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El imâm Abû Hanîfa Parte III

 

En el nombre de Al·lâh([1]), El Todo Misericordioso, El muy Misericordioso. Las alabanzas son para Al·lâh, Señor de los mundos y que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre el profeta Mohammad(SAAWS) [2]

Bienvenido a todos y seguimos con nuestro programa ''Un llamamiento a la convivencia''.

El objetivo de este episodio:

El episodio de hoy sobre Abû Hanîfa nos enseña una regla muy importante: ¿cómo podemos tratar con el otro cuando no estamos de acuerdo con él?

El razonamiento de las opiniones de Abû Hanîfa y la prueba de su veracidad:

Abû Hanîfa se dio cuenta de que había un problema. Éste radicaba en que los cambios y acontecimientos ocurren de una forma muy rápida, así como el número de las aleyas de Al Qur`ân (El Corán) y los ahâdiz (dichos del Profeta) son limitados, mientras que los acontecimientos son ilimitados. Entonces Abû Hanîfa pensó en establecer su jurisprudencia dependiendo primero de Al Qur`ân y de la Sunna (Tradición del Profeta), y en caso de no encontrar en ambos soluciones adecuadas para los acontecimientos aplicaría Arrâ´y (la opinión), entendiendo con ello la buena opinión, que significa elaborar un dictamen independiente basado en la cuarta fuente de la jurisprudencia islámica y que se basa en la aplicación y el empeño personal en búsqueda de la solución, algo que no existía en aquella época.

El resto del mundo islámico no experimentaba el rápido desarrollo de Bagdad, y por eso el resto de los ulemas no imaginaron que fuera correcto que Abû Hanîfa opinara de esta forma, pues para ellos, Abû Hanîfa aportaba nuevos dictámenes y tenía la audacia suficiente para declararlos.

"La escuela de la opinión" era una escuela de jurisprudencia de opiniones acumuladas, pues las opiniones no eran individuales sino de todos los sabios que pensaban conjuntamente con toda libertad para expresar sus opiniones.

Abû Hanîfa basó su idea en un dicho verdadero del Profeta (SAAWS). El Profeta envió a Mo'âdh Ebnû Ÿabal a Yemen, y le dijo: "¿con qué aplicarás la ley, Mo'âdh?”. Le respondió al Profeta: "con el Sagrado Libro de Al·lâh (Al Qur`ân)". Observad las palabras del Profeta (SAAWS) que dijo a Mo'âdh, como si fuera determinando la guía que Abû Hanîfa debería seguir más tarde, pues le preguntó: "¿y si no encuentras lo que buscas en las sentencias de Al Qur`ân?". Le contestó al Profeta: "entonces, seguiré La Sunna (Tradición del Profeta)", le preguntó: "¿y si no encuentras lo que buscas en ella?" Le dijo: "emitiré un dictamen independiente sin escatimar esfuerzo”. El Profeta sonrió, le dio un golpe en su pecho y dijo: "las alabanzas son para Al·lâh, Quien hizo que el mensajero de su Profeta lograra complacer al Profeta de Al·lâh". Quiere decir que Mo'âdh estaba en lo cierto.

Entonces Abû Hanîfa dijo a quienes le negaron su pensamiento: "¿por qué me lo negáis si es lo mismo que fue dicho por el profeta?"

Pero los ulemas no imaginaron que había alguien que tuviera la suficiente habilidad como para emitir un dictamen independiente basado en su pensamiento aplicado, excepto los compañeros del Profeta.

Los delitos de los que Abû Hanîfa fue acusado:

Dijeron que era de los persas que vinieron para devastar el Islam, que era un hereje y formaba parte de Al Mo’tazila o de Al Mobhi´a (grupos de extremismo intelectual en aquellos tiempos). Además se dijo que era de Al Jawâriÿ (un grupo que se distanció de 'Alî Ebnu Abî Tâleb y le mató), aunque Abû Hanîfa era de los que más lucharon contra esta secta. Se dijo también que era un ateo que se arrepintió pero que volvió a serlo de nuevo. Todo eso fue porque elaboró dictámenes nuevos e independientes, hasta tal punto que se llegó a decir que: "si Abû Hanîfa hubiese enfrentado a los musulmanes con la espada, habría sido menos dañino que sus dictámenes emitidos".

Abû Hanîfa dijo, defendiéndose a sí mismo: "Juro por Al·lâh que mintió y calumnió quien dijo que aplicáramos nuestra opinión antes de los dichos del Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, pues esto no es verdad, sino que aplico Al Qur`ân, luego La Sunna del Profeta y al final Arrâ´y (la opinión)…"

¿Cómo podemos tratar con el otro cuando no estamos de acuerdo con él?

Los diferentes tipos de gente que pueden no estar de acuerdo contigo:

Una persona juiciosa que no está de acuerdo contigo porque no comprende tu punto de vista. Cuando lo entiende, llegará a comprenderlo y respetarlo. Ésta es una persona justa y sincera.

Una persona buena pero de poca capacidad mental, que no está de acuerdo contigo.

Una persona juiciosa que no entiende las palabras teóricas, pues quiere ver la aplicación práctica.

