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El Corán Indica el Camino a la Ciencia

 

 

HARUN YAHYA

 

Fuente: www.harunyahya.com

 

 

All right reserved. No parts of this publication may be reproduced…. = Todos los derechos reservados. Se prohíbe la reproducción total o parcial, por cualquier medio electrónico o mecánico, incluidos fotocopia, grabación magnetofónica y cualquier otro sistema de archivo de información, sin autorización previa y por escrito del editor.

Primera publicación en turco: Noviembre de 2000, Estambul, Turquía.

Primera traducción al inglés: Enero de 2002, Singapur.

 Primera traducción al español: Enero de 2003, España.

 Traductor al español: Marcelo Serio

 Primera corrección versión en español: Noviembre de 2003, Buenos Aires, Argentina.

 Corrector de la versión en español: Abu Dharr Manzolillo, Buenos Aires, Argentina.

 

INDICE

INTRODUCCION

LIBRO UNO

LA RELIGION ALIENTA A LA CIENCIA

LA RELIGION AYUDA A QUE LA CIENCIA SE ENCAMINE DE MANERA CORRECTA

EXISTE UNA CONCORDANCIA PERMANENTE ENTRE LA RELIGION Y LA CIENCIA

A MODO DE MILAGRO EL CORAN COMUNICA REALIDADES QUE

LA CIENCIA DESCUBRIO CON POSTERIORIDAD

LIBRO DOS

LOS CIENTIFICOS RELIGIOSOS

CONCLUSION


 

AL LECTOR

 El motivo por el cual se dedica un capítulo especial al colapso de la teoría de la evolución es que ésta constituye la base de todas las filosofías antiespirituales. Dado que el darwinismo rechaza el hecho de la creación, y por lo tanto la existencia de Dios, ha provocado que durante los últimos ciento cuarenta años mucha gente abandone su fe o se vea invadida por la duda. Por lo tanto, se transforma en una obligación importante relacionada muy estrechamente con el din (modo de vida islámico) mostrar que esta teoría es un engaño. Resulta imperativo que ese importante servicio sea puesto a disposición de todos. Y como es posible que algunos de nuestros lectores puedan leer solamente uno de nuestros libros, pensamos apropiado dedicar un capítulo al tema, aunque de manera resumida.

Otro punto que tiene que ser enfatizado se refiere al contenido del libro. Las cuestiones relacionadas con la fe se tratan, en todas las obras del autor, a la luz de los versículos coránicos, y se invita a la gente a aprender de ellos y vivirlos. Los temas referidos a las palabras de Dios se explican de una manera tal que no dejan ningún lugar a la duda o al cuestionamiento en el pensamiento del lector.

El estilo empleado, llano, abierto y fluido, asegura que todos, de cualquier edad o grupo social, puedan comprender los escritos de Harun Yahya fácilmente. Esta manera lúcida y efectiva del relato lo hace de rápida lectura. Incluso algunos que rechazan la espiritualidad con rigor son influenciados por la veracidad de los hechos a los que se hace referencia en los libros de Harun Yahya, y no pueden refutar sus contenidos.

Este y los demás trabajos del autor pueden ser leídos por una persona sola o por grupos de estudio, para debatirlos. Esto último será más beneficioso gracias al intercambio de reflexiones y experiencias.

Además, será un gran servicio al din contribuir a la presentación y lectura de este libro, el cual está escrito solamente para el agrado de Dios. Todos los escritos de Harun Yahya son muy convincentes. Por esta razón, uno de los métodos más efectivos de comunicar el din a otras personas es impulsar a su lectura.


ACERCA DEL AUTOR

El autor, quien escribe bajo el seudónimo de HARUN YAHYA, nació en Ankara en 1956. Completó sus estudios primario y secundario en esa ciudad y luego cursó Bellas Artes en la Universidad Mimar Sinan de Estambul y Filosofía en la Universidad de Estambul. A partir del decenio de 1980 ha publicado muchos libros sobre política, temas relacionados con la fe y con las ciencias. El haber escrito obras muy importantes que ponen al descubierto la impostura de los evolucionistas, la invalidez de sus suposiciones y la tenebrosa vinculación entre el darwinismo y las ideologías sanguinarias como el fascismo y el comunismo, lo han hecho una persona muy conocida.

El seudónimo del autor está constituido por los nombres ‘Harun’ –Aarón-- y ‘Yahya’ –Juan--, en memoria de ambos Profetas, quienes lucharon contra la infidelidad. El sello sobre la cubierta de los libros tiene un carácter simbólico y está vinculado a sus contenidos: representa al Corán (la última escritura) y al Profeta Muhammad, el último de los profetas. El propósito que anima al autor, bajo la guía del Corán y de la sunnah (literalmente significa: costumbre, práctica, uso, tradición), es refutar cada uno de los pilares fundamentales de las ideologías ateas, al punto que quienes argumentan en contra de la religión se queden mudos, sin saber qué decir. El sello del último de los profetas, quién obtuvo la sabiduría en su más elevado nivel y la perfección moral, es usado por Harun Yahya como un signo de la intención que lo anima frente a los que repudian la creencia religiosa.

Todos los trabajos del autor se centran en un objetivo: comunicar el mensaje del Corán, animar a pensar sobre las cuestiones básicas relacionadas con la fe (como la presencia de Dios, Dios Uno y el Más Allá) y poner al descubierto los fundamentos endebles de las ideologías pervertidas de los sistemas ateos.

Los lectores que disfrutan de los escritos de Harun Yahya son muchos y están en todo el mundo: desde la India a USA, desde Inglaterra a Indonesia, desde Polonia a Bosnia, desde España a Brasil. Algunos de sus libros están disponibles en inglés, francés, alemán, castellano, italiano, portugués, urdú, árabe, albanés, ruso, serbo-croata (bosnio), polaco, malayo, uygur, turco e indonesio.

Esos libros han servido como un instrumento para que muchas personas recuperen su fe en Dios y para que otras profundicen el discernimiento sobre su certidumbre religiosa. La lógica que poseen, junto a su fácil comprensión y bello estilo, dan a estos trabajos un toque de distinción que conmueve a cualquiera que los lea o estudie. Dado que sus planteos son inobjetables, los escritos se caracterizan por su efectividad inmediata, los resultados definidos y la imposibilidad de refutarlos. Es muy difícil que quienes los lean con atención puedan seguir defendiendo con sinceridad la filosofía materialista, el ateísmo o cualquier otra ideología o doctrina pervertida. Y aunque sigan en alguna de esas posiciones negativas, lo harán solamente por motivos sentimentales, puesto que el autor las destruye desde sus mismas raíces. Todos los movimientos que niegan la religión quedan desde ahora derrotados ideológicamente gracias al conjunto de trabajos escritos por Harun Yahya.

No cabe ninguna duda de que las características de esos libros son el producto de la sabiduría y lucidez del Corán. El autor sólo intenta servir como un modesto medio en la búsqueda, por parte de la gente, del sendero recto de Dios. Con la publicación de estos trabajos no se persigue ningún beneficio material.

Considerando lo dicho, quienes animan a otros a leerlos prestan un servicio muy importante, pues “abren los ojos” y guían para ser más devotos servidores de Dios.

Asimismo, sería injusto perder el tiempo y energía difundiendo otras obras que confunden, conducen al caos ideológico y no sirven para remover las dudas del corazón de los individuos.

Está claro que un libro que se dedica a hacer sobresalir la capacidad literaria del autor antes que apuntar a impedir que la gente pierda la fe religiosa, no podrá tener un gran efecto.

Quienes dudan de que eso sea así, pueden ver fácilmente que el único objetivo que persiguen los libros de Harun Yahya es superar la incredulidad y diseminar los valores morales del Corán. El éxito e impacto de este servicio se manifiesta en la convicción que adquieren los lectores.

Hay algo que debería tenerse en cuenta: la principal razón para que continúen la crueldad, los conflictos y los grandes atropellos que sufre la mayoría de la población, estriba en el dominio ideológico de la incredulidad. Dicha situación puede finalizar solamente con la derrota ideológica de la misma, haciendo conocer las maravillas de la creación y la moralidad coránica de modo que se viva según ésta. Teniendo en cuenta la situación del mundo de hoy día, que conduce a la gente a una espiral de violencia, corrupción y enfrentamientos, la tarea de moralización indicada debe hacerse con premura y de manera efectiva, pues de otro modo puede ser demasiado tarde.

No es exagerado decir que el conjunto de escritos de Harun Yahya ha asumido esa tarea primordial. Si Dios quiere, estos libros serán un medio a través de los cuales los seres humanos del siglo veintiuno obtendrán la paz, la justicia y la felicidad prometidas en el Corán.

Sus obras incluyen: Judaísmo y Masonería, Masonería Mundial, Terrorismo: El Ritual del Mal, Cábala y Masonería, El Nuevo Orden Masónico, Los Caballeros Templarios, El Islam Denuncia el Terrorismo, La 'Mano Secreta' en Bosnia, Los Kurdos la Carta Secreta de Israel, El Comunismo al Acecho, Fascismo: La Ideología Sangrienta del Darwinismo, Los Desastres Que Produjo el Darwinismo a la Humanidad (disponible versión en castellano), Entre Bastidores del Terrorismo, Entre Bastidores del Holocausto, La Política Opresiva de China Comunista y la Situación en Turkestán Oriental, Palestina: La Solución, Las Normas Eticas del Corán, El Invierno del Islam y la Primavera Esperada, Declaración de Fe (1, 2 y 3), Un Arma de Satanás: el Romanticismo, La Luz del Corán Destruyó el Satanismo, Los Ultimos Tiempos y Sus Signos en el Capítulo del Corán “La Vaca”, Signos del Ultimo Día y la Bestia de la Tierra, Realidades (1 y 2), El Mundo Occidental se Vuelve Hacia Dios, El Engaño del Evolucionismo (disponible versión en castellano), Respuestas Precisas a los Evolucionistas, Las Equivocaciones de los Evolucionistas, El Corán se Opone al Darwinismo, La Epoca de Oro, Pueblos Desaparecidos (disponible versión en castellano), El Arte del Color de Dios, La Verdad de la Vida en Este Mundo, Signos en los Cielos y en la Tierra Para las Personas de Entendimiento (disponible versión en castellano), El Profeta Moisés, El Profeta Yusuf, El Profeta Muhammad (BP), El Profeta Salomón, La Gloria Está por Todas Partes, La Importancia de las Evidencias de la Creación, La Pesadilla del Incrédulo, Conocimiento de la Verdad, La Eternidad Ya Ha Comenzado, La Eternidad y la Realidad del Destino, Materia: Otro Nombre de la Ilusión, El Hombrecito en la Torre, El Islam y la Filosofía del Karma, La Magia Negra del Darwinsimo, La Religión del Darwinismo, El Colapso de la Teoría de la Evolución en 20 Preguntas, La Ingeniería de la Naturaleza, La Tecnología Copia a la Naturaleza, El Atolladero del Evolucionismo I (Enciclopédico), El Atolladero del Evolucionismo II (Enciclopédico), Dios es Conocido a Través de la Razón, El Corán Guía el Camino de la Ciencia, El Verdadero Origen de la Vida, Conciencia en la Célula, La Tecnología Imita a la Naturaleza, Una Retahíla de Milagros, La Creación del Universo (disponible versión en castellano), Los Milagros en el Corán, El Designio de la Naturaleza, Autosacrificio y Modelos Inteligentes de Comportamiento entre los Animales, El Fin del Darwinismo, Nunca Defienda la Ignorancia, El Milagro Verde: La Fotosíntesis, El Milagro del Atomo, El Milagro en la Célula, El Milagro del Sistema Inmune, El Milagro en el Ojo, El Milagro de la Creación en los Vegetales, El Milagro en la Araña, El Milagro en el Mosquito, El Milagro en la Abeja, El Milagro en la Hormiga, El Milagro de la Semilla, El Milagro en la Termita, El Milagro de la Hormona, El Milagro del Cuerpo Humano, El Milagro de la Creación del Ser Humano, El Milagro de la Proteína, El Milagro del Olfato y del Gusto, El Milagro del Micromundo, Los Secretos del ADN.

Los libros para niños del autor son: Maravillas en la Creación de Dios, El Mundo de los Animales, La Gloria en los Cielos, Criaturas Asombrosas, Aprendamos Nuestro Islam, Los Milagros en Nuestros Cuerpos, El Mundo de Nuestras Amiguitas: Las Hormigas, Los Panales Perfectos de las Abejas, Constructores Hábiles de Diques: Los Castores, ¡Chicos, Darwin Mentía!.

Otros trabajos del autor sobre temas coránicos incluyen: ¿Nunca Pensaron Acerca de la Verdad?; Devotos de Dios; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La Real Morada de los Creyentes, El Paraíso; Valores Morales en el Corán; Conocimiento del Corán; Index del Corán; La Emigración por la Causa de Dios; Referencia a los Hipócritas en el Corán; Los Secretos del Hipócrita; Los Nombres de Dios; La Comunicación del Mensaje y la Discusión en el Corán; Conceptos Básicos en el Corán; Respuestas Desde el Corán; Muerte, Resurrección, Infierno; La Lucha de los Mensajeros; El Enemigo Jurado del Ser Humano: Satanás; La Mayor Difamación, La Teoría de la Evolución; Idolatría, la Religión del Ignorante; La Arrogancia de Satanás; El Rezo en el Corán; La Importancia de la Conciencia en el Corán; El Día de la Resurrección; No Olvidar Nunca; Desprecio de los Dictámenes Coránicos; Abandono de la Sociedad de la Ignorancia; La Importancia de la Paciencia en el Corán; Conocimiento General a Partir del Corán; Rápida Adhesión a la Fe (partes 1, 2 y 3); Razonamiento Imperfecto del Incrédulo; La Fe Perfeccionada; Lo Que Dicen Nuestros Mensajeros; La Compasión de los Creyentes; El Temor a Dios; La Pesadilla del Incrédulo; El Profeta 'Isa (Jesucristo) Vendrá; Las Bellezas de la Vida Presentadas por el Corán; Un Conjunto de las Bellezas de Dios (partes 1, 2, 3 y 4), La Iniquidad Llamada "Burla"; El Secreto de la Prueba; La Verdadera Sabiduría Según el Corán; El Combate con la Religión de la Irreligión; La Escuela de Yusuf; La Alianza de Dios; La Difamación Contra los Musulmanes a lo Largo de la Historia; La Importancia de Seguir la Buena Palabra; ¿Por Qué Te Autoengañas?; El Islam: La Religión de la Tranquilidad; el Entusiasmo y el Vigor Según el Corán; El Ver el Bien en Todo; ¿Cómo Interpreta el Corán el Ignorante?; Algunos Secretos del Corán; El Valor de los Creyentes, Confiados en el Corán, La Justicia y la Tolerancia en el Corán, Pilares Fundamentales del Islam, Los Que Desatienden el Corán, El Corán Como Guía, Una Amenaza al Acecho: La Negligencia, La Sinceridad en el Corán, La Religión de las Personas Devotas, Los Procedimientos del Mentiroso Según el Corán.

 

 
INTRODUCCION

Dios emplaza a la humanidad a investigar y reflexionar acerca de los cielos, la tierra, las montañas, las estrellas, las semillas, las plantas, los animales, la alternancia del día y la noche, la creación del ser humano, la lluvia, etc., es decir, sobre todo lo creado. Al hacerlo, dentro del pensamiento lógico, reconocemos el arte de Dios en la creación de todo lo que nos rodea y, en definitiva, que El creó el universo de la nada.

“La ciencia” ofrece un método por medio del cual se puede examinar todo lo que contiene el universo para descubrir el arte en la creación de Dios y de ese modo hacerlo conocer a la humanidad. La religión, por lo tanto, alienta a la ciencia a la vez que la adopta como un instrumento para dilucidar la sutileza de la creación de Dios.

La religión no sólo impulsa el estudio científico, sino que también permite que, asistido por la verdad revelada, sea concluyente y expeditivo. El motivo de ello reside en que la religión es la única fuente que provee respuestas precisas y definidas con respecto a cómo pasaron a existir el universo en general y la vida en particular.

