"Que Allah bendiga cuanto das y bendiga cuanto guardas"
Nos referimos a uno de los primeros musulmanes y uno de los diez
albriciados con el Paraíso; uno de los seis que formaron el consejo para
elegir al Califa después de Omar Ibn Al Jattab y uno de los que podían
emitir veredictos legales (Fatwas) en Medina, en vida del propio Profeta
(PYB).
Antes del Islam, se llamaba Abd Amr (Siervo de Amr), ya musulmán, el
Profeta (PYB) lo llamó: Abdurrahmán, siervo del Misericordioso.
Abdurrahmán Ibn Auf abrazó el Islam antes de comenzar el Profeta (PYB)
las reuniones en Dar ul Arqam (La casa de Al Arqam); dos días después de
convertirse al Islam Abu Bakr As-Siddik. Por la causa de Allah, fue
perseguido, como todos los musulmanes al principio; Pero Abdurrahmán
perseveró, al igual que los demás, y se mantuvo firme y fiel a su Señor.
Después de un tiempo emigró a Abisinia (Etiopía) con otros musulmanes
para poder profesar su religión en paz y libremente.
Cuando Allah permitió que los musulmanes emigrasen a Medina, Abdurrahmán
fue de los primeros en dejar su tierra por Allah y Su Mensajero.
Una vez que llegaron los emigrantes a Medina, el Profeta (PYB) comenzó a
hermanarlos con los Ansar. De esta manera, hermanó a Abdurrahmán Ibn Auf
y Sa'd Ibn Al Rabi' Al Ansarí.(*)
Sa'd dijo a su nuevo hermano: "soy de los más ricos de Medina; tengo
dos huertos, dime cuál de los dos te gusta y te daré sus frutos..."
Abdurrahmán respondió a su hermano: ¡Que Allah bendiga tu propiedad y
tu familia...! Es mejor que me guíes hasta el mercado.
Y así lo hizo Sa'd... Abdurrahmán comenzó a comerciar; compraba y
vendía, ganaba y ahorraba.
Hasta juntar suficiente dinero para casarse. Así llegó al Profeta (PYB);
perfumado y con aires festivos.
Este dijo: "Me he casado..."
El Profeta ( PYB) respondió: ¿Qué le diste a tu esposa como dote?
Dijo: Le di unos pocos gramos de oro.
El Profeta (PYB) añadió: Festejálo... Que Allah bendiga tus bienes.
Desde ese momento, comentó Abdurrahmán, se abrieron todas las puertas
con tanta facilidad hasta llegué a pensar que si levantaba una piedra
¡Encontraría debajo oro o plata!
En la célebre batalla de Badr, Abdurrahmán combatió con todas sus
fuerzas y mató a Umair Ibn Ozmán, uno de los enemigos del Islam.
Luego de la derrota de Uhud. Abdurrahmán se mantuvo firme cuando
flaquearon los demás; resistió valientemente mientras la gente huía
despavorida. Esta batalla dejó en su cuerpo más de veinte heridas.
No se destacó en los combates, como se destacó en la caridad y en el
esfuerzo económico por la causa de Allah. En una ocasión, el Profeta
(PYB) se aprestaba a enviar una expedición militar; frente a los sahabas
dijo:
"Tendréis que donar algo, para esta expedición."
Abdurrahmán fue rápidamente a su casa y volvió con la misma rapidez.
Luego dijo al Profeta (PYB):
¡Oh Mensajero de Allah! De estos bienes, serán la mitad para este
ejercito y la otra mitad para mi familia.
El Profeta (PYB) le dijo: "Que Allah bendiga cuanto das y bendiga
cuanto guardas...". Cuando el Profeta de Allah decidió lanzar un
ataque sobre la ciudad de Tabuk(**), su última expedición, necesitó
mucho dinero y soldados. Enfrentaría al famoso ejército bizantino, un
ejército mucho más numeroso y mejor equipado que el islámico.
Complicó esta situación una terrible sequía ese año en Medina., ese
viaje sería duro y largo; contaban con pocas provisiones y el principal
problema era la falta de caballos y camellos para transportar a los
soldados. Un grupo de creyentes pidió al Profeta ( PYB) que les permita
marchar con el ejército, a pesar de su voluntad tuvo que rechazarlos,
pues no tenía en que transportarlos.
El ejército fue llamado "El ejército de las dificultades".
Ante esta situación, el Profeta (PYB) pidió a los sahabas que donasen
algo de sus bienes por la causa de Allah, recordándoles que la
recompensa del Todopoderoso sería magnífica. Los musulmanes se
apresuraron a presentar sus donaciones; entre los primeros, encontramos
a Abdurrahmán Ibn Auf. Donó 200 piezas de oro.
Al ver esto, Omar Ibn Al Jattab dijo al Profeta (PYB): Pienso que
Abdurrahmá está cometiendo un pecado, pues no está dejando nada para su
familia...
El Profeta (PYB) dijo entonces a Abdurrahmán: ¿Habrás dejado algo
para sostener a tu familia?
Este respondió: Si, les he dejado algo mucho mayor y más valioso que
lo que he donado.
¿Cuánto? Preguntó el Profeta (PYB).
Abdurrahmán respondió: Las recompensas y bendiciones que Allah y Su
Mensajero nos han prometido.
Y el ejército avanzó hasta Tabuk(**)... Y fue precisamente allí que
Allah distinguió a Abdurrahmán con algo que ningún musulmán había
gozado.
La hora del salat había llegado, el Profeta (PYB) estaba ausente.
Abdurrahmán fue elegido imam para dirigir la oración comunitaria. Cuándo
estaban por completar la primera rak'a, el Profeta (PYB) se presentó y
¡se unió a la oración dirigida por Abdurrahmán!
¿Habrá una distinción mayor y un honor más grande que el haber sido imam
del más noble entre las criaturas?
Después del fallecimiento del Mensajero (PYB), Abdurrahmán Ibn Auf se
encargó de asistir a las madres de los creyentes (las viudas del
Profeta). Traía cuanto necesitaban, las acompañaba en la peregrinación y
se encargaba de preparar el transporte que las llevarían.
Esto significaba un honor para Abdurrahmán y era algo muy loable de su
parte. Además de la confianza dispensada por las madres de los creyentes
era para él, suficiente motivo de orgullo y alegría.
Era tanto el cariño que Abdurrahmán sentía por las madres de los
creyentes, que al vender una parcela de tierra por 40.000 dinares, el
dinero obtenido lo distribuyó entre la tribu de Bani Zuhra, los pobres,
los emigrantes y las viudas del Profeta (PY B). Cuando Aisha, madre de
los creyentes, recibió su parte del dinero dijo: ¿Quién lo envía?
Le informaron: Abdurrahmán.
Contestó ella: El Profeta (PYB) nos dijo: "Sólo los pacientes y
perseverantes os tratarán con bondad después de mi muerte"
La plegaria del Profeta (PYB) a favor de Abdurrahmán lo acompañó
durante toda su vida y la bendición de Allah lo cobijó siempre. Llegó a
convertirse en el más rico de los sahabas con sus bienes y propiedades,
sus caravanas entraban y salían constantemente de Medina, portaban :
Trigo, granos, vestidos, harina, utensilios, perfumes y muchas otras
cosas para los habitantes. A la vez, estas caravanas sacaban la
producción excedente de Medina y la vendían en otras regiones. En una
ocasión, a la entrada de Medina, una caravana de Abdurrahmán compuesta
por setecientos animales cargados de productos, hicieron estremecer la
ciudad. Se escuchaba un tremendo bullicio por el ruido producido por los
animales y sus cargas. Aisha preguntó: ¿Qué es todo esto?
Le respondieron: Es la caravana de Abdurrahmán... setecientos
camellos cargando trigo y otros tipos de alimentos para la gente de
Medina.
Aisha dijo entonces: "Que Allah bendiga todo lo que dió en esta vida
y, ciertamente, la recompensa en la otra vida será mayor. Yo oí al
Mensajero de Allah decir: "Abdurrahmán entrará en el paraíso ".
Rápidamente, quién escuchó las palabras de Aisha, las transmitió a
Abdurrahmán y felicitó por las noticias del paraíso.
Se presentó con toda prisa a ver a Aisha y le preguntó: ¿En verdad
oíste eso del Mensajero de Allah?
Ella respondió: Así es. Sé testigo ¡Oh madre de los Creyentes!
Toda esta caravana, con su carga, sus equipos. ¡Todo lo donaré por la
causa de Allah!
Desde aquel día feliz, en que Abdurrahmán supo que entraría en el
Paraíso, aumentó sus esfuerzos por ganar dinero y donarlo a los
necesitados.
Empezó a dar en público y en secreto. Donó 40.000 dirhames de plata;
luego los acompañó con 40.000 dinares de oro. En otra ocasión donó 200
piezas de oro por la causa de Allah.
Donó también quinientas monturas equipadas para transportar a quinientos
muyahidines en la causa de Allah. Luego donó mil quinientas monturas
equipadas para la causa de Allah. Y cuando estuvo en su lecho de muerte,
mandó liberar a decenas de esclavos.
En su testamento, encomendó que se repartiera de su fortuna,
cuatrocientos gramos de oro a cada uno de los que lucharon en la batalla
de Badr. Eran cien, y todos recibieron su parte.
Encomendó también cuantiosas sumas de dinero para las madres de los
creyentes. Aisha acostumbraba a suplicar mucho por él; decía: Que
Allah le haga beber de la fuente de Salsabil(***).