Una persona que, por más que intentas explicarle, no quiere entender nada. Ésta es una persona envidiosa y resentida.

Una persona poderosa que no está de acuerdo contigo y quiere obligarte a aceptar su idea en contra de tu voluntad.

La gente corriente que no está informada de los acontecimeintos; son insensatos, actuan tontamente, no están de acuerdo contigo y te hacen enfadar a menudo.

¿Por qué tenemos que estar en armonía con aquellos que no están de acuerdo con nosotros?

Porque el Islam dice lo que podemos traducir como-: [...reconciliaos entre vosotros...] (TSQ[3] Sura 8, Al-Anfâl "Los Botines de Guerra": Aleya 1). Tratar con la gente no es un favor sino una obligación tuya, pues la armonía entre los musulmanes es de los pilares más importantes de la legislación islámica. No hay una orden legislativa en el Islam sin tener como meta, de una forma u otra, la armonía.

El Profeta, que Los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, dijo: “¿Queréis que os diga una cosa más valiosa que rezar, ayunar y dar limosnas?” Le respondieron: "Sí, Mensajero de Al·lâh". Les dijo: "reconciliar a la gente", y concluyó diciendo: "pues la desavenencia con la gente es “la afeitadora” que no afeita el pelo sino la religión”. Quiere decir que los problemas y el desacuerdo entre la gente conduce a la confrontación que afecta negativamente en nuestra creencia.

Las formas de convivencia y del tratamiento con los diferentes tipos de gente:

Hay cinco formas de tratar con aquellos que no están de acuerdo contigo para que coexistáis:

Primero: La lógica mental: esto es para la gente que quiere que les hables de forma lógica para convencerse, pues vamos a hacerlo así.

Segundo: La lógica práctica, es para quienes necesitan la explicación práctica para entender las cosas.

Tercero: La astucia, observaremos cómo Abû Hanîfa utilizó la astucia sin violar a ninguna de las sentencias invariables (las del Corán y de La Sunna)

Cuarto: La paciencia e indulgencia, se debe tener a ambos cuando tratamos con cierta gente.

Quinto: La persistencia en el principio, debes ser firme con tu principio especialmente cuando tratas con quien no esté de acuerdo contigo y quiere obligarte a aceptar su idea. Tu firmeza te hará triunfar.

1.- El trato con la gente mediante el razonamiento mental:

Primero, ¿Qué harías si estás en desacuerdo con una persona sensata? Os daré el primer ejemplo: se divulgó entre la gente que Abû Hanîfa estaba en contra de los dichos del Profeta, que los Rezos y Paz de Al∙lâh sean con él, porque elegía la opinión. Llegó a Al Hiÿâz que Abû Hanîfa estaba perturbando la religión y que prefería su opinión propia a los dichos del Profeta. Mas, la realidad era lo contrario. El imán Abû Hanîfa fue a realizar el peregrinaje a la Meca y ahí se encontró con el imán Mohammad Al Bâqir (que pertenecía a la descendencia del Profeta), entonces el imán Al Bâqir se dirigió a él con duras palabras diciendo: “¿Tú eres quien ha cambiado la religión de mi abuelo, interponiendo la opinión ante los dichos de mi abuelo?”, le respondió Abû Hanîfa: “No lo hice”, le replicó Al Bâqir: “Sí lo hiciste”. Entonces dijo Abû Hanîfa: “¡Imán! ¿Porqué no te sientas donde te guste y yo me sentaré donde me guste?”, entonces Al Bâqir se sentó en una silla, y Abû Hanîfa le dijo: “te has sentado donde a ti te gusta y yo me sentaré en el suelo que es donde a mi me gusta, pues quiero estar entre tus manos”. Se sentó Abû Hanîfa y le dijo: “Hago esto porque tú eres para mí lo que tu abuelo era para sus compañeros”.

Debes ser humilde con quien está ante ti, porque tu objetivo es que aparezca la verdad y que se establezca el afecto entre los corazones. Abû Hanîfa dijo una frase muy bella: “Mi situación con quien discrepa conmigo es como la de una persona que perdió su camello en el desierto, pues a esta persona no le importa quien la encuentre, bien sea él mismo u otra persona”.

Luego se sentaron enfrentados y dijo Abû Hanîfa: “¡Imán! dices que he cambiado la religión de tu abuelo por la opinión y renuncié a sus dichos”. Dijo el imán Al Bâqir: “Sí, lo dije”. Dijo Abû Hanîfa: “¡Imán! Te voy a hacer tres preguntas…”. Observa el modo que siempre utiliza Abû Hanîfa para convencer a la gente y aprended de él, pues cuando alguien le hacía una pregunta, les contestaba con otra pregunta, y empezaba con una pregunta fácil para poder encontrar un terreno común con la otra persona, entonces preguntaba tres o cuatro preguntas fáciles y luego llegaba al punto de discrepancia y así conseguía tranquilizar a la otra persona.