Por lo tanto, si la investigación se realiza sobre fundamentos apropiados, evidenciará de la manera más directa y sencilla las verdades que tienen que ver con el origen del universo y la estructuración de la vida. Como dijo Alberto Einstein, considerado uno de los científicos más grandes del siglo XX, La ciencia sin la religión renquea. Es decir, si la ciencia no es guiada por la religión, no puede dimanar correctamente sino que pierde el tiempo o, lo que es aún peor, no convence.

La ciencia encarada por los científicos materialistas incapaces de ver la verdad, condujo a que en los dos últimos siglos se desperdicie una inmensa cantidad de tiempo, de trabajo y de dinero.

Existe un hecho que debe ser reconocido con toda claridad: la ciencia puede alcanzar resultados satisfactorios solamente si adopta como su principal objetivo la investigación de los signos de la creación en el universo y si en ello pone todo el esfuerzo. Solamente puede alcanzar su fin último, en el menor tiempo posible, si apunta en la dirección correcta, es decir, si es guiada de la manera apropiada.


LIBRO UNO

LA RELIGION ALIENTA A LA CIENCIA

El Islam es la religión de la razón y la conciencia. Es decir, es por medio del discernimiento que reconocemos la verdad que proclama la religión y establecemos las conclusiones del caso. Quien se vale de la razón y de la conciencia cada vez que debe averiguar el origen de algo, puede comprender, aunque no sea un experto en la materia, que fue creado al igual que todo lo que hay en el universo por el Poseedor de una Sabiduría, Conocimiento y Poder sin par. Con sólo descubrir algunos de los millones de factores que posibilitan la vida en la Tierra, ya puede entender que el universo fue diseñado para sustentarla. Por consiguiente, quien hace uso de la razón y sigue lo que la conciencia le dicta, puede constatar de inmediato lo absurdo de la suposición de que el mundo pasó a existir por casualidad. En resumen, quien recurre a la razón y a la conciencia puede reconocer los Signos de Dios con toda claridad. Un versículo del Corán se refiere a este tipo de gente:

que recuerdan a Dios de pie, sentados o echados, y que meditan en la creación de los cielos y de la tierra: “¡Señor! No has creado todo esto en vano. ¡Gloria Ti! ¡Presérvanos del castigo del Fuego!” (Corán, 3:191).

En el Corán Dios llama a la gente a reflexionar y a examinar los signos de la creación que le circundan. El Profeta Muhammad, Mensajero de Dios (la bendición y la paz sean con él –BP--), también ordenó a la gente la búsqueda del conocimiento. Incluso remarcó que es nuestra obligación. Dicen dos hadices (tradiciones) auténticos:

La búsqueda del conocimiento es una obligación de todo musulmán1.

Adquiere conocimiento y compártelo con la gente2.

Cualquiera que indague respecto de la forma en que operan el universo y las cosas vivientes y considere e investigue lo que ve en su entorno, llegará a percatarse de la Sabiduría, Conocimiento y Poder sin igual y sin fin de Dios. El Corán nos señala algunas de las cuestiones que El nos invita a sopesar:

¿No ven el cielo que tienen encima, cómo lo hemos edificado y engalanado y no se ha agrietado? Hemos extendido la tierra, colocado en ella firmes montañas y hecho crecer en ella toda especie primorosa, como ilustración y amonestación para todo siervo (de Dios) arrepentido. Hemos hecho bajar del cielo agua bendita, mediante la cual hacemos que crezcan jardines y el grano de la cosecha, esbeltas palmeras de apretados racimos, (Corán, 50:6-10).

Es Quien ha creado siete cielos superpuestos. No ves ninguna contradicción en la creación del Compasivo. ¡Mira otra vez! ¿Adviertes alguna falla? (Corán, 67:3).

¡Que considere el hombre de qué ha sido creado! (Corán, 86:5).

¿Es que no consideran (los infieles) cómo han sido creados los camélidos, cómo alzado el cielo, cómo erigidas las montañas, cómo extendida la tierra? (Corán, 88:17-20).

Vemos pues que los versículos mencionados determinan claramente que Dios convoca a la humanidad a estudiar y examinar los distintos elementos de la naturaleza, tal como los cielos, la lluvia, las plantas, los animales, la procreación y los rasgos geográficos sobresalientes. Y como ya lo indicamos, es por medio de la ciencia que debemos llevar adelante esta tarea. La observación científica introduce al ser humano en los misterios de la creación y, en última instancia, en la Sabiduría, Conocimiento y poder eternos de Dios. La ciencia es un camino para alcanzar la justa estima de Dios, razón por la cual, a través de la historia, un gran número de científicos que han prestado importantísimos servicios a la humanidad, fueron devotos creyentes en Dios.

 

La Fe en Dios Anima y Motiva a los Científicos

Como mencionamos antes, la religión anima a la ciencia y hace que los científicos guiados por la lógica fortalezcan su fe al captar los signos de la creación de Dios de manera consciente. En cada campo de investigación del que se ocupan y en cada descubrimiento que hacen, se confrontan con sistemas perfectos creados con una gran sutileza y precisión. Como expresó el Profeta Muhammad, Mensajero de Dios (BP): Quien investiga para obtener conocimiento es un devoto de Dios3.

El científico que investiga un sistema tan complejo y perfecto como el ocular, descubrirá que algo así nunca podría haberse desarrollado a través de un proceso o cadena de casualidades. Por el contrario, se dará cuenta de que cada detalle de la estructura del ojo es un milagro de la creación. Al constatar que dicho órgano está compuesto por docenas de componentes que operan en armonía, incrementará su admiración por Dios, Quien lo creó.

De manera similar, el científico que investiga el cosmos se encontrará con miles de equilibrios admirables y aumentará su sed de conocimiento al descubrir que miles de millones de galaxias y miles de millones de estrellas dentro de las mismas, continúan su existencia armónica en un espacio ilimitado.

El ser humano de fe tendrá siempre el acicate y la inspiración para conducir estudios científicos que lleven a descubrir los misterios del universo. Alberto Einstein, considerado el mayor genio del siglo pasado, se refiere en uno de sus artículos a la inspiración que obtienen los científicos de la religión: ... Sostengo que el sentimiento religioso que inspira el cosmos es el motivo más fuerte y noble para la investigación científica. Sólo aquellos que comprenden los inmensos esfuerzos que hay que invertir al efecto y, especialmente, la ineludible devoción que exige el trabajo de pionero en ciencia teórica, son capaces de entender la fuerza emotiva que dicho trabajo llega a hacer fluir, puesto que se trata de algo que tiene muy poco que ver con las realidades inmediatas de la vida. ¡Sin una profunda convicción en la racionalidad del universo y un deseo ardiente de entenderla, Kepler y Newton no habrían podido invertir tantos años de trabajo en soledad para elucidar los principios de la mecánica celeste!

Quienes sólo entienden como conocimiento científico la búsqueda de resultados prácticos, desarrollan una idea totalmente falsa de la mentalidad de las personas que, inmersas en un mundo de escépticos, han mostrado el camino a los espíritus afines ampliamente diseminados por el mundo a lo largo de los siglos. Sólo quienes han consagrado su vida a objetivos similares pueden lograr una vívida percepción de lo que ha inspirado a esas personas y les ha dado la fuerza para mantenerse fieles a sus propósitos a pesar de sus incontables fracasos. Es el sentimiento religioso cósmico lo que les da semejante fuerza. Un contemporáneo ha dicho, con razón, que en esta era materialista los trabajadores más serios son los profundamente religiosos4.

Johannes Kepler contó que se comprometió en el camino de la ciencia para ahondar en el conocimiento de los trabajos del Creador, en tanto que Isaac Newton, otro gran científico, manifestó que lo que más impulsó su interés por la ciencia fue su deseo de un mejor conocimiento y una mejor percepción de Dios.

Estas son las observaciones de sólo algunos de los más eminentes científicos del pasado. Al igual que otros centenares que veremos en las próximas páginas, su creencia en la existencia de Dios a través del estudio de distintas cuestiones del universo e impresionados por las leyes y los fenómenos que Dios ha creado de forma tan magnífica, anhelaban seguir adelante sus investigaciones.

Como vemos, el deseo de enterarse de qué forma Dios creó el universo, ha sido el factor más motivador para muchos científicos a lo largo de la historia. Esto es esencial, porque quien percibe que el universo, y todo lo viviente en particular, ha sido creado, también percibe que dicha creación tiene un propósito. La aspiración de comprender ese sentido, de descubrir sus señales y sus detalles, es lo que puede acelerar en gran medida la investigación científica.

Sin embargo, si se niega la creación del universo, y de lo viviente en particular, sucede que también desaparece el sentido más profundo de la investigación. El científico que acepta la filosofía materialista y el darwinismo, parte de la idea de que el universo no tiene un fin determinado y que todo es fruto de la simple casualidad. Por consiguiente, su investigación no tendrá un sentido categórico. Acerca de esto dijo Einstein: No he encontrado ninguna forma de expresar con más certeza la naturaleza racional de la realidad, hasta donde es accesible a la mente humana, que definiéndola como religiosa. En cualquier caso que este sentimiento esté ausente, la ciencia degenera en un empirismo desalentador5.

De ser así, el científico apuntará sólo a alcanzar la fama personal a través de un descubrimiento sorprendente, a ser recordado por la historia o a hacerse rico, cosas que pueden alejarlo de la sinceridad y la integridad en su disciplina. Por ejemplo, si la conclusión a la que llega se revela en contradicción con la visión existente en la comunidad científica, puede verse forzado a mantenerla como un secreto para no verse privado de la fama, calumniado o degradado.

La aceptación de la teoría de la evolución durante tanto tiempo en el mundo científico, es una prueba de esa falta de sinceridad. Gran cantidad de estudiosos son conscientes de que la teoría de la evolución dista mucho de explicar el origen de la vida pero no lo pueden manifestar abiertamente por miedo a una reacción negativa. El físico británico H. D. Lipson hace la siguiente confesión en esta línea de pensamiento: De la materia viviente conocemos mucho más que lo que sabía Darwin. Sabemos cómo funcionan los nervios y considero que cada uno de ellos es una obra maestra de ingeniería eléctrica. En el cuerpo tenemos millones... Cuando pienso en este tema, la palabra que me viene a la mente es “diseño”, cosa que no les gusta a mis colegas biólogos6.

La palabra “diseño” o “designio” es descartada en la literatura científica porque, simplemente, disgusta. Muchos estudiosos sucumben ante ese dogmatismo. Dijo Lipson en este sentido: En realidad, el evolucionismo se convirtió en una especie de religión científica. Casi todos los científicos lo han aceptado y muchos están dispuestos a “forzar” sus observaciones para que se ajusten al mismo7.

Esta situación indeseable es el resultado del engaño que representa una “ciencia sin Dios” impuesta de manera generalizada sobre la comunidad científica desde mediados del siglo XIX. Sin embargo, como afirmó Einstein, la ciencia sin la religión renquea8. Esto no sólo ha conducido a algunos científicos hacia objetivos equivocados sino que también ha dado lugar a la aparición de esos que, si bien reconocen el error, permanecen indiferentes o silenciosos respecto del mismo.

Nos ocuparemos más de este tema en las próximas páginas.

 

El “Ansia por Servir” de los Científicos Creyentes

 Debido a que los científicos que creen en la unicidad de Dios y su Omnipotencia no desean de modo especial las cosas mundanales (buena posición material, rango, reputación, dinero), encaran con total sinceridad la investigación a la que se dedican. Saben que cada misterio del universo que develen incrementará el conocimiento de Dios de toda la humanidad y ayudará a aumentar la consciencia de Su poder y conocimiento infinitos.

Un acto muy importante y verdadero de adoración por parte del creyente es confirmar a los seres humanos la existencia de Dios y exhibirles la realidad de la creación.

Los científicos creyentes, guiados por ese tipo de preocupaciones, llevan a cabo sus investigaciones con gran entusiasmo para descubrir los sistemas maravillosos y mecanismos perfectos que operan en la naturaleza, las leyes del universo y los comportamientos de los seres vivientes. Logran grandes resultados y hacen importantes progresos. Nunca se desalientan frente a los problemas que encuentran ni se descorazonan al no ser tenidos en cuenta por otros. Sólo buscan la aprobación de Dios por el trabajo que realizan.

Se esfuerzan sin límites y sinceramente con el objeto de servir a otros de la mejor forma posible, para agrado de Dios, lo cual los lleva a ser muy prolíficos y obtener resultados positivos.

Caen en un gran error quienes sostienen que la ciencia debe diferenciarse de la religión. Antes que nada, los que no creen en Dios no pueden experimentar el crecimiento espiritual que brinda la práctica religiosa. En consecuencia, los proyectos científicos que inician con ardor caen pronto en la monotonía y el desaliento. Lo único que les queda entonces es la búsqueda de beneficios mundanos. Por consiguiente, el interés en la investigación quedará condicionado a la obtención de riqueza, prestigio, etc. Por ejemplo, si un científico quiere tener renombre, desarrollará su investigación sólo en esos campos que le permitan alcanzarlo. No trabajará de manera gratuita en proyectos que sean de beneficio para la humanidad, salvo si sirven a su interés personal. De tener que elegir entre dos campos de investigación, se encaminará por el que le pueda proporcionar mayores réditos y descartará el otro, aunque sea más útil para la humanidad. En resumen, es muy raro que este tipo de científicos sea de provecho para todos los pobladores del mundo porque no sirven al bien común, al menos que les represente gratificaciones inmediatas. En la medida que desaparece la posibilidad del provecho individual, desaparece su disposición de servicio.

El Profeta Muhammad, Mensajero de Dios (PB), también se refirió al daño que puede ocasionar esa forma de pensar: No adquieran conocimiento sólo para polemizar con otros estudiosos y demostrar superioridad sobre ellos o para discutir con el ignorante o para atraer la atención de la gente9.

Por otra parte, el Profeta Muhammad (BP) alabó la difusión del conocimiento útil: Dios bendice a aquellos que instruyen a la gente con conocimientos provechosos10.

Al estudioso que cree en Dios, tiene motivaciones buenas y sinceras y es consciente de las bendiciones que recibirá, se le abren nuevas perspectivas no sólo en el campo de la ciencia sino en muchas otras esferas de la vida, como la del arte, la cultura, etc. Nunca siente decaer su espíritu elevado sino que se incrementa en gran medida.

 

 LA RELIGION AYUDA A QUE LA CIENCIA SE ENCAMINE DE MANERA CORRECTA

 La ciencia es la investigación del mundo material en el que vivimos por medio de la observación y la prueba. En consecuencia, conducirá a conclusiones diversas en función de los resultados de los análisis y experimentos realizados. Además, cada disciplina científica posee un cierto número de normas aceptadas como verdaderas aunque no se hayan verificado exhaustivamente. En la literatura científica se denomina “paradigma” a ese conjunto de normas.

Estos criterios iniciales marcan el curso de toda la investigación y el primer paso es la formulación de una “hipótesis”. Eso que se supone o postula debe pasar la prueba de la experimentación científica. Si la hipótesis se verifica, pasa a ser un “principio establecido o ley”. Si por el contrario, se desaprueba, deberá presentarse otra hipótesis y ponérsela a prueba nuevamente.

En la formulación de la hipótesis lo que más pesa, normalmente, es el punto de vista general de los científicos. Por ejemplo, si éstos adhieren a una visión espontaneísta, pueden basar su trabajo en una hipótesis que sostenga que “la materia tiene una tendencia a organizarse a sí misma sin la intervención de un agente consciente”. En consecuencia, durante muchos años llevarán a cabo investigaciones para intentar demostrar que dicha hipótesis se confirma en la práctica. Sin embargo, debido a que la materia no posee dicha capacidad, todos los esfuerzos que se hagan para verificarla estarán condenados al fracaso. Pero si se obstinan en su intento, la resultante será un gran gasto de tiempo y recursos.

Si el punto de partida se hubiese fundado en la idea de que “es imposible que la materia pueda organizarse sin un plan consciente”, la investigación habría seguido un camino más productivo y satisfactorio. El problema reside en que para establecer esta hipótesis se requiere una fuente de información decisiva que está en un plano más allá de lo científico. Dicha fuente es decisiva para no incurrir en esfuerzos inútiles durante años, decenios o siglos.