Dejó una cuantiosa fortuna a sus herederos; dejó mil camellos, cien
caballos y tres mil ovejas. Tuvo cuatro esposas; a quienes les
correspondió a cada una de ellas, según la ley Islámica (¼ de la octava
parte de sus bienes) que llegó a los ochenta mil monedas de plata.
Todo esto se debe a la plegaria del Mensajero de Allah (PYB) para que
Allah bendiga a Abdurrahmán en su fortuna.
Esta fortuna no sedujo a Abdurrahmán ni alteró su forma de ser.
En una ocasión, en que estaba ayunando, presentaron ante el un plato con
deliciosos manjares y exclamó:
"Por cierto que Mus'ab Ibn Umair fue mejor que yo. Al morir sólo
tenía como propiedad una mortaja tan corta que no alcanzaba para cubrir
su cabeza y sus piernas a la vez. Después, Allah nos dió de Su gracia
con bastante generosidad... Y temo que nuestra recompensa nos haya sido
adelantada en esta vida (Y que en la otra, no tengamos nada)..."
Luego, lloró...
¡Bienaventurado seas Abdurrahmán Ibn Auf, por ser uno de los
albriciados con el Paraíso.
Su cuerpo inerte fue cargado por el tío del Mensajero (PYB), Sa'd Ibn
Abi Uaqqás, dirigiendo la oración fúnebre por él, el propio Califa Ozmán
Ibn Affán. Murió a la edad de 75 años Ali Ibn Abi Tálib, Emir de los
Creyentes, dijo en su honor: "Alcanzaste lo mejor ". "¡Allah
te tenga en Su misericordia!
(*) Al Ansar: Los Socorredores, son los musulmanes habitantes de
Medina, que auxiliaron y dieron refugio al Profeta (PyB) y a sus
seguidores de la cruenta persecución que sufrían por parte de los
idólatras de Makka o Meca.
(**) Tabuk: Ciudad al N.O. de la península arábiga, cerca de
Jordania. En esa época, estaba en poder de los bizantinos.
(***) Salsabil: Una fuente que emana en el Paraíso.
Biografía de
Sa'd Ibn Abi Uaqqás
"¡Lanza Sa'd lanza!... ¡Ofrendaría, mi padre y mi madre por
ti!
En el Nombre de Dios, Clemente y Misericordioso:
Y recomendamos al hombre benevolencia para con sus padres. Su
madre le concibe, pena tras pena, y deja de amamantarlo a los dos años.
Y le dijimos: "Agradéceme a mí y a tus padres, porque el retorno será a
mí. Pero si te obligaran a que me asocies algo, que tú ignoras, no les
obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este mundo, y sigue
el camino de quien se vuelve a mí en todo. Luego vuestro retorno será a
mí y entonces os haré saber cuanto hacíais". (31:14,15)
Estas aleyas encierran una historia única y asombrosa; en ella, un
joven guarda en su interior, un sin número de sentimientos opuestos.
Triunfando finalmente el bien sobre el mal y la fe sobre la
incredulidad.
El joven del cual hablamos era uno de los más nobles de Makka, de origen
ilustre. Llamado Sa'd Ibn Abi Uaqqás (que Allah se complazca de él).
Sa'd Ibn Abi Uaqqás era aún un joven cuando la luz del Islam iluminó
Makka. Era cariñoso con sus padres, y apegado a ellos, en especial a su
madre.
A pesar de haber cumplido los diecisiete años, Sa'd tenía el juicio y
la sabiduría de muchos ancianos.
A diferencia de los jóvenes de su edad, Sa'd no se sentía atraído por
las diferentes diversiones y placeres que gustaban los de su edad. Su
atención se centraba en la fabricación y reparación de arcos y flechas
y la práctica de la arquería.
Tampoco se sentía cómodo con las creencias y costumbres que tenía su
gente. A veces parecía estar esperando que algo o alguien extendiera
una mano fuerte y firme que los sacase de esa miserable situación .
Y sucedió que Allah, había decidido honrar a la humanidad con esta
mano firme y fuerte. Nos referimos al Mensajero de Allah, portando esa
luz divina : El Sagrado Corán, el Libro de Dios.
Sa'd se apresuró a responder a este llamado hacia la Guía y la Verdad .
Fue uno de los primeros musulmanes.
El propio Sa'd solía enorgullecerse de ello diciendo:
"Pasaron siete días en los que yo representaba a un tercio de los
musulmanes".
El Mensajero de Allah (PyB) se alegró mucho cuando Sa'd abrazó el Islam,
pues ya demostraba indicios de tener un futuro brillante y una hombría
sin igual. Esto dejaba pensar que: "este cuarto creciente pronto
brillaría con el esplendor de la luna llena".
Y es que Sa'd era noble... de origen ilustre... y apreciado... que
influiría sobre muchos de los jóvenes de Makka para seguir su senda y
su religión.
Además, Sa'd pertenecía a la tribu de la madre del Profeta (PyB): Los
Bani Zuhra. Esto hacía que el Mensajero (Py B) se enorgulleciera de este
parentesco. En cierta ocasión, estaba el Mensajero (PyB) sentado con
algunos Sahabas y divisaron a Sa'd venir hacia ellos; el Profeta (PyB)
exclamó : "¡Este es mi tío! ¡Muéstreme alguien así!"
Pero la islamización de Sa'd Ibn Abi Uaqqás no fue algo sencillo y
simple. Al contrario; lo expuso a una prueba de las más duras, difíciles
y violentas. Fue tal, que Allah reveló en el Sagrado Corán aleyas al
respecto.
Dijo Sa'd :
"Tuve un sueño tres días antes de abrazar el Islam. En él, yo estaba
inmerso en una oscuridad total. Mientras me debatía entre las
profundidades de esta oscuridad, vi una luna llena y brillante que me
iluminaba. La seguí, hasta ver un grupo de personas que estaban delante
siguiendo la luna: Divisé a Zaid Ibn Háriza, a Alí Ibn Abi Tálib y a Abu
Bakr As Siddiq. Les dije: ¿Desde cuándo estáis aquí? Me dijeron: ¡Recién
llegamos!"
"Poco después, me contaron que el Mensajero de Allah invitaba a la
gente hacia el Islam en secreto, supe entonces que Allah quería algo
bueno para mí, me extraería de las tinieblas a la luz, por medio de
el."
"Me dirigí al Profeta (PyB) rápidamente, lo encontré haciéndo la
oración del 'Asr (La tarde), abracé luego el Islam; haciéndolo antes,
solo las tres personas que vi en el sueño."
Sa'd prosigue con su relato diciendo:
"Al enterarse mi madre de mi islamización, se enfureció e intentó
aprovecharse sabiendo como la quería. Me dijo: ¡Sa'd! ¿Qué religión es
esta que te ha alejado de las creencias de tu padre y tu madre? ... ¡Por
Dios! ¡Dejarás tu nueva religión o yo dejaré de comer y beber hasta que
muera! Entonces se partirá tu corazón de pena por mí y la gente te lo
reprochará para siempre."
"Le dije: No lo hagas. No abandonaré mi religión por nada."
"Sin embargo cumplió con su amenaza. Dejó de comer y de beber por
días, hasta que se debilitó."
"Le pedí continuamente que comiese o bebiese. Siempre me rechazaba y
juraba que no comería ni bebería hasta que muera o yo dejara mi
religión."
"Al ver su actitud, le dije: ¡Madre! Te quiero mucho, pero mucho
más a Allah y a Su mensajero... ¡Por Allah! Aunque tuvieses mil almas y
las viera salir de tu cuerpo una por una ¡no abandonaré esta religión
por nada! "
"Cuando mi madre observó la firmeza en mi posición, cedió. Comió y
bebió.
Fue entonces, que Allah reveló en el Sagrado Corán:
"Pero si te obligaran a que me asocies, algo que tú ignoras, no
les obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este
mundo".(Sura 31:15)
El día de la islamización de Sa'd Ibn Abi Uaqqás, se cuentan entre
los más bienaventurados para el Islam y los musulmanes:
En la batalla de Badr, se presentó Sa'd con su pequeño hermano Umeir,
quién era aún adolescente. Cuando el Mensajero de Allah (PyB) comenzó a
pasar revista a los soldados musulmanes antes de la batalla, Umeir se
escondió para que no lo reconociese y lo devolviese, impidiéndole
combatir por su corta edad. Pero el Profeta (PyB) al verlo lo rechazó.
Umeir comenzó a llorar; hasta que del Profeta (PyB) se enterneció y le
permitió estar entre los soldados.
Al ver esto. Sa'd se alegró muchisimo. Se acercó orgulloso a su hermano
y le anudó el cinto que cargaba su espada, de forma apropiada por su
corta edad y tamaño...., así partieron ambos a entregar su máximo
esfiuerzo por la causa de Allah.
Cuando terminó la batalla, Sa'd retornó solo a Medina. Umeir había
caído como mártir en los campos de Badr. Allah sería Quién le
recompensase por la pérdida de su hermano.
En la batalla de Uhud, cuando las piernas temblaban de miedo, cuando
los soldados musulmanes se vieron separados del Profeta (PyB) y en
retirada, un pequeño grupo de guerreros, se mantuvo alrededor del
Profeta (PyB) defendiéndole de los incrédulos.
Apenas sumarían diez, entre ellos Sa'd Ibn Abi Uaqqás. Firme y valiente,
defendiéndo la vida del Profeta con su arco y flechas, haciédo caer
mortalmente herido a los incrédulos con cada flecha con él lanzada.