La primera pregunta: ¿Quién es más débil físicamente, el hombre o la mujer? Contestó el imán Al Bâqir: “La mujer”. Dijo Abû Hanîfa: “En la religión de tu abuelo ¿La herencia que recibe el hombre es mayor a la que recibe la mujer?”. Respondió Al Bâqir: “El hombre recibe el doble de lo que recibe la mujer”. Entonces dijo Abû Hanîfa: “Si yo utilizase mi propia opinión y dejara los dichos y la religión de tu abuelo, entonces hubiera dicho que la mujer debe recibir el doble de herencia por ser más débil físicamente, pero no lo hice porque los dichos de tu abuelo los antepongo a mi opinión”.

La segunda pregunta: ¿Qué es más importante para Al∙lâh, el rezo o el ayuno? Respondió el imán: “El rezo”. Dijo Abû Hanîfa: “¡Imán! Al terminar el mes de Ramadán la mujer pierde algunos rezos y días de ayuno (en los días de su ciclo menstrual no debe ayunar ni rezar), ¿Qué les ordenó tu abuelo a ellas? ¿Que recuperen el rezo o el ayuno?”. Dijo Al Bâqir: “El ayuno”. Dijo Abû Hanîfa: “Si hubiese preferido mi opinión propia a los dichos del Profeta, hubiera dicho que debe recuperar los rezos puesto que son más importantes, pero no lo hice, y dije lo que ordenó tu abuelo”. Abû Hanîfa hablaba con razonamiento y con humildad.

La tercera pregunta: ¿Qué es más inmundo, la orina o el semen?” Dijo: “En la religión de mi abuelo la orina es más inmunda que el semen”. Dijo Abû Hanîfa: “Si hubiese interpuesto mi opinión a los dichos del Profeta, entonces hubiera dicho que debemos lavarnos después de orinar y realizar solamente la ablución después de eyacular el semen, pero dije lo que ordenó tu abuelo, pues debemos lavarnos después de eyacular y realizar la ablución después de orinar”.

Entonces se levantó el imán Mohammad Al Bâqir y le dio un beso en la frente al imán Abû Hanîfa.

Os doy otro ejemplo, los Jawâriÿ (son una secta radical que apareció después de la muerte del Profeta Mohammad, que los Rezos y la Paz de Al∙lâh sean con él) creen que si un musulmán comete un pecado mayor como el adulterio o beber alcohol, es considerado incrédulo. Una vez entraron a la mezquita de Al Kûfa, alzando sus espadas y se dirigieron a Abû Hanîfa diciéndole: “Hay dos funerales a la puerta: uno es de un hombre que bebía alcohol y murió bebiendo alcohol y el otro es de una mujer que cometió adulterio y murió embarazada. ¿Cuál es tu dictamen sobre ambos? ¿Son creyentes o incrédulos? Tienes que respondernos ahora mismo”. Les dijo Abû Hanîfa: “Guardad vuestras espadas, pues no puedo pensar estando las espadas delante de mí”, le replicaron: “Nosotros las hemos alzado porque queremos acercarnos a Al∙lâh cortando tu cuello”. Entonces les dijo Abû Hanîfa: “No me recuerdo de la pregunta, ¿De quá religión eran los dos? ¿Eran judíos o cristianos?” (Aquí vemos cómo les ha respondido con una pregunta fácil). Le dijeron: “No, son musulmanes”, les dijo Abû Hanîfa: “Ya me basta con lo que habéis dicho”. Pero los Jawâriÿ se pusieron nerviosos y le preguntaron: “¿Estarán en el paraíso o en el infierno?”, les respondió: “Digo lo que dice Al∙lâh en Al Qor`ân ¿Acaso no creéis en él?”, dijeron: “Sí, creemos”. Entonces les recitó un versículo del Corán que dice en boca del Profeta Ibrâhîm (Abraham): “…Quien me siga será de los míos y quien no me obedezca pues Tú (Al∙lâh) eres el Perdonador y el Misericordioso” (Sura de Ibrâhîm, 36), luego les recitó otro versículo en boca del Profeta ‘Îsâ (Jesús) que dice: “Si les castigas son Tus siervos (de Al∙lâh), y si les perdonas, Tú Eres el más Sabio” (Sura de Al Mâ´ida- La Mesa servida, 118). Entonces bajaron sus espadas y dijeron: “Juramos por Al∙lâh que este hombre dice la verdad”. Así consiguió calmarles utilizando el razonamiento mental.

Observad que Abû Hanîfa no tenía impedimento alguno en renunciar a su opinión algunas veces. Un día vino Zuhaîr Ebnu Mo’âuiya y le preguntó sobre un asunto bastante complicado relativo a la esclavitud, entonces Abû Hanîfa le dio la respuesta, pero Zuhaîr le dijo: “pero he escuchado un dicho del Profeta contado por fulano y fulano y fulano, ¿acaso no te llegó?”, ya que no todos los ahâdîz llegaban a todos los imanes. Abû Hanîfa no conocía ese hadîz en que el profeta dice lo contrario. Entonces le dijo Abû Hanîfa a Zuhaîr que volvería a pensar en el asunto y asegurarse de la veracidad de este dicho del Profeta. Dice Zuhaîr: “Estuve fuera de Irak diez años y cuando regresé, envié un hombre para que le preguntara al imán Abû Hanîfa sobre aquel asunto, y le respondió con la respuesta que yo le había dicho hace diez años. Entonces fui a verle y le pregunté si se acordaba de mí, pero él no me reconoció, entonces le recordé aquella historia y le dije que envié a un hombre para ver si había cambiado su opinión”. Abû Hanîfa le respondió: “Nuestros conocimientos son una opinión, quien nos traiga lo que es mejor lo aceptaremos y dejaremos lo que habíamos dicho anteriormente” y en otro relato dijo Abû Hanîfa: “es lo mejor a que hemos llegado…”.