Esa fuente de la que hablamos es la revelación de Dios a la humanidad. Si Dios es el creador del universo, el conocimiento exacto e indiscutible de los temas científicos que abordemos derivan de El y, por lo tanto, de la información que nos suministra Su palabra, es decir, el Corán. Los datos principales son los siguientes:

1) Dios creó el universo de la nada, por lo que nada pasó a existir como resultado de sucesos azarosos o por propia determinación. De esto se desprende que en el universo o la naturaleza no hay un caos de acontecimientos casuales sino un orden perfecto creado por una determinación inteligente.

2) El universo material y en especial la Tierra en la que vivimos, están diseñados para permitir la vida humana. En el movimiento de las estrellas y planetas, en los rasgos geográficos sobresalientes, en las propiedades del agua y de la atmósfera, hay un propósito que hace posible la vida.

3) Todo lo que existe ha tomado forma porque Dios lo ha creado. Por consiguiente, las criaturas actúan por inspiración de Dios, como dice el Corán en el ejemplo de las abejas: Tu Señor ha inspirado a las abejas... (Corán, 16:68).

Estas son verdades absolutas que Dios nos ha comunicado a través del Corán. Si a la ciencia accedemos basados en dichas verdades, nos conducirá inevitablemente a un gran progreso y la humanidad obtendrá los mejores réditos de ella. Son muchos los ejemplos en la historia, de esto que decimos aquí. Los científicos musulmanes, al colocar a la ciencia en el lugar correcto, consiguieron forjar la más grande civilización mundial y los mayores logros en los siglos IX y X. Asimismo, los pioneros en todos los campos de la ciencia en occidente fueron grandes personas que creían en Dios e hicieron sus investigaciones para develar lo que El creó.

Einstein también sostenía que los científicos debían atenerse a las fuentes religiosas al establecer sus objetivos: La ciencia contribuirá, en el sentido más amplio, al logro de los objetivos determinados por la religión. Es decir, la ciencia sólo puede ser creada por quienes estén plenamente compenetrados de la aspiración por la verdad y el conocimiento. Y este sentimiento proviene de la esfera religiosa... No puedo concebir un científico genuino sin una fe profunda11.

Sin embargo, desde mediados del siglo XIX la comunidad científica se ha divorciado de dicha fuente divina y quedó bajo la influencia de la filosofía materialista.

El materialismo, una idea que la podemos remontar a la Grecia antigua, sostiene la existencia absoluta de la materia y niega a Dios. Esta visión penetró gradualmente en la comunidad científica y desde mediados del siglo XIX una parte considerable del conocimiento proveniente de allí se dedicó a respaldarla. Con ese propósito se formularon muchas teorías, como la llamada “modelo de universo infinito” que sugiere que el universo tiene una existencia infinita, o como la evolucionista de Darwin que supone que la vida es producto de la casualidad, o como la de Freud que sostiene que la mente humana se ubica exclusivamente en el cerebro.

Hoy día vemos, retrospectivamente, que las suposiciones presentadas por el materialismo fueron una pérdida de tiempo y energía para la ciencia. Durante decenios un gran número de científicos han derrochado sus mejores esfuerzos por intentar demostrar cada una de esas suposiciones, aunque los resultados las exhibieron siempre erradas. Los descubrimientos confirmaron lo proclamado por el Corán: el universo fue creado de la nada, fue preparado para albergar la vida humana y es imposible que la vida pasase a existir y se desarrollase por casualidad. Consideremos ahora estos puntos uno por uno.

 

El Tiempo Malgastado por la Ciencia Debido a la Obsesión

de los Materialistas con el “Universo Infinito”

 Hasta principios del siglo XX y bajo la influencia del materialismo, la opinión aceptada por la comunidad científica era la de un universo infinito, en sus dimensiones espacio-temporales, de existencia infinita. De acuerdo con este punto de vista --llamado “modelo de universo estático”-- el universo no tiene principio ni fin y es, simplemente, un conglomerado ilimitado de materia. El objetivo de esta teoría era demostrar que el universo no fue creado y así establecer la aceptación de la filosofía materialista.

Muchos científicos que profesaban el materialismo o eran influenciados por su filosofía, colocaron como fundamento de sus investigaciones el modelo de “universo infinito”. En consecuencia, todo el estudio en el campo de la física y astronomía se basó en la hipótesis de que la materia es eterna y durante algún tiempo muchos investigadores se afanaron por demostrar ese supuesto, pero la ciencia rápidamente hizo pedazos ese concepto erróneo.

El científico belga Georges Lemaitre fue el primero en reconocer la inexactitud del modelo de “universo infinito” y presentó una alternativa científica. Basándose en los cálculos del científico ruso Alexandre Friedmann declaró que el universo en realidad tuvo un comienzo y que se expande desde ese momento. Afirmó también que debía ser posible detectar la radiación residual del momento en que se originó. Debemos advertir que G. Lemaitre era sacerdote y creía firmemente en que el universo fue creado por Dios de la nada. Por lo tanto, su enfoque de la ciencia discrepaba del de los materialistas.

Con el paso de los años se confirmó la exactitud de las afirmaciones de Lemaitre. En primer lugar, el astrónomo norteamericano Edwin Hubble descubrió con su gran telescopio que las estrellas se movían alejándose de nosotros y una de otra. Esto significaba que el universo se estaba expandiendo y por consiguiente no era estático como suponían los materialistas.

En realidad, Einstein había calculado teóricamente poco antes que el universo no podía ser estático. Pero no insistió con esa teoría debido a la aceptación general de que sí lo era. Es decir, hasta esta personalidad considerada la más genial de su siglo, fue intimidada por el dogmatismo de la visión materialista y prefirió poner sordina a esa comprobación tan importante. Posteriormente se refirió a ese incidente como “el mayor error de su carrera”.

La expansión del universo señalaba otra importante verdad: si retrocedemos lo suficiente en el tiempo, todo se irá acotando hasta convergir en un solo punto. Los cálculos demostraron que ese punto tenía volumen cero y nuestro universo pasó a existir como resultado de la explosión del mismo, llamadaBig Bang”.

La afirmación de que el punto que explotó tenía volumen cero no es más que una expresión teórica que sugiere la carencia absoluta de todo. Es decir, el universo fue creado de la nada, como lo demuestra claramente el Big Bang. Sin embargo, aún se requirió más evidencia científica para que ello fuese aceptado ampliamente. George Gamow opinó en 1948 que si el universo se formó como resultante de una explosión espontánea y repentina, como sugirió Lemaitre, todavía debía existir una cantidad definida de radiación proveniente de la misma y debería ser uniforme en todo el universo.

La comprobación científica del postulado de Gamow estaba a punto de producirse. Los investigadores Arno Penzias y Robert Wilson descubrieron en 1965 los restos de dicha radiación. Se la denominó “radiación cósmica de fondo”, estaba distribuida de manera uniforme en todo el universo y reverberaba desde el momento de la gran explosión o Big Bang. Penzias y Wilson recibieron el premio Nobel por su descubrimiento.

La NASA (Administración Nacional del Espacio y la Aeronáutica de los EEUU) lanzó al espacio el satélite COBE (Explorador Cósmico Ambiental) con el propósito de investigar la radiación mencionada. Los sensibles equipos del satélite confirmaron en minutos los niveles de radiación informados por ambos científicos.

Semejante hallazgo, que confirmaba la creación del universo de la nada con el Big Bang, hizo vacilar a los estudiosos materialistas. Eran testigos del colapso de todos sus trabajos de investigación, de todas sus hipótesis y teorías insubstanciales, una tras otra. El conocido filósofo ateo Anthony Flew comentó lo siguiente acerca de esta situación: La confesión, notoriamente, es buena para el alma. Por lo tanto, empiezo por confesar que el ateísmo Stratoniciano tiene que encontrarse turbado por el consenso cosmológico contemporáneo. Parece que los cosmólogos están suministrando la prueba científica de lo que Santo Tomás no pudo probar filosóficamente. Es decir, que el universo tuvo un inicio. En tanto que se pueda pensar como consuelo que el universo existe no sólo sin final sino también sin comienzo, es fácil argumentar que su existencia ilimitada y todo lo encontrado como rasgos fundamentales, debería aceptarse como la explicación última. Aunque creo que esto que digo es correcto, no resulta fácil ni consolador mantener esa posición frente a los argumentos del Big Bang12.

Como demuestra lo dicho, si una persona es ciegamente devota del materialismo, es difícil que acepte alguna evidencia en contrario. Aunque admita que la situación cambió, no se modifica su compromiso con el materialismo.

Por otra parte, muchos científicos que no se empecinan en sostener la inexistencia de Dios, aceptan actualmente que El creó el universo. Así lo hace William Lane Craig, conocido por sus investigaciones sobre el Big Bang: En realidad, dada la verdad de la máxima ex nihilo nihil fit (nada proviene de la nada), el Big Bang requiere una causa física sobrenatural. Puesto que la singularidad cosmológica inicial representa el límite de todas las trayectorias espacio-tiempo, no puede existir ninguna causa física (natural) para el Big Bang. La causa debe trascender los límites físicos del espacio y el tiempo: debe ser independiente del universo e increíblemente poderosa, además de ser una existencia dotada de una voluntad sin restricciones... La causa del origen del universo debe ser, por lo tanto, un Creador , Quien hace una determinada cantidad de tiempo hizo existir el universo por su libre decisión13.

Otra importante conclusión a extraer de la teoría del Big Bang es que, como ya mencionamos, el trabajo científico alcanza el éxito en su esfuerzo por descifrar los misterios del universo si se fundamenta en el conocimiento divino. Los científicos que provienen de una filosofía materialista fueron incapaces, a pesar del esfuerzo empeñado, de verificar la teoría del “universo infinito”. Sin embargo, la teoría del Big Bang que desarrolló Georges Lamaitre basándose en fuentes divinas, contribuyó al progreso científico y ayudó a develar el verdadero origen del universo. La ciencia está proveyendo prueba científica de aquello que fue sostenido primero por fuentes religiosas.

El repaso de la historia de la ciencia en el siglo XX nos llevará a encontrar casos similares a este del Big Bang en otros campos.

 

 El Atraso Científico que Produjo la Suposición de que

“En la Naturaleza no Existe Ningún Diseño”

Los materialistas manifiestan que el universo existió y existirá siempre y suponen que su existencia no implica ningún tipo de diseño o propósito. Sostuvieron y sostienen que el equilibrio, armonía y orden universal es únicamente el resultado de la casualidad. Esta pretensión dominó el mundo de la ciencia desde la segunda mitad del siglo XIX y dictó el curso de toda la investigación científica.

Algunos estudiosos presentaron la llamada “teoría del caos” para demostrar la ausencia de diseño o designio en el universo. Es decir, se les ocurrió que el orden puede presentarse espontáneamente en lo caótico. Para dar una respuesta a la pregunta “¿cómo se puede demostrar que el universo es producto del caos?”, desarrollaron cálculos matemáticos, trabajos en física teórica, pruebas físicas y experimentos químicos.

Pero cada nuevo descubrimiento negaba más aún la posibilidad de un orden a partir del caos y la creación del cosmos debido a la casualidad. Es decir, cada paso que daban revelaba la existencia de un designio que todo lo abarcaba.

Un conjunto de investigaciones que se llevaron a cabo a partir de 1960 demostraron que todos los equilibrios físicos en el universo han sido diseñados para hacer posible la vida. En la medida que avanzaban los estudios, se descubrió que cada una de las leyes de la física, la química, la biología y de las fuerzas fundamentales, como la de la gravedad o la electromagnética, así como las particularidades de la estructura de los átomos, han sido hechas a medida, de modo que el ser humano pudiese existir. Los científicos denominaron a ese designio extraordinario Principio Antrópico”.

Quedaba así demostrado que era una falacia contraria a ciencia el dictamen impuesto con bombos y platillos a la comunidad científica por la filosofía materialista, que se sintetiza de la siguiente manera: “el universo es un montón de materia sin sentido ni propósito que de un modo totalmente azaroso elabora cosas con un orden o lógica determinados”. El conocido biólogo molecular Michael Denton hace el siguiente comentario en su libro EL DESTINO DE LA NATURALEZA : Cómo las Leyes de la Biología Revelan un Propósito en el Universo: El nuevo cuadro que ha emergido en la astronomía del siglo XX presenta desafíos dramáticos a la presunción dominante en la comunidad científica durante la mayor parte de los últimos cuatro siglos, es decir, que la vida es una contingencia, un fenómeno periférico en el esquema cósmico... La evidencia dada por la cosmología y física modernas es exactamente la del tipo que buscaron y no encontraron en la ciencia de su época los teólogos de la naturaleza en el siglo XVII14.

Los “teólogos de la naturaleza” a los que se refiere Denton, son los estudiosos religiosos de los siglos XVII y XVIII que se esforzaron por demostrar la invalidez del ateísmo y la existencia de Dios en base a fundamentos científicos. Como afirma este biólogo molecular, el nivel de la ciencia de aquellos momentos no posibilitaba el logro de pruebas concluyentes para lo que se entendía como verdad. En consecuencia, se dio la paradoja de que creció la autoridad del materialismo porque se apoyaba en un nivel de conocimiento primitivo. Pero la ciencia del siglo XX modificó los criterios hasta poco antes en boga y proveyó evidencias concluyentes respecto de que el universo fue creado por Dios.

Un punto que es importante tener en cuenta es la extraordinaria cantidad de tiempo que se ha perdido en demostrar la ilusión materialista que sostiene que “el universo carece de todo tipo de designio”. Todas las teorías, fórmulas, estudios en física teórica, ecuaciones matemáticas, etc., que supuestamente confirmaban esa hipótesis, se exhibieron como esfuerzos inútiles. De la misma manera que las teorías racistas condujeron a desastres en la humanidad y a la segunda guerra mundial, la ideología materialista llevó al mundo de la ciencia hacia el oscurantismo.

Si la comunidad científica no hubiese centrado sus esfuerzos en la errada concepción materialista sino en la realidad de que el universo fue creado por Dios, la investigación científica hubiera tomado un camino más apropiado y prolífico.

 

 Los Esfuerzos de la Ciencia por Demostrar que la Teoría

de la Evolución es Correcta Causaron un Gran Daño

La aceptación de la teoría de la evolución de Darwin es el mejor ejemplo de cómo la ciencia puede ser guiada incorrectamente. Fue introducida en el orden del día del estudio científico hace unos 140 años y demostró ser la mayor falacia, aunque por mucho tiempo se consideró “correcta”.

La teoría de la evolución sostiene que la vida proviene de la configuración de la materia inanimada por medio de la casualidad y que los organismos que se formaron así evolucionaron y se convirtieron en otras criaturas, también por casualidad. El escenario central de los últimos 150 años ha sido el esfuerzo concertado por hallar una justificación científica al libreto evolucionista. Pero ese esfuerzo, irónicamente, probó exactamente lo contrario. La evidencia científica ha demostrado que el evolucionismo nunca tuvo lugar, que la posibilidad de la transformación gradual de una especie en otra es algo imposible y que cada una de las especies fue creada de modo singular sin que haya cambiado nunca su forma.

Sin embargo, a pesar de todas esas evidencias, los evolucionistas realizan estudios y experimentos incontables, escriben libros llenos de falacias y errores, establecen instituciones, dan conferencias y emiten innumerables programas de televisión para “demostrar” que la teoría darwinista es valedera. El haber utilizado a miles de científicos y abultados bienes para afirmar como cierto lo que no lo es, ha causado un gran daño a la humanidad. Si esos recursos hubiesen sido usados correctamente, se habrían dado grandes pasos y obtenido resultados positivos en las áreas más conducentes del estudio científico.

Por otra parte, un importante número de pensadores científicos se han percatado del grave error que se ha cometido al aceptarse la teoría de la evolución. Por ejemplo, el filósofo británico Malcom Muggeridge comentó: Personalmente estoy convencido de que la teoría de la evolución, especialmente en el grado en que ha sido aplicada, servirá para hacer uno de las mayores chistes en los libros de historia del futuro. Las generaciones por venir se maravillarán de que una hipótesis tan débil y tambaleante haya sido aceptada con la increíble credulidad en que lo es actualmente15.

