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Meditación Profunda

que recuerdan a Dios de pie,
sentados o echados,
y que meditan en la creación de los
cielos y de la tierra:
“¡Señor! No has creado todo esto en
vano. ¡Gloria a Ti!
“¡Presérvanos del castigo del
Fuego!”
(Corán, 3:191)
HARUN YAHYA
Fuente: www.harunyahya.com
Primera Publicación en turco:
Septiembre de 1999 - Estambul - Turquía.
Primera Publicación en inglés:
Abril de 2000 - Londres - Gran Bretaña.
Traducción del inglés al español:
Abu Dharr Manzolillo - Junio de 2003 - Buenos Aires - Argentina.
AL LECTOR
El motivo por el cual se dedica un
capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución es que ésta constituye
la base de todas las filosofías antiespirituales. Que el darwinismo rechace el
hecho de la creación, y por lo tanto la existencia de Dios, ha provocado que
durante los últimos ciento cuarenta años mucha gente haya abandonado su fe o se
vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una obligación
importante, relacionada muy estrechamente con el din (modo de vida
islámico), mostrar que esta teoría es un engaño. Resulta imperativo que ese
importante servicio sea puesto a disposición de todos. Posiblemente algunos de
nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros, de ahí que
pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida.
Otro punto que tiene que ser
enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones relacionadas con la
fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los versículos
coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Todos esos
temas referidos a los versículos de Dios se explican de una manera tal que no
dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector.
El estilo empleado, llano, abierto
y fluido, asegura que todos, de cualquier edad o grupo social, puedan comprender
los escritos de Harun Yahya fácilmente. Esta manera lúcida y efectiva de los
relatos los hace de rápida lectura. Incluso algunos que rechazan la
espiritualidad con rigor son influenciados por la veracidad de los hechos a los
que se hace referencia en los libros de Harun Yahya, y no pueden refutar sus
contenidos.
Este libro y todos los otros
trabajos del autor pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de
estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al
intercambio de reflexiones y experiencias.
Además, será un gran servicio al
din contribuir a la presentación y lectura de este libro, el cual está
escrito solamente para el agrado de Dios. Todos los escritos de Harun Yahya son
muy convincentes. Por esta razón, uno de los métodos más efectivos de comunicar
el din a otras personas, es impulsarlas a leerlos.
ACERCA DEL AUTOR
El autor, quien escribe
bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios
primario y secundario en esa ciudad y luego cursó Bellas Artes en la Universidad
Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de Estambul. A partir del
decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre política, temas relacionados
con la fe y con las ciencias. El haber escrito obras muy importantes que ponen
al descubierto la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus
suposiciones y la tenebrosa vinculación entre el darwinismo y las ideologías
sanguinarias como el fascismo y el comunismo, lo han hecho una persona muy
conocida.
El seudónimo del autor está
constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’ –Juan--, en memoria de
ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad. El sello sobre la
cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está vinculado a sus
contenidos: representa al Corán (la última escritura) y al Profeta Muhammad, el
último de los profetas. El propósito que anima al autor, bajo la guía del Corán
y de la sunnah (literalmente significa: costumbre, práctica, uso,
tradición), es refutar cada uno de los pilares fundamentales de las ideologías
ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión se queden mudos,
sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién obtuvo la
sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por Harun
Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian la
creencia religiosa.
Todos los trabajos del
autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del Corán, animar a pensar
sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como la presencia de Dios,
Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los fundamentos endebles de las
ideologías pervertidas de los sistemas ateos.
Los lectores que disfrutan
de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo el mundo: desde la
India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a Bosnia, desde España
a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en inglés, francés, alemán,
castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbo-croata
(bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio.
Esos libros han servido
como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe en Dios y para que
otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre religiosa. La lógica
que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo, dan a estos trabajos un
toque de distinción que conmueve a cualquiera que los lea o estudie. Dado que
sus planteos son inobjetables, los escritos se caracterizan por su efectividad
inmediata, los resultados definidos y la imposibilidad de refutarlos. Es muy
difícil que quienes los lean con atención puedan seguir defendiendo con
sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o cualquier otra ideología o
doctrina pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas posiciones negativas, lo
harán solamente por motivos sentimentales, puesto que el autor las destruye
desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan la religión quedan
desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de trabajos escritos
por Harun Yahya.
No cabe ninguna duda de que
las características de esos libros son el producto de la sabiduría y lucidez del
Corán. El autor sólo intenta servir como un modesto medio en la búsqueda, por
parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la publicación de estos
trabajos no se persigue ningún beneficio material.
Considerando lo dicho,
quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy importante, pues “abren
los ojos” y guían para ser más devotos servidores de Dios.
Asimismo, sería injusto
perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que confunden, conducen al
caos ideológico y no sirven para remover las dudas del corazón de los
individuos.
Está claro que un libro que
se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del autor antes que apuntar
a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá tener un gran efecto.
Quienes dudan de que eso
sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo que persiguen los libros de
Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los valores morales del
Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta en la convicción que
adquieren los lectores.
Hay algo que debería
tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la crueldad, los
conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la población,
estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación puede
finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo conocer las
maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se viva según
ésta. Teniendo en cuenta la situación del mundo de hoy día, que conduce a la
gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la tarea de
moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva, pues de
otro modo puede ser demasiado tarde.
No es exagerado decir que
el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea primordial. Si Dios
quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales los seres humanos del
siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el
Corán.
Sus obras incluyen: Judaísmo y
Masonería, Masonería Mundial, Terrorismo: El Ritual del Mal, Cábala y Masonería,
El Nuevo Orden Masónico, Los Caballeros Templarios, El Islam Denuncia el
Terrorismo, La 'Mano Secreta' en Bosnia, Los Kurdos la Carta Secreta de Israel,
El Comunismo al Acecho, Fascismo: La Ideología Sangrienta del Darwinismo, Los
Desastres Que Produjo el Darwinismo a la Humanidad (disponible versión en
castellano), Entre Bastidores del Terrorismo, Entre Bastidores del Holocausto,
La Política Opresiva de China Comunista y la Situación en Turkestán Oriental,
Palestina: La Solución, Las Normas Eticas del Corán, El Invierno del Islam y la
Primavera Esperada, Declaración de Fe (1, 2 y 3), Un Arma de Satanás: el
Romanticismo, La Luz del Corán Destruyó el Satanismo, Los Ultimos Tiempos y Sus
Signos en el Capítulo del Corán “La Vaca”, Signos del Ultimo Día y la Bestia de
la Tierra, Realidades (1 y 2), El Mundo Occidental se Vuelve Hacia Dios, El
Engaño del Evolucionismo (disponible versión en castellano), Respuestas Precisas
a los Evolucionistas, Las Equivocaciones de los Evolucionistas, El Corán se
Opone al Darwinismo, La Epoca de Oro, Pueblos Desaparecidos (disponible versión
en castellano), El Arte del Color de Dios, La Verdad de la Vida en Este Mundo,
Signos en los Cielos y en la Tierra Para las Personas de Entendimiento
(disponible versión en castellano), El Profeta Moisés, El Profeta Yusuf, El
Profeta Muhammad (BP), El Profeta Salomón, La Gloria Está por Todas Partes, La
Importancia de las Evidencias de la Creación, La Pesadilla del Incrédulo,
Conocimiento de la Verdad, La Eternidad Ya Ha Comenzado, La Eternidad y la
Realidad del Destino, Materia: Otro Nombre de la Ilusión, El Hombrecito en la
Torre, El Islam y la Filosofía del Karma, La Magia Negra del Darwinsimo, La
Religión del Darwinismo, El Colapso de la Teoría de la Evolución en 20
Preguntas, La Ingeniería de la Naturaleza, La Tecnología Copia a la Naturaleza,
El Atolladero del Evolucionismo I (Enciclopédico), El Atolladero del
Evolucionismo II (Enciclopédico), Dios es Conocido a Través de la Razón, El
Corán Guía el Camino de la Ciencia, El Verdadero Origen de la Vida, Conciencia
en la Célula, La Tecnología Imita a la Naturaleza, Una Retahíla de Milagros, La
Creación del Universo (disponible versión en castellano), Los Milagros en el
Corán, El Designio de la Naturaleza, Autosacrificio y Modelos Inteligentes de
Comportamiento entre los Animales, ¡Chicos, Darwin Mentía!, El Fin del
Darwinismo, Nunca Defienda la Ignorancia, El Milagro Verde: La Fotosíntesis, El
Milagro del Atomo, El Milagro en la Célula, El Milagro del Sistema Inmune, El
Milagro en el Ojo, El Milagro de la Creación en los Vegetales, El Milagro en la
Araña, El Milagro en el Mosquito, El Milagro en la Abeja, El Milagro en la
Hormiga, El Milagro de la Semilla, El Milagro en la Termita, El Milagro de la
Hormona, El Milagro del Cuerpo Humano, El Milagro de la Creación del Ser Humano,
El Milagro de la Proteína, El Milagro del Olfato y del Gusto, El Milagro del
Micromundo, Los Secretos del ADN.