El razonamiento mental implica aferrarse a la verdad y estar dispuestos a escuchar y entender…

2.- El trato con la gente mediante la lógica práctica:

Pasamos ahora a la segunda lógica y el segundo tipo de personas que no entienden las teorías. No hay que utilizar con ellos la razón, sino hechos prácticos que puedan ver. Abû Hanîfa tenía una gran habilidad al tratar con este tipo de personas. Los musulmanes residentes en Occidente pueden sacar provecho del primer ejemplo de la lógica práctica ya que se enfrentan con problemas a la hora de tratar con personas ateas. Existían semejantes modelos en la era de Abû Hanîfa con los que entró en un debate de razón; siempre discutía con ellos diciéndoles que es imposible que el universo fuera creado de la nada, pero todo lo que decía, fue en vano. Entonces se puso a pensar de otro modo, les presentó excusas diciéndoles que estaba cansado y que no podía conversar con ellos. Luego, fijó con ellos una cita para el día siguiente insistiendo en que acudiesen a ella en el mismo lugar y hora. Al día siguiente, todos se reunieron excepto Abû Hanîfa. Quería comportarse con ellos según la lógica práctica. Llegó muy tarde a la cita y les pidió disculpas. Los ateos con los que quedó se enfadaron bastante por su demora. Abû Hanîfa les dijo: “Lo siento, pero como saben yo vivo en el otro lado del río Éufrates, y para llegar aquí tengo que coger un barco que no llegó”. Le preguntaron: “¿Pero cómo has llegado aquí?”, les contestó: “Me he quedado parado al lado del río, y de repente se acercó hacia mi un palo de madera, luego otros cuatro palos de madera, entonces los palos se reunieron y se construyeron hasta convertirse en un barco; lo cogí, fui llevado por las olas hasta la otra orilla y así he llegado”. El grupo de personas que le estaban esperando, le dijeron: “¡¿Usted se burla de nosotros?!”. Abû Hanîfa les contestó: “Habéis confirmado una cosa pero habéis fracasado. ¡¿Su mente no aceptó el hecho de que un simple barco fue creado de forma arbitraria, pero aceptaron que el universo milagroso fuese creado por pura coincidencia?!”. Entonces se quedaron callados.

Hay otro ejemplo muy bonito. La ciudad de Al Kûfa era la sede de ‘Alî Ebnu Abî Tâleb. Sabemos que en esta ciudad había personas que defendían con tenacidad a ‘Alî, pero que insultaban a ‘Ozmân Ebnu ‘Affân. Había una persona que vivía en Al Kûfa, que siempre repetía a la gente “¡‘Ozmân es un incrédulo, no es un musulmán!”. Un día, Abû Hanîfa fue a su casa y llamó a su puerta. Cuando el hombre abrió la puerta y encontró a Abû Hanîfa, se puso muy contento. Abû Hanîfa le dijo: “he venido a pedir la mano de tu hija”.

Le dijo: “¿Para quién?”. Abû Hanîfa le contestó: “Para una persona digna, un hombre de gran linaje, adinerado, tolerante, educado, guapo y muy devoto”. Entonces el hombre le dijo: “Sí, imán, acepto, me basta que venga de su parte”. Pero Abû Hanîfa le dijo: “Pero es que tiene un defecto”. “¿Cuál es?” le preguntó el hombre. Abû Hanîfa le dijo: “no es musulmán”. Entonces el hombre le dijo: “Pero ¿usted me pide que case a mi hija con un hombre que no sea musulmán?”. Abû Hanîfa le dijo: “pero ¿cómo su mente admite que el Profeta, que la Paz y los Rezos de Al∙lâh sean con él, casara a sus dos hijas con un hombre no musulmán? (Porque ‘Ozmân Ebnu ‘Affân se casó con dos hijas del Profeta, Ruqayya y Umm Kulzûm). Entonces el hombre le dijo: “Pido perdón a Al∙lâh, me arrepiento imán”.

Otro ejemplo del método práctico: viene en la jurisprudencia del imán Abû Hanîfa que cuando recitaba la sura de Al-Fâtiha (sura de la Apertura) en voz baja, por ejemplo en la oración del mediodía, la lectura del imán bastaba a todos los orantes que estuvieran detrás de él. Aunque no leían Al-Fâtiha, su oración fue admitida, el imán la leía en su lugar pero en voz baja. Esta cuestión fue rechazada por mucha gente. Algunas personas de Medina acudieron a Abû Hanîfa y le dijeron: “¡Vamos a discutirlo contigo!”.