El científico escandinavo Søren Løvtrup hace la siguiente observación en su libro Darwinismo: La Refutación de un Mito: Supongo que nadie negará que es una gran desgracia que una rama completa de la ciencia adhiera a una teoría falsa. Esto es lo que ha sucedido con la biología: durante un tiempo prolongado e incluso hoy día, se discuten, en el peculiar lenguaje darwinista, los conceptos de “adaptación”, “presión selectiva”, “selección natural”, etc., pensando que así se contribuye a la explicación de eventos naturales. Pero no es así... Creo que algún día el mito darwinista será considerado la mayor falacia en la historia de la ciencia16.

Una importante cantidad de científicos han reconocido que la teoría que defienden no se ajusta a la realidad y se sienten incómodos por eso.

El científico evolucionista Paul R. Ehrlich admitió en una entrevista con la revista Science, de manera indirecta, que la creencia ciega en la teoría de la evolución causa un gran daño a la ciencia: La perpetuación de la actual teoría (de la evolución) como dogma, no alentará el progreso hacia otras explicaciones más satisfactorias de los fenómenos observados17.

Ocupémonos ahora de todos los esfuerzos inútiles realizados para sostener la suposición no científica de la teoría evolucionista, lo cual ha costado a la ciencia un gran desperdicio de tiempo y recursos.

 

El Atraso que Ha Causado a la Ciencia la Creencia de que

“La Materia Inanimada Puede Originar Vida Por Sí Misma”

¿Cuál es el origen de la vida? ¿Qué es lo que distingue a un ave o a una jirafa de una piedra, del agua, de la tierra, es decir, de la materia inanimada?

La respuesta a estas preguntas ha sido objeto de curiosidad desde la antigüedad. Las visiones predominantes son dos: una de ellas es de la opinión de que entre la materia animada e inanimada existe una delgadísima línea divisoria que puede ser traspasada fácilmente y entonces la vida puede originarse de modo espontáneo de lo inanimado. Esta posición es llamada “abiogénesis” en la literatura científica.

La otra sostiene que hay una línea divisoria inviolable entre la materia viva y la inerte. De acuerdo a esta posición es imposible que los organismos animados se desarrollen a partir de la materia inanimada. Es decir, lo viviente puede desarrollarse solamente a partir de otro organismo viviente. Este punto de vista es llamado “biogénesis” y se lo puede resumir en la expresión “la vida proviene sólo de la vida”.

Significativamente, la idea de “abiogénesis” está conectada a la filosofía materialista, mientras que la idea de “biogénesis” proviene de fuentes religiosas. La filosofía materialista ha sostenido siempre que la materia inanimada puede dar lugar a organismos vivos. Los filósofos griegos creían que las formas simples de vida surgían continuamente de la materia inanimada.

Las fuentes divinas dicen, por el contrario, que el único que posee poder para dar vida a la materia inanimada es Dios. Leemos en el Corán:

Dios hace que germinen el grano y el hueso del dátil, saca al vivo del muerto y al muerto del vivo. ¡Ese es Dios! ¡Cómo podéis, pues, ser tan desviados! (Corán, 6:95).

 Suyo es el dominio de los cielos y de la tierra. El da la vida y la muerte. Y es omnipotente (Corán, 57:2).

En la Edad Media, época en que la gente poseía un conocimiento muy limitado de la naturaleza, prevalecía el punto de vista de la “abiogénesis” debido a ciertas observaciones o consideraciones erróneas. Quienes vieron que los gusanos se desarrollaban en un pedazo de carne al aire libre, pensaron que aparecían de modo espontáneo. La misma explicación le daban a la existencia de las ratas. Es decir, suponían que se originaban en los granos de trigo almacenados. Esta creencia se denominó también “generación espontánea” y fue ampliamente aceptada hasta el siglo XVII.

Esa suposición pasó al basurero de la historia gracias a los experimentos realizados por dos científicos de renombre. Uno fue Francisco Redi, quien demostró en 1668 que los gusanos que aparecían en el pedazo de carne expuesta al aire libre no se formaban espontáneamente sino que provenían de los huevos depositados por las moscas que se posaban allí. Con este descubrimiento los defensores de la “abiogénesis” aceptaron que si bien eso era lo que sucedía con los organismos grandes, como los gusanos o las ranas, los microorganismos invisibles sí surgían espontáneamente de la materia inerte. El debate continuó dos siglos hasta que el biólogo Luis Pasteur demostró que los microbios tampoco podían formarse de lo inanimado. El sabio francés resumió sus conclusiones así: ¿Puede organizarse la materia por sí misma? En otras palabras, ¿pueden pasar a existir sin padres o ancestros los organismos vivos? Es a esto a lo que hay que dar respuesta... Nada permite afirmar que los seres microscópicos no se originaron de otros que les antecedieron18.

Redi y Pasteur tenían algo en común: ambos creían en la existencia de Dios y que la vida fue creada por El. Esta creencia jugó un papel central en la determinación de lo absurdo que resultaba la idea de la “abiogénesis”. En efecto, mientras una serie de científicos influenciados por el materialismo suscribían ese punto de vista (Darwin, Haeckel, etc), otros que enfocaban la ciencia con un entendimiento distinto comprobaban la verdad de la “biogénesis”.

Pero los evolucionistas resistieron dicha realidad evidente y defendieron de modo obcecado la filosofía materialista, lo que dio lugar a una disputa inútil que duraría un siglo. Los científicos materialistas Alexander Oparin y J. B. Haldane establecieron la idea de “evolución química”: la “abiogénesis” no tuvo lugar en un tiempo breve sino en un período largo. Lo dicho condujo al mundo de la ciencia a un callejón sin salida y contribuyó a una gran pérdida de tiempo, además de estar en conflicto con ciertos principios científicos, especialmente con la Segunda Ley de la Termodinámica.

Una serie de investigadores se dedicaron a lo largo del siglo XX a realizar experimentos para comprobar la hipótesis de la “evolución química” o desarrollaron nuevas teorías para darle un fuerte respaldo. Grandes laboratorios, institutos de investigación y universidades se volcaron a esa tarea. Pero todos sus esfuerzos culminaron en el fracaso. El conocido evolucionista Klause Dose, director del Instituto de Bioquímica de la Universidad Johannes – Gutenberg, confesó que se vieron frustrados todos los intentos por producir evidencias a favor de la hipótesis que sostiene que la materia inerte produce materia viva: Más de treinta años de experimentos en los campos de la evolución química y molecular para determinar el origen de la vida en la Tierra, han conducido a una mejor percepción de lo inmensamente problemático que resulta, antes que a lograr resultados positivos. Todas las discusiones actuales sobre las teorías y experimentos principales en la materia, terminaron en un atolladero o en la confesión de ignorancia19.

Si el mundo de la ciencia no se hubiese obsesionado con la idea de la abiogénesis, que es una falacia materialista, todos los esfuerzos hechos en el nombre de la “evolución química” podrían haber sido canalizados hacia áreas más productivas. Si la comunidad científica hubiese partido del reconocimiento de que la vida es creada por Dios y que sólo El posee el poder para dar vida, todo ese tiempo y recursos desperdiciados se habrían ahorrado. En ese caso, la ciencia se hubiese concentrado en investigaciones y descubrimientos provechosos para la humanidad, en vez de intentar probar la veracidad de mitos de la Grecia Antigua.

Hoy día la comunidad científica está demostrando que la materia no viviente no puede autoorganizarse a través de sucesos casuales para luego juntarse con otras materias inertes y formar células muy complejas y perfectas. También es obvio que las millones de formas de vida que vemos alrededor de nosotros no pudieron formarse de modo accidental como suponen los evolucionistas. Por cierto, ni una rosa, ni un pavo real, ni una hormiga, ni un tigre, en otras palabras, ningún ser viviente puede pasar a existir por medio de la voluntad de células inconscientes construidas por la combinación de átomos inconscientes.

El propio científico que realiza amplios estudios en estos temas no es, en su constitución física y mental, de ninguna manera, el producto de la decisión tomada por átomos inconscientes.

Hay que tener en cuenta que en el Corán está escrito hace cientos de años que la vida fue creada por Dios de la “nada” y que sólo El “da vida”. Si la ciencia hubiese descubierto las implicancias de las verdades que Dios transmitió a la humanidad, no se habría “encaprichado” en investigaciones imprecisas durante un período de tiempo tan largo.

 

Los Esfuerzos que Derrochó la Ciencia para Intentar

Demostrar la Supuesta “Evolución de las Especies”

 En la Tierra existen miles de especies vivientes que difieren entre ellas de las más distintas maneras. Consideremos, por ejemplo, los caballos, las aves, las serpientes, las mariposas, los peces, los gatos, los murciélagos, los gusanos, las hormigas, los elefantes, los mosquitos, las abejas, los delfines, las estrellas de mar, las medusas, los camellos... Todas las formas de vida difieren entre sí en sus características físicas, particularidades del lugar donde habitan, técnicas de caza, técnicas de defensa, hábitos de alimentación, formas de reproducción, etc.

¿Cómo pasaron a existir criaturas con tantas diferencias?

Quien reflexione acerca de esta pregunta recurriendo a su facultad de razonamiento, descubrirá que todas han sido diseñadas así, es decir, han sido creadas. Cada diseño prueba la existencia de un diseñador inteligente. Es decir, lo viviente, como la naturaleza en su conjunto, demuestra la existencia de Dios.

Esta verdad nos ha sido revelada a través de la religión. En el Corán se nos informa cómo pasaron a existir las criaturas: todas fueron creadas por Dios, Quien con Su poder y conocimiento infinitos las equipó con características distintas, haciendo de ese modo que la humanidad se entere de Su potestad y sapiencia. Algunos versículos coránicos se refieren a la creación de lo viviente:

Entre Sus signos figuran la creación de los cielos y de la tierra, los seres vivos que en ellos (es decir, en los cielos y en la tierra) ha diseminado y que, cuando quiere, puede reunir (Corán, 42:29).

 Dios ha creado a todos los animales del agua: de ellos unos se arrastran, otros caminan a dos patas, otros a cuatro. Dios crea lo que quiere. Dios es omnipotente (Corán, 24:45).

 Ha creado los cielos sin pilares visibles. Ha fijado en la tierra las montañas para que ella y vosotros no vaciléis. Ha diseminado por ella toda clase de bestias. Hemos hecho bajar agua del cielo y crecer en ella toda especie generosa. Esta es la creación de Dios. ¡Mostradme, pues, qué han creado los otros dioses que hay fuera de El! Sí, los impíos están evidentemente extraviados (Corán, 31:10-11).

Hay, en verdad, en los cielos y en la tierra signos para los creyentes. En vuestra creación (es decir, en la creación de los seres humanos) y en las bestias que El esparce hay signos para gente que está convencida (de la Verdad) (Corán, 45:3-4).

Después de reconocer la realidad de la creación los científicos establecieron diversas disciplinas, como la biología, la anatomía y la paleontología, plenamente conscientes de que todo lo viviente fue creado por Dios. Entre esos estudiosos destacados tenemos a: Carl von Linneo, conocido como “el padre de la taxonomía vegetal” y en consecuencia el pionero en la clasificación definida de las plantas; Georges Cuvier, fundador de la ciencia de los fósiles y de la anatomía comparada; Gregory Mendel, quien dio inicio a la ciencia de la genética y descubrió las leyes de la herencia; Louis Agassiz, considerado el principal biólogo del siglo XIX.

Luego, con la introducción de la teoría de la evolución de Charles Darwin, el mundo de la ciencia se esforzó por demostrar que “las especies evolucionaron una de otra”. Eso llevó a los científicos a investigaciones largas e infructuosas. Se pasó a buscar fósiles en todo el mundo con la idea de encontrar los restos de existencias constituidas por partes de dos especies distintas, es decir, criaturas intermedias entre una especie y otra, que justifiquen lo aseverado. Además se fabricaron escenarios imaginarios para explicar cómo se habría producido esa evolución. Y esto que era una simple especulación empezó a aparecer en publicaciones científicas y eventualmente fue enseñado en las escuelas como algo real y comprobado.

Conviene repasar algunos de esos escenarios para demostrar cómo los evolucionistas ligaron a la ciencia con sus propias fantasías alocadas. Por ejemplo, la historia que transcribimos a continuación fue publicada en un artículo evolucionista que se ocupa de la supuesta transición de los reptiles a los mamíferos: Algunos de los reptiles de las regiones más frías comenzaron a desarrollar un método para mantener caliente sus cuerpos. Consiguieron producir un aumento del calor corporal en la medida en que el clima era más frío y evitar su pérdida achicando las escamas, haciéndolas más puntiagudas y, por último, convirtiéndolas en piel. Otra adaptación para regular la temperatura del cuerpo fue incorporar a éste la transpiración, es decir, un mecanismo que enfría todo el organismo por medio de la evaporación de agua. Además, accidental o casualmente, las crías pasaron a lamer el sudor de la madre para alimentarse. En consecuencia algunas glándulas comenzaron a producir una secreción cada vez más rica, la que eventualmente se convirtió en leche. De ese modo las crías de los primeros mamíferos comenzaron a llevar un mejor tipo de vida20.

Para sustentar la hipótesis evolucionista era necesario probar de modo científico acontecimientos imposibles, como la transición del sudor a leche y de las escamas a la piel. Ello hizo que miles de estudiosos desperdiciasen su tiempo intentando verificar semejantes supuestos. En realidad, ninguna de dichas transiciones es posible. Es absolutamente imposible que el sudor haya evolucionado hasta convertirse en leche, la cual contiene todo lo necesario para el desarrollo del bebé. Se trata de una sustancia que se regula especialmente, en concordancia con las necesidades y con cada fase de la criatura que la toma. Es decir, lo que encuentra la criatura en la leche de la madre es exactamente lo requerido para cada momento de su desarrollo.

Por ejemplo, en el momento en que el bebé necesita potasio, la leche es más rica en potasio. Lo mismo sucede con todos los demás componentes que vaya a necesitar en sus primeros años de desarrollo. Por supuesto, es imposible que esa concordancia se dé como producto de la casualidad.

Por otra parte, es imposible la evolución de las escamas de los reptiles hasta convertirse en el pelaje de los mamíferos, pues ambos elementos poseen estructuras completamente distintas:

1) El pelaje es folicular, es decir, crece de un saco (folículo piloso), a diferencia de las escamas, que son estructuras planas dentro de la piel. Además, las escamas se desarrollan, crecen y se desprenden de un modo absolutamente distinto de como lo hace el pelaje. No tienen nada en común.

2) No hay ninguna evidencia científica que sugiera que el pelaje sea el producto de una evolución a partir de las escamas. Los evolucionistas no poseen evidencia fósil alguna que demuestre esa suposición, de la misma manera que no pueden presentar ningún mecanismo lógico que haga posible esa transformación.

Es decir, todas las suposiciones como estas dos mencionadas colisionan claramente con la realidad científica.

Lo dicho respecto de la conversión de reptiles en mamíferos no es la única fábula anticientífica. Cada evolucionista elabora su propio “libreto”. Así se inventaron muchos escenarios para hacer creer que los dinosaurios evolucionaron en aves, como el que relata que dichos reptiles comenzaron a volar mientras cazaban moscas. Otro cuento nos dice que desarrollaron alas mientras saltaban de un árbol a otro. Finalmente la ciencia se fue acostumbrando a “demostrar” esos escenarios creados por la imaginación de los evolucionistas. Hasta ahora muchos científicos han llevado a cabo investigaciones para “comprobar” cómo los dinosaurios pudieron haber comenzado a volar mientras corrían o saltaban de las ramas de los árboles, e invirtieron años para “evidenciar” cómo las escamas se convirtieron en las plumas de las aves. Uno de ellos, el conocido científico ornitólogo Alan Feduccia, se pasó la vida trabajando en este tema. Después de 25 años de investigación buscando una conexión entre dinosaurios y aves, hace la siguiente confesión: Bien, he estudiado cráneos de aves durante 25 años y no encuentro similitudes de ningún tipo. No las veo... El origen de las aves terópodas, en mi opinión, será la más grande dificultad de la paleontología del siglo XX21.

Los escenarios evolucionistas no se limitan a lo dicho. Como admitió el paleontólogo evolucionista Dr. Colin Patterson, Existe una tremenda cantidad de fábulas, una más imaginativa que otra, sobre la naturaleza de esas historias de vida22.