Los libros para niños del autor
son: Maravillas en la Creación de Dios, El Mundo de los Animales, La Gloria
en los Cielos, Criaturas Asombrosas, Aprendamos Nuestro Islam, Los Milagros en
Nuestros Cuerpos, El Mundo de Nuestras Amiguitas: Las Hormigas, Los Panales
Perfectos de las Abejas, Constructores Hábiles de Diques: Los Castores.
Otros
trabajos del autor sobre temas coránicos incluyen:
¿Nunca Pensaron Acerca de la Verdad?; Devotos de Dios; Abandono de la Sociedad
de la Ignorancia; La Real Morada de los Creyentes, El Paraíso; Valores Morales
en el Corán; Conocimiento del Corán; Index del Corán; La Emigración por la Causa
de Dios; Referencia a los Hipócritas en el Corán; Los Secretos del Hipócrita;
Los Nombres de Dios; La Comunicación del Mensaje y la Discusión en el Corán;
Conceptos Básicos en el Corán; Respuestas Desde el Corán; Muerte, Resurrección,
Infierno; La Lucha de los Mensajeros; El Enemigo Jurado del Ser Humano: Satanás;
La Mayor Difamación, La Teoría de la Evolución; Idolatría, la Religión del
Ignorante; La Arrogancia de Satanás; El Rezo en el Corán; La Importancia de la
Consciencia en el Corán; El Día de la Resurrección; No Olvidar Nunca; Desprecio
de los Dictámenes Coránicos; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La
Importancia de la Paciencia en el Corán; Conocimiento General a Partir del
Corán; Rápida Adhesión a la Fe (partes 1, 2 y 3); Razonamiento Imperfecto del
Incrédulo; La Fe Perfeccionada; Lo Que Dicen Nuestros Mensajeros;
La Compasión de los Creyentes; El Temor a Dios; La Pesadilla del Incrédulo; El
Profeta 'Isa (Jesucristo) Vendrá; Las Bellezas de la Vida Presentadas por el
Corán; Un Conjunto de las Bellezas de Dios (partes 1, 2, 3 y 4), La Iniquidad
Llamada "Burla"; El Secreto de la Prueba; La Verdadera Sabiduría Según el Corán;
El Combate con la Religión de la Irreligión; La Escuela de Yusuf; La Alianza de
Dios; La Difamación Contra los Musulmanes A lo Largo de la Historia; La
Importancia de Seguir la Buena Palabra; ¿Por Qué Te Autoengañas?; El Islam: La
Religión de la Tranquilidad; el Entusiasmo y el Vigor Según el Corán; El Ver el
Bien en Todo; ¿Cómo Interpreta el Corán el Ignorante?; Algunos Secretos del
Corán; El Valor de los Creyentes, Confiados en el Corán, La Justicia y la
Tolerancia en el Corán, Pilares Fundamentales del Islam, Los Que Desatienden el
Corán, El Corán Como Guía, Una Amenaza al Acecho: La Negligencia, La Sinceridad
en el Corán, La Religión de las Personas Devotas, Los Procedimientos del
Mentiroso Según el Corán.
INDICE
Introducción
Meditación Profunda
¿En Qué Piensa la Gente
Normalmente?
¿Cuáles Son los Motivos
Que Impiden Meditar?
Cosas Sobre las Que
Es Necesario Meditar
Meditemos Sobre los
Versículos del Corán
¿Ha pensado
alguna vez que usted no existía antes de ser concebido y luego vino al mundo,
pasando a existir, simplemente, de la nada?
¿Ha pensado
alguna vez que esas flores coloridas y de buena fragancia que ve en su
departamento todos los días provienen de un suelo sucio, oscuro?
¿Ha pensado
alguna vez en los mosquitos que nos molestan a la noche y agitan las alas tan
velozmente que no las podemos ver?
¿Ha pensado
alguna vez en frutas como la banana, la sandía, el melón y la naranja, cuyas
cáscaras cumplen el papel de envoltura de alta calidad para que mantengan su
gusto y fragancia?
¿Ha pensado
alguna vez en que, mientras duerme, un terremoto repentino puede destruir su
vivienda, su oficina o su ciudad hasta los cimientos y de ese modo perder todas
sus pertenencias en pocos segundos?
¿Ha pensado
alguna vez en lo rápido que transcurre su vida y que en poco tiempo se
convertirá en viejo y débil mientras va perdiendo la belleza, la salud y la
fortaleza física día a día?
¿Ha pensado
alguna vez que un día encontrará ante usted los ángeles de la muerte enviados
por Dios y que entonces deberá abandonar este mundo?
Bien, ¿ha
pensado alguna vez por qué la gente se liga tanto al mundo del que muy pronto
partirá, cuando lo que en realidad y básicamente necesita es esforzarse por
alcanzar lo que le favorecerá en la otra vida?
Dios provee al
ser humano con la facultad de pensar. No obstante, la mayoría de las personas no
la usan como deberían. En realidad, la mayoría casi nunca piensan.
Todos los seres
humanos poseen una capacidad de reflexión de la que la mayoría es inconsciente.
Al empezar a usarla se presentan hechos que hasta ese momento no se habían
tenido en cuenta. Cuanto más se reflexiona más se desarrolla la capacidad de
razonamiento. Esta posibilidad la tienen todos las personas. Hace falta darse
cuenta de que es necesario reflexionar y luego esforzarse en tal sentido.
El propósito de
este libro es invitar a la gente a pensar “de la manera apropiada” y mostrarle
la forma de hacerlo. Quienes no reflexionen permanecerán totalmente alejados de
la verdad y conducirán su vida por el camino del autoengaño y el error. En
consecuencia, no comprenderán el propósito que hay en la creación de nuestro
planeta y la razón de ser de todo lo que existe en él. Dios ha creado todo con
un propósito, como lo comunica el Corán:
No hemos creado
los cielos, la tierra y lo que entre ellos está por puro juego. No lo creamos
sino con un fin, pero la mayoría no saben (Corán, 44:38-39).
¿Os figurabais
que os habíamos creado para pasar el rato y que no ibais a ser devueltos a
Nosotros? (Corán, 23:115).
Por lo tanto,
cada persona necesita ponderar el propósito de la creación, primero en lo que le
atañe a sí mismo y luego en relación con todo lo que ve en el mundo y todo lo
que experimenta a lo largo de la vida. Quien no reflexiona comprenderá esto sólo
después de morir, cuando rinda cuentas frente a Dios. Pero ya no le servirá de
nada. Dios dice en el Corán que el día del Ajuste de Cuentas todos reflexionarán
y verán la verdad:
ese día se
traerá el Infierno, ese día el hombre recordará; pero ¿de qué le servirá
entonces el recordar? Y dirá: “¡OjAllah hubiera enviado por delante (buenas
obras) para mi (otra)
vida!” (Corán, 89:23-24).
Dios nos da la
posibilidad de que meditemos sobre la vida de este mundo y derivemos de ello las
conclusiones correctas. Si lo hacemos, obtendremos un gran beneficio en el otra
vida. Este es el motivo por el que Dios ha convocado a todos los seres humanos a
través de Sus profetas y Libros a que reflexionen sobre su creación y la
creación del universo:
¿Es que no
reflexionan en su interior? Dios no ha creado los cielos, la tierra y lo que
entre ellos está sino con un fin y por un período determinado. Pero muchos
hombres se niegan, sí, a creer en el encuentro de su Señor. (Corán, 30:8).
La mayoría de la
gente cree que para “pensar en profundidad” hay que acomodarse en una sala
vacía, aislarse de las demás personas y asuntos y colocar la cabeza entre las
manos. Pero como eso les parece demasiado difícil, concluyen que se trata de una
cualidad exclusiva de los “filósofos”.
Sin embargo,
como dijimos en la Introducción, Dios convoca a todos a meditar y dice
que reveló el Corán para gente que reflexiona: Una Escritura que te hemos
revelado, bendita, para que mediten en sus versículos y para que los dotados de
intelecto ponderen sus signos y los tomen en cuenta (Corán, 38:29).
Lo importante es que la actitud sincera del individuo mejore y profundice la
capacidad de la meditación.
Por otra parte,
la gente que no invierte tiempo y esfuerzo en ese logro, continuará sumergida en
un grave “descuido”. Este término connota con “negligencia”, “abandono”,
“equivocación”, “indiferencia”, “desatención”. El estado de descuido de quienes
no reflexionan es consecuencia de la desatención o despreocupación deliberada
respecto al propósito de su creación y las realidades que enseña la religión.