Abû Hanîfa les dijo: “Yo no puedo discutir con todos vosotros”. Entonces le dijeron: “¿Qué prefieres?”. “Elegid a uno de vosotros para debatirlo conmigo, elegid al más sabio” dijo el imán. Y así fue. Abû Hanîfa les dijo: “¿Van a aceptar sus palabras?”, le contestaron: “Sí”. Entonces dijo: “¿Si debatimos, van a admitir sus palabras?”. Le dijeron: “Sí”. Entonces les dijo: “Entonces habéis confirmado mis palabras, o sea, es lo que he elegido en mi doctrina: que lo que va a decir sustituye lo que vais a decir vosotros –es decir que la lectura del imán reemplaza la de los orantes- es lo que habéis hecho. Luego Abû Hanîfa les dirigió bonitas palabras diciéndoles: “Pero sois de la Medina, y allí está el imán Mâlik que dice que hay que leer la sura de Al-Fâtiha, entonces seguid el método de los medinenses. Si yo visito la Medina seguiré lo que hace el imán Mâlik”.

3.- El trato con la gente mediante la astucia:

El Tercer punto es muy bonito. Se trata de la astucia. Existen personas que creen en la justicia, pero son inflexibles. Vamos a ver la astucia perspicaz y la gran flexibilidad que utiliza Abû Hanîfa cuando resulta imposible hablar con la razón para que el otro te entienda.

En aquel entonces el califa y emir de los creyentes, Abû Ÿa’far Al Mansûr, asesinaba a muchas personas, y le inquietaban las opiniones de Abû Hanîfa, porque era considerado como un líder, además fue innovador. Abû Hanîfa no estaba satisfecho de los comportamientos del califa Al Mansûr, sobre todo en lo relacionado con el asesinato de la gente. Abû Al ‘Abbâs At-Tôsî, jefe de la policía, que formaba parte de la corte del califa, odiaba y envidiaba muchísimo a Abû Hanîfa. Al Mansûr invitó a Abû Hanîfa a su reunión.

Cuando Abû Hanîfa entró al palacio, At-Tôsî dijo al que estaba sentado a su lado: “Hoy mato a Abû Hanîfa”. Este último lo adivinó. At-Tôsî entró y dijo al califa “Oh emir de los creyentes ¿me permite usted debatir con Abû Hanîfa?”. “Sí pregúntale”, le contestó Al Mansûr. At-Tôsî le dijo a Abû Hanîfa: “Abû Hanîfa, parece que el emir de los creyentes tiene una postura hacia una determinada persona. Nos pide, sin que sepamos el por qué, que la matemos. ¿Qué hago?, ¿lo mato y obedezco al emir de los creyentes o desobedezco a sus órdenes?”.

Abû Hanîfa, sabiendo que si decía lo que veía correcto directamente no iba a ganar mucho, le preguntó: “Abû Al ‘Abbâs, ¿el emir de los creyentes ordena lo que es justo o injusto?”. Él contestó: “Ordena lo justo”. Abû Hanîfa dijo: “haz lo justo sin preguntar”.

Entonces Abû Hanîfa se acercó a un compañero que se sentaba a su lado y le dijo: “Quería pillarme y le pillé yo”. Cuando Abû Hanîfa contestó a At-Tôsî de esta forma, éste se volvió rojo y los presentes empezaron a reírse. Abû Hanîfa quiso sacar a At-Tôsî de esta situación de dolor y burla con un chiste, entonces le dijo al califa: “emir de los creyentes, le cuento a usted una historia que nos había contado un imán muy importante llamado Ash-Sha’bî”, y se puso a contar: “un día, el león, rey del bosque, se puso enfermo y le visitaron todos los animales salvo el zorro. El lobo acudió al león y le dijo: “emir y rey del bosque, le han visitado todos los animales excepto el zorro, porque no le quiere”. Entonces el león se enfadó mucho y dijo: “vamos a ver qué dirá cuando venga”. El zorro se enteró de lo que había dicho el león y fue a verlo. Éste le preguntó: “¿Por qué no has venido a visitarme cuando me puse enfermo?”. El zorro contestó diciendo: “todos los animales le visitaron mientras que yo me fui a buscarle el remedio”. El león le preguntó: ¿y lo has encontrado? Todavía sigo enfermo”. Le dijo: “Sí, si introduces esta aguja en el pie del lobo, te curarás”. Entonces el rey león hizo lo que le dijo el zorro e introdujo la aguja en el pie del lobo, que empezó a sangrar. Cuando el lobo salió de aquel lugar encontró al zorro esperándole. El zorro le dijo: “Hola, señor del zapato rojo. Si vuelves a repetir lo que has hecho, la próxima vez la aguja no la introduciré en tu pie sino en tu cabeza”. El califa se echó a reír y también Abû Al ‘Abbâs. Dicen que luego Abû Al ‘Abbâs se sentó cerca de Abû Hanîfa y desde aquel día se hicieron amigos.

La cuestión de astucia se aprende con el trato con la gente y no con el aislamiento. Por eso dice el Mensajero de Al·lâh, que la Paz y los Rezos de Al∙lâh sean con él: "El creyente que comunica con la gente, y tiene paciencia con los perjuicios que le causan, es mejor que aquel que no comunica con ellos, ni tiene paciencia con sus perjuicios”.