Los darwinistas proponen también la fantástica suposición de que los mamíferos marinos --ballenas, focas, delfines-- llegaron a ser tales después de evolucionar a partir de osos nadadores. Incluso, para dar fundamento a ese escenario, produjeron teorías acerca de criaturas semiballenas y hasta de “ballenas caminantes”.

El problema no está en que los evolucionistas sueñen y crean en los escenarios que se les ocurran sino en que derrochan los recursos científicos y el tiempo en todo el mundo esperanzados en encontrar pruebas que justifiquen sus pretensiones. Dijo el conocido científico evolucionista Pierre Paul Grassé acerca de esos escenarios: No existe ninguna ley que prohiba soñar despierto, pero la ciencia no debe entregarse a esa práctica23.

La ciencia continuará dándose la cabeza contra la pared en sus intentos por demostrar esos mitos en la medida en que los científicos sigan fundamentándose en hipótesis incorrectas como las del darwinismo. Sólo el reconocimiento de la verdad de que todo ha sido creado pondrá fin a esos esfuerzos vanos que inhiben el progreso de la ciencia. Como mencionamos antes, todas las criaturas fueron creadas por Dios, una por una. Sus características físicas, hábitos de alimentación, técnicas de caza y defensa, la forma en que nutren a sus vástagos, etc., reflejan compatibilidades perfectas. No tiene sentido investigar cómo la casualidad dio lugar a esos procedimientos tan armoniosos. La perfección que exhiben no pudo pasar a existir de modo fortuito sino, solamente, a través del poder y control de nuestro Señor, el Creador Supremo. Por consiguiente, sería mucho más valioso investigar lo posible de verificar y sus particularidades, antes que producir escenarios completamente imaginarios. Lo importante es que esa investigación nos ayudará a conocer mejor a Dios, el Todopoderoso, Quien creó a los seres humanos y a todo el universo de la nada.

 

El Atolladero de las Mutaciones

Otra aseveración de los evolucionistas que provocó una gran pérdida de tiempo a la ciencia, fue la ilusoria búsqueda de “mutaciones benéficas”.

Las mutaciones son cambios que ocurren en el código genético de un organismo por efectos de las radiaciones, sustancias químicas, etc. Aunque los darwinistas suponen que lo viviente evolucionó a través de mutaciones, estas son casi siempre dañinas porque causan desórdenes orgánicos. El escape de radiación en Chernobyl constató, desgraciadamente, los efectos nocivos de las mutaciones. Luego de ese desastre muchas personas empezaron a padecer de leucemia y distintos tipos de anormalidades muy serias, como las deformaciones físicas en los recién nacidos.

El neodarwinismo les dio el carácter de “mecanismo evolutivo” a dos procesos negativos. Uno de ellos es el de la mutaciones. Por lo tanto se vieron obligados a demostrar que podían dar lugar a efectos beneficiosos en lo que a la evolución concierne. Sin embargo, como explicamos antes, las mutaciones son siempre dañinas y nunca se ha observado que conlleven a la evolución.

Con una tenacidad sorprendente proyectaron modelos de mutaciones artificiales y trabajaron durante decenios con miras a lograr una beneficiosa. Por ejemplo, numerosas veces provocaron mutaciones en la moscas de la frutas esperanzados en “llegar a mejorar el código genético”. El resultado fue un fracaso total. El evolucionista Michael Pitman hizo la siguiente observación acerca de estos dilatados experimentos en el campo de las mutaciones, realizados con el objeto de que conduzcan a algo concluyente: Morgan, Goldschmit, Muller y otros genetistas han sometido varias generaciones de moscas de la fruta a condiciones extremas de calor, frío, luz, oscuridad, radiaciones y exposición a agentes químicos. Se produjeron diversos tipos de mutaciones, prácticamente todas irrelevantes o abiertamente nocivas. ¿Consiguió el ser humano reproducir la evolución? En realidad, no. Pocos de los monstruos creados podrían haber sobrevivido fuera de las probetas en las que fueron engendrados. En la práctica, los mutantes mueren, son estériles o tienden a volver al tipo original24.

También Gordon Taylor, otro conocido evolucionista, dijo que se perdieron cincuenta años con los experimentos sobre mutaciones: En los miles de experimentos de reproducción de moscas llevados a cabo en todo el mundo durante más de cincuenta años, nunca hemos visto que aparezca una especie nueva o, aunque más no sea, una enzima nueva25.

Las experiencias de los evolucionistas en otras áreas de la ciencia no han sido diferentes. No obstante, a pesar de toda la evidencia científica en contra, consideran que esa persistencia (irracional) en el error es “perseverancia científica”. Pero su comportamiento no es tal sino resistencia u oposición a los principios de la ciencia.

 

El Atolladero en el Campo de los Fósiles

Otro ejemplo de la pérdida de tiempo de la que es responsable la teoría de la evolución lo encontramos en el callejón sin salida al que fue empujada la paleontología. Nadie duda de que los estudios paleontológicos son fundamentales para la comprensión de la historia de la vida en la Tierra. Sin embargo, los preconceptos erróneos de la teoría de la evolución tuvieron un efecto negativo en los mismos y llevaron a los científicos a conclusiones equivocadas. Los paleontólogos que investigan “el origen del ser humano” se ven en apuros: todas las investigaciones llevadas a cabo para encontrar una criatura semisimia, semihumana, han sido una completa pérdida de tiempo.

Debemos mencionar que la búsqueda de fósiles se hace bajo condiciones muy difíciles y requiere presupuestos elevados. Las excavaciones realizadas por numerosos investigadores en los últimos ciento cincuenta años en regiones como las de los desiertos africanos y en campamentos bajo el sol ardiente, con presupuestos de millones de dólares, no han brindado resultados concretos. El conocido paleontólogo Richard Leakey y el renombrado escritor científico Roger Lewin, hicieron la siguiente confesión acerca de la carencia de resultados de esos estudios: Si alguien se toma el trabajo de coleccionar en una habitación todos los fósiles encontrados de nuestros ancestros (y sus parientes biológicos) que vivieron, digamos, entre cinco millones y un millón de años atrás, para exponerlos necesitará solamente un par de caballetes y dos tablones grandes. ¡Y como si esto no fuese bastante lamentable, una simple caja de zapatos sería más que suficiente para acomodar los fósiles de homínidos con una antigüedad de entre quince y seis millones de años!26.

Todas esas tareas fueron un desperdicio de tiempo, conocimiento, trabajo, dinero y recursos, consideradas equivocadamente “en función de la ciencia”. En todo el mundo, miles de universidades, instituciones y organizaciones científicas, millones de científicos, instructores y estudiantes, laboratorios, expertos, equipos técnicos e incontables recursos, han sido consagrados al servicio de un argumento falso. El resultado concreto de todo esto es “nada”, pero así y todo se sigue en esa línea de acción aunque los nuevos descubrimientos siguen exponiendo la falacia de la hipótesis evolucionista.

El científico darwinista S. J. Jones explica en un artículo publicado en la revista Nature las dificultades de la paleoantropología, del estudio de los fósiles y de la investigación sobre el origen del ser humano: Parece que los paleoantropólogos cubren la falta de fósiles con un exceso de entusiasmo y esta debe ser ahora la única ciencia en la que aún es posible hacerse famoso sólo por tener una opinión. Como dijo un cínico, en paleontología humana el consenso lo tiene quien grita más fuerte27.

 

Los Daños que Causan a la Ciencia Quienes Niegan

la Existencia de un “Diseño Perfecto en la Naturaleza”

 Negar el hecho de la creación, es decir, la existencia del “diseño” en la naturaleza, significa impedir la investigación científica. El estudioso que es consciente de esa existencia emprende sus estudios con el objeto de investigarlo y llegar a conocer cuál es su propósito. Pero un evolucionista no tendrá la misma meta debido a que considera que la naturaleza es un amontonamiento de materia sin ninguna intención.

El físico y filósofo norteamericano William Dembski, es otro de los que sostiene que en la naturaleza hay un “diseño” y dice que el punto de vista evolucionista, al negar la existencia de un propósito en la misma, detiene el progreso científico. Ejemplifica esto valiéndose del término “ADN chatarra” usado por los darwinistas. (Denominan así a los elementos del ADN que según ellos no contienen información genética y por lo tanto no cumplen una función en lo que hace a la herencia biológica). Dice Dembski: El diseño no es una barrera infranqueable para la ciencia. Por el contrario, puede promover la investigación que el enfoque evolucionista obstruye. Consideremos el término “ADN chatarra”. Lleva implícito que debido a que el genoma de un organismo ha sido formado a través de un proceso evolutivo largo y caótico se trata de un compuesto integrado con partes de cualquier cosa, de las cuales sólo algunas son esenciales para el organismo. Por consiguiente, según los evolucionistas es de suponer que hay una gran cantidad de ADN inútil.

Pero si consideramos que los organismos han sido diseñados, contamos con descubrir la función de cada parte del ADN. Y justamente los últimos hallazgos sugieren que decir que cuenta con componentes que son “basura”, no hace más que esconder nuestra ignorancia actual de la función que cumplen. Por ejemplo, en un reciente ejemplar de Revista de Biología Teórica, John Bodnar describe cómo “el ADN no codificado en el genoma contiene un lenguaje que programa el crecimiento y desarrollo del organismo”. El diseño alienta a los científicos a descubrir nuevas funciones allí donde los evolucionistas pierden el interés...

Admitir el diseño en el mundo de la ciencia sólo puede enriquecer el emprendimiento científico. Todos los elementos e instrumentos verdaderos de la ciencia quedan intactos, pero el diseño suma una nueva herramienta al arca de las que ya disponen los científicos. Además, una vez que admitimos el diseño, se abre a la investigación un conjunto de cosas al querer saber cómo fueron producidas, su grado de optimización y el propósito que tienen28.

Obviamente, ser consciente de que lo viviente ha sido creado por Dios abre nuevos caminos a la ciencia y también contribuye a un mejor entendimiento de la naturaleza.

Sin embargo, los científicos materialistas que niegan el poder creativo de Dios, suponen que todas las formas de vida sobre la Tierra pasaron a existir debido a eventos casuales. Para esa gente, la existencia de “diseños aberrantes” o “elementos innecesarios” es absolutamente natural en un universo que es producto de la casualidad. Este punto de vista anómalo, mantenido a lo largo de los años, motivó que muchos estudiosos interpreten la realidad de modo incorrecto e impidió nuevos descubrimientos. Por ejemplo, un científico materialista que examina una pluma de ave y observa su estructura asimétrica, determina que esa configuración es producto del azar. Por consiguiente, no se ve motivado a estudiarla. En cambio, el científico que acepta que Dios es el creador de cada forma de vida con el diseño absolutamente adecuado a un propósito específico, entiende que las características asimétricas de las plumas son una cualidad importante digna de investigarse. Al iniciar el trabajo con dicha premisa, descubrirá enseguida que esa forma asimétrica es necesaria para el vuelo y que las aves con plumas simétricas son incapaces de volar.

Este tipo de situación es común en el mundo de la ciencia. Los que estudiaron a las abejas tuvieron una experiencia similar. Por ejemplo, al calcular los ángulos que forman las uniones de las celdillas del panal, determinaron que dos de ellos diferían de lo óptimo en dos minutos de grado (las medidas indicaban que esos ángulos eran de 109º 28’ y 70º 32’, en tanto que por medio de un cálculo muy complicado el matemático Konig determinó que los ángulos óptimos debían ser 109º 26’ y 70º 34’). Los científicos que trabajaban en el tema llegaron a la conclusión de que las abejas cometían ese desliz mínimo. No obstante, el matemático escocés Colin Maclaurin (1698-1746) no quedó satisfecho con esa explicación, estudió de nuevo el tema y demostró que las tablas de logaritmos usadas estaban mal impresas y eran las responsables de esa diferencia29. ¡De esta forma se supo que los cálculos hechos por las abejas eran los correctos y que los ángulos que determinaron eran los óptimos!

Una persona consciente de que Dios crea todo lo viviente de modo perfecto, nunca supone que exista una aberración en el diseño de cualquier objeto de la naturaleza. Sabe que cada detalle es creado por Dios con un propósito específico.

Otro concepto erróneo al que adhieren los científicos que no admiten la creación perfecta de Dios, también está relacionado con las abejas. El ejemplar de la revista New Scientist del 12 de octubre de 1996 contiene un artículo en el que Ben Crystall sostiene que las abejas baten las alas excesivamente y por consiguiente su vuelo es deficiente. Manifiesta que el aleteo unas veces es más rápido que otras, pero siempre vuelan a la misma velocidad, por lo que en determinados momentos derrochan energía sin sentido. Para el autor de la nota se trata de una falla en el diseño.

El tema fue estudiado por un equipo conducido por Jon Harrison de la Universidad Estatal de Arizona y sus resultados publicados en la revista Science (1996, vol. 274, p. 88). Allí sugiere que hay buenas razones para explicar las diferencias en las frecuencias del aleteo de las abejas. Se les controló la temperatura corporal, la velocidad con que movían las alas y la tasa metabólica cada vez que cambiaba la temperatura ambiente. Se observó que al aumentar ésta de 20°C a 40°C, la frecuencia del aleteo decrecía. La investigación reveló que las abejas baten las alas con una frecuencia menor en ambientes cálidos y con una mayor en los fríos, manteniendo siempre la misma velocidad de vuelo. Se descubrió entonces que el aleteo con una mayor frecuencia en los ambientes fríos se realiza para generar calor y mantener el cuerpo y la colmena a las temperaturas adecuadas. Es decir, hace poco se supo que las alas de las abejas cumplen dos funciones: sirven para el vuelo y para producir calor.

Otra falacia presentada por los evolucionistas que no admiten que Dios creó todo lo viviente de modo perfecto y en las formas que conocemos, es la teoría de los “órganos atrofiados”. Puesto que suponen que todas las criaturas evolucionan de un predecesor por casualidad, creen en la existencia de “órganos no funcionales” heredados de ancestros y que con el paso del tiempo se atrofiaron debido a que no se los usaba. En la medida en que la ciencia progresó, se comprendió que esos órganos resultaban vitales para el cuerpo. La mejor demostración de lo incorrecto de la premisa inicial, que obstaculizó el progreso de la ciencia, se encuentra en la gradual reducción de la larga lista de los supuestos “órganos atrofiados”. El evolucionista S. R. Scadding concuerda con esa realidad en un artículo publicado en la revista Evolutionary Theory, titulado ¿Pueden los Organos Atrofiados Constituir una Evidencia de la Evolución? Dice allí: Puesto que no es posible aceptar una interpretación ambigua de estructuras inútiles y que la estructura del argumento usado no es válida científicamente, concluyo que los “órganos atrofiados” no proveen ninguna evidencia sustantiva para la teoría de la evolución30.

La lista de los “órganos atrofiados” compilada por el anatomista alemán R. Wiedersheim en 1895 comprendía alrededor de cien, incluidos el apéndice y el coxis. Con el avance de la ciencia esa lista empezó a disminuir, además de descubrirse que los mismos cumplían funciones muy importantes. Por ejemplo, se descubrió que el apéndice, considerado un “órgano atrofiado”, en realidad es un órgano linfóideo que combate las infecciones. También se descubrió que las amígdalas, incluidas en la misma lista, cumplen un papel importante en la protección de la garganta de las infecciones, especialmente hasta la adolescencia. Se descubrió asimismo que el coxis, ubicado en el extremo inferior de la columna vertebral, sostiene los huesos alrededor de la pelvis a la vez que es punto de convergencia de algunos músculos pequeños. Más adelante se llegó a comprender que el timo incentiva el sistema inmunológico del cuerpo humano activando las células T; que la glándula pineal es la encargada de segregar hormonas importantes; etc. De ese modo, poco a poco se descubrieron las funciones de los supuestos “órganos no funcionales”. Darwin consideraba que el pliegue semicircular en el ojo era un “órgano atrofiado”, pero resultó ser el encargado de limpiar y lubricar las cejas.

Todos los ejemplos dados apuntan a una realidad: para que la investigación científica sea efectiva y expeditiva, se debe cimentar en premisas correctas. Dios creó todo con un propósito y con un diseño perfecto e inimitable. Por consiguiente, el objetivo último del estudioso de la naturaleza debería ser descubrir las particularidades de esa perfección en todo lo analizado y averiguar el sentido oculto en cada fenómeno que percibe.