Ese es un curso de acción extremadamente peligroso que puede conducir al
infierno. En consecuencia, Dios ha advertido a los individuos para que no se
ubiquen entre los desatentos o descuidados:
Invoca a tu
Señor en tu interior, humilde y temerosamente, a media voz, mañana y tarde, y no
seas de los despreocupados (Corán, 7:205).
Prevénles
contra el día de la Lamentación, cuando se decida la cosa. Y ellos, entre tanto,
están despreocupados y no creen (Corán, 19:39).
Dios se refiere
en el Corán a la gente que reflexiona y se vuelve consciente de la verdad: es
aquella que Le reverencia y obedece sumisamente. Dios dice que están en el error
quienes sigan a sus padres como ciegos y sin mayor discernimiento. Si se les
pregunta, dicen que son religiosos y creen en Dios. Pero como no razonan no
rectifican sus conductas y no obedecen a Dios. En los versículos que siguen se
expone la mentalidad de gente así:
Di: “¿De quién
es la tierra y quien en ella hay? Si es que lo sabéis...”
Dirán: “De
Dios”. Di: “¿Es que no os dejaréis amonestar?”. Di: “¿Quién es el Señor de los
Siete Cielos, el Señor del Trono Augusto?”. Dirán: “Dios”. Di: “¿Y no Le tendrás
taqwa?
(Taqwa:
Conciencia o temor de Dios que inspira a la persona a estar en guardia frente a
los errores y anhelar cumplir acciones que Le agraden)
Di: “¿Quién
tiene en Sus manos la realeza de todo, protegiendo sin que nadie pueda proteger
contra El? Si es que lo sabéis...” Dirán: “Dios”. Di: “Y ¿cómo podéis estar tan
sugestionados?”. Vinimos a ellos con la Verdad, pero mienten, sí. (Corán,
23:84-90).
Dios dice en el
versículo anterior, ¿cómo
podéis estar tan sugestionados?
El término “sugestionados” implica en
el versículo un estado de torpeza que se apodera normalmente de las personas. La
mente que no razona se encuentra entorpecida, con una visión enturbiada, no
tiene en cuenta los hechos ante sus ojos y la facultad de comprensión se
presenta debilitada. Se vuelve incapaz de comprender incluso una verdad
sencilla. No puede ser consciente de los hechos extraordinarios que suceden
frente a él. No advierte los intrincados detalles de los sucesos. La razón por
la que generación tras generación de individuos llevan una vida desatenta
durante miles de años y en general no reflexionan nunca, copiando todo como si
fuese, simplemente, una “herencia cultural”, es en realidad ese embotamiento
mental.
Con un ejemplo
podemos explicar una de las consecuencias de este hechizo.
Por debajo de la
superficie de la Tierra existe un “estrato en ebullición” llamado “magma”. La
corteza del planeta es muy delgada, lo cual implica que esa masa incandescente
está muy cerca de nosotros, bajo nuestros pies. Con el objeto de comprender
mejor el espesor de la misma, podemos hacer una comparación: la relación de la
corteza con el diámetro del planeta es la que existe entre la cáscara de la
manzana y el diámetro de la fruta.
Todos saben que
ese estrato en ebullición debajo de la superficie posee una temperatura muy
elevada, pero casi nadie se preocupa por ello, lo tiene en cuenta o se interroga
respecto de su existencia. Eso se debe a que sus padres, hermanos, parientes,
amigos, vecinos, periodistas, programas televisivos y profesores universitarios
no se ocupan de ello tampoco.
Vamos a intentar
que el lector reflexione un poco sobre esto. Supongamos que una persona después
de perder la memoria intenta saber qué tiene a su alrededor y entonces se lo
pregunta a quien está en su entorno. Primero buscará saber en qué lugar se
encuentra. ¿Qué pensaría si se le dice que por debajo del lugar en el que está
parado existe una masa ígnea que en cualquier momento podría hacer brotar llamas
en la superficie terrestre, como consecuencia de un terremoto o una erupción
volcánica?
Avancemos un
poco más y supongamos que a dicha persona se le dijo que este mundo,
simplemente, es un pequeño planeta flotando en un universo oscuro e infinito
llamado “espacio”, en el que los peligros son mayores a los del substrato
terrestre. Por ejemplo, los meteoritos, que pesan muchas toneladas, se mueven
libremente por las amplitudes celestiales. Nada impide que en algún momento
puedan alterar sus cursos debido a diversos motivos y entrar en colisión con la
Tierra.
Seguramente la
persona a la que nos referimos tendrá permanentemente en cuenta la situación
insegura en la que se encuentra y tratará de enterarse cómo se mueven los demás
en ese medio tan crítico. Comprobará que en realidad es partícipe de un sistema
perfectamente apropiado.
El interior del
planeta en el que vive entraña una gran amenaza. Pero la existencia de un
equilibrio muy delicado impide que llegue a dañar a la gente, con la excepción
de circunstancias extraordinarias. Quien comprende esto, sabe que la Tierra y
todas las criaturas en ella continuarán subsistiendo de modo seguro sólo por
voluntad de Dios, debido al equilibrio adecuado que El ha creado.
Este es sólo un
ejemplo de entre los millones o miles de millones sobre los que la gente
necesita reflexionar. Otra anécdota nos ayudará a comprender cómo la desatención
afecta la facultad de reflexión y limita la capacidad intelectual.
Todos saben que
la vida en este mundo se disipa y acaba rápidamente. Pero, no obstante, los
individuos se comportan como si nunca abandonarán este mundo, como si nunca se
morirán. En verdad, esta concepción es una especie de “hechizo” que pasa de
generación en generación. El efecto de esta forma de pensar es tan fuerte, que
al hablarse de la muerte la mayoría cambia de tema de inmediato por miedo a que
se rompa el hechizo y haya que enfrentar la realidad. Quienes toda la vida se
ocupan de comprar buenas casas, residencias de verano, automóviles y enviar a
los hijos a buenos colegios, no quieren pensar que un día morirán y no podrán
llevarse todas esas cosas con ellos. Pero en vez de empezar a hacer algo para la
verdadera vida después de la muerte, prefieren no cavilar sobre el tema.
Sin embargo,
todos moriremos, más temprano o más tarde. Y después de muerto, créase o no,
comenzará la vida eterna sin excepción. Que a esta existencia se la transcurra
en el Paraíso o en el Infierno depende de lo que se haya hecho en la corta vida
en este mundo. Aunque esta es la sencilla verdad, la única razón por la que la
gente se comporta como si la muerte no existiese es ese hechizo que la atrapa
debido a que no reflexionan.
Los hechizados,
inmersos en un estado de desatención, comprenderán la realidad al verla con sus
ojos después de muertos. Dios comunica esto en el Corán:
“Estas cosas te
traían sin cuidado. Te hemos quitado el velo y, hoy, tu vista es penetrante”
(Corán, 50:22).
Como dice Dios
en el versículo, la visión que aquí está empañada debido a la falta de
reflexión, será “penetrante” cuando tenga que rendir cuenta en la otra vida.
Es de señalar
que la gente se autoimpone ese hechizo. Suponen que de ese modo vivirán
relajados y tranquilos. Sin embargo, para cualquiera es muy fácil tomar la
decisión de sacarse de encima ese embotamiento y empezar a vivir con una
conciencia lúcida. Dios ha presentado la solución. Quienes reflexionan pueden
disipar ese encantamiento mientras aún están en este mundo. Entonces pasarán a
comprender que todo lo que ocurre tiene un propósito y un sentido medular o
espiritual y que son capaces de aprehender la sapiencia existente en los
acontecimientos que Dios genera a cada instante.
Se Puede
Reflexionar en Cualquier Lugar y Momento
Para reflexionar
no se requiere ningún momento, lugar o condición especial. Cualquiera puede
meditar caminando en la calle, dirigiéndose a la oficina, conduciendo el
automóvil, operando la computadora, participando de una reunión de amigos,
viendo la TV o merendando.
Por ejemplo, al
conducir el automóvil es posible que nos crucemos con cientos de personas y
entonces ponderemos muchas cosas. Podemos considerar las apariencias físicas de
las mismas y sorprendernos, puesto que si bien comparten órganos básicos
similares, como ojos, cejas, pestañas, manos, brazos piernas, bocas y narices,
son todas distintas. Cavilando un poco más se llega a recordar lo siguiente:
Dios ha creado miles de millones de personas a lo largo de miles de años, todas
distintas entre sí. Por cierto, esto es parte de la evidencia de que Dios es un
Creador superior y eficaz.
El que observa a
los demás yendo de un lado a otro, puede imaginarse distintas cosas. En una
primera observación a cada uno se lo ve como un individuo “distinto”. Cada uno
tiene su propio mundo, deseos, planes, gustos y forma de vida, cosas que lo
hacen feliz o infeliz. No obstante, esas diferencias son engañosas. En general,
todo ser humano nace, crece, va a la escuela, busca trabajo, trabaja, contrae
matrimonio, tiene hijos, envejece, se convierte en abuelo/a y por último
fallece. Desde este punto de vista no hay diferencias entre las vidas de las
distintas personas. Que alguien viva en un barrio de Estambul o en una ciudad de
México no modifica para nada la cuestión. Todos mueren en definitiva.
