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Miedo bajo el niqab
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ammiyasin:
INQUIETUD DE LA COMUNIDAD ISLÁMICA BRITÁNICA
[size=18]Miedo bajo el niqab[/size]
• Una profesora musulmana del Reino Unido denuncia la escalada de la tensión tras el debate en torno al velo
• "Si lo prohibieran en los lugares públicos, me iría", asegura
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KARINE LE LOËT
LEICESTER
Tenía 17 años. Ese día se preparó para ir al colegio y besó a sus padres. Y, en la esquina, se enfundó un velo negro que había tejido en secreto en su habitación. Fue así como Sumeya cambió el hijab, un sencillo pañuelo que cubre la cabeza, por el niqab, un velo que solo deja al descubierto los ojos. Desde entonces no se lo ha quitado. A pesar de las carcajadas de sus padres a la salida de la escuela; a pesar de las advertencias de su madre. "¿Y ahora quién se casará contigo?"
Hoy Sumeya tiene 31 años y unos ojos sonrientes sobre un fondo negro. En su casa de Leicester cuenta: "Algunas mujeres no pueden enfrentarse al mundo sin maquillaje. Para mí, el niqab es un escudo. Me granjea el respeto de los demás, y al identificarme como musulmana me impone ser ejemplar en mi comportamiento".
Sin obstáculos
Nacida de padres ingleses cuyos orígenes se sitúan entre África y la India, Sumeya dejó Malaui a los cinco años. En su país, las mujeres preferían las prendas occidentales a la severidad del niqab. Una vez en suelo inglés, sin embargo, empezaron a cubrirse poco a poco. "Se trataba quizá de definirse como creyente en un medio que no lo era. Llevar el niqab también significaba que podías ser musulmana dentro de esta comunidad sin necesidad de comprometerte".
Pero comprometerse es precisamente lo que hoy se les pide a Sumeya y a miles de musulmanas en un país en el que llevar el niqab es actualmente motivo de controversia. Todo comenzó con un artículo redactado por Jack Straw para el periódico regional The Lancashire Telegraph. El antiguo ministro de Exteriores de Tony Blair y diputado por la región de Blackburn expresaba el malestar que le producían las mujeres que llevaban el velo integral. Poco polémico, el artículo causó sin embargo furor en los medios de comunicación británicos. El asunto terminó de encenderse cuando se hizo pública la historia de una profesora de Dewsbury, en el norte de Inglaterra, que fue suspendida por negarse a quitarse el niqab en clase.
A Sumeya, sacudida en sus convicciones, le entró miedo. El velo, hasta entonces, no era un hándicap, ningún obstáculo en los pupitres de la universidad donde obtuvo una licenciatura de inglés con mención especial, ninguna traba durante el examen para sacar la licencia de conducir. Prueba del éxito que ha cosechado pese a llevar la criticada prenda, la joven mujer es hoy profesora de inglés en un colegio católico.
"Durante la entrevista de trabajo les dije que si mi niqab les incomodaba me iría a enseñar a otra parte, sin problemas. ¡Pero decidieron darme el puesto, por encima de dos candidatos católicos!"
Al principio dio clases con el velo, forzada por la presencia de un tutor masculino en el aula. Después, en el universo cerrado de la clase, donde solo había niños, Sumeya ya no estaba obligada a llevarlo. Entonces pudo calibrar diferencias. "Llevar el niqab no cambia la calidad de la enseñanza. Simplemente es más agotador, pues estás obligada a ser más expresiva, a abrir bien los ojos cuando los niños cometen errores, a reír con fuerza, a opinar con vigor".
Complicaciones
Ahora las cosas se complican. En la conciencia de los británicos están grabados los recuerdos del 11-S y del 7-J. Los musulmanes son ahora una comunidad sospechosa a los ojos de sus conciudadanos. Símbolo del islam, el niqab atrajo entonces todas las críticas. De no haber problema se pasó a un "debate encarnizado", se indigna Sumeya.
Hace una semana, la joven mujer hacía la compra en un supermercado de Leicester. A su paso, un hombre murmuró: "Ahí debajo puede haber cualquier cosa". Sumeya huyó. "Eso jamás hubiera pasado hace dos meses, por lo menos en Leicester". Aquí, las comunidades cohabitan y se mezclan. "Es una ciudad bastante excepcional --dice Jalil, el marido de Sumeya--. Esta es un poco la Inglaterra del multiculturalismo exitoso, donde las minorías étnicas son mayoría. Si las tensiones han llegado aquí, es una mala señal".
¿Qué pasaría si el niqab fuera prohibido en las escuelas? "Habría que reorganizarse, multiplicar las escuelas musulmanas para seguir enseñando con el niqab", dice ella. ¿Y si fuera totalmente prohibido en los lugares públicos? "Me iría, pues el país que tomara esa decisión no es el país que escogí y en el cual quiero vivir".
© Libération
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