Al verlo a Sa'd comenzó a animarlo diciéndole:
"! Lanza Sa'd...lanza!...!Ofrendaría mi padre y mi madre por ti! (*)
Sa 'd se enorgullecía siempre por estas palabras del Profeta (PyB) y
solia decir:
"El Mensajero nunca llegó a ofrendar a sus padres por nadie, sino
por mí".
Sin embargo, la gloria de Sa'd llegó a la cima, cuando el Califa Omar
Ibn Al Jattab decidió enfrentar a los persas, en una guerra para acabar
con su poderío, derrumbar su imperio, y erradicar el politeísmo de esas
tierras.
El Califa Omar envió misivas a sus representantes en las distintas
provincias. Debían enviarse a la capital todos los hombres con armas,
monturas y cuánto pudiesen aportar a la victoria, ya sea con su
participación, con buenas sugerencias o con poesías y discursos que
animen a los combatientes.
Los contingentes comenzaron a llegar a la capital (Medina). Llegaban de
todos los rincones de la nación islámica con la esperanza de ofrendar su
máximo esfuerzo por la causa de Allah. Cuando el ejército se completó,
Omar consultó a la gente de experiencia y de buen criterio ¿Quien
debería ser el Comandante del ejército principal y líder de la campaña?
Todos los consultados respondieron al unísono:
¡Sa'd Ibn Abi Uaqqás! ¡El León Combatiente!
Fue así, que Omar llamó a Sa'd y le asignó el comando del ejército,
haciéndole entrega del estandarte.
Cuando el grueso del ejército, se disponía a salir de Medina, Omar se
acercó para despedirlos, pues, a pesar de sus obligaciones, ardía de
deseos de estar marchando con ellos y se consolaba acompañándolos hasta
las afueras de la ciudad.
Finalmente aconsejó así al Comandante:
"¡Sa'd! No hay ningún parentesco que valga ante Allah excepto la
obediencia. Los nobles son iguales que los humildes ante Allah. Allah es
el Señor de los humanos y todos son Sus siervos. La gente se distingue
sólo por el temor a Allah y obtienen Su recompensa a través de la
obediencia a Él. Haz, pues, como lo haría el Profeta; y ten por seguro
que esto es lo correcto".
Este ejército de Sa'd se componía de: Noventa y nueve soldados que
asistieron a la batalla de Badr, más de trescientos de los que juraron
fidelidad al Profeta en "Bai'at ur Riduán" (**), trescientos de
los que acompañaron al Profeta (PyB) durante la conquista de Makka y
también marchaban con ellos setecientos hijos de los sahabas.
Sa'd avanzó con sus tropas hasta un lugar llamado "Al Qadisía" (***)
y allí enfrentó al poderoso ejército persa durante varios días. El
último día de batalla, mostró un ejercito musulmán decidido a definirla.
Rodearon al enemigo y luego penetraron entre sus líneas desde todas
las direcciones. Exclamando: "No hay más dios sino Allah", "Allah es
el más grande".
Fue este, un combate violento y desesperado, al matar a Rustum, el
general persa, mostraron su cabeza en alto con una lanza. En ese momento
los persas se dispersaron; el terror y la confusión se apoderó de sus
corazones mientras que los musulmanes iban sometiéndolos con facilidad.
El botín de guerra fue abundante. Los persas caídos fueron más de
treinta mil hombres, muchos de ellos ahogados al querer huir por el río.
Sa'd vivió mucho tiempo y Allah le concedió una gran fortuna. Sin
embargo, antes de su muerte, pidió un simple abrigo de lana rústica y
dijo:
"Deseo que se me amortaje con esta ropa. Con ella enfrenté a los
incrédulos el día de Badr y con ella deseo encontrarme con Allah, el
Todopoderoso".
Sa'd Ibn Abi Uaqqás, murió en su casa, en Al 'Aqiq y fue sepultado en
Medina el año 55 de la Hégira. Tenía entonces sesenta y cuatro años. La
oración funebre por él fue dirigida por el gobernador Maruán Ibn Al
Hákam.
¡Que Allah ,se complazca de él!
(*) Llegaría a ofrendar a mi padre y a mi madre por ti.
Esta expresión árabe indica el sumo aprecio que se tiene por alguna
persona.
(**) Bai'at ur Riduan: Esto fue un juramento, tras impedir
a los musulmanes visitar Makka y difundirse erróneamente la muerte en
ese lugar de Ozman Ibn Affan.
(***) Al Qadisía: Lugar al Su de Irak, cerca de Kufa, donde
se desarrolló la batalla homónima.
Esta batalla, marcó la victoria final de los musulmanes sobre el
imperio Persa.
Abu Huraira
Ad Dausi
"Abu Huraira memorizó y conservó
más
de mil seiscientas máximas (Hadices) del
Mensajero de Allah"
En la Yahilía (*) época preislámica, Abu Huraira era llamado
"Abd al- Shams" (Siervo del sol). Cuando Allah agració a Abu Huraira con
el Islam, el Profeta (PyB) le dijo: ¿Cuál es tu nombre?
Abu Huraira respondió: Abd al-Shams.
El Profeta (PyB)contestó: Te llamaremos Abdurrahmán (Siervo del
Dios)
Su sobrenombre fue "Abu Huraira"
Abrazó el Islam a través de At Tufail Ibn Amro Ad Dausi. Permaneció
en las tierras de su pueblo hasta pasados seis años de la Hégira
(Emigración del Profeta (PyB) desde Makka a Medina). En ese momento,
llegó a la capital del Islam (Medina) con una delegación de "Daus", su
pueblo; con el objeto de visitar al Mensajero de Allah.
El joven Abu Huraira se dedicó de lleno al servicio y compania del
Profeta (PyB). Mientras vivió el Mensajero, se instaló en la mezquita,
pues no tenía esposa e hijos que atender, tomando al Profeta como
maestro y guía.
Abu Huraira solo tenía a su madre, muy anciana, la que se había
mantenido en la idolatría. Constantemente la invitaba al Islam; pero la
anciana se mantenía rechazando y rehuyendo el mensaje de la Verdad.
Cierto día, Abu Huraira trató, una vez más, de convencer a su madre de
aceptar el Islam como forma de vida; sin embargo, la anciana lo rechazó,
incluso injurió al Profeta (PyB). Esto causó mucha pena a Abu Huraira.
Fue así que el Profeta (PyB) lo encontró llorando.
¿Qué te hace llorar Abu Huraira? .
Respondió: siempre invito a mi madre para que adopte el Islam como
religión; pero hoy, además te ha injuriado ¡Oh Mensajero de Allah!
¡Ruega a Allah que acerque el corazón de mi madre al Islam!
El Profeta (PyB) rogó a Allah por la madre de Abu Huraira
Luego de esto, el mismo Abu Huraira relataba:
"Fui a mi casa y encontré la puerta cerrada. A través de ella,
escuché el murmullo del agua corriendo, cuando intenté entrar, mi madre
dijo: Aguarda Abu Huraira."
"Al entrar, mi madre me recibió diciéndome: Atestiguo que no hay más
dios que Allah y que Muhammad es Su siervo y Mensajero..."
"Volví ante el Mensajero de Allah, llorando de alegría, le dije:
¡Buenas nuevas Mensajero (PyB)! ¡Allah ha escuchado tu ruego y ha guiado
a mi madre hacia el Islam!
Abu Huraira amaba al Profeta (PyB), constantemente lo observaba y
decía:
"Nunca vi un ser humano más radiante que el Mensajero de Allah (PyB).
A veces, parece que el mismo sol brillare en su rostro."
Constantemente agradecía y alababa a Allah, el Todopoderoso, por
permitirle acompañar a Su Profeta y seguir su religión.
Solía decir:
¡Alabado sea Allah, Quien guió a Abu Huraira al Islam!
¡Alabado sea Allah, Quien enseñó a Abu Huraira el Corán!
¡Alabado sea Allah, Quien agració a Abu Huraira con la compañía
de Muhammad (PyB)!
Así como brillaba el rostro del Profeta (PyB), Abu Huraira también
brilló en las ciencias islámicas y se destacó por su sabiduría. El saber
era lo que él más deseaba.
Zaid Ibn Zábit dijo:
"Estábamos junto a Abu Huraira rogando y alabando a Allah en la
Mezquita, con un amigo, apareció de pronto el Profeta ( PyB) ; se
dirigió a nosotros y nos dijo:
Volved a lo que hacíais."
" Comenzamos con mi compañero a rogar a Allah antes que Abu Huraira
lo haga. El Profeta (PyB) exclamaba 'Amén' al final de cada ruego.
Cuando le llegó el turno a Abu Huraira, hizo el siguiente ruego:
¡Oh Allah! ¡Te pido lo mismo que te pidieron mis dos hermanos! ¡! Y
también te pido me concedas un conocimiento que no se olvide... El
Profeta (PyB) dijo: Amén. Nosotros dijimos: ¡Nosotros también pedimos a
Allah un conocimiento que no se olvide! Sin embargo, el Profeta (PyB)
dijo: Se os adelantó el joven de Daus".
Con la misma fuerza que Abu Huraira deseaba tener conocimiento,
también lo deseaba para los demás...
Esto lo demuestra la siguiente anécdota:
Abu Huraira pasaba cierto día por el mercado de Medina y se molestó al
ver cuánto se preocupaba la gente por las cosas mundanales. ¡Con qué
dedicación se entregaban a la compraventa y a tomar o entregar las
mercaderías! Se detuvo y les dijo: ¡Qué inútiles sois, gente de
Medina!
La gente preguntó : ¿Qué te hace pensar eso, Abu Huraira?
Les dijo: ¡La herencia del Profeta (PyB) se está repartiendo y Uds.
están aquí en el mercado...! ¿No van a ir a recibir su parte?
Ellos preguntaron: ¿Y dónde está lo que dices, Abu Huraira?
Les dijo: En la Mezquita.
Se dirigieron a toda prisa hacia la mezquita del Profeta. Abu Huraira
los aguardó en el mercado. Cuando volvieron y lo vieron allí, dijeron:
¡Oh Abu Huraira! ¡Fuimos a la mezquita y no vimos que allí se esté
repartiendo nada!
Les dijo: ¿Es que no vieron a nadie en la mezquita?
Respondieron: Si, claro que sí... vimos algunas personas orando, a
otros recitando el Sagrado Corán y vimos a otros estudiando lo que Allah
permitió y lo que Allah prohibió...
Les dijo: ¡Guay de ustedes! ¡Ésa es la herencia del Profeta Muhammad
( PyB)!
Abu Huraira padeció como nadie, por su entrega al estudio, a la
ciencia y al aprendizaje de las palabras del Profeta (PyB) en todo
momento.
El mismo relataba:
"A veces tenía tanta hambre que preguntaba a los sahaba por alguna
aleya del Corán, aún sabiéndola, sólo para ser invitado a sus casas a
comer..."
"En una ocasión estaba tan hambriento, que tuve que amarrarme una
piedra al estómago y me senté en el camino de los sahaba. Abu Bakr pasó
por allí y le pregunté por una aleya del Corán, lo hice
premeditadamente, para ser invitado, pero no lo hizo.
Luego pasó Omar e hice lo mismo; pero él tampoco me invitó."
"Finalmente pasó el Mensajero de Allah y me vio. Supo del hambre que
tenía y dijo: ¡Ven Abu Huraira!"
"Lo seguí hasta su casa, entré con él, encontró un vasija con leche,
entonces preguntó a su familia: ¿De dónde conseguisteis esto? Su familia
respondió: Lo mandó alguien para ti.
El Profeta (PyB) dijo: "Dirígete Abu Huraira, hasta la gente del
patio(**) y convídales". Me apené por ello, luego pensé: ¿Cuánto
los saciará este pequeño pote de leche? Me tenté de beber un poco
primero, para ganar fuerzas, y luego ir a llamarlos.
Sin embargo, fui a la gente del patio (**) y los invité.
Cuando llegaron, el Profeta (PyB) dijo: Toma Abu Huraira, dales de
beber. Les fui dando de beber hasta que, milagrosamente, bebieron todos.
Luego acerqué la vasija hacia el Profeta (PyB). Él levantó su rostro y
me dijo sonriente: Quedamos tú y yo. "
"Respondí: Es verdad Mensajero de Allah."
"Me dijo: ¡Bebe!. Y yo bebí un sorbo. Luego me dijo nuevamente:
¡Bebe! Bebí otro sorbo. Siguió así hasta que no pude más y dije: ¡Por
Quién te envió con la verdad! No puedo beber más. luego tomó el
recipiente y bebió del resto..."
No pasó mucho tiempo desde aquello hasta que las riquezas de la
tierra empezaron a llegar a Medina y los musulmanes empezaron a gozar de
los resultados de sus victoria.s Abu Huraira pasó a tener fortuna, casa
y bienes. También se casó y tuvo hijos. Sin embargo; todo esto no cambió
su alma, buena y generosa, para nada. Tampoco olvidó sus días de
necesidad, constantemente solía decir:
"Me crié huérfano, emigré pobre y trabajaba como jornalero con Busra
bint Ghazuán por comida. Solía servir a la gente cuando acampaban; y
solía guiar a sus animales cuando montaban. Y Allah me agració con
Busra, a la cual yo servía..."
"Alabado sea Allah que hizo del Islam la medida y la base de todo y
que hizo de Abu Huraira una autoridad" .
Abu Huraira fue varias veces Gobernador de Medina (***) en
nombre de Mu'auia Ibn Abi Sufián. Este cargo tan alto no cambió en nada
la bondad ni la tolerancia de Abu Huraira.
Reunía muchas virtudes, era sabio y tolerante; temorso de Allah y
piadoso. Solía ayunar durante el día y pasar un tercio de la noche
orando; despertaba a su esposa para pasar el segundo tercio de la noche
en oración y ella, despertaba a su hija para que pasase el último tercio
de la noche orando... Así lograban que la adoración y la alabanza a
Allah, permaneciera toda la noche en su hogar.
Abu Huraira tenía una esclava negra; una vez ésta, lo trató en forma
irrespetuosa, haciéndolo también con su familia. Esto lo irritó, al
limite de quere azotarla, pero se detuvo y dijo:
"Si no fuese por el ajuste de cuentas el Día del Juicio te haría
retorcer de dolor. Será mejor que te venda a quien me pagará lo que
vales, pues lo necesito de verdad... Sí... vete; eres libre por Allah el
Todopoderoso".
Cierta vez, Maruán Ibn Al Hakam envió cien dinares de oro a Abu
Huraira, al día siguiente de habérselos entregado, le comunicó: "El
mensajero se equivocó al entregarte cien dinares; yo no los enviaba para
ti, sino para otra persona". Abu Huraira se entristeció y se hizo
evidente en su rostro; luego dijo: "los he donado en la causa de
Allah y no duraron ni un día conmigo. Cuando me envíen mi salario,
puedes tomarlos de él ".
En realidad, Maruán había hecho aquello para probar a su subordinado Abu
Huraira y comprobó que lo dicho por él era correcto.
Abu Huraira pasó toda su vida dando buen trato y cariño a su madre.
Cada vez que salía de la casa, se detenía junto a su puerta y decía:
"La paz sea contigo madre, junto con la gracia y las bendiciones de
Allah"
Su madre respondía:
"Que la paz, la gracia y las bendiciones de Allah, también sean
contigo".
El respondía:
"Que Allah tenga piedad de ti, así como me criaste de pequeño".
Su madre le decía luego:
"Y que Allah se apiade de ti también, por el buen trato que me diste
de grande".
Esto lo repetía, al volver a su casa.
Cuando Abu Huraira enfermó gravemente, a punto de ser inevitable su
muerte, lloró desconsoladamente; le dijeron:
¿Qué es lo que te hace llorar Abu Huraira?
Dijo:
"No creáis que lloro por este mundo que dejo...""Lloro por lo largo
del viaje y lo poco de las provisiones..." "Estoy al final de un camino
que me llevará al Infierno o al Paraíso"
Maruán Ibn Al Hakam lo visitó y le oyó decir:
"¡Oh Allah! Ciertamente me complace encontrarme contigo. Espero que a
ti también te complazca encontrarme. Señor, apresura el encuentro ".
Abu Huraira falleció el año 58 de la Hégira, en la ciudad de Medina
¡Que Allah bendiga a Abu Huraira!
(*) Yahilía: Este término se refiere a la época pre-islámica
de los árabes. Significa, época de ignorancia.
(**) La gente del patio: Eran los huéspedes de Allah.
Musulmanes pobres sin familias. Solían estar sentados en el patio de la
mezquita o Masyid del Profeta (PYB) de allí el nombre.
(***) El Califa Mu'auia nombró a Abu Huraira gobernador de
Medina.
Asmá bint Abi Bakr
Vivió Asmá, hasta los cien años, con plena lucidez.
La biografía de esta Compañera del Mensajero de Allah (PyB), es la de
una mujer perteneciente a una de las familias más importantes del Islam.
Su padre, su abuelo, su hermana, su esposo, y su hijo, eran Sahabas.
Esto sería suficiente para conferirle honor a cualquiera.
Su padre era Abu Bakr As-Siddiq (RA), amigo del Mensajero de Allah (PyB)
y su sucesor (Califa), como líder de la comunidad, tras su muerte. Su
abuelo fue Abu ‘Atiq, el padre de Abu Bakr, su hermana fue Aisha (RA),
la Madre de los Creyentes, su esposo Az-Zubeir(RA), discípulo del
Profeta (PyB), y su hijo fue Abdullah Ibn Az-Zubeir, que Allah se
complazca de todos ellos.
Esta era la familia de Asmá bint Abi Bakr (RA), una de las primeras
mujeres en abrazar el Islam. Solo diecisiete hombres y mujeres abrazaron
el Islam antes que ella.
La apodaron “La de las dos cintos”, por lo sucedido el día en que el
Mensajero de Dios (PyB) y su padre, Abu Bakr (RA), emigraron de Makka a
Medina (hégira). Asmá (RA) preparó un saco de comida para el viaje, y un
vasija conteniendo agua, pero al no encontrar con que atar las bolsas
para que fuesen fáciles de transportar, se quitó su cinto, y lo cortó en
dos; con una parte ató el saco de comida y con la otra la vasija con
agua. El Profeta (PyB) rogó a Allah que la recompensara con dos cintos
en el Paraíso.
Desde ese momento se la apodó Dhat al-Nitakayn, “La de los dos cintos”.
Se casó con Az-Zubeir Ibn Al-‘Awam, un joven de escasos recursos, que
no tenía empleados que lo ayudasen con la casa, ni plata para llevar una
vida más cómoda. Su única posesión era una yegua. Asmá era una esposa
virtuosa y confiable, se ocupaba de las tareas de la casa, incluso ella
misma sacaba a pastar al animal y recolectaba y preparaba el forraje.
Hasta que, Allah cambió la situación de Az-Zubeir, y se convirtió en
uno de los Compañeros más ricos.
Cuando Asmá tuvo la oportunidad de emigrar de Makka a Medina y de
practicar su religión en libertad bajo la guía del Mensajero de Allah
(PyB), estaba embarazada y en fecha de parto. Esto no la detuvo de
emprender ese penoso y largo camino. Tan pronto llegó a Qubá (una aldea
en los alrededores de Medina) dió a luz a un niño, llamado Abdullah Ibn
Az-Zubeir. Los musulmanes se alegraron y festejaron, ya que éste era el
primer niño nacido de entre los musulmanes emigrados a Medina.
Asmá se apresuró en llevar al pequeño al Mensajero de Allah (PyB). El
Profeta (PyB) lo tomó en sus brazos, frotó la boca del niño con un
bocado de dátil que él había masticado antes, luego pidió a Allah que
bendiga al pequeño. Es de destacar que lo primero en entrar en la boca
de este niño, fue ese jugo de dátil de la boca del Profeta (PyB).
Pocas personas tenían la calidad de carácter que distinguía a Asmá (RA),
ya que ella era virtuosa y generosa.
Su generosidad era proverbial, y se relata que su hijo, Abdullah, dijo
de ella:
“Nunca vi mujeres más generosas que mi tía Aisha y su hermana Asmá,
mi madre. Sin embargo, la forma en que expresaban su generosidad
difería. Mi tía ahorraba, hasta tener suficiente para repartir entre
los pobres. En cambio, mi madre, nunca ahorraba nada, ni siquiera para
el día siguiente.
Asmá era una mujer, que aún en las situaciones más difíciles sabía
desenvolverse. Cuando su padre, Abu Bakr, dejó Makka, en compañía del
Profeta (PyB) para emprender el trayecto de Makka a Medina, llevó
consigo todo su dinero. Sumaba 6000 dirhames, sin dejar nada en su casa.
Su padre, Abu Quhafah, permanecía incrédulo por aquel entonces. Al
enterarse que su hijo había abandonado Makka, fue a su casa y dijo a su
nieta Asmá:
“Puedo jurar que no solo te ha afligido al abandonarte, sino que
también lo ha hecho al llevarse su riqueza.”
“No abuelo –respondió Asmá- nos ha dejado mucho.”
Y llenó con piedras el recipiente donde Abu Bakr(RA) acostumbraba
ocultar su dinero y lo cubrió con una tela. Luego, condujo a su ciego
abuelo de la mano y le dijo:
“Toca abuelo, cuanta plata nos ha dejado.”
Él tocó con su mano y dijo:
“Veo que no hay de que preocuparse. Si ha dejado tanto, entonces está
bien.”
Asmá hizo esto para darle seguridad al anciano, para que él no
sintiese la obligación de darles nada. Ella odiaba deberle favores a un
incrédulo, aunque fuese su abuelo.
Aún asi, si fuese olvidado todo lo que se conoció de Asmá (RA), por la
historia, su último encuentro con su hijo Abdullah, fue inolvidable,
debido al coraje, decisión y a la inmutable fe, que demostró en tal
situación.
La historia es el siguiente:
Luego de la muerte del Califa Iazid Ibn Mu’awiah(RA), todo el Hiyaz,(
zona comprendida entre Makka y Medina), Egipto, Khurasan y la mayoría de
Siria, habían jurado lealtad a su hijo Abdullah Ibn Az-Zubeir (RA), como
nuevo Califa. Pero el clan de los Banu Umayya (Omeyas), había formado un
ejercito enorme bajo el mando de Al Hayyay Ibn Yusuf Az-Zaqafi para
hacer frente a Abdullah. Sucediéndose entre los dos grupos graves
enfrentamientos. Abdullah Ibn Az-Zubeir(RA) había demostrado su valor y
dignidad como líder en el campo de batalla, pero sus seguidores lo
fueron abandonando gradualmente, a medida que la guerra continuaba. Los
que permanecieron con él, se refugiaron en Makka, bajo la protección de
la Ka’aba y su mezquita.
Horas antes de su muerte, Abdullah(RA) dejó la batalla, para visitar a
su madre, centenaria, ciega y débil.
Al verla le dijo:
“La paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo,
madre.”
“Y contigo sea la paz, Abdullah. ¿Qué te trae aquí en éste momento, en
que las piedras de las catapultas de Al-Hayyay están cayendo sobre tus
soldados en la zona de la mezquita sagrada y sacudiendo todas las casas
de Makka?”
“Vengo a solicitar tu consejo”, respondió.
“¡Mi consejo!, ¿sobre qué asunto?”
“Todos me han retirado su apoyo por temor a Al-Hayyay o con la esperanza
de compartir con él su poder y su riqueza. Hasta mis propios parientes e
hijos me han abandonado. Sólo unos pocos hombres permanecen conmigo,
pero no importa que tan decididos estén, sólo podrán mantenerse en la
lucha por una o dos horas más. Los mensajeros de Bani Umayya están
prometiendo darme lo que les pida, si yo depongo las armas y juro
lealtad a ‘Abdul Malik Ibn Marwan como nuevo Califa.
¿Qué opinas de ello?”
Su voz tomó fuerza, y dijo:
“Esto es asunto tuyo, Abdullah (RA), y eres tú quién mejor debe saber
qué hacer... Si estás seguro de obrar correctamente, y que invitas hacia
la verdad, sé perceverante y valiente, igual que los que te apoyaban y
murieron por tu causa. Pero si solo persigues una gloria terrenal,
acabarás con tus hombres y contigo mismo”
“Pero voy a morir hoy, de cualquier modo”, dijo.
“Es mejor morir de ésta forma, que entregarte voluntariamente a
Al-Hayyay para ser decapitado. Tu cabeza terminará rodando frente a los
esclavos de Bani Umayya.”
“No tengo miedo a morir, pero la idea de ser mutilado me horroriza,”
dijo Abdullah (RA).
“Una vez muerto –respondió su madre- no tendrá importancia. Una oveja,
una vez sacrificada, no siente el dolor de ser despellejada.”
Abdullah (RA) parecía fortalecido por sus palabras, sonrió diciendo:
“Que bendita eres, ¡Oh Madre! Tienes tantas bendiciones, virtudes y
cualidades. En realidad solo vine, porque necesitaba escuchar esto de
tí. Allah bién sabe, nunca perdí el coraje ni la fuerza, y Él es mi
testigo de que no he hecho esto persiguiendo poder o riquezas
materiales. Sino, como un celoso protector de todo lo que Dios hizo
sagrado. Me dirijiré a un destino que tú has consentido, así cuando
muera, no te aflijirás por mí. Deja que Allah te compense por lo que
puedas perder.”
“Me afligiría por tí, sólo si murieses por vanidad”, respondió ella.
“Debes encontrar tranquilidad en el hecho de que tu hijo nunca cometió a
sabiendas, un acto inmoral o de libertinaje, nunca ha desobedecido las
leyes de Allah, nunca traicionó la confianza, nunca oprimió a un
musulmán ni a nadie que no lo fuera, y siempre ha elegido lo que más le
complaciese a Allah. No digo esto para alabarme, ya que Allah sabe de
mís actos, y que lo digo para consolarte.”
“Alabado sea Allah, quien te ha hecho complaciente para Él y para mí.
Acércate a mí, hijo mío, para que pueda tocarte y olerte por una última
vez”, dijo.
Abdullah (RA) se inclinó sobre ella, besándo sus manos y los pies,
mientras ella, buscó su cabeza con sus manos, oliendo su pelo,
besándolo y acariciándolo, le dijo:
“¿Qué es lo que tienes puesto, Abdullah (RA)?”
“Mi armadura”, respondió.
“Esta no es la vestimenta adecuada, para quién desea caer por la causa
de Allah”, objetó.
“Solo me la puse para darte seguridad, para que no te preocupes por mi”,
explicó.
“Quitatela –dijo Asmá (RA)- eso te hará más valiente y más digno. Mejor,
viste pantalones largos, pues si caes abatido, no permanecerás en el
suelo, mostrando tu partes pudendas.”
Abdullah satisfizo el pedio de su madre, quitándose la armadura y
ajustándose los pantalones con firmeza. Luego se dirigió a la zona de la
Ka’aba para finalizar la batalla, diciendo:
“No dejes de orar por mí, madre.”
Ella elevó sus manos al cielo diciendo:
¡Oh Allah! Ten misericordia por quien pasaba las noche alanbándote, con
sus ojos colmados de lágrimas, cuando todos los demás dormían. Ten
misericordia de quien, soportó hambre y sed, bajo el calor de Makka y
Medina, cuando ayunaba. Y ten misericordia de él por su consideración
para con su padre y su madre. ¡Oh Allah! Te lo entrego a ti, y estoy
complacida con lo que decretes. Concédeme la recompensa de los que son
pacientes.”
Para el anochecer, Abdullah Ibn Az-Zubeir (RA) había encontrado su
muerte. Antes de los veinte días, su madre Asmá bint Abi Bakr (RA) se
reuniría con él. Ella tenía cien años, tenía total lucidez cuando
murió.
¡Dios bendiga a Asmá bint Abi Bakr !
Ya'far Ibn Abi Tálib
Muhammad (PyB) le dijo" Eres como yo en conducta e imagen."
Apodado por el
Mensajero de Allah (PyB) "Padre de los menesterosos" y "El de las dos
alas" . Estamos ante el ave del Paraíso... Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) Era
uno de los excelsos hombres de la primera generación islámica, los que
lucharon firmemente para la transformación de los conceptos de la vida.
Llegó ante el Mensajero de Allah (PyB) ya islamizado, y de este modo,
tomó su elevada posición entre los primeros Creyentes. Su esposa, Asmá
hija de Umáis, abrazó el Islam el mismo día que él. Ambos soportaron con
coraje y valentía la opresión y la tortura. Cuando el Mensajero eligió
Abisinia para que sus Compañeros emigraran y estuvieran a salvo, Ya'far
(RA) partió con su esposa hacia allí.
En Abisinia, Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) fue el portavoz de los
musulmanes. Allah le había dado entre muchas otras cosas, inteligencia,
lucidez y elocuencia. El día de Mu-ta (*) fue el más glorioso, magno e
inolvidable de su vida. Pero el día de su diálogo frente al Negus de
Abisinia no fue menos glorioso. Fue, sin lugar a dudas, un día especial
y una escena sin igual.
La furia de Qureish contra los musulmanes no se calmó, ni se apagó su
rencor, con la emigración de los fieles hacia Abisinia. Al contrario,
los qureishíes temieron que, allí, la fuerza de los musulmanes aumentara
y su número creciera, o que, por lo menos, el prestigio de Qureish se
viese disminuido porque los musulmanes habían escapado. Es así que
decidieron mandar dos mensajeros a la corte del Negus de Abisinia para
convencerlo, por medio de costosos regalos, de expulsar a los musulmanes
refugiados en sus tierras. Estos dos embajadores eran: Abdallah Ibn Abi
Rabi'a y Amru Ibn Al 'As, quienes aún no eran musulmanes.
El Negus, soberano de Abisinia, era un hombre de fe clara, profesaba
un cristianismo puro y original, alejado de todo extremismo y fanatismo.
Tenía fama de justo y esa fama se divulgó por todas partes. Por esta
razón el Profeta (PyB) eligió su tierra para que los musulmanes se
refugien en ella. Y por este motivo, los qureishíes temian de ello.
Los embajadores enviaron muchos regalos a los obispos y los sacerdotes
de Abisinia, a fin de persuadirlos de apoyar la petición qureishí ante
el Negus. Comezaron a impregnar el corazón de los religiosos de rencor y
odio contra los musulmanes emigrados; luego, les pidieron su apoyo para
que el Negus los expulsara. Fijaron una reunión con él y con la
presencia de los musulmanes perseguidos.
Este en su trono, fue escoltado por los obispos y su corte, los
musulmanes se ubicaron frente a él, en una sala amplia. Se les notaba
tranquilos pues los cobijaba la clemencia divina. Los qureishíes
plantearon al Negus las mismas acusaciones que le habían presentado en
una reunión anterior que tuvieron a solas con él. "¡Oh rey!", le
dijeron, "han llegado a tu país jóvenes insolentes; dejaron la religión
de su gente, y no abrazaron la tuya. Han inventado una religión que ni
tú ni nosotros conocemos. Por eso los notables de su pueblo, incluyendo
sus familias, nos han enviado para que tú los devuelvas."
El Negus volvió la cara hacia los musulmanes y les preguntó: "¿Qué
religión os ha hecho abandonar las creencias de vuestra gente y os
satisfizo en lugar de nuestra religión?"
Ya'far (RA), se adelantó para cumplir con la misión que los
emigrantes acordaron encargarle antes de llegar a la reunión. Se puso de
pie con respeto y calma y con una mirada amable hacia el rey que los
había protegido de buena manera, dijo:
"¡Oh rey! Eramos ignorantes, adorábamos ídolos, practicábamos
obscenidades, cortábamos los lazos familiares, éramos malos vecinos, el
poderoso de entre nosotros devoraba al débil... así estabamos hasta que
Dios nos mandó un Mensajero de entre nosotros mismos. Conocíamos a su
familia, su sinceridad, su fidelidad y su virtud.
Nos invitó a adorar al Dios Único, y a dejar lo que adoraban nuestros
padres de piedras e imágenes, nos ordenó ser sinceros al hablar, nos
ordenó la lealtad, no cortar los lazos sanguíneos, la bondad con los
vecinos, abstenernos de lo ilícito y de la venganza, nos prohibió la
obscenidad, el perjurio, la malversación del patrimonio de los
huérfanos, confiamos en él, le creímos y le seguimos para que nos enseñe
lo que Dios le reveló.
Entonces hemos adorado al Dios Único, y no hemos asociado con Él
otra divinidad; obedeciendo Sus órdenes, hemos declarado prohibido lo
que el Mensajero (PyB) nos ha comunicado que es ilícito y viceversa.
Nuestro pueblo, por su parte, nos ha atacado, nos ha torturado queriendo
alejarnos de nuestra religión y hacernos regresar a la idolatría...
cuando nos hicieron sufrir injustamente, cuando nos hicieron la vida
imposible, deseando separarnos de nuestro nuevo credo, emigramos hacia
vuestro país, esperando vuestra protección, deseando que la injusticia
no nos alcance a vuestro lado..."
Las claras palabras de Ya'far llegaron al corazón del Negus, dejándole
maravillado y llenándole de emoción. Se dirigió a Ya'far (RA)
diciéndole: "¿Tienes algo de lo que ha sido revelado a tu Mensajero?"
"Sí" dijo Ya'far(RA).
"Recítamelo" dijo el Negus.
Ya'far comenzó a recitar aleyas de la sura de María, de un modo dulce y
con mucho respeto. Conmovieron al Negus y a sus obispos, lo escuchado.
Al mirar a los enviados de Qureish les dijo: "Por cierto que esto y lo
revelado a Jesús (AS) procede del mismo origen. ¡Retírense! ¡Por Dios
que no se los entregaré!"
Ese fue un día victorioso para los musulmanes, pero Amru Ibn Al 'As era
un hombre astuto, no aceptaba la derrota ni se resignaba ante la misma.
Apenas llegó a su residencia, meditó un tiempo y luego dijo a sus
amigos: "Por Dios, mañana regresaré junto al Negus y le contaré de
ellos, algo que le hará expulsarlos inmediatamente. Le diré que ellos
creen que Jesús (AS) es uno de los siervos de Dios como cualquier
otro..."
De este modo, Amru pondría a los musulmanes entre la espada y la
pared, ya que si ellos decían que Jesús (AS) es uno de los siervos de
Dios, el rey y sus obispos se enfadarían con ellos, y si negaban el
carácter humano de Jesús (AS), iría en contra de sus creencias.
Amru fue a entrevistarse con el rey al día siguiente, le dijo: "¡Oh
rey! Ellos dicen cosas terrible sobre Jesús (AS)". Los obispos se
agitaron y se conmovieron bastante por lo dicho. Nuevamente llamaron a
los musulmanes para que respondan. Los musulmanes, al saber de la nueva
trampa, acordaron decir la verdad oída de su Profeta (PyB), y se
encomendaron a Dios.
El Negus empezó preguntando a Ya'far (RA): "¿Qué dicen de Jesús?"
Ya'far (RA) se incorporó confiado y dijo:
" Decimos lo que nuestro Profeta nos ha enseñado:
...es Siervo y Mensajero de Dios, y su verbo, con el cual agració
a María, y un espíritu que emana de Él..."
El Negus, con agrado, creyó y declaró ciertas las palabras de Ya'far
(RA), expresándo que esto era lo que el Mesías decía de sí mismo. Sin
embargo, los obispos no aprobaron lo que oían. El Negus, un creyente
iluminado, se dirigió a los musulmanes diciendo: "Podéis iros. Estáis
protegidos en esta tierra. Quienquiera que os insulte u os haga daño,
deberá pagar por ello...". Luego dijo a sus guardias, indicando a los
qureishíes: "Devolvedles sus regalos, pues no los necesito... ¡Por Dios
que me ha agraciado bastante! No soy de los que aceptan sobornos..." Los
embajadores qureishíes salieron derrotados y retornaron a Makka.
Los musulmanes, liderados por Ya'far (RA), aseguraron su vida en
Abisinia, hasta que Dios les permitió volver con su Mensajero (PyB), sus
familias y sus hogares.
El Mensajero de Allah (PyB) estaba celebrando la victoria de Jaibar
cuando vio a Ya'far Ibn Abi Tálib (RA) llegar de Abisinia junto con los
demás emigrantes. El corazón del Mensajero (PyB) se llenó de júbilo, le
abrazó y le dijo: "No sé porque causa alegrarme más: Por la llegada
de Ya'far o por la victoria de Jaibar...(*)"
El Mensajero (PyB) fue luego a Makka, a realizar la Umra (Visita
ritual), para retornar todos a Medina. Ya'far (RA) quedó maravillado al
escuchar las noticias de sus hermanos Creyentes quienes, junto al
Profeta (PyB), lucharon en las batallas de Badr, Uhud y muchas más. Sus
ojos lloraron por aquellos que fueron sinceros en su promesa a Dios y
perdieron la vida como mártires honorables. Su corazón se llenó de una
dulce nostalgia por entrar al Paraíso y esperó el momento y la
oportunidad para dar su vida por la causa de Dios.
La batalla de Mu-ta, estaba a punto de empezar. Las banderas ondeaban
en el horizonte, los ánimos estaban tensos por empezar la batalla.
Ya'far (RA) vio en esta batalla la oportunidad de su vida; ya sea por
lograr una gran victoria para la religión de Dios o por ganar una
gloriosa muerte en la causa de Dios. Se había presentado al Profeta
(PyB) pidiéndole fervientemente un lugar en la batalla. Ya'far (RA)
sabía que no sería un paseo ni una pequeña escaramuza, sino que era un
combate en gran escala de los que el Islam no había enfrentado jamás.
Se encontrarían con el ejército de un imperio próspero y grande que
poseía armas, soldados, experiencia y el dinero que ni los musulmanes
ni los árabes podían tener. Pese a la gravedad de la situación, Ya'far
(RA) tenía todas las ganas de participar, por ello fue nombrado uno de
los Emires del ejército. Las desiguales fuerzas se encontraron en un día
terrible, Ya'far (RA) al ver al ejército bizantino, se sorprendío y no
sin razón.
Era la primera vez que los musulmanes estaban frente a un ejército
tan numeroso ( algunas fuentes expresaban que llegaban a doscientos mil
guerreros), tan bien equipados, profesionales y ordenados.
Ya'far (RA) estaba feliz de todos modos; sintió placer; porque percibió
que, con la dignidad del creyente sincero y la confianza en Allah, los
combatiría de igual a igual.
Antes de caer la bandera de la mano inerte del primer Emir, Zaid Ibn
Hariza (RA), Ya'far (RA) la tomó en su diestra y comenzó a luchar con
increíble valentía. Tenía la audacia de los que no sólo buscan la
victoria sino que también desean la muerte como mártires. Pronto se vio
rodeado por los guerreros bizantinos. Al sentir que los movimientos de
su caballo se obstruían, bajó de él y empezó a golpear a los enemigos
con una furia sinigual.
Después de matar a su propio caballo, pues un bizantino lo estaba
montando, se lanzó en medio de las compactas filas bizantinas, para
combatir contra ellas. Sabía que era la victoria o la muerte. Los
enemigos lo rodearon nuevamente, en la ferrea lucha, cortaron su brazo
derecho, donde llevaba la bandera. Antes que el estandarte cayese, lo
sujetó con el izquierdo, el cual no tardó en ser cortado. Entonces
abrazó la bandera con sus muñones. En ese instante, su preocupación se
centró en no dejar caer este precioso estandarte del Mensajero de Allah
(PyB) mientras tuviese vida. Cuando cayó inerte, sus brazos aún
sujetaban fuertemente la bandera. Abdullah Ibn Rauuaha (RA) la vió
ondear y, con rapidez, se dirigió hasta ella para elevarla y llevarla
con firmeza hacia su glorioso destino.
De esta manera, Ya'far (RA) escogió para sí una de las más gloriosas
muertes que un hombre pudiera elegir, al encontrarse con su Señor, por
su propia audacia y valentía. Allah el Sapientísimo comunicó el destino
de la batalla y de Ya'far (RA) a Su Mensajero (PyB), quien, a su vez, se
resignó a la voluntad de Allah y lloró la partida de su primo y
Compañero.
Muhammad (PyB) se dirigió a la casa de Ya'far (RA), llamó a sus hijos,
los miró tiernamente y los besó mientras lloraba.
Los humildes lloraron la muerte de Ya’far (RA), ya que era conocido
como el "Padre de los pobres". Abu Huraira (RA) dijo: "Ya'far Ibn Abi
Tálib era lo mejor para los pobres" Sí, fue el más generoso con sus
posesiones en vida, y cuando le llegó la hora, fue el más generoso con
su sacrificio.
Abdullah Ibn Omar (RA) dijo penosamente: "Estaba junto a Ya'far en la
batalla de Mu-ta, encontramos en su cuerpo más de noventa heridas de
estocadas y flechas."
¡Más de noventa golpes de espada y lanza! Pero ¿Acaso los que le mataron
pudieron saciar su sed? ¿Pudieron, acaso, ganar algo de su espíritu y su
glorioso destino? No. Sus espadas y lanzas fueron un puente por el cual
el gran mártir cruzó para estar junto a Dios, El Clemente, El Supremo,
en un lugar elevado.
Allí estaba... en los eternos jardines del Paraíso, llevando orgulloso
las marcas y heridas de batalla.
El Profeta (PyB) dijo:
"Yo le he visto en el Paraíso... tenía dos alas, impregnadas de
sangre y la parte delantera de su cuerpo, teñida también”.
¡Dios bendiga a Ya'far Ibn Abi Talib!
(*) Mu-ta, fue la batalla contra los bizantinos donde Ya'far cayó
como mártir.
(*) Jaibar, victoria contra los judíos que habitaban en la ciudad
del mismo nombre. Fue después del año seis de la Hégira.
Abdullah Ibn Mas'ud
"El primer recitador del Corán en público"
Dijo el Profeta Muhammad (PyB):
Quien desee recitar el Corán tal como fue revelado, que lo haga como
Ibn Umm Abd (*) ( Abdullah Ibn Mas’ud)
Abdullah Ibn Mas'ud (RA),es considerado la sexta
personalidad en seguir al Profeta Muhammad (PyB) hacia el Islam. Es así
que este grandioso hombre fue uno de los primeros musulmanes.
En su primer encuentro con el Mensajero de Allah ( PyB), dijo:
"Siendo niño, era pastor de las ovejas de Uqba Ibn Abi Mu'it cuando se
presentó el Profeta (PyB) con Abu Bakr (RA) y me dijeron: Oye, niño,
¿Tienes leche para darnos de beber? Les dije: El dueño ha confiado en
mí, por eso no les daré de beber... El Profeta (PYB) dijo:
¿Tienes alguna oveja que no se haya apareado nunca con un cordero?
Sí, les contesté y se las traje. El Profeta (PyB) la sostuvo, pasó sus
manos por sus ubres implorando a Dios... y las ubres se llenaron de
leche. Abu Bakr trajo una piedra de forma cavada y el Profeta (PyB)
ordeñó la oveja allí. Abu Bakr y yo bebimos... el Profeta, mirando hacia
las ubres, dijo:
“Basta”
y las ubres se secaron... Luego fui hacia él y le dije: 'Enséñame eso'.
Me dijo:
“Tú eres un niño sabio."
Ibn Mas'ud (RA) se asombró de aquello; no sabía que estaba presenciando
el más común y sencillo de los milagros y que, pronto, vería del
Mensajero de Allah (PyB) milagros que sacudirían al mundo y lo llenarían
de luz.
Tampoco sabía que ese niño pobre, débil y pastor de los rebaños de Uqba
Ibn Abi Mu'it sería uno de esos milagros. El día en que el Islam hiciera
de él un hombre creyente, con su fe, vencería la vanidad de Qureish y la
tiranía de sus señores.
Él, que no se atrevía a pasar cerca de los señores de Makka sin bajar su
cabeza, no sabía que, después de su conversión al Islam, iría a la
junta de los nobles de Qureish en la Ka’aba y recitaría ante ellos, el
Sagrado Corán:
En el nombre de Allah, Clemente, Misericordioso.
“El Graciabilísimo. Enseñó el Corán. Creó al hombre. Le enseñó la
elocuencia. El sol y la luna recorren su órbita sistemáticamente. Y las
hierbas y los árboles se inclinan ante Él”.
La recitación continuó y los líderes de Qureish quedaron atónitos,
no creían en lo que sus ojos veían y sus oídos oían. No podían
imaginarse que este hombre, que desafiaba su poder y posición, fuese el
pastor de ovejas de uno de ellos.
Az Zubeir(RA) nos describe la escena de la siguiente forma:
"El primero en recitar el Sagrado Corán en público después del Profeta
(PyB) fue Abdullah Ibn Mas'ud (RA). Un día se juntaron los Sahabas del
Profeta (PyB) y dijeron: 'Por Allah que Qureish nunca ha escuchado el
Corán en voz alta... ¿Quién puede hacerles oir?' 'Yo' Dijo Abdullah Ibn
Mas'ud. “Tememos por ti, queremos un hombre cuya familia pueda
defenderle si le quieren hacer daño”, dijeron. “Déjenme. Allah será mi
defensor', dijo"
"Ibn Mas'ud se presentó a media mañana en el foro de los nobles de
Qureish. Allí recitó en voz alta:
“En el nombre de Allah, Clemente, Misericordioso. El
Graciabilísimo .Enseñó el Corán...”
y les enfrentó recitando estos versículos
"Le miraron diciendo: ¿Qué dice Ibn Ummi Abd? ¡Está recitando algo de
lo que Muhammad trajo! Y se levantaron contra él, lo golpearon mientras
él seguía recitando, haciendole mucho daño."
"Cuando Ibn Mas'ud volvió hacia sus compañeros, traía muy maltrecho el
rostro y el resto de su cuerpo; le dijeron: '¡Esto es lo que temíamos
por ti!'"
" ¡Los enemigos de Allah nunca fueron tan suaves como hoy! Y les dijo:
si ustedes quieren mañana iré nuevamente', dijeron: 'Basta, tu les
hiciste escuchar lo que odiaban"
Así era Ibn Mas'ud (RA), desde el día en que vió las ubres secas
llenarse de leche; Ibn Mas'ud no se percató que, desde ese día, él y la
gente sencilla y pobre, serían uno de los grandes milagros del
Mensajero. El día había llegado. Ya había llegado la hora en que este
joven sirviente pobre, sea uno de esos milagros.
Ibn Mas'ud no llamaba la atención de nadie, ya que no tenía lugar
entre aquellos de riqueza, ni entre los de superioridad física, ni entre
los de prestigio. No tenía dinero, su cuerpo era débil y delgado.
Pero el Islam le dio una voluntad férrea, le hizo partícipe del
cambio histórico que el Islam aportó. Y, sobre todo le dio sabiduría,
honor y perpetuidad, pues Abdullah Ibn Mas'ud precedió a la brillante
cadena de sabios y doctos que adorna a la civilización islámica.
Ibn Mas'ud solía decir de sí mismo:
"Recibí de boca del Profeta de Allah (PyB) setenta suras (Capítulos) del
Corán..."
Esto fue como una recompensa de Allah, cuando puso su vida en
peligro al recitar el Corán en público y divulgarlo en toda Makka
durante los años de tortura y persecución. Le concedió, Glorificado sea,
una recitación excelente, y un entendimiento correcto de sus
significados.
El Profeta (PyB) aconsejaba a sus Compañeros tomar el ejemplo de Ibn
Mas'ud. Les decía:
"Aferraos a los días de Ibn Mas'ud".
También les recomendaba imitar su recitación del Sagrado Corán y que la
aprendieran.
El Profeta ( PyB) decía:
"Quien quiera escuchar el Corán, en su esencia, como ha sido
revelado, que lo escuche de Ibn Ummi Abd "
"Quien quiera recitar el Corán, en su esencia, como ha sido revelado,
que lo escuche de Ibn Ummi Abd."
Al Mensajero de Allah ( PyB) le gustaba escuchar el Corán recitado
por Ibn Mas'ud (RA). Un día, el Mensajero (PyB) lo llamó y le dijo:
"Recita para mí, Abdullah"
"¿Quieres que te lo recite siendo que a ti ha sido revelado, Oh
Mensajero de Allah?", dijo Abdullah.
"Me gustaría escucharlo de otros", dijo el Mensajero.
Ibn Mas'ud recitó, hasta llegar a los siguientes versículos:
“¿Qué será de ellos cuando presentemos un testigo de cada
nación y te designemos ¡Oh Profeta! testigo contra ellos?
En ese día los incrédulos, que desobedecieron al Profeta, desearán
que se los trague la tierra; cuando no puedan ocultar nada a Allah”
Se llenaron los ojos de lágrimas del Mensajero de Allah, e indicó a
Ibn Mas'ud detenerse. Ibn Mas'ud reconocía el favor que Allah le había
concedido; Y decía:
"¡Por Allah! De todo lo que ha sido revelado, yo sé el motivo de su
revelación, nadie sabe mejor que yo sobre el Libro de Allah. Si supiera
de alguien que conozca el Libro de Allah mejor que yo y tuviese que
montar para llegar a él, tengan por seguro que lo haría. Y aún así no
soy el mejor entre vosotros."
Los Sahabas también reconocían este favor de Allah con Ibn Mas'ud. El
Emir de los Creyentes, Omar (RA) dijo: "Está lleno del conocimiento
sobre la religión".
Abu Musa Al Ash'arí dijo de Ibn Mas'ud (RA): "no me preguntéis nada
mientras viva entre vosotros este sabio"
Un día, un grupo de Sahabas se reunió con Alí Ibn Abi Tálib (RA) y
le dijeron: "¡Oh Emir de los Creyentes! No hemos conocido un hombre
igual a Ibn Mas'ud. Tenía la mejor conducta, el más sutil modo de
educar, era el mejor compañero y tenía una profunda fe..."
Alí (RA) dijo: "¿Me juraríais por Allah que esto surgió de vuestros
corazones?"
"Sí", le contestaron.
Dijo: "¡Dios mío! Que seas mi testigo... Por Allah que yo opino lo
mismo, o mejor sobre él...,recitaba el Corán, aclaraba lo que era lícito
y lo que era ilícito. Era un conocedor de la religión (Alfaquí) y un
sabio en la Sunna."
Ibn Mas'ud era muy querido por el Profeta (PyB) y frecuentaba bastante
su casa. El Mensajero (PyB) lo apreciaba y se quedaba mucho tiempo
conversando a solas con él, le confiaba muchos secretos; por eso le
apodaban "El guardián del secreto".
Ibn Mas'ud, a su vez, quería mucho al Mensajero de Allah (PYB). Le
respetaba tanto que temía cometer el más mínimo error al transmitir su
mensaje. Después de su fallecimiento, raramente solía mencionarlo; pocas
veces se lo oía decir: "Escuché al Mensajero de Allah decir...", se
estremecía severamente, se veía asustado, perplejo, temiendo olvidar o
cambiar una letra por otra.
Este hombre fue, Compañero del Mensajero de Allah (PyB); percibió su
sabiduría y su grandeza. Esto lo vemos en su tremendo respeto hacia él,
en vida y después de muerto.
No se separaba del Mensajero de Allah, ni en Medina ni durante sus
viajes; asistió a todas las campañas y a todas las batallas .
Y era tanto su mérito entre los Sahabas, que el Emir de los
Creyentes, Omar (RA), le confirió el mando del Departamento del Tesoro
(Baitul mal) en Al Kufa, al enviarlo, les mandó un mensaje que decía:
"Juro por Allah, no hay más dios que Él, que con este nombramiento os he
preferido a ustedes sobre mí mismo,(queria Omar retenerlo consigo).
¡Beneficiaros de él!"
Los habitantes de Al Kufa llegaron a quererlo como nunca quisieron a
autoridad alguna. Y esto era casi milagroso, ya que era gente de
rebelión y conspiración, no se conformaban con nada ni soportaban la paz
y la tranquilidad.
Lo querían tanto, que lo rodearon cuando el Califa Ozmán (RA) quiso
reemplazarlo, y le dijeron: "Vive entre nosotros.”
Ibn Mas'ud (RA) les respondió con palabras que expresaban cabalmente su
grandeza y lo profundo de su fe: "Tengo que obedecerle, sucederán
problemas y sublevaciones. Yo no quiero ser el primero en abrir sus
puertas."
Esto trajo, una posterior hostilidad que desencadenó en la
prohibición de que se le pagase a Ibn Mas’ud su sustento y su sueldo de
la tesorería... Pese a todo esto, Ibn Mas'ud no pronunció ninguna
palabra en contra de Ozmán; al contrario, se convirtió en su defensor al
ver el murmullo que se convertía en revolución. Al llegar a sus oídos la
noticia del intento de asesinato de Ozmán dijo: "Si lo matan, jamás
encontrarán a una persona igual."
Allah le dio prudencia y una fe sincera. Tenía la capacidad de ver
más allá que los demás, y solía expresarlo con elegancia. Resumió la
vida de Omar, por ejemplo, con una precisión extraordinaria. Decía: "Su
conversión al Islam fue un comienzo... su emigración fue una victoria...
y su mandato fue una clemencia"
Hablaba de lo que hoy llamamos "Relatividad del tiempo". Dijo: "Vuestro
Dios no tiene noche ni día... la luz de los cielos y de la tierra surge
de la luz de su faz..."
Hablando del trabajo y su importancia para elevar el nivel de quien lo
realiza, decía: "A mi no me gusta la persona ociosa... no hace nada, ni
para esta vida ni para la otra."
Entre sus enseñanzas morales tenemos: "La mejor riqueza es la del
alma, el mejor alimento es la fe, la peor ceguera es la del corazón, el
pecado máximo es la mentira, la peor ganancia es la usura, la peor
malversación es con el patrimonio del huérfano. A quien indulta, Dios lo
indulta; y a quien perdona ,Dios lo perdona."
La grandeza de Ibn Mas'ud era totalmente contraria a su pobre
apariencia física. Un día subió a un árbol para obtener Arak (**) para
el Mensajero de Allah (PyB). Los Sahabas vieron sus piernas tan cortas
y flacas que se rieron. Entonces el Profeta (PyB) dijo: "Os reís de
las piernas de Ibn Mas'ud,el día de la Resurrección pesarán más que el
monte Uhud".
Al tomar la guía y la misericordia de Allah, Ibn Mas'ud (RA) alcanzó
el grado de ser uno de los primeros diez Sahabas del Profeta (PyB),
aquellos que fueron albriciados con el Paraíso y la misericordia divina,
mientras aún vivían en la tierra. Ibn Mas'ud acompañó al Profeta de Dios
(PyB) en todas sus batallas y acompañó a sus dos sucesores después de su
muerte. Vio como los dos imperios más fuertes de la época abrían sus
puertas sumisos ante las victoriosas banderas del Islam. Vio las
ciudades conquistadas por los musulmanes y la abundante fortuna que
corrió por sus manos. Sin embargo, nada lo cautivó, nada lo sedujo, ni
lo alejó del compromiso hecho ante Dios y Su Profeta. Nada pudo sacarlo
de su modestia, sumisión y simple modo de vivir.
Este gran hombre murió en Medina en el trigésimo segundo año después
de la Hégira. Dirigió las plegarias por su alma Az Zubair Ibn Al 'Auuam
(RA), y fue enterrado en el cementerio Al Baqui'. Contaba con más de
sesenta años al fallecer.
Tuvo un solo deseo en este mundo y, con nostalgia, lo repetía
constantemente pues anhelaba mucho alcanzarlo. Solía decir:
"Me desperté en plena noche, mientras acompañaba al Mensajero de Allah
(PyB) en la batalla de Tabuk. Vi una antorcha en un extremo del
campamento. Miré con atención y vi al Mensajero de Allah (PyB) a Abu
Bakr(RA) y a Omar(RA) que cargaban el cadáver de Abdullah Al Muzani. Le
habían cavado una fosa y el Profeta dentro de ella decía: "
Alcanzadme a vuestro hermano", mientras Abu Bakr y Omar (RA) lo
sostenían bajándolo.
Cuando ya estaba el cadáver preparado para ponerlo en su nicho, el
Profeta de Allah dijo: "¡Dios mío! Yo estoy complacido con él, que Tú
también estés complacido de él”. '¡OjAllah - decía Ibn Mas'ud -
hubiera sido yo a quien introducian en esa fosa!.
Y ese fue el único anhelo de su vida. Nada relacionado con lo que la
gente acostumbra desear en este mundo: gloria, riqueza, cargos altos o
prestigio. Era, pues, el deseo de un hombre de gran corazón, alma
magnífica y fe certera. Un hombre para quien Dios era su guía, el
Mensajero su educador y el Corán su conductor.