Posiblemente dentro de un siglo ya no vivirá ninguna de esas personas con las
que nos cruzamos. Quien se da cuenta de esto y sigue reflexionando se plantea
los siguientes interrogantes: puesto que todos moriremos algún día, ¿por qué
actuamos como si nunca nos fuéramos de este mundo? Si se sabe con certeza que
algún día hay que morirse y lo lógico sería esforzarse por una buena vida
después de la muerte, ¿por qué casi todos se comportan como si nunca finalizara
la vida en este mundo?
Quien medita así
llega a una conclusión muy decisiva.
La gran mayoría
de la gente no piensa acerca de estas cuestiones. Si se les preguntase de
improviso, “¿qué están pensando en este momento?”, se referirán seguramente a
cosas totalmente triviales que nos les sirve prácticamente para nada. De todos
modos, el ser humano es capaz de pensar permanentemente en “cosas
significativas”, “sabias” e “importantes” desde que se despierta hasta que se va
a dormir y derivar de ello conclusiones apropiadas.
Dios nos informa
en el Corán que los creyentes deben reflexionar y obtener decisiones
beneficiosas de lo que medita:
En la creación
de los cielos y de la tierra y en la sucesión de la noche y el día hay,
ciertamente, signos para los dotados de intelecto, que recuerdan a Dios de pie,
sentados o echados, y que meditan en la creación de los cielos y de la tierra:
“¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria a Ti! Presérvanos del castigo
del Fuego” (Corán, 3:190-191).
Como informa el
versículo, los creyentes son personas reflexivas, capaces de ver el aspecto
milagroso de la creación y el conocimiento, sapiencia y exaltada potestad de
Dios.
El
Individuo Obtiene el Juicio Correcto Volviéndose a Dios
Para que la
meditación sea beneficiosa y conduzca a una conclusión correcta, hay que pensar
siempre de manera positiva. Por ejemplo, si alguien se siente inferior
físicamente porque envidia la buena presencia y elegancia de otra persona, cae
en algo que Dios no aprueba. Por el contrario, quien anhela obtener la
aprobación de Dios, considera que el ser apuesto y elegante es una manifestación
de la creación perfecta de Dios, perfección que se la da a quien El quiere.
Entonces le produce un gran deleite verla como una belleza creada por Dios y
pide a El que en el más allá acreciente su hermosura. Y también pide para sí un
esplendor auténtico en el otro mundo. Se da cuenta que la generalidad de los
seres humanos han sido creados con imperfecciones porque es en este mundo donde
se los prueba. Entonces anhela con mayor intensidad el Paraíso. Lo expresado es
sólo un ejemplo de pensamiento noble y sincero. El ser humano se cruza a lo
largo de la vida con muchos ejemplos como el dado par ver si se manifiesta
convenientemente y con una forma de pensar que sea del agrado de Dios.
El éxito en la
prueba y una meditación favorable en el más allá dependen de las lecciones y
advertencias que deduce de lo que reflexiona. Es por eso que resulta imperativo
que el ser humano piense continuamente de manera correcta. Dice Dios en el
Corán:
El es Quien os
muestra Sus signos, Quien hace bajar del cielo sustento. Pero no se deja
amonestar sino quien vuelve a El arrepentido (Corán, 40:13).
¿En Qué Piensa la Gente
Normalmente?
Como vimos
antes, las personas no piensan como deberían y eso les impide desarrollar la
facultad del entendimiento. Pero debe hacerse una aclaración.
En todo momento
se nos pasan cosas por la mente y casi nunca la tenemos en blanco, excepto en
ciertos momentos al dormir. Con todo, muchos de esos pensamientos son
improductivos, “fútiles” e “innecesarios”, no nos sirven para nada en la otra
vida y no nos llevan a buen puerto.
Si alguien hace
la prueba de recordar lo que pensó durante todo el día y lo anota, verá que la
mayoría de lo registrado son cosas insustanciales. Y si encuentra algo que le
parece digno de elogio, es probable que después se dé cuenta de que estaba
equivocado. Ello es así porque, en términos generales, las conclusiones que nos
parecen correctas no sirven de nada en la otra vida.
La gente no sólo
gasta el tiempo en cosas triviales a lo largo de la vida, sino que procede de la
misma manera con aquello que discurre mentalmente. Dios aconseja tener una gran
fuerza de voluntad para no caer en las trivialidades: Bienaventurados los
creyentes... que evitan el vaniloquio, (Corán, 23:1 y 3). Esto se aplica
también a lo que uno medita. Eso se debe a que las ideas, a menos que las
controlemos convenientemente, fluyen de modo permanente en la mente. Si no
sabemos qué queremos, la mente salta de un tema frívolo a otro. Al dirigirnos a
nuestro hogar podemos estar pensando lo que necesitamos comprar y en seguida
recordar, repentinamente, lo que nos dijo un amigo hace bastante tiempo. Esa
forma incontrolada de pensar puede mantenerse todo el día.
Pero es algo
posible de manejar. Todos tenemos la capacidad de cavilar sobre las cosas que
mejorarán nuestra fe, nuestro intelecto, nuestra cortesía y lo que nos rodea.
En este capítulo
haremos mención al tipo de cosas sin importancia que se tiende a pensar. Y nos
referiremos a esto porque si a los lectores de este libro les pasa por la cabeza
algo similar, sabrán que la están ocupando con cosas inservibles. De ese modo
podrán controlar el discernimiento y volcarlo a algo que sea realmente
provechoso.
Cuando una
persona no logra controlar las ideas y orientarlas de manera provechosa, puede
verse invadida por el temor, la angustia y la preocupación en función de cosas
que podrían suceder pero que aún no acontecieron.
Por ejemplo, el
padre de un joven que debe dar un examen en la universidad podría suponer cuál
sería el destino del hijo: “Si no se recibe no encontrará trabajo y no podrá
ganar lo suficiente como para casarse. Pero si se casa no me imagino cómo hará
frente a los gastos de la boda. Además, se habrá derrochado todo el dinero que
gastó hasta ese momento para que estudie y la gente nos mirará con desdén. Para
peor, ¿qué hago si el hijo de mi amigo se recibe y el mío no...?”.
Esa forma de
pensar errónea puede seguir desarrollándose, pero en realidad el hijo no ha
rendido el examen aún. Es difícil resistir ese tipo de temores infundados a lo
largo de la vida si se está alejado de la religión. Seguramente hay una razón
que lleva a ello. En el Corán se dice que el motivo por el cual la gente no
puede enfrentar esas ansiedades sin sentido reside en que se deja influenciar
por los susurros de Satanás:
(El Demonio ha
dicho: “...) he de extraviarles, he de inspirarles vanos deseos...” (Corán,
4:119).
Como lo expresa
el versículo, quien se deja invadir por ansiedades triviales siempre se
encuentra predispuesto a los susurros de Satanás, pues olvida a Dios (se
extravía) y no piensa con propiedad. En otras palabras, si el ser humano
engañado por la vida mundanal no actúa como corresponde, valiéndose de su fuerza
de voluntad, y se deja llevar por los acontecimientos vulgares de todos los
días, queda bajo el completo control de Satanás. Uno de los principales patrones
de comportamiento de Satanás es fomentar la ansiedad. Por lo tanto, todos los
conceptos erróneos, pesimismo y ansiedades urdidos en la mente --como cuando
alguien se plantea, “¡qué haré si tal cosa sucede!”--, tienen su origen en los
susurros de Satanás.
Dios nos enseña
la forma de no caer en esa trampa. Nos dice en el Corán que cuando
experimentemos una instigación perniciosa de Satanás deberíamos buscar refugio
en El y recordarle:
Cuando los
que tienen taqwa (es
decir, los que reverencian a Dios) sufren una aparición del Demonio, se dejan
amonestar y ven claro. En cuanto a sus hermanos, en cambio, (los demonios)
persisten en mantenerles descarriados (Corán, 7:201-202).
Como se expresa
en el versículo, quien reflexiona ve qué es lo correcto y no se deja arrastrar
por Satanás a cualquier parte.
Lo importante es
saber que ese tipo de pensamiento que mueve al miedo no sirve para nada. Por el
contrario, impide meditar sobre la realidad, reflexionar sobre temas importantes
y, en consecuencia, purificar la mente de las concepciones inútiles. Sólo se
puede meditar apropiadamente si se libera la mente de pensamientos ramplones,
prosaicos. Esa es la manera de mantenerse “alejado de lo vano”, como ordena Dios
en el Corán.
¿Cuáles Son los Motivos
que Impiden Meditar?
