puede decir que sea una traducción de Al Qor'ân. Esta traducción nunca podrá reemplazar la lectura de Al Qor'ân en lengua árabe -la lengua en que fue revelado.

 

Portada | Almadrasa | Foros | Revista | Galería | Islam | Corán | Cultura | Poesía | Andalus | Biblioteca | Jesús | Tienda

© 2003 - 2016 arabEspanol.org Todos los derechos reservados.