 

Los Efectos Negativos que Sufren los Científicos Ateos

y Evolucionistas al Saber que Realizan Esfuerzos Vanos

 En realidad, el conducir investigaciones y estudios dilatados de hipótesis inciertas y falaces, es emocionalmente agotador para los evolucionistas. Cuando llegan a comprender que esos trabajos a los que dedicaron sus vidas son insubstanciales e inservibles, les invade la desesperación. La investigación científica requiere una gran disciplina y disposición al sacrificio. Realizar prolongados experimentos de laboratorio en función de premisas que se sabe no llevan a ninguna parte y descubrir en definitiva que lo único correcto es exactamente lo opuesto a la hipótesis que se quiere demostrar, es algo que realmente trastorna a cualquiera.

El conocido bioquímico norteamericano Michael Behe sostiene la invalidez científica del darwinismo en su libro La Caja Negra de Darwin y describe la psicología de los científicos evolucionistas confrontados con la realidad del “diseño” de la célula: La bioquímica moderna ha descubierto los secretos de la célula en las últimas cuatro décadas. El progreso ha sido ganado a un alto costo, pues requirió decenas de miles de personas que dedicasen la mejor parte de sus vidas al trabajo tedioso de laboratorio... El corolario de esos esfuerzos acumulados para investigar la célula, es decir, para estudiar la vida a nivel molecular, es una clara y penetrante exclamación: “¡diseño!”. Dicho resultado es tan indiscutible y significativo que puede ser considerado uno de los más grandes logros en la historia de la ciencia, triunfo que debería evocar la exclamación de “¡Eureka!” en decenas de miles de gargantas. Pero no se ha destapado ninguna botella ni las manos han aplaudido... Por el contrario, un silencio desconcertante, curioso e incómodo rodea la severa complejidad de la célula. Cuando el tema se trata en público, la gente arrastra las suelas de los zapatos por el piso y tiene una respiración agitada. En privado esas mismas personas se muestran más relajadas y muchas admiten explícitamente lo obvio, pero después bajan la mirada, sacuden la cabeza y siguen como antes. ¿Por qué la comunidad científica no abraza con orgullo su magnífico descubrimiento? ¿Por qué la comprobación de una creación con un propósito o intención es tratada con tantos miramientos intelectuales? El dilema es que si a una parte del elefante se la etiqueta como creada por un designio inteligente, la otra parte debe ser etiquetada (con el nombre del creador, es decir) Dios31.

Algunos evolucionistas de la comunidad científica han reconocido la desesperación que sufren. Por ejemplo, el paleontólogo Dr. Colin Patterson, Director del Museo Británico de Historia Natural y autor del libro Evolución, hizo un conocido comentario durante la inauguración del Museo de Historia Natural de Nueva York: La pregunta es: ¿pueden decirme algo acerca de la evolución, aunque más no sea una sola cosa, que sea verdad? Hice esta pregunta al grupo de geólogos del Museo Field de Historia Natural y la única respuesta que obtuve fue el silencio... Entones desperté y me di cuenta que viví engañado al tomar al evolucionismo, de una u otra manera, como la verdad revelada32.

En otra parte del mismo discurso también señaló: Una de las razones por la que comencé a tener este criterio antievolucionista, o digamos, no evolucionista, fue que el año pasado y de modo repentino, comprendí que si bien pensaba que durante veinte años trabajé sobre el tema de la evolución, no era así. Algo sucedió una noche pues al despertarme a la mañana siguiente percibí que en todo este tiempo no llegué a conocer nada sobre la misma. Es una verdadera conmoción enterarse de que uno puede estar tan extraviado33.

El doctor N. Heribert-Nilsson, evolucionista y director del Instituto de Botánica de la Universidad de Lund en Suecia, confesó haber derrochado más de cuarenta años para nada: Mi intento por demostrar la evolución a través de un experimento llevado a cabo durante más de cuarenta años, ha fracasado completamente34.

Estos ejemplos evidencian que la ciencia se ha perjudicado en la medida en que sus operadores se enfrascaron en una teoría falsa. Con el objeto de apoyar el mito de la evolución durante decenios, se han desperdiciado en una aventura espuria, el conocimiento, el tiempo, las energías, el trabajo y las pruebas de laboratorio de miles de científicos, así como la dedicación del personal auxiliar y los recursos financieros.

Lo que es peor, no sólo los científicos de hoy sino hasta el mismo Darwin, fundador de la teoría, se lamentaron muchas veces por “perder el tiempo inútilmente” en algo con lo que “finalmente se verían decepcionados”. Darwin habló muchas veces de sus temores en tal sentido en los artículos que escribía o en las cartas a sus amigos. En una de esas notas confiesa que en la naturaleza no hay ninguna evidencia que sustente su teoría: Toda la naturaleza es perversa y no se comportará como yo deseo35.

Su falta de seguridad se manifiesta también en otro párrafo: A pesar de todo, dudo de que valga la pena consumir tanto tiempo en el trabajo (de escribir El Origen de las Especies)36.

Obviamente, si una teoría falaz es defendida solamente por razones ideológicas, también causa angustia y desesperación en quienes la proponen. Estas son las consecuencias inevitables de colocar a la ciencia en un curso erróneo.

 

Los Daños Que Causaron a la Ciencia los Fraudes Evolucionistas

Los evolucionistas, incapaces de encontrar evidencias que respalden su teoría, de vez en cuando engañaban a la humanidad distorsionando sus hallazgos. La más evidente de esas falsificaciones fue la del Hombre de Piltdown. Al no poder hallar fósiles semihumanos-semimonos, cuya existencia afirmaban, decidieron fabricarlos. Montaron la mandíbula de un orangután en un cráneo humano y le dieron apariencia antigua tratándolo con sustancias químicas. Durante muchos años lo exhibieron en el museo más famoso del mundo como “un antepasado del ser humano”. El evolucionista F. Clark Howell describe el perjuicio que causó a la ciencia dicho engaño: Descubierto en 1953, Piltdown no es otra cosa más que una mandíbula de simio montada en un cráneo humano. Se trata de un engaño con una finalidad... Declararon que cada parte era intermedia entre el ser humano y el mono y establecieron que tenía una antigüedad de quinientos mil años. Se le dio un nombre (Eoanthropus Dawsoni u Hombre del Amanecer) y se escribieron alrededor de quinientos libros acerca del “hallazgo”, que engañaron a los paleontólogos durante cuarenta y cinco años37.

Las palabras de este científico son en verdad admirables. Una pieza falsa de algo llamado “evidencia” engañó a los científicos de todo el mundo durante cuarenta años. El hecho de que se escribiesen quinientos libros sobre el tema de un cráneo fraudulento habla acerca del gran esfuerzo sin sentido.

Ernest Haeckel, perpetrador de otro fraude evolucionista, no sólo confesó su falsificación sino que también se refirió a las distorsiones hechas por sus colegas para perpetuar sus diversas ideologías: Después de esta comprometedora confesión de “fraude” debería considerarme condenado y aniquilado si no tuviera la consolación de ver en la lista de culpables junto a mí a cientos de mis colegas, entre ellos muchos de los más confiables investigadores y estimados biólogos. La gran mayoría de los diagramas en los mejores textos de biología, tratados y revistas incurrirían en el mismo delito, porque todos ellos son inexactos y en una u otra medida tratan temas adulterados, urdidos y fabricados38.

Los intentos de realizar observaciones, experimentos e investigaciones que justifiquen el evolucionismo, el encubrimiento de la verdad o su presentación distorsionada, han sido, ciertamente, un gran obstáculo para el progreso de la ciencia. El escritor evolucionista W. R. Thompson lo admitió, aunque de manera indirecta: Para la ciencia es anormal e indeseable esta situación en la que los estudiosos se unen para defender una doctrina que no pueden definir y mucho menos demostrar con rigor científico, a la vez que intentan mantener su reputación a través de la supresión de la crítica y la eliminación de las realidades que les ponen en aprietos39.

Lo más interesante es que todos los estudios y experimentos que hicieron los interesados en demostrar el evolucionismo, resultaron en definitiva evidencias que respaldan la Creación.

 

Los Descubrimientos Científicos Demuestran Siempre el Hecho

de la Creación Aunque a los Evolucionistas no les Guste

 Como mencionamos al comienzo de este capítulo, cuando la ciencia es guiada por ideologías erróneas, el tiempo, el dinero y el trabajo se derrochan inútilmente. La ciencia ha estado bajo la influencia de los materialistas desde el siglo XVIII y casi todas las investigaciones tenían por objeto proveerle de fundamentos científicos a su filosofía. Por consiguiente, resultaba casi obligatorio ocultar la verdadera evidencia científica o presentarla distorsionada.

Lo que resulta más interesante aún es que cada estudio y experimento hecho por los evolucionistas para demostrar la validez de su teoría, brindó más evidencias a favor de la Creación. La ciencia resulta relativamente simple y sin problemas para quienes creen en la existencia de Dios. Investigar un fenómeno conocido y desentrañar cómo se produce no es conflictivo para los científicos aunque sea muy laborioso y absorbente. Pero si lo que hay que hacer, como ellos mismos certifican, es buscar evidencia que no existe, se enfrentan a algo tedioso” y “aburrido”.

Uno de los ejemplos más evidentes de esto se encuentra en los descubrimientos paleontológicos que corresponden al Período Cámbrico, acontecido hace 550 millones de años. De allí no sólo provienen las primeras formas de vida en la Tierra, sino que las mismas aparecen completamente desarrolladas y con sistemas complejos. Por ejemplo, una criatura ya extinta llamada Trilobite, poseía una estructura ocular complicada compuesta de cien lentes, similar a la de la libélula. Lo que resulta “traumático” para los evolucionistas es que esas formas de vida aparecen en dicha época de improviso y sin ancestros, cosa que apunta claramente a la Creación como su generadora. Lo expresado por el investigador evolucionista y conocido zoólogo británico Richard Dawkins, confirma que los descubrimientos científicos respaldan el creacionismo: Por ejemplo, los estratos del Cámbrico, con una antigüedad de 600 millones de años, son los primeros en albergar la mayoría de los grupos invertebrados más grandes. Y encontramos que muchos de ellos, que surgen por primera vez, ya lo hacen en una etapa de evolución avanzada, como si hubiesen sido plantados allí, sin una historia evolutiva. No hace falta decir que esa apariencia de haber sido instalados allí de modo repentino ha puesto contentísimos a los creacionistas40.

Este estado de “incertidumbre” en el campo de la paleontología es uno de los atolladeros más graves que entrampa a la teoría evolucionista. Como venimos repitiendo, los investigadores darwinistas han invertido durante decenios sus mejores esfuerzos en la búsqueda de formas transitorias (es decir, supuestas criaturas con características de dos especies distintas) que evidenciarían la existencia de la evolución. No obstante, nunca han logrado resultados concretos porque ese tipo de criaturas nunca existieron en la Tierra. El paleontólogo evolucionista Mark Czarnecki hizo el siguiente comentario acerca de esa búsqueda infructuosa: El mayor problema en lo que hace a la comprobación de la teoría de la evolución se ubica en los registros fósiles, es decir, los restos de especies extintas preservadas en las formaciones geológicas de la Tierra. Esos registros nunca han revelado indicios de las hipotéticas variantes intermedias sino que, por el contrario, las especies aparecen y desaparecen abruptamente. Se trata de una anomalía que ha alimentado el argumento creacionista que sostiene que cada especie ha sido creada por Dios41.

Al leer entre líneas manifestaciones como las arriba expresadas, se nos revela que todos los esfuerzos por encontrar alguna justificación científica al evolucionismo no sólo han sido vanos, sino que cada estudio emprendido con el objetivo de demostrar que todo pasó a existir por casualidad apunta a una verdad irrefrenable: todo lo viviente es creado sin tacha por Dios, el Señor de los cielos y de la tierra.

 

Conclusión

Nuestro entorno inmediato y el universo en el que vivimos rebosa de signos de la Creación, los cuales, indicativos de la existencia de Dios y de Su conocimiento supremo, están implícitos en la fascinante estructura de un mosquito, en el arte glorioso del plumaje de un pavo real, en los sistemas complejos y perfectos de órganos como el de la vista y en millones de otras formas presentes.

El científico que sostiene que la Creación es una realidad, ve la naturaleza desde esta perspectiva y obtiene una gran satisfacción en cada observación que realiza y en cada experimento que conduce y le sirve de inspiración para profundizar sus estudios.

Por otra parte, creer en un mito como el de la evolución y adherir al mismo, a pesar de los descubrimientos de la ciencia, concluye en un estado emocional de desesperanza: la armonía del universo y el diseño de las criaturas vivientes se convierten, más bien, en una fuente de problemas. Las siguientes palabras de Darwin nos brindan una muestra de los sentimientos de la mayoría de los evolucionistas: Recuerdo bien el tiempo cuando el pensar en la estructura del ojo me daba escalofríos. Pero he ido más lejos en la desazón... y ahora particularidades pequeñísimas de su estructura me ponen a menudo muy incómodo. ¡Me enfermo cada vez que miro una pluma en la cola del pavo real!42.

Las plumas del pavo real, como así también otros incontables signos de la creación en la naturaleza, continúan desconcertando a los evolucionistas. Tratando de ignorar estas verdades, desarrollan ideas ambivalentes acompañados por un estado mental de negación. Un buen ejemplo de esto es el caso del prominente evolucionista Richard Dawkins, quien llamó a los cristianos a que no supusieran haber sido testigos de un milagro aunque viesen que la estatua de la Virgen María moviese las manos. Según Dawkins, quizás todos los átomos de los brazos de la estatua se movieron en la misma dirección al mismo tiempo, algo que es poco probable pero no imposible43.

Si se quiere ayudar al progreso de la ciencia hay que dejar a un lado a quienes sostienen esas ideas superadas del siglo XIX y hacer que ocupen su lugar las realidades que se constatan.

 

 EXISTE UNA CONCORDANCIA PERMANENTE

ENTRE LA RELIGION Y LA CIENCIA

 

Los materialistas, en un intento por ocultar sus fracasos científicos, recurren a menudo a distintos métodos propagandísticos. La mayoría se basan en la utilización hasta el hartazgo, generalmente en las publicaciones materialistas, del supuesto conflicto entre religión y ciencia. Son historietas que buscan meter en el lector desprevenido la idea de que a lo largo de los siglos la religión a estado siempre en contra de la ciencia y que ésta puede progresar solamente si la primera es desechada.

Sin embargo, un rápido repaso de la historia de la ciencia será suficiente para poner de relieve la falsedad de dicha afirmación.

Al observar la historia del Islam vemos que la ciencia se introduce en el Medio Oriente junto con el Corán. Los árabes preislámicos creían en todo tipo de supersticiones y rumores, pero jamás investigaron el universo y/o la naturaleza. A partir del Islam esta comunidad se civilizó y empezó a considerar valioso el conocimiento científico. El acatamiento los mandamientos coránicos dio inicio a la observación del mundo circundante. No sólo los árabes sino muchos otros pueblos, como los persas, turcos y norafricanos, se convirtieron en cultos e instruidos después de abrazar el Islam. El recurrir a la razón y a la observación, como aconseja el Corán, fue lo que dio nacimiento a la gran civilización de los siglos IX y X. Muchos científicos musulmanes que vivieron en ese período hicieron descubrimientos significativos en una serie de disciplinas, como la astronomía, las matemáticas, la geometría y la medicina.

La importancia que el Islam da al saber también es obvia en los hadices (tradiciones) del Profeta, el Mensajero de Dios (BP). Un gran número de ellos alientan a los musulmanes a buscar el conocimiento y diseminarlo. Veamos algunos.

A quien transite el sendero de la búsqueda del saber, Dios lo conduce luego al sendero que lleva al Jardín (el Paraíso)... Los sabios son los herederos de los profetas, porque cuando éstos parten al otro mundo no dejan como herencia caudales (de oro y plata) sino de conocimiento. En consecuencia, cualquiera que adquiera algo de erudición logrará un beneficio abundante44.

El creyente nunca se sacia del saber provechoso y seguramente continuará adquiriéndolo hasta que muera y se dirija al Paraíso45.