Son muchos los
factores que obstaculizan la reflexión apropiada. Uno sólo de ellos, algunos o
todos, pueden impedir discernir la verdad. Por lo tanto es necesario que cada
persona identifique los factores que le afectan negativamente y se los saque de
encima. De otro modo no será capaz de ver el verdadero rostro de la vida en este
mundo, lo que podría causarle una gran pérdida en el otro mundo.
Dios nos informa
en el Corán sobre la situación de esa gente acostumbrada a pensar de manera
superficial:
Conocen lo
externo de la vida de acá, pero no se preocupan por la otra vida. ¿Es que no
reflexionan en su interior? Dios no ha creado los cielos, la tierra y lo que
entre ellos está sino con un fin y por un período determinado. Pero muchos
hombres se niegan, sí, a creer en el encuentro de su Señor (Corán, 30:7-8).
Una de las cosas
que más descarría a la gente es creer que la actitud correcta pasa por hacer lo
que hace la “mayoría”. Uno tiende a pensar normalmente que lo correcto se
aprende del entorno, en vez de buscar la verdad a través de la reflexión.
Observamos que las cosas que a primera vista nos parecen extraordinarias, la
mayoría de las personas las considera ordinarias y ni siquiera les prestan
atención. En consecuencia, después de un tiempo, casi todos proceden así.
Por ejemplo,
gran parte del grupo que uno integra, no reconoce que algún día morirá. Ni
siquiera dejan que alguien hable de eso, para que no se les recuerde la muerte.
Entonces uno se plantea: “Dado que todos piensan de ese modo, no debe estar mal
que me comporte de la misma manera”. Es así como se pasa a vivir sin recordar
para nada la muerte. Pero si quienes nos rodean reverenciasen a Dios y se
esforzaran como es debido para la buena vida en el más allá, lo más probable es
que también nosotros actuaremos así.
Veamos otro
ejemplo. En la TV, periódicos y revistas, aparecen cientos de noticias sobre
desastres, injusticias, opresiones, suicidios, homicidios, robos, estafas y
deslealtades, a la vez que se hace conocer las necesidades de miles de personas
todos los días. No obstante, mucha gente que ve o lee esas noticias, cambia de
canal o da vuelta la página del periódico sin inmutarse. Casi nadie se pregunta
porqué abunda ese tipo de información o qué se hizo o se piensa hacer con el
objeto de remediar dichas situaciones tan feas y evitar que continúen
sucediendo. De la misma manera, casi nadie cavila en lo que puede hacer por su
cuenta respecto de esos problemas. La mayoría de las personas piensan que los
responsables son “otros” y razonan así: “¿depende de mí la salvación del
mundo?”.
La indolencia es
un factor que mantiene a la mayoría de la gente alejada del razonamiento. Debido
a la indolencia mental se repite lo que se ha visto y aquello a lo que uno está
acostumbrado. Si tomamos un ejemplo de todos los días, vemos que las amas de
casa limpian el hogar de la misma manera que se lo vieron hacer a sus madres.
Generalmente no piensan: “¿Cómo podría hacer para que la limpieza sea más
práctica y mejor?”, ni ensayan métodos nuevos. Del mismo modo, cuando hay que
reparar algo, se usa el mismo método aprendido desde la infancia. Normalmente se
es remiso a la innovación y a prácticas más eficientes. La forma de hablar de la
gente también cae en la general de la ley. Los miembros de cada profesión tienen
un estilo de dicción particular. Imitan los estilos de sus respectivos colegas
antes que buscar una manera de expresarse con más propiedad, mejor.
La forma en que
se resuelven los problemas también pone de manifiesto esa indolencia. Por
ejemplo, el actual administrador de un edificio encara los inconvenientes del
caso de la misma manera que lo hicieron los anteriores. Así procede también el
intendente de una ciudad respecto a los problemas de tránsito. Muchas veces se
es incapaz de encontrar soluciones porque no se recurre a otros criterios.
Por cierto, las
situaciones que se crean en cada caso de los ejemplos dados, son las que sufren
las personas en la vida cotidiana. Pero hay cuestiones mucho más importantes que
esas. Quienes no las tomen en cuenta y reflexionen, pueden llegar a sufrir
graves pérdidas permanentes. Los motivos principales que llevan a esa situación
es el no meditar acerca del propósito de la existencia, perder de vista que la
muerte es inevitable y que en definitiva nos enfrentaremos con el Día del
Reconocimiento después de morirnos.
En el Corán Dios
invita a la gente a reflexionar sobre estos temas cruciales:
Esos son los que
se han perdido a sí mismos. Se han esfumado sus invenciones... En verdad, en la
otra vida serán los que más pierdan. Pero quienes crean, obren bien y se
muestren humildes para con su Señor, esos morarán en el Jardín eternamente.
Estas dos clases de personas son como uno ciego y sordo y otro que ve y oye.
¿Son similares? ¿Es que no os dejaréis amonestar? (Corán, 11:21-24).
¿Acaso Quien
crea es como quien no crea? ¿Es que no os dejaréis amonestar? (Corán, 16:17).
El Prejuicio de
Creer Que “No es Bueno Pensar Mucho”
En la sociedad
prevalece la idea de que la meditación intensa no es buena. Se dice con bastante
frecuencia que puede dañar la mente. Pero seguramente es un concepto
supersticioso inventado por quienes están alejados de la religión. Lo que hay
que hacer es meditar siempre y evitar poner la atención en cosas negativas así
como en ciertos miedos y conceptos erróneos exagerados.
Quienes no
tienen una fe firme en Dios y en la otra vida no piensan en la benevolencia de
Dios sino, por el contrario, especulan negativamente porque generalmente sus
ideas les lleva a logros no completamente beneficiosos. Por ejemplo, se vuelven
muy pesimistas porque piensan que la vida en este mundo es temporaria y que un
día morirán. Algunos son conscientes de que vivir sin seguir los cánones
establecidos por Dios les prepara la infelicidad en la otra vida. Otros se ven
invadidos por el pesimismo porque creen que al morir desaparecen totalmente, no
queda nada de ellos.
Pero quien cree
en Dios y en el más allá extrae conclusiones totalmente distintas al reflexionar
sobre el hecho de que la vida en este mundo es pasajera. Antes que nada, se
preocupa y esfuerza por su vida eterna y real en el otro mundo. Al saber que la
existencia terrena se acaba más temprano o más tarde, no le entusiasma las
pasiones o intereses mundanales. Se encuentra muy conforme con lo que logra de
buena manera. No le molesta o incomoda nada de esta vida temporaria. Abriga
siempre la esperanza de obtener una vida eterna agradable. Goza mucho de las
bendiciones y atractivos propios de este mundo, al que Dios lo creó con una
serie de limitaciones para probar a la gente. La persona inteligente piensa que
en esta vida hay tanta belleza que resulta atrayente a pesar de esas
limitaciones, por lo que le resulta inimaginable la hermosura del Paraíso.
Espera ver en la otra vida “el original” de cada cosa encantadora vista aquí. Y
todo eso lo concibe por medio de la meditación profunda.
Por lo tanto,
sería muy contraproducente inquietarse y negarse a reflexionar convenientemente
“por temor a volverse pesimista si descubre la verdad” después de pensar con
agudeza. Nada conduce al pesimismo a la persona que siempre mantiene su fe en
Dios y un pensamiento favorable.
El no Meditar
no Evita ni Anula las Responsabilidades
La mayoría de la
gente piensa que se pueden evadir distintas responsabilidades si no se
reflexiona sobre ciertas cuestiones. Esta forma de actuar le puede reportar
algunas beneficios ya que le mantendría apartada de algunas cosas. Pero cae en
un gran engaño si piensa que de ese modo puede escapar a las responsabilidades
que tiene ante su Señor. Esta idea es la razón principal para no meditar
respecto de la vida y la muerte. Si lo hiciera y concluyese que hay una vida
eterna después de la muerte, necesariamente tendría que esforzarse con todas sus
energías para alcanzar una buena existencia en el otro mundo. Sin embargo, se
autoengaña al suponer que al no pensar queda exceptuada de toda responsabilidad
en ese plano. Es el propio ser humano el que se entrampa, pues si no alcanza la
verdad en este mundo a través de la meditación, al morir comprenderá que no
tiene forma de escapar del error:
La agonía del
moribundo traerá la Verdad: “¡Ahí tienes lo que rehuías!”. Se tocará la
trompeta. Ese es el día de la Amenaza (Corán, 50:19-20).
La Completa
Falta de Meditación Debido a Que se Está
Totalmente Sumergido en
el Ajetreo Cotidiano
La mayoría de
las personas transcurren toda la vida de manera precipitada, acelerada. Al
llegar a cierta edad se ponen a trabajar y a cuidar sus familias. A eso lo
denominan “lucha por la vida”, se quejan de que no les queda tiempo para nada
más y sostienen que el poco del que disponen no pueden perderlo en la
meditación. Por lo tanto, de lo único que se ocupan es de algunas de esas cosas
que las tiene inmersas en el torrente de lo cotidiano. Como consecuencia de ello
se vuelven insensibles a todo lo que ocurre a su alrededor.
Sin embargo, ese
mero consumo de tiempo, persiguiendo fines mundanales corriendo de aquí para
allá, no es lo que debería caracterizar al ser humano. Lo más importante es
tener la capacidad de ver el rostro verdadero de este mundo y asumir una forma
de vida en función de ello. Nadie tiene como único propósito ganar dinero, ir al
trabajo, estudiar en la universidad o conseguir una vivienda. Seguramente son
cosas que se pueden necesitar a lo largo de la vida. Así y todo, lo que se
debería tener presente cuando se busca concretar algo de lo dicho, es que el
propósito de nuestra existencia aquí es ser siervos de Dios, es decir, trabajar
para Su agrado, por Su misericordia y el Paraíso. Todo lo demás que se haga sólo
puede servir como “medios” que ayudan a obtener el puro y genuino propósito
mencionado. Pero adoptar esos medios como fines en sí mismos es un engaño del
que se vale Satanás para extraviar al ser humano.
Quienes viven
sin meditar adecuadamente, pueden equivocarse con gran facilidad y tomar los
medios como objetivos finales.
Podemos citar un
ejemplo de la vida diaria. Indudablemente significa algo bueno producir cosas
beneficiosas para la sociedad. Quien cree en Dios lo hace con fervor y espera Su
premio en este mundo y en el más allá. Pero quien hace lo mismo sin recordar a
Dios y solamente por los beneficios mundanales del caso --una buena posición
social o el aprecio de los demás--, comete una equivocación. Ha hecho un uso
inapropiado de algo que debería servirle para lograr el agrado de Dios. Se
lamentará de ello cuando enfrente la realidad en el más allá. Dios se refiere en
un versículo a los que se comportan de esa manera:
Lo mismo les
pasó a los que os precedieron. Eran más fuertes que vosotros, más ricos y tenían
más hijos. Disfrutaron de su parte. Disfrutad vosotros también de vuestra parte,
como vuestros antecesores disfrutaron de la suya. Habéis parloteado igual que
ellos. Vanas fueron sus obras en la vida de acá y vanas lo serán en la otra.
Esos son los que pierden (Corán, 9:69).
El Ver Todo de Manera
Rutinaria Lleva
a Considerar
Que la Reflexión no Hace Falta Para Nada
Cuando las
personas se encuentran con algo por primera vez, pueden llegar a considerarlo un
suceso extraordinario y servirle de acicate para profundizar sobre su realidad.
Pero después de cierto tiempo se desarrolla una resistencia habitual a esa forma
de proceder, por lo que pierde su atractivo. Entonces, el objeto o suceso
considerado extraordinario en un primer momento, se convierte en “común”,
“vulgar”.
Por ejemplo, a
algunos futuros médicos les causa una gran impresión la primera vez que trabajan
sobre un cadáver o se les muere un paciente. En consecuencia, meditan sobre ello
intensamente. Puede ser que se enfrenten de improviso con el cuerpo inerme de
una persona que hasta unos minutos antes estaba llena de vida, risueña, haciendo
planes para el futuro, conversando, divirtiéndose, con los ojos chispeantes de
vida. La primera vez que se coloca ante ellos un cadáver para la autopsia
piensan en un montón de cosas: cómo se deteriora el cuerpo tan rápido, el olor
repugnante que proviene del mismo, lo desagradable que resulta ese cabello que
una vez fue tan atractivo al punto que no se lo quiere tocar. Después piensan
que todos los cuerpos están compuestos de los mismos elementos y que todos
encontraremos el mismo final, es decir, que todos seremos como ese cadáver que
está allí.
No obstante, al
ver una y otra vez cadáveres, de extraños o de parientes, desarrollan un
acostumbramiento a ciertas cosas. Empiezan a tratar a los fallecidos, y también
a los pacientes, como si fuesen objetos.
Por cierto, esto
no es válido sólo para los médicos. Lo mismo se aplica a mucha gente en muchas
áreas de la vida. Por ejemplo, cuando a una persona que vive en medio de
dificultades se le concede una forma de vida muy confortable, comprende que todo
lo que posee es una bendición: la cama muy cómoda donde duerme, la vista hermosa
que observa desde su vivienda, la facilidad de comprarse todo lo que quiera, la
posibilidad de caldear la morada en invierno, el automóvil con el que se
desplaza fácilmente a cualquier parte, y así de seguido. Al acordarse de la
situación en la que se encontraba, se regocija por cada una de las cosas con que
cuenta ahora. En cambio, el que poseyó desde que nació todas las comodidades del
caso, puede no darle el valor que tienen. En consecuencia, si no medita sobre
ello no puede apreciar dichas bendiciones.
Pero al que
sopesa todo de manera apropiada le es indiferente si esas cosas las tuvo desde
la cuna o las consiguió después. Nunca las considera como algo “ordinario”. Sabe
que cada cosa a la que echa mano ha sido creada por Dios y que El las tomará de
vuelta si lo desea. Por ejemplo, al montar sus bestias de carga, es decir, sus
vehículos, los creyentes recitan a conciencia el siguiente versículo:
para que os
instaléis en ellos y, luego, cuando lo hayáis hecho, recordéis la gracia de
vuestro Señor y digáis: “¡Gloria a Quien ha sujetado esto a nuestro servicio!
¡Nosotros no lo hubiéramos logrado! ¡Sí, volveremos a nuestro Señor!” (Corán,
43:13-14).
En otro
versículo se dice que al entrar los creyentes a sus huertas recuerdan a Dios y
dicen: ...“Que sea lo que Dios quiera. La fuerza reside sólo en Dios”...
Corán, 18:39). Al momento de entrar allí piensan que Dios los ha creado y El
los sustenta. Por otra parte, una persona que no medita puede impresionarse la
primera vez que ve una huerta hermosa, pero después se le vuelve un lugar común,
vulgar. La admiración se desvanece. Algunos no se dan cuenta para nada de esas
bendiciones porque no meditan. Las toman como algo “ordinario”, “habitual”, como
algo que “tenía que ser así”. En consecuencia, no pueden deleitarse con su
belleza.
Conclusión:
Es Imperativo Que el Ser Humano se Desprenda
de Todo Aquello que le Impide
Meditar
Como dijimos
antes, que la mayoría de la gente no medite porque vive desatenta de la verdad
no puede ser una excusa suficiente. Cada individuo es responsable ante Dios
únicamente de sí mismo. Es muy importante tener en cuenta que la prueba de Dios
es en la vida de este mundo. La indiferencia de quienes no meditan, razonan y
buscan la verdad es, en la mayoría de los casos, parte de dicha prueba. El que
piensa con sinceridad no dice “si la mayoría no reflexiona y es inconsciente de
todo esto, ¿por qué yo debería actuar así?”. Por el contrario, saca lección de
esa desatención de la gente y se refugia en Dios con el objeto de no ser uno del
montón. Queda en claro que para el creyente la actitud de los que se equivocan
no le sirve de excusa para hacer lo mismo. Dios nos informa en el Corán en
muchos de sus versículos que la mayoría de la gente es desatenta y no cree:
La mayoría de
los hombres, a pesar de tu celo, no creen (Corán, 12:103).
Alif Lam Mim Ra.
Estos son los signos del Libro. Lo
que se te ha revelado, de parte de tu Señor, es la Verdad, pero la mayoría de
los hombres no creen (Corán, 13:1).
Han jurado
solemnemente por Dios: “Dios no resucitará a quien haya muerto”. Claro que sí.
Es una promesa que Le obliga, verdad. Pero la mayoría de los hombres no sabe
(Corán, 16:38).
La hemos
distribuido entre ellos (el
agua que baja del cielo) para que se dejen amonestar, pero la mayoría de los
hombres no quieren sino ser infieles (Corán, 25:50).
Dios anuncia en
otro versículo cuál es el fin que encontrarán los que se extraviaron por seguir
a la mayoría y desobedecer las órdenes de Dios al olvidar el propósito de la
creación:
Gritarán (los
réprobos) allí: “¡Señor!
¡Sácanos y obraremos bien, no como solíamos hacer!”. “¿Es que no os dimos una
vida suficientemente larga como para que se dejara amonestar quien quisiera? El
monitor vino a vosotros... ¡Gustad, pues! Los impíos no tendrán quien les
auxilie” (Corán, 35:37).
Debido a ello,
cada uno debería dejar a un lado los argumentos que le impiden meditar sincera y
honestamente sobre cada acontecimiento y existencia que Dios crea. Así podrá
extraer de allí las enseñanzas y advertencias del caso.
En el próximo
capítulo discutiremos sobre ciertos sucesos y criaturas dignos de reflexión, con
los que el ser humano se puede cruzar en la vida diaria. Con ello buscamos
proporcionar a nuestros lectores una guía y ayuda para que el resto de sus vidas
sean gente que “piensa y extrae advertencias y enseñanzas de lo que reflexiona”.
Desde el inicio
de este libro nos referimos a la importancia de la meditación y el beneficio que
produce, a la vez que remarcamos que la facultad de reflexión diferencia al ser
humano de otros seres vivientes. También mencionamos las causas que llevan a no
meditar. El propósito principal que nos anima es, como se dijo, impulsar a la
gente a hacerlo, a tener en claro para qué fueron creadas y honrar la
omnisapiencia y omnipotencia de Dios.
En las páginas
que siguen intentaremos describir lo que debería pensar el creyente en Dios de
las cosas con las que se encuentra a lo largo del día, las lecciones que debería
extraer y cómo debería agradecerle y aproximarse a El por permitirle observar Su
arte y conocimiento en todo.
Por cierto, lo
que se mencionará aquí como reflexiones provechosas, es apenas un ejemplo
diminuto de la capacidad del ser humano para proceder así en todo instante de su
vida. Es tan amplio el campo para la meditación, que prácticamente no tiene
límite. A lo que apuntamos en lo que trataremos a continuación es a abrir una
puerta para aquellos que no hacen un uso apropiado de la facultad de reflexión.
Se deberá tener
presente que sólo quienes recapacitan pueden asumir una posición distinta a la
de la mayoría. En los versículos de Dios se relata la situación de los que son
incapaces de observar los sucesos milagrosos en su entorno y en consecuencia no
pueden cavilar sobre los mismos:
Los incrédulos
son como cuando uno grita al ganado, que no percibe más que una llamada, un
grito: son sordos, mudos, ciegos, no razonan (Corán, 2:171).
Hemos creado
para la gehena (el
infierno) a muchos de los genios y de los hombres. Tienen corazones con los
que no comprenden, ojos con los que no ven, oídos con los que no oyen. Son como
rebaños. No, aún más extraviados. Esos tales son los que no se preocupan (Corán,
7:179).
¿Crees que la
mayoría oyen o entienden? No son sino como rebaños. No, más extraviados aún del
Camino (Corán, 25:44).
Quienes son
capaces de ver los signos de Dios, los aspectos prodigiosos de las existencias y
sucesos que El crea, es decir, quienes pueden comprender, son esos que
reflexionan y pueden extraer conclusiones de todo lo que les rodea, sea grande o
pequeño.
Al Despertarse a la Mañana...
Para empezar a
meditar no hace falta ninguna condición en especial. Desde el momento en que nos
despertamos a la mañana tenemos ante nosotros muchísimas oportunidades para
hacerlo a lo largo del día que se inicia. Descansados y bien dormidos retomamos
las tareas diarias y recordamos un versículo de Dios:
El es Quien ha
hecho para vosotros de la noche vestidura, del sueño descanso, del día
resurrección (Corán, 25:47).
Nos lavamos la
cara, nos damos una ducha y con todos nuestros sentidos alerta ya podemos
meditar sobre gran cantidad de cosas provechosas. Hay cosas mucho más
importantes que lo que vamos a desayunar o el tiempo libre que nos queda antes
de ir al trabajo. Entonces, tenemos que ocuparnos primero de esos asuntos de
mayor significación.
En primer lugar,
el despertarnos a la mañana es un gran milagro. Aunque durante el sueño
permanecemos totalmente desconectados, a la mañana recobramos nuestra lucidez y
personalidad. El corazón sigue palpitando, seguimos respirando, somos capaces de
hablar y ver. En verdad, al irnos a dormir nadie nos garantiza que al otro día
seguiremos gozando de esos favores. Generalmente tampoco enfrentamos un desastre
al dormirnos, como ser una explosión debido a que algún vecino dejó abierta la
llave del gas o una catástrofe de otro tipo que nos mataría.
Nuestros
organismos también podrían haber sufrido algún cambio durante el sueño y
entonces nos despertaríamos, por ejemplo, con fuertes dolores renales o de
cabeza. Sin embargo, en general, nos despertamos a salvo e incólumes. Si
meditamos sobre esto, agradeceremos a Dios Su misericordia y protección.
Comenzar un
nuevo día con la salud íntegra significa que Dios nos da otra posibilidad para
alcanzar mayores logros en el más allá.
En consecuencia,
la mejor actitud a tomar es pasar nuestros días de manera tal que sean del
agrado de Dios. Antes que nada deberíamos abocarnos a este objetivo y ocupar la
mente con pensamientos dirigidos a dicho logro. El punto de partida para agradar
a Dios es pedir a El que nos ayude en esto. La súplica del profeta Salomón
establece un buen ejemplo para los creyentes:
...“Señor,
permíteme que Te agradezca la gracia que nos has dispensado, a mí y a mi padre.
Haz que haga obras buenas que Te plazcan. Haz que entre a formar parte, por Tu
misericordia, de Tus siervos justos” Corán, 27:19).
En Qué Pensamos Debido a
Nuestra Endeblez
Tan pronto como
salimos de la cama, al darnos cuenta de nuestras incapacidades empezamos a
meditar. Por ejemplo, al lavarnos la cara y cepillarnos los dientes, empezamos a
pensar en nuestras ineptitudes físicas que se manifiestan en que prácticamente
tenemos que bañarnos todos los días para mantenernos adecuadamente saludables,
en que nuestro cuerpo está tan expuesto a las infecciones y en que no es posible
estar bien dispuestos si tenemos sueño, hambre y sed. Y todas ellas son signos
de nuestra endeblez.
Si la persona
que se mira en el espejo a la mañana es anciana, puede meditar sobre otras
cosas. El primer signo de que los años se nos vienen encima se manifiesta en el
rostro alrededor de los treinta años. Empiezan a aparecer arrugas por debajo de
los ojos y alrededor de la boca. La piel deja de ser rojiza (encarnada) como
antes y se puede observar el inicio del deterioro en distintas partes del
cuerpo. Más adelante el cabello se pone blanco y las manos exhiben el paso de
los años.
Para quien
medita acerca de esto, la edad madura es una de las situaciones que expresa con
mayor vigor la naturaleza temporaria de la vida en este mundo. Esta comprobación
debería refrenar la codicia por las cosas mundanales. La persona entrada en años
comprende que ya le empezó la cuenta regresiva en la vida terrestre. En
realidad, el que percibe y sufre la cuenta regresiva es el cuerpo, que se va
desmejorando gradualmente, pero no el alma. En muchas personas ejerce una gran
influencia ser de buena apariencia en la juventud. Los que se ven atrayentes a
menudo son arrogantes, en tanto que los que se ven feos se sienten infelices e
inferiores. La vejez exhibe lo pasajero que son la belleza o fealdad corporal y
que lo meritorio del ser humano se encuentra en las obras correctas que realiza,
las buenas cualidades personales y el compromiso con Dios. Estas son las únicas
cosas aceptables para El.
Cada vez que
enfrentamos nuestras falencias, comprobamos que el único Perfecto y Exaltadísimo
es Dios, a Quién las imperfecciones no Le alcanzan. Entonces corresponde que
Glorifiquemos Su Grandeza.
Dios ha creado
con un propósito cada falencia humana. Algunas tienen como objetivo ayudar a los
individuos a no atarse a la vida de este mundo y a no extraviarse, debido a los
goces que producen. Quien por medio de la meditación llega a comprender esto,
quiere que Dios lo recree en el más allá libre de todos sus defectos.
Nuestras
falencias nos recuerdan otro factor importante: mientras la rosa que crece en un
suelo sucio huele a limpio, nuestros cuerpos exhalan un olor insoportable cuando
no nos aseamos. Las personas vanidosas y arrogantes, en particular, tienen que
pensar acerca de esto y extraer las conclusiones y advertencias del caso.
En Qué Nos Hacen
Meditar Algunos Rasgos Corporales
Al mirarnos en
el espejo a la mañana podemos reflexionar sobre muchas cosas que no tuvimos en
cuenta antes. Por ejemplo, las pestañas, cejas, huesos y dientes dejan de crecer
al llegar a cierta longitud. Sin embargo, el cabello no deja de extenderse. En
otras palabras, como pauta, la pilosidad no se desarrolla de manera semejante en
todo el cuerpo.
Además, hay una
perfecta armonía y proporción en el crecimiento de los huesos. Por ejemplo, en
los miembros superiores no crecen más de lo necesario para evitar una relativa
desproporción corporal. El desarrollo se detiene en el momento preciso, como si
supiesen el largo que deben tener.
Por cierto, todo
ello se produce como resultado de distintas reacciones que tienen lugar en
nuestro organismo. Así y todo, alguien que reflexiona también se pregunta:
¿Quién colocó en el cuerpo la cantidad y tipo de hormonas y enzimas necesarias
para determinar el crecimiento de cada parte de nuestra estructura física?
¿Quién controla esas cantidades y las secreciones?
Indudablemente,
es imposible suponer que todo eso se ha producido y se produce por casualidad.
Es imposible que las células por decisión propia formen un ser humano o que los
átomos sin conciencia constituyan las células. No cabe ninguna duda de que cada
una de esas cosas es parte del arte de Dios, Quien nos crea y crea todo como
mejor corresponda.
En el Camino....
La mayoría de la
gente, después de levantarse y realizar los aprestos del caso, se encamina a la
oficina, a la escuela o emprende un viaje de trabajo al exterior. Para el
creyente, ese desplazamiento de todos los días facilita la realización de
acciones del agrado de Dios. Apenas salimos de nuestras viviendas ya nos
encontramos con muchas cosas sobre las que deberíamos reflexionar. Vemos miles
de personas, automóviles y árboles de distintos tamaños. Todos con detalles
incontables. La perspectiva de un creyente es muy clara en ese contexto. Intenta
aprender lo más que puede de lo que le circunda y meditar sobre la causa de los
sucesos que observa, gracias a Dios que lo permite. Es decir, todo lo que se
hace y se piensa seguramente tiene un motivo. Desde el momento en que se
despierta agradece a Dios porque le dio otro día en este mundo para alcanzar
premios Suyos. Al ponerse en camino reinicia un viaje en el que puede lograr
esas gratificaciones. Quien es consciente de todo lo que dijimos aquí, debe
meditar sobre el versículo de Dios: del día (hicimos) medio de
subsistencia (Corán, 78:11). En consonancia con este versículo hacemos
planes para ver como vamos a invertir el día de modo de hacer cosas provechosas
con las que Dios esté satisfecho.
Al llegar a
nuestro automóvil o a cualquier otro vehículo de transporte con dicho proyecto
en mente, de nuevo damos gracias a Dios pues disponemos del medio para
dirigirnos al lugar del caso, independientemente de la distancia que haya que
recorrer. Dios ha creado muchos tipos de vehículos para que la gente los use
convenientemente. Los recientes desarrollos tecnológicos posibilitaron muchas y
nuevas oportunidades en automóviles, trenes, aeroplanos, barcos, helicópteros,
colectivos, etc. Si se cavila sobre esto, se recuerda otra cosa: es Dios Quien
puso la tecnología al servicio del género humano.
Los científicos
se presentan todos los días con nuevos descubrimientos e innovaciones logradas
con los medios que Dios creó en la Tierra y que facilitan nuestras vidas. Quien
medita continúa su viaje agradeciendo a Dios por haber dispuesto a su servicio
esos adelantos.
Mientras
seguimos la marcha y continuamos reflexionando, percibimos en las calles
montones de basuras, feos olores, lugares sucios y áreas restringidas que nos
hacen considerar otras cosas.
Dios ha creado
en este mundo lugares y escenas por medio de los cuales podemos hacernos una
idea tanto del paraíso como del infierno, o conjeturar por medio de la
comparación, cómo serán. Los montones de basuras, olores feos, etc, que
mencionamos, provocan en nuestras almas un desconsuelo considerable. Nunca
querríamos habitar en lugares que por sus características nos hicieran pensar en
el infierno y nos recordaran los versículos sobre el mismo. Dios describe el
infierno en el Corán como algo desagradable a la vista, tenebroso y sucio:
Los de la izquierda ¿qué son los de la izquierda? estarán expuestos a un
viento abrasador, en agua muy caliente. A la sombra de un humo negro, ni fresca
ni agradable (Corán, 56:41-44).
Cuando,
atados unos a otros, sean precipitados en un lugar estrecho de él (es
decir, del fuego), invocarán entonces la destrucción. “¡No invoquéis hoy una
sola destrucción sino muchas destrucciones!” (Corán, 25:13-14).
Al recordar
estos versículos coránicos rogamos a Dios que nos proteja de la furia del
infierno y que perdone nuestros errores.
En cambio,
quienes no piensan así, se pasan la vida rezongando e inquietos y ante cualquier
incidente buscan a quien acusar como si se tratase de un delincuente. Por
ejemplo, si el hecho que los ocupa es la eliminación de la basura ciudadana,
harán enfurecer tanto a los que arrojan los desperdicios como a los responsables
de la municipalidad que más tarde los recogen. Durante el día pensarán en muchas
cosas, como ser, los baches en las calles, los problemas del tráfico, los
inconvenientes debido a los incorrectos informes meteorológicos y por último en
el regaño de sus jefe, que consideran injusto. Pero todo eso no les sirve para
nada en la otra vida. Podrían detenerse a pensar si no deberían dejar a un lado
la actitud exhibida.
En realidad,
muchos suponen que el verdadero motivo por el que no pueden ponerse a
reflexionar, es la lucha que tienen por delante frente a problemas como el de la
alimentación, la salud y el alojamiento. Pero eso no es más que una excusa. Las
responsabilidades a enfrentar y las situaciones por las que se pasa, no tienen
nada que ver con lo que se medita. Quien busca reflexionar para obtener el
agrado de Dios, encontrará la ayuda de El. Comprobará que lo que ve como
problemas se va superando, uno a uno, y que cada vez tiene más tiempo para
meditar. Esto es algo que lo comprende y experimenta solamente el creyente.
En tanto
proseguimos nuestro viaje, intentamos captar los signos y milagros en la
creación de Dios que nos circundan y reflexionar sobre ellos, como una forma de
honrar Su gloria. Al mirar por la ventanilla del medio de transporte observamos
un mundo multicolor. Entonces pensamos: ¿cómo serían las cosas si el mundo no
fuese multicolor?
Miremos la fotos
de abajo y reflexionemos. ¿Obtendríamos el mismo placer de ahora al ver
solamente en blanco y negro el mar, las faldas de las montañas o una flor?
¿Sentiríamos el mismo agrado con las imágenes del cielo, las frutas, las
mariposas, las ropas y el rostro de la gente en blanco y negro? Es un favor de
nuestro Señor el que vivamos en un mundo vibrante de colorido. Los colores y su
armonía en todo lo existente, son signos de la creación singular y del arte
incomparable de la creación de Dios. Los colores de una flor o de un pájaro, la
armonía o graduación de los mismos, el hecho de que ninguno de ellos en la
naturaleza molesta o perturba la visión, o que los colores de los mares, del
cielo y de los árboles poseen tonos que nos dan paz y no violentan el mecanismo
de la visión, exhiben la precisa intención con la que Dios crea lo que desea. Al
reflexionar llegamos a comprender que todo lo que observamos a nuestro alrededor
es el producto del conocimiento y omnipotencia sin límites de Dios. En
recompensa por todos los favores que nos concedió Le reverenciamos y buscamos
que nos proteja para no caer en la ingratitud. Dios nos recuerda en el Corán la
existencia de los colores y dice que sólo los dotados de conocimiento Le
reverencian. En otra parte Dios deja en claro que los creyentes reflexionan
permanentemente, se valen del discernimiento, exploran por medio de la
meditación y extraen conclusiones:
¿No ves cómo ha
hecho Dios bajar agua del cielo, mediante la cual hemos sacado frutos de
diferente clases? En las montañas hay vetas de diferentes colores: blancas,
rojas y de un negro intenso. Los hombres, bestias y rebaños son también de
diferentes clases. Sólo tienen miedo de Dios aquéllos de Sus siervos que saben.
Dios es poderoso, indulgente (Corán, 35:27-28).
¿Qué Debería Pensarse
al Ver un Coche Fúnebre?
La persona que
va de prisa a alguna parte puede encontrarse de modo repentino con un coche
fúnebre. Es una oportunidad muy buena para superar ciertas ideas o imágenes
perturbadoras. El cuadro con el que se topa le recuerda la muerte. Se acuerda
que algún día también ella irá en un ataúd. Sabe que por más que intente
evitarlo, se encontrará con la muerte, más temprano o más tarde, en la cama, en
la calle o de vacaciones. Por cierto, tendrá que abandonar este mundo porque la
muerte es algo inevitable.
El creyente
recuerda entonces los siguientes versículos de Dios:
Cada uno gustará
la muerte. Luego, seréis devueltos a Nosotros. A quienes hayan creído y hecho el
bien hemos de alojarles en el Jardín, eternamente, en cámaras altas, a cuyos
pies fluyen arroyos. ¡Qué grata es la recompensa de los que obran bien, que
tienen paciencia y confían en su Señor! (Corán, 29:57-59).
En verdad, al
considerar que el cuerpo de uno también será amortajado, cubierto con tierra por
sus parientes y su nombre grabado en la lápida, apartamos o diluimos el vínculo
con el mundo. Quien piensa sinceramente y de veras en esto, considera como algo
sin sentido pretender |