A pesar de todo ello, Abû Hanîfa no perderá la amistad de At-Tôsî. Existe una norma muy bella que hay que aprender. Esa norma dice: “Si hay mil personas que te quieren y uno enojado contigo, ve en su busca para que te perdone”.

Otro ejemplo de estas agradables e inteligentes astucias. Se cuenta que había una pareja en desacuerdo que fue a Abû Hanîfa. El marido le dijo al imán, “juré con el divorcio que no hablaría con mi mujer, hasta que me hablase ella” y ella dijo: “No hablaré contigo hasta que me hables tú”, parecía que la cuestión conduciría al divorcio.

Entonces Abû Hanîfa Dijo: “Oye hombre, es tu esposa legal, y no estáis divorciados. Vive con ella sin problemas, y no pagues ni un centavo por tu juramento. Anda, vete a tu casa y no vuelvas a repetirlo nunca más”.

Sufiyân Az-zawrî, que era de los grandes ulemas, se enteró de esta Fetua, y se enojó mucho. Fue a Abû Hanîfa y le dijo: “¿tú das permiso para fornicar?”

Abû Hanîfa dijo que no.

Sufiyân Az-zawrî dijo: “¿entonces a qué viene esa Fetua?”

Abû Hanîfa dijo: “Oh, Imán, es muy sencillo. Ella dijo: no te hablaré hasta que me hables. Y así le habló. Lo que hice era buscarles una salida inteligente y no cometí un pecado, tal vez así podré unir a su familia.”

Entonces, Sufiyân Az-zawrî le dijo: “por Al·lâh, ¡de cuántos problemas eres tú la única solución! ¿Me culpáis por quererlo?, por eso le quiero.”

4.- El trato con la gente con clemencia y paciencia:

El cuarto punto es la paciencia y la clemencia. Existen tipos de gente con la que no vale comunicar o convencerles, sea con la lógica, la práctica o las astucias. Por ejemplo, los que te insultan por odio y envidia. Muchos insultaban a Abû Hanîfa por tener nuevas ideas, no aceptadas por todos, en su tiempo. Pero con el paso del tiempo la gente empezó a asimilar y a entender sus ideas llegando a la conclusión de que tenía razón. Tal vez eso pasa cuando esa persona ya ha muerto. Una vez, un chico vino a decirle: “oh, inventor y hereje”. Es como si dijeras a alguien en nuestros días: “¡Oh desviado y desviador!”. Abû Hanîfa le dijo: “Al·lâh Sabe que soy todo lo contrario de lo que dices. Si tienes razón en eso, que Al·lâh me perdone y si mientes, que Al·lâh te perdone a ti”.

¿Puedes tener tanta clemencia como él? ¡¡Puedes imaginar cómo se siente ese joven!! Entonces ese chico le dijo: “me equivoqué, pide a Al·lâh que me Perdone”.

Otro ejemplo: Uno le preguntó a Abû Hanîfa por una fetua y este último le contestó. Otra persona de Basora que estaba presente oyó esa Fetua y le dijo que el Imán Al Basrî dice todo lo contrario. Entonces Abû Hanîfa le dijo: “pues se equivocó el imán Al Basrî”. Ese hombre era un fanático, que empezó a insultar a Abû Hanîfa. Me da vergüenza mencionar los insultos que le dijo ese hombre pero le dijo: “¡Tú, hijo de puta, dices que se equivocó el Imán Al Basrî!”. Ese hombre le dijo eso a Abû Hanîfa en la mezquita de Al Kûfa, en presencia de mucha gente. Abû Hanîfa le respondió: “Al·lâh Sabe que mi madre no es como tú dices, y sí, juro por Al·lâh que Al Basrî se equivocó y Ibn Al ‘Abbâs acertó. Lo que dije no era mi opinión, sino la de Ibn Al ‘Abbâs”.

Abû Hanîfa no trataba de esta forma únicamente con las personas que estaban en discordia con él, sino también con los pecadores. Es fácil decir que esto es lícito o ilícito, sin embargo, ¿podemos ser tan clementes con los pecadores? Escuchad esta historia:

Abû Hanîfa rezaba mucho las oraciones nocturnas, cada noche aproximadamente. Tenía a un joven vecino que se emborrachaba cada noche y alzaba la voz cantando:

“Me han perdido y qué joven han perdido”

Era claro que ese joven padecía de un problema familiar y pasaba toda la noche bebiendo y emborrachándose. Imagina que eres un devoto y que rezas las oraciones nocturnas mientras que tú casa está cerca de la casa de este joven. Seguramente irás a romperle la puerta, insultarle y llamar a la policía. En cuanto a Abû Hanîfa, pues esperaba la ocasión adecuada para invitarle, por eso no le hablaba porque tal vez las palabras no servirían de nada en aquel momento. Es obvio que cualquier persona cuando ve cometerse un pecado siente rabia, no obstante, lo importante es cómo corregir a quien cometió el pecado. Aquí está la habilidad, no en expresar tu ira.

Un día, Abû Hanîfa se levantó para rezar y no escuchó el canto del joven. Preguntó por él y le dijeron que la policía se enteró de lo que hacía y le detuvo. Entonces Abû Hanîfa se vistió y salió por la noche a la comisaría. El jefe de policía dijo: “ese hombre nunca vino a la policía y no quiere nada de nosotros, ¿qué es lo que te hizo venir?”. Abû Hanîfa contestó: “el joven borrachín, liberadle por mí”. El joven salió y montó con Abû Hanîfa su mula y regresaron a casa sin que este último pronunciase palabra alguna. Quería que el joven pensara, ya que el hecho de pensar en esta situación es mejor que hablar. Cuado llegaron a casa Abû Hanîfa le miró y preguntó: ¿te he hecho perder joven?

El joven respondió: “¡No! Por Al·lâh, que Al·lâh te recompense por lo que has hecho por mí”.

“Si quieres puedes asistir a mi ponencia en la mezquita”, dijo Abû Hanîfa.

El joven respondió: “vendré”.

Y así ese joven se convirtió en un discípulo de Abû Hanîfa. Esta es la manera de convivir con los pecadores.

Hay otra clase de gente que te hacen sentir cansancio, pero Abû Hanîfa actuaba con simpatía con este tipo. Una vez, Abû Hanîfa enfermó y vino a visitarle una persona que quedó en su casa una hora aproximadamente, hasta que el imán se aburró de su visita. Cuando el hombre estaba a punto de irse le dijo a Abû Hanîfa: “¡parece que he sido pesado imán!”, Abû Hanîfa le contestó: “no por Al·lâh, eres pesado aún siendo en tu casa”, el hombre se puso a reír.

Otra vez, cuando Abû Hanîfa enfermó, le visitaron algunas personas, que permanecieron en su casa durante un largo periodo. De vez en cuando les indicaba que quería levantarse, pero a pesar de ello, no le pidieron permiso para salir. Entonces les miró y dijo: “¡Levantaos! Al·lâh ha curado a vuestro enfermo”.

A propósito de la paciencia, un hombre árabe vino al Profeta, Los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, y le dijo: “¡Dame dinero!”. El Profeta, los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, le dio dinero y le preguntó: “¿Te he pagado bien?”. Le contestó: “Ni has pagado bien, ni has sido generoso, no has hecho bien.” Entonces ‘Omar Ebn Al-Jattâb sacó su espada y quiso matarlo. El Profeta le dijo: “¡‘Omar, déjalo!”, tomó al hombre y siguió satisfaciéndolo y dándole hasta que el hombre le dijo: “Has pagado bien y has sido generoso. ¡Que Al·lâh te recompense por ello!” Después el Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, se dirigió a sus compañeros, diciéndoles: “el ejemplo de este hombre y yo es igual al de un hombre que tiene un camello que se perdió en el desierto y cuando pidió a la gente que lo persiguiera, el camello se alejó más y más. Entonces el hombre ordenó a la gente: “¡Alejáos de mi camello! Soy más piadoso con él y lo conozco mejor que a nadie.” Empezó a acercarse a él, poco a poco, hasta que acudió a él. He hecho lo mismo con este hombre y habéis querido actuar igual. Si hubiera hecho lo que queríais, habría entrado en el infierno”. Este es nuestro método. Me asombro de que esto sea nuestro Islam. Ahora no vemos esto ni lo aplicamos, pero es nuestro Islam, así que no lo acuséis.

5.- El tratamiento con una clase de gente mediante de la firmeza del principio:

Si te imponen una opinión en asuntos básicos o cuestiones principales, mantén firme en tu punto de vista.

Un ejemplo: Al Mansûr sintió que el amor de Abû Hanîfa era hacia la familia del Profeta, que los Rezos y la Paz de Al·lâh sean sobre él, y no hacia él, sino que estaba en contra de los Abasíes. Entonces trataba de hacerle caer en una trampa hasta que una vez le llamó y dijo: “Te ordeno encargarte de la justicia.” Pero Abû Hanîfa se negó a ello porque veía que no había independencia en la justicia y no aceptaba ser un juez no-libre.

No era adecuado ser un juez mientras Al Mansûr le dictaba lo que debía hacer y lo que no, porque así perdería su religión y su vida.

Entonces, Al Mansûr le dijo: “Te juro que lo vas a aceptar.”

Le contestó: “Te juro que lo rechazaré.”

Un hombre que estaba presente exclamó: “¡Rechazas el juramento del príncipe de los creyentes!”

Contestó: “El príncipe de los creyentes es más capaz que yo de pagar su kaffâra.”

Al Mansûr ordenó: “Aceptarás el cargo de la justicia.” Su conversación se hizo más difícil.

Abû Hanîfa dijo: “Juro por Al·lâh que no lo aceptaré.”

Aquél preguntó: “¿Por qué?”

Contestó: “No soy digno de ella.”

¡Fíjate qué inteligente es!

El príncipe de los creyentes dijo: “¡mientes!”

Abû Hanîfa le señaló con su misma lógica: “Has dado testimonio, príncipe de los creyentes. ¿Cómo encargas la justicia a un mentiroso? Si soy mentiroso, no seré digno de ella. Si soy sincero, debiste creerme cuando te dije que no soy apto para ella.”

El príncipe de los creyentes juró: “Por Al·lâh, que te torturaré. Paseadlo por los mercados y azotadle 120 veces, diez fuertes latigazos cada día.” Contaban: “juramos por Al·lâh que hemos visto la sangre fluir hasta sus pies mientras decía: “nunca aceptaré la justicia. Soy libre.”

La sangre derramada de su cuerpo no se secaba en sus rodillas, sino que bajaba hasta sus pies.”

Lo encarcelaron y fue emitido el siguiente decreto: “¡Abû Hanîfa no emitiría ningún dictamen!”

La muerte de Abû Hanîfa:

Cuando Abû Hanîfa estaba a punto de morir, cumplió su papel en la jurisprudencia islámica… estaba en la cárcel y envió a sus discípulos una pregunta práctica que dice: “¿Es el juez digno del cargo de la justicia si es acusado de mentir o no?”

Pudo equilibrarse con todo lo que le rodeaba porque convivía con sí mismo y era devoto.

Se consideraba como una escuela o academia. Hay un desacuerdo sobre la historia de su muerte: ¿murió en la cárcel o unos días después de ser liberado? Parece que Al Mansûr tuvo miedo de una probable revolución pública después de haber azotado a Abû Hanîfa 120 veces mientras éste insistía en su rechazo al cargo de justicia. Así Abû Ÿa’far Al Mansûr se sometió.

Abû Hanîfa permaneció en su casa en sus últimos días, muy débil, después de fatigarse. Vino a él su hijo y le pidió: “Oh padre, quiero que me des un dictamen en tal cuestión.” Le contestó: “Oh hijo, no puedo, el príncipe de los creyentes me ordenó que no diera ningún dictamen.” Como si dijera: “Obedezco las órdenes del príncipe de los creyentes pero conservo mi libertad. Nunca pondré a la gente contra él, pero mantengo mi libertad y mi dignidad.”

Murió y rezaron sobre él unos 50.000 musulmanes, quienes no pudieron rezar reunidos, por eso rezaron repartidos seis veces. Su discípulo, ‘Abdul·lâh Ebnu Mubârak, se levantó ante su lápida lloroso y dijo: “murió Ibrâhîm An-naj‘î y dejó tras él sucesores, murió Hammâd y dejó tras él sucesores. Mientras tú, no dejaste a ningún sucesor. ¡La ciencia ha muerto!”

Murió Abû Hanîfa y en el mismo año nació Ash-Shâfi‘î, porque Al·lâh Quiere y Se Compadece de esta nación. El último que rezó sobre Abû Hanîfa fue su hijo Hammâd y Al Mansûr tuvo que rezar sobre él e implorarle por la gente, o Al·lâh sabe muy bien su intención. ¿Dónde está hoy el valor de Abû Ÿa‘far Al Mansûr y el de Abû Hanîfa? ¿Cuántos son los seguidores de éste y cuántos son los de aquél?

Murió pero antes de su muerte apuntó: “No me enterréis en tal lugar porque es una tierra violada – Abû Ÿa‘far la había robado- … sino enterradme en una tierra que no ha sido violada.” Como si dijera “Soy libre incluso cuando estoy enterrado.” Cuando Al Mansûr oyó esta historia preguntó: “¿Quién me perdona por Abû Hanîfa vivo y muerto?” ¡Que en paz descanse!

Los sabios dicen: “todo musulmán debe rezar por Abû Hanîfa porque nos transmitió la jurisprudencia islámica hasta hoy.”

Terminaré mi palabra sobre Abû Hanîfa en este episodio. Y en el siguiente estará con nosotros un gran sabio en la jurisprudencia Hanafî, para hablarnos de él…

Que la paz de Al∙lâh, Su misericordia y Sus bendiciones sean con vosotros.


[1] Al∙lâh= significa Dios. Es el Nombre Más Grande que ostenta el Único Creador que posee todos los atributos propios de la divinidad, tal como fue revelado en el Qor´ân.

[2] (SAAWS): Sal·la Al·lâhu Alayhi Wa Sal·lam: Los Rezos y la Paz de Al∙lâh sean sobre él, que es explicada por los ulemas como sigue:

Sal·la Al·lâhu Alayhi: significa que le cubra con su misericordiaEl motivo de traducirlo literalmente es porque estas palabras son repetidas por los musulmanes de todo el mundo, siguiendo el precepto divino de decir esta expresión siempre que se mencione al Profeta, en la llamada a la oración (Al Âdhân) o en cualquier circunstancia, como veneración concedida por Al·lâh a Su último Mensajero, que ha sido enviado a toda la humanidad. Wa sal·lam: significa: y derrame Su Paz sobre él.significa: y derrame Su Paz sobre él.

[3] TSQ: Traducción de los Significados de Al Qor'ân. Es imposible transmitir exactamente los verdaderos significados que contienen las palabras de Al Qor'ân o imitar su elocuente retórica. Se han traducido los significados de Al Qor'ân y no se puede decir que sea una traducción de Al Qor'ân. Esta traducción nunca podrá reemplazar la lectura de Al Qor'ân en lengua árabe -la lengua en que fue revelado.

 

 

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