Se narra que el Profeta (BP) tenía por costumbre decir antes de la oración del amanecer: ¡Oh Dios!, Te pido conocimiento beneficioso, acciones aceptables (por Ti) y buena disposición46.

Andalucía jugó un papel importante en la transmisión del conocimiento científico a Europa, como así también en dar a luz a un gran número de investigadores. Además fue un crisol de descubrimientos revolucionarios y progreso en la materia, en particular en el campo de la medicina. Los médicos musulmanes de aquella época no se centraban en una sola materia o asunto sino que llevaban a cabo estudios en un gran número de especialidades, incluidas la farmacología, la cirugía, la oftalmología, la ginecología, la fisiología, la bacteriología y la higiene. Recordemos a algunos de los galenos más conocidos de aquel tiempo.

Ibn Juljul (¿-992) realizó estudios intensivos sobre hierbas medicinales y escribió mucho sobre la historia de las mismas y de la medicina. Abu Ja’far ibn al-Jazzar (¿-1009) de Túnez, dominaba la ciencia de la terapia con drogas para el tratamiento de enfermedades y síntomas específicos. Es autor de más de treinta libros. Abd al-Latif al-Baghdadi (1162-1231) es conocido por sus estudios de anatomía. Corrigió los errores cometidos en los estudios de anatomía anteriores respecto de muchos huesos, como la mandíbula y el esternón. Su libro Al-Ifade ve’l Itibar fue reimpreso en 1788 y traducido al latín, alemán y francés. Otra obra suya, Makalatun fi’l Havas es un tratado sobre los cinco sentidos.

Los anatomistas musulmanes determinaron correctamente el número de huesos del cráneo humano y descubrieron los tres huesecillos del oído medio. Uno de los líderes en el estudio de la anatomía fue Ibn Sina (980-1037), conocido como Avicena en occidente. Era una persona muy conocida desde joven no sólo en oriente sino también en occidente e instruida en literatura, matemáticas, geometría, física, ciencias naturales, filosofía y lógica. Su trabajo más popular y escrito en árabe, al-Qann fi al-Tibb (El Canon, para los occidentales), trata de enfermedades y drogas de manera sistemática. Luego de ser traducido al latín en el siglo XII, se convirtió en el libro de texto de las escuelas de Europa hasta el siglo XVII y aún es válida una gran parte del conocimiento médico allí expuesto. También escribió unos cien libros más de filosofía y ciencias naturales.

Zakariya Qazwini se opuso a muchas creencias erradas acerca del corazón y el cerebro que venían siendo aceptadas desde la época de Aristóteles. Lo que brindó como conocimiento de ambos órganos es bastante parecido a lo que se sabe hoy día.

Los estudios de anatomía de Zakariya Qazwini, Hamdullah al-Mustaufi al-Qazwini (1281-1350) e Ibn al-Nafis, establecieron los fundamentos de la medicina moderna. Estos científicos demostraron en los siglos XIII y XIV una serie de cosas: las conexiones existentes entre el corazón y los pulmones, que las arterias transportan sangre oxigenada y las venas sangre sin oxígeno, que la sangre se oxigena en los pulmones y es transportada del corazón al cerebro y otros órganos del cuerpo a través de la aorta.

Ali Bin Isa (¿-1038) escribió Tezkiratu’l Kahhalin fi’l Ayn y Emraziha en tres tomos, los cuales se ocupan de enfermedades oftalmológicas. El primero está dedicado totalmente a la anatomía del ojo e incluye información muy detallada. Toda la obra fue traducida al latín y al alemán.

Muhammad ibn Zakariyya ar-Razi (Rhazes) (865-925), Burhan al-din Nafis (¿-1438), Ismail Jurjani (¿-1136), Qutb al-Din al-Shirazi (1236-1310), Mansur ibn Muhammad y Abu al-Qasim al-Zahrawi (Albucasis), fueron otros de los científicos musulmanes distinguidos por sus aportes a la medicina y a la anatomía en particular.

A los citados se suman bastantes más que hicieron grandes contribuciones a diversas disciplinas. Por ejemplo, al-Biruni descubrió 600 años antes que Galileo que la Tierra rotaba sobre su propio eje y determinó su circunferencia 700 años antes que Newton. Fue Ali Kushchu, un científico del siglo XV, el primero en hacer un mapa de la Luna. Por este motivo una región de nuestro satélite lleva su nombre. Thabit ibn Qurrah (Thebit), del siglo IX, inventó mucho antes que Newton el cálculo diferencial. Battani, estudioso del siglo X, desarrolló por primera vez la trigonometría. Abul Wafa Muhammad al-Buzjani introdujo en la trigonometría el concepto de “tangente-cotangente, secante-cosecante”. Al-Khwarizimi escribió el primer libro de álgebra en el siglo IX. Al-Maghribi determinó la ecuación conocida en la actualidad como triángulo de Pascal, 600 años antes que éste. Ibn al-Haitham (Alhazen) fue el fundador de la ciencia óptica y vivió en el siglo XI. Roger Bacon y Kepler utilizaron sus trabajos y Galileo inventó el telescopio gracias a sus contribuciones. Al-Kindi (Alkindus) introdujo la física relativa y desarrolló la teoría que Einstein denominó de la relatividad, pero 1100 años antes. Shams al-Din, que vivió 400 años antes que Pasteur, fue el primero en descubrir la existencia de los gérmenes. Ali ibn al-Abbas, del siglo X, fue el primero en realizar una cirugía en un paciente oncológico. En el mismo siglo Ibn el Jessar presentó las causas y método de tratamiento de la lepra.

En resumen, los científicos musulmanes, algunos de los cuales mencionamos aquí, hicieron descubrimientos y aportes importantes que pusieron los cimientos de la ciencia moderna. Y al observar a ésta en la civilización occidental, vemos que sus promotores tenían una profunda fe en Dios. En el siglo XVII --conocido como la Epoca de la Revolución Científica-- abundan los estudiosos cuyo objetivo principal era explorar el universo y la naturaleza creados por Dios. Todos los institutos en la materia establecidos en distintos países, como Inglaterra y Francia, tenían como objetivo principal “acercarse a Dios a través del conocimiento de Sus leyes”. La misma línea de pensamiento se observó en el siglo XVIII. Los científicos occidentales devotos de Dios que hicieron contribuciones significativas son muchos y entre ellos podemos mencionar a Newton, Kepler, Copérnico, Bacon, Galileo, Pascal, Boyle, Paley y Cuvier. (Para mayor información ver el capítulo CIENTIFICOS DE FE).

Los antes mencionados creían en Dios y realizaban sus trabajos con la inspiración que les daba la fe. Uno de los mejores indicios de esto lo encontramos en Los Tratados de Bridgewater, una serie de publicaciones inglesas de principios del siglo XIX. Un grupo de investigadores desarrolló sus estudios en varias disciplinas puntualizando que su objetivo era analizar “los signos de la armonía y el orden con los que Dios creó el universo en general y la naturaleza en particular”. Esa gente empleó el método al que se denominó “Teología Natural”, es decir, aquel por el cual “a Dios se conoce a través de la naturaleza”.

El trabajo precursor de Los Tratados de Bridgewater fue el libro de William Paley Teología Natural: Evidencia de la Existencia y Atributos de Dios Reunidos de lo Que se Presenta en la Naturaleza. Se lo publicó en 1802 y Paley aporta ejemplos que demuestran que lo viviente obedece a un diseño consciente, a la vez que exhibe un amplio conocimiento de anatomía.

Tomando como ejemplo el trabajo de Paley, se convocó a todos los miembros nominados de la Sociedad Real de Londres para redactar, imprimir y distribuir un trabajo que debía titularse Acerca de Cómo se Manifiesta en la Creación el Poder, Sabiduría y Bondad de Dios. A ese objeto deben valerse de todo argumento razonable, como ser la variedad y disposición de lo que Dios creó en los reinos animal, vegetal y mineral; los efectos de la digestión y de la transformación (de lo ingerido); las cosas que construyen las manos humanas; etc. También pueden echar mano a los descubrimientos antiguos y modernos en las artes y la ciencia y a toda la literatura moderna.

Fueron muchos los científicos que se presentaron a esa convocatoria para explorar los signos de la existencia de Dios, lo que dio como resultado estudios muy valiosos, que mencionamos a continuación:

1) La Adaptación de la Naturaleza a la Constitución Moral e Intelectual del Ser Humano, de Thomas Chalmers, 1833.

2) Química, Meteorología y Absorción, de William Prout, (Médico), 1834.

3) Historia, Hábitos e Instintos Animales, de William Kirby, 1835.

4) La Mano, Demostración de un Diseño, de Sir Charles Bell, 1837.

5) Geología y Mineralogía, de Dean Buckland, 1837.

6) La Adaptación de la Naturaleza a la Condición Física del Ser Humano, de J. Kidd (Médico), 1837.

7) Astronomía y Física Generales, por el Doctor William Whewell (Médico), 1839.

8) Fisiología Animal y Vegetal, de P. M. Roget (Médico), 1840.

La publicación Los Tratados de Bridgewater es sólo un ejemplo del encuentro entre religión y ciencia. El mayor incentivo, antes y después de este tipo de trabajo, era conocer el universo que Dios creó, con lo que a la vez se percibía mejor su Omnipotencia.

La desviación de la comunidad científica de dicho curso inicial reside en la predominancia de la filosofía materialista en la cultura occidental en el siglo XIX, debido a ciertas condiciones políticas y sociales. Ese proceso alcanza su más plena expresión en la teoría de la evolución de Darwin, lo que culminó en una abierta contradicción con la visión precedente en lo que hace a la presentación de la ciencia y de la religión como dos fuentes de conocimiento en conflicto acerbo.

Los investigadores británicos Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln comentaron al respecto: Para Isaac Newton, un siglo y medio antes que Darwin, la ciencia no estaba divorciada de la religión. Por el contrario, en última instancia era un aspecto de la religión al servicio de ella... Pero la ciencia de la época de Darwin sí se divorció del contexto en el que funcionaba y se estableció como rival absoluta de la religión: pasó a ser una alternativa de ésta con criterios de nuevo cuño. Como resultado, ambas ya no trabajaron más al unísono sino confrontando, y la humanidad se vio forzada a tomar partido por una u otra47.

Hoy día, sin embargo, ese conflicto inventado entre religión y ciencia es contradictorio con los descubrimientos científicos: en tanto que la religión nos enseña que lo viviente fue creado por Dios, la ciencia halla las pruebas de ello. La religión enseña que Dios creó todo lo existente y los investigadores proveen las evidencias cuando analizan el diseño sin par de cada criatura, cosa o proceso. Señala Michael Denton al final de su libro El Destino de la Naturaleza: La ciencia, gran aliada del materialismo y del escepticismo durante siglos, ha resultado finalmente, en los últimos días del segundo milenio, lo que Newton y muchos de sus primeros patrocinadores habían deseado con fervor, es decir, defensora de la fe en Dios, tomando al ser humano como Su creación superior48.

El restablecimiento del criterio mencionado y del que la ciencia se había apartado, ayudó a un creciente número de científicos a fortalecer su creencia en Dios. De esto se ocupa el conocido químico Michael Behe cuando dice: Dicho sea de paso, los científicos que creen en Dios o en la existencia de una realidad más allá de la naturaleza, son muchos más de lo que los medios de comunicación nos quieren hacer creer. No hay ninguna razón para no admitir que estos estudiosos son parte del 90% de la población mundial que, según las estadísticas, acepta la existencia de Dios49.

Al verse confrontados los materialistas por la conclusión a la que llegó la ciencia, lo único que pueden hacer es recurrir a ciertas tácticas e intimidar al resto de la comunidad científica con el objeto de mantener sus puntos de vista: un investigador debe cumplir ciertos requisitos para ser promovido, recibir el doctorado o conseguir que le publiquen sus artículos en las revistas de ciencia. El primero y más importante es aceptar de manera incondicional la teoría de la evolución. Algunos se ven forzados a hacerlo, aunque en realidad rechazan ese mito.

El sociólogo Rodney Stark de la Universidad de Washington señala la presión que sufren los científicos en un artículo titulado Los Científicos y la Religión en Norteamérica, el cual apareció en setiembre de 1999 en la revista Scientific American: Durante 200 años se ha divulgado que si uno quiere ser científico tiene que mantener la mente libre de los grilletes de la religión... La gente religiosa que se dedica a la investigación mantiene la boca cerrada en el ambiente universitario. Pero la no religiosa discrimina a los creyentes. En los rangos más altos existe un sistema de recompensas para los antirreligiosos50.

Otra faceta de esa lucha sistemática promovida contra el pensamiento religioso es el uso de lemas antitéticos, como ser, “la religión se opone a la ciencia” o “la ciencia debe ser materialista”. Veamos ahora porqué estamos ante posturas ilógicas e insostenibles.

 

 La Reacción de la Iglesia Medieval en Contra de los Científicos

Los círculos ateos generalmente usan como un arma para atacar a la religión las prácticas erráticas y retrógradas de la Iglesia Medieval. Dicen que ésta retardó el progreso de Europa y la llevó a una miseria aguda. En esa afirmación está implícito el esfuerzo artero por asociar una institución en particular con la religión en general y por hacer creer que “si la religión prevalece nos veremos sepultados en el oscurantismo de la Edad Media”. Pero lo real es que la religión auténtica nunca se expresa en las prácticas u orden retrógrado de las jerarquías de cualquier confesión.

Si el caso es que la Iglesia Católica, gobernada por un clero que servía a los intereses de unos pocos, adoptó algunas prácticas contrarias a la religión debido a que abandonó la revelación auténtica proclamada por el Profeta Jesús, es indudable que la ciencia habrá sufrido un gran daño al verse divorciada de la fuente divina. Pero se tratará de un caso particular, es decir, no atribuible a la religión per se. Por ejemplo, el Islam no se basa en la superstición de un clero sino solamente en la Palabra de Dios expresada en el Corán, aunque haya musulmanes supersticiosos.

Un ejemplo interesante que evidencia que la intolerancia no tiene nada que ver con la fe, es que científicos como Galileo, presionados o amedrentados por alguna institución, eran personas devotas que no renunciaban para nada a su fe religiosa. (En la segunda parte de este libro veremos con más detalles la creencia de ciertos científicos). Es decir, la presión de las jerarquías religiosas no es consecuencia de la fe sino, en todo caso, de la distorsión de la religión.

 

La Crítica Basada en la Torá y en el Evangelio

Una serie de materialistas, interesados en presentar a la religión y a la ciencia como enemigas, no sólo citan ejemplos de las prácticas de la Iglesia Católica, sino también pasajes específicos de la Torá y del Evangelio para demostrar cómo contradicen los descubrimientos científicos. No obstante, hay una realidad a la que desprecian o pretenden ignorarla: ambos textos deben sus contradicciones a que están alterados debido a que incluyen muchas supersticiones de los humanos. Por consiguiente, no se los puede tomar como fuentes de referencia básica respecto a una serie de cuestiones.

Pero el Corán, otra revelación de Dios, no ha sido alterado ni siquiera en una sola letra, motivo por el cual no hay ningún error o contradicción en él. Todos los hechos que el Corán anuncia corren paralelos con los descubrimientos científicos. Además, muchos datos producto de las investigaciones y desentrañados en nuestros días, ya estaban hace 1400 años en el Libro de los musulmanes. Esto se puede considerar un milagro, una prueba definida de que el Corán es la palabra de Dios. (En los próximos capítulos describiremos algunos de los descubrimientos científicos a los que el Corán ya se había referido).

Al ser los materialistas conscientes de esto y no poder citar algún versículo coránico como ejemplificación de sus críticas, se valen sólo de la Torá y el Evangelio para dar rienda suelta a sus posiciones antirreligiosas.

 

 La Demanda de que “La Ciencia Debe Ser Materialista”

Otro elemento de propaganda usado por ciertos círculos de la ciencia es algo repetido hasta el cansancio: “como la investigación científica se ocupa sólo de la materia, debe ser materialista”.

Pero lo dicho no se trata más que de un juego de palabras, cosa que cualquiera que medite un poco lo percibirá. Es verdad que los estudios científicos se ocupan sólo de la materia, pero esto no implica que los involucrados en ella sean necesariamente materialistas. “Estudiar la materia” y “ser materialista” son cosas muy distintas.

Cuando estudiamos la materia concluimos que involucra un diseño en base a un conocimiento demasiado grande como para ser “autogenerada”. Podemos apreciar que ese conocimiento y diseño corresponden a un agente inteligente, aunque no lo podamos ver. Por ejemplo, consideremos una caverna a la que llegamos y no sabemos si alguien la visitó antes. Si en sus paredes encontramos pinturas o grabados magníficos, supondremos que efectivamente algún ser inteligente pasó por allí. Quizás no lo conozcamos nunca pero reconocemos su existencia por sus obras.

La ciencia debería estudiar la naturaleza con el mismo criterio y descubrir que tiene un orden que por ningún medio puede ser explicado con las premisas materialistas. Es decir, debe reconocer que el diseño que observa sólo puede ser obra de una Sabiduría especial. En otras palabras, el mundo material rebosa de signos que evidencian el poder y autoridad creadora de Dios.

 

La Actitud Fanática y Dogmática de los Materialistas

Quien adhiere a un determinado punto de vista tiene la libertad de querer verificarlo por la prueba científica y en consecuencia realizar la investigación del caso. Por ejemplo, alguien puede proclamar que el mundo es plano y llevar a cabo investigaciones para respaldar su afirmación. Lo importante es cómo justiprecia los datos científicos acumulados. Seguramente no encontrará evidencia alguna que le pruebe que la Tierra es plana. Por el contrario, hallará muchas que le indicarán que es redondeada. Lo que debe hacer entonces es admitir sin prejuicio lo comprobado y descartar la creencia equivocada.

Lo dicho es aplicable al materialismo. La ciencia ha comprobado que la materia no tiene una existencia eterna sino que tuvo un comienzo. También ha comprobado que en la naturaleza hay un diseño pasmoso. Por consiguiente, los científicos materialistas que la estudian, que ven que sus teorías no son aplicables y que la verdad es justamente lo opuesto a lo que sostienen, deberían reconocerlo.

Pero con lo que nos encontramos, desgraciadamente, es con personas con una devoción ciega al materialismo e increíblemente tenaces en la defensa de sus creencias. Así se exhibe en sus manifestaciones el genetista, materialista y evolucionista Richard Lewotin de la Universidad de Harvard: No es que los métodos e instituciones científicas nos obligan de alguna manera a aceptar una explicación materialista del mundo fenomenal, sino que, por el contrario, estamos forzados por nuestra adhesión a priori a la causa materialista a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan explicaciones materialistas, sin importar lo desconcertante, lo contrario al conocimiento (que resulte) para el no iniciado. Además, el materialismo es absoluto, por lo que no podemos permitir en el umbral un Pie Divino51.

Lewotin describe con un realismo total la disposición mental de los materialistas. Reconoce que antes que nada adhieren a la ideología materialista y después buscan evidencias que la respalden. Es decir, el materialismo no es una conclusión a la que llegaron a través de la investigación científica, sino un prejuicio que le imponen a la ciencia.

La misma concepción aparece en las palabras de otro conocido evolucionista. En Guía de Un Escéptico Respecto de la Creación de la Vida en la Tierra, Robert Shapiro expresa su compromiso con la teoría de la evolución: Llegará el día en que todos los experimentos químicos razonables y dirigidos a descubrir un origen probable para la vida habrán fracasado de modo inequívoco. Podrá presentarse posteriormente nueva evidencia geológica que indique la aparición de la vida en la Tierra de manera sorpresiva. Por último, seguramente no encontraremos ningún rastro de vida o proceso que conduzca a la misma en ninguna parte del universo. En este caso, algunos científicos podrán elegir si se vuelven a la religión en búsqueda de respuesta. Sin embargo, otro grupo en donde me incluyo, tratará de sostener las aún poco probables explicaciones científicas con la esperanza de seleccionar la más creíble52.

Lo que en realidad quiere decir Shapiro con “explicaciones científicas” es “explicaciones materialistas”. La devoción ciega al materialismo ha conducido a Shapiro y a otros miles como él, a adherir a una incredulidad fanática. Lo que en verdad dice gente así es: “no creeremos en Dios, independientemente de las evidencias de su existencia que se nos presenten”.

Pero esta enfermedad no es peculiar sólo de los materialistas. Dios revela en el Corán algo importante acerca de la gente que ha decidido permanecer atea. Por ejemplo, los egipcios demostraron la misma predisposición que los materialistas de hoy cuando dijeron al Profeta Moisés “no creeremos por más signos que nos presentes para embrujarnos”, después que éste exhibió una serie de milagros. Dios se refiere a gente así:

Hay entre ellos quienes te escuchan, pero hemos velado sus corazones y endurecido sus oídos para que no lo entiendan (es decir, que no entiendan el Corán los infieles). Aunque vieran toda clase de signos, no creerían en ellos. Hasta el punto de que, cuando vienen a disputar contigo, dicen los que no creen: Estas no son sino patrañas de los antiguos” (Corán, 6:25)

Han jurado (los infieles) solemnemente por Dios que si les viene un signo (milagroso) creerán, ciertamente, en él (es decir, en ese signo). Di: “Sólo Dios dispone de los signos (es decir, Moisés le señala que no es cuestión de él obrar signos)”. Y, ¿qué es lo que os hace prever que, si ocurre (ese signo), vayan a creer? (Corán, 6:109).

 

 A MODO DE MILAGRO EL CORAN COMUNICA REALIDADES

 QUE LA CIENCIA DESCUBRIO CON POSTERIORIDAD

 Hace catorce siglos Dios envió un último libro llamado Corán, como orientación para todas las personas, y las invitó a que sigan la verdad adhiriendo a él, pues permanecerá como la única guía sin alteraciones hasta el día del Juicio.

El estilo sin par del Corán y la sabiduría superior que encierra, son evidencias definidas de que se trata de la palabra de Dios. Además, posee muchos atributos milagrosos que prueban que es una revelación de Dios. Uno de esos atributos es que un gran número de verdades científicas que fueron recién descubiertas con la tecnología del siglo XX ya aparecen informadas en sus páginas hace 1400 años.

Por supuesto, el Corán no es un libro de ciencia. No obstante, muchos sucesos de los que el estudio científico informaría bastante tiempo después gracias a un desarrollo superlativo de los instrumentos de investigación, ya están comunicados allí de una manera en extremo precisa. Se trata de una prueba más de que es la palabra de Dios.

Para entender ese milagro debemos considerar primero el nivel de la ciencia en la época en que fue revelado este libro santo.

La revelación se produce en el siglo VII de la era cristiana, época en que la sociedad árabe estaba empapada de muchas supersticiones y creencias sin fundamentos científicos. Al carecer de la tecnología y la disposición mental adecuada para observar el universo en general y la naturaleza en particular, creía en las leyendas transmitidas una generación tras otra. Por ejemplo, suponía que la Tierra era plana y que montañas elevadas en los dos extremos servían de columnas para sostener la bóveda celeste.

Todo ese tipo de supersticiones fueron eliminadas de la sociedad árabe con el Corán. Se dice en 13:2: Dios es quien elevó los cielos sin pilares visibles, y eso invalida la creencia de que los cielos estaban sostenidos por las montañas. También se revelan otras cosas importantes que en aquella época nadie podía conocerlas. El Corán aparece cuando la gente sabía muy poco de astronomía, física o biología. Contiene información clave sobre una gran variedad de temas, como ser la creación del universo, la creación del ser humano, la estructura de la atmósfera, los delicados equilibrios que permiten que haya vida en la Tierra, etc.

Veamos a continuación algunas de esas realidades comprobadas por la ciencia y reveladas con anterioridad por el Corán.

 

La Existencia del Universo

En el Corán se describe cómo se da comienzo al universo:

 (Dios es el ) Creador de los cielos y de la tierra... (Corán, 6:101).

Esta información concuerda totalmente con los descubrimientos de la ciencia contemporánea. La conclusión a la que ha llegado la astrofísica de nuestros días es que todo el universo, incluidas las dimensiones de tiempo y espacio, se originaron como resultado de una gran explosión conocida como Big Bang de “algo” singular sin dimensiones. Y se admite que el universo fue creado de la nada en ese acto. Los círculos científicos modernos concuerdan en afirmar que es la única explicación racional y probable de cómo pasó a existir el universo.

En consecuencia, antes del Big Bang no existía algo que pudiésemos llamar materia. La materia, la energía y el tiempo fueron creados cuando lo único que se “manifestaba” era la no existencia, lo cual sólo admite una descripción metafísica. Lo dicho, descubierto recientemente por la física moderna, nos fue anunciado por el Corán hace 1400 años.

 

La Expansión del Universo

Cuando la ciencia de la astronomía era aún primitiva, el Corán describió la expansión del universo así:

Y el cielo, lo construimos con fuerza. Y, Nosotros somos los hacedores de las cosas amplias (Corán, 51:47).

El término “cielo” tiene varias acepciones en el Corán. Aquí se lo usa con el sentido de espacio y universo. En otras palabras, en el Corán se revela que el universo se “expande”, conclusión a la que llegó la ciencia actual.

La única visión que prevalecía en el mundo científico hasta los albores del siglo XX era la de que el universo poseía “una naturaleza constante y una existencia infinita”. Pero las investigaciones, observaciones y cálculos llevados a cabo con la tecnología moderna revelaron que tuvo un comienzo y que actualmente se expande de manera constante.

El físico ruso Alexander Friedmann y el cosmólogo belga Georges Lemaitre calcularon teóricamente el continuo movimiento y expansión del universo en los primeros años del siglo XX. La constatación práctica de ello ocurrió cuando el astrónomo norteamericano Edwin Hubble observó el cielo con un telescopio en 1929 y descubrió que tanto las estrellas entre sí como las galaxias entre sí se alejaban continuamente unas de otras. Un universo en el que todo se aparta de todo significa un universo en constante expansión. Observaciones posteriores lo confirmaron. Se trata de algo que fue explicado en el Corán cuando aún era absolutamente desconocido para todos. Y ello confirma que el Corán es la palabra de Dios, Creador y Gobernante de todo el universo.

 

Las Orbitas

Al referirse el Corán a la Luna y al Sol, remarca que cada uno se mueve en una órbita definida:

El es Quien ha creado la noche y el día, el sol y la luna. Cada uno (de los astros) navega en una órbita (Corán, 21:33).

En otro versículo se menciona que el sol no es estático sino que se mueve en una órbita determinada:

Y el sol. Corre a una parada suya por decreto del Poderoso, del Omnisciente (Corán, 36:38).

Dichas realidades comunicadas por el Corán han sido constatadas a través de la observación astronómica contemporánea. Según los cálculos de los especialistas, el sol viaja a la enorme velocidad de 720 mil kilómetros por hora en dirección a su ápice, la estrella Vega. Esto significa que el sol viaja aproximadamente 17.280.000 km/día, al igual que todos los planetas y satélites de su sistema. El conjunto de las estrellas del universo viajan de manera similar. El Corán se refiere a que todo el cosmos está lleno de senderos y órbitas:

¡Por el cielo surcado de órbitas! (Corán, 51:7).

En el universo existen alrededor de 250 mil millones de galaxias y cada una tiene unas 200 millones de estrellas. Muchas de éstas poseen planetas y la mayoría de éstos satélites. Todos los cuerpos celestes, e incluso conjunto de cuerpos, como las galaxias, se mueven en órbitas precisas. Durante millones de años cada uno ha estado navegando en su propia órbita con un orden y armonía perfectos, sin que se produzca una colisión entre ellos.

No cabe ninguna duda de que cuando fue revelado el Corán la humanidad no poseía los telescopios y las técnicas de observación de hoy, capaces de abarcar millones de kilómetros, ni los conocimientos actuales de física o astronomía. Por consiguiente, es imposible que en esa época se pudiese determinar que el espacio “está lleno de senderos y órbitas”, como lo expresa el versículo. Evidentemente, es una prueba más de que el Corán es la palabra de Dios.

 

El Techo Protector

Dios llama en el Corán nuestra atención sobre un atributo del cielo muy interesante:

Hemos hecho del cielo una techumbre protegida (contra los demonios). Pero ellos se desvían de sus signos (es decir, de los signos del cielo) (Corán, 21:32).

Ese atributo del cielo o atmósfera ha sido comprobado por las investigaciones científicas del siglo XX. La atmósfera que rodea la Tierra cumple funciones cruciales para la continuidad de la vida. Destruye los meteoros grandes y pequeños que se aproximan al planeta, con lo que se impide colisiones que dañarían la vida en su superficie; filtra la luz solar, con lo que evita el paso de las radiaciones perjudiciales y admite el de las imprescindibles para la vida, como ser la ultravioleta cercana necesaria para la fotosíntesis, la infrarroja y las de radio; permite la formación de nubes y la lluvia; retiene estratos indispensables, como el de ozono que filtra la mayor parte de la radiación ultravioleta proveniente del sol; ampara al globo terráqueo del frío gélido del espacio en el que la temperatura es de -270°C; etc.

En esa protección interviene asimismo el Cinturón de Van Allen, generado por el campo magnético terrestre. Sirve como un escudo que también impide la entrada de radiaciones muy nocivas provenientes del sol y de otras estrellas. Si no existiese, las explosiones masivas llamadas “llamas solares”, que se producen con frecuencia, destruirían toda la vida terrestre. La energía que libera una de esas explosiones detectada hace unos pocos años, resultó equivalente a cien mil millones de bombas atómicas similares a la arrojada en Hiroshima. Cincuenta y ocho horas después de la explosión se observó que las agujas magnéticas de las brújulas realizaban movimientos inusuales y que a 250 kilómetros por encima de la atmósfera la temperatura llegaba a los 2500°C.

En resumen, a una gran altura por encima de la atmósfera opera un sistema perfecto que rodea y protege a nuestro mundo de las amenazas externas. Los científicos descubrieron hace poco lo que Dios nos informó hace siglos por medio del Corán: la atmósfera cumple el papel de escudo protector de la Tierra.

 

El Cielo Reflector

El versículo once del capítulo at-Tariq en el Corán se refiere a la función que cumple el cielo al “devolver” al espacio mucho de lo que a él llega:

¡Por el cielo periódico! (Corán, 86:11).

La palabraperiódico en las traducciones del Corán también significaenviar de vuelta o de retorno”.

Como se sabe, la atmósfera que envuelve a la Tierra se compone de varios estratos y cada uno de ellos cumple un importante papel en beneficio de la vida. La investigación ha revelado que los mismos tienen la función de reflejar los materiales y radiaciones que les llegan, enviándolos hacia el espacio si provienen del exterior o hacia la superficie del planeta si provienen de allí. Examinemos más detalladamente esta función “reflectora” de los estratos que rodean la Tierra.

La troposfera está ubicada a una altura de entre 13 y 15 kilómetros y permite que el vapor de agua se eleve desde la superficie terráquea para luego condensarse y retornar en forma de lluvia.

La capa de ozono, a una altura de 25 kilómetros, refleja la radiación dañina y los rayos ultravioletas, enviándolos de nuevo al espacio.

La ionosfera refleja las ondas de radio emitidas desde la superficie terrestre, a la manera de un satélite de comunicación pasivo, permitiendo que la transmisión de distintos tipos de señales inAllahmbricas cubran grandes distancias.

El estrato correspondiente a la magnetosfera devuelve al espacio las partículas radiactivas dañinas emitidas por el sol y otras estrellas.

El hecho de que estas propiedades de las distintas capas de la atmósfera, descubiertas y demostradas hace poco, fueran anunciadas hace siglos en el Corán, demuestra una vez más que éste es la palabra de Dios.

 

Los Estratos de la Atmósfera

Una realidad del universo revelada en el Corán es que el cielo está compuesto de siete estratos:

El es Quien creó para vosotros cuanto hay en la tierra. Y subió el cielo e hizo de él siete cielos. Es omnisciente (Corán, 2:29).

“Decretó que fueran siete cielos, en dos días (es decir, los creó en dos días), e inspiró a cada cielo su cometido... (Corán, 41:12).

Aquí el término “cielos” se refiere a la atmósfera de la Tierra, compuesta de siete estratos, como se ha comprobado por medio de las investigaciones pertinentes.

Expresa una fuente autorizada: Los científicos han descubierto que la atmósfera consta de siete estratos... Difieren en sus propiedades físicas, como la presión y los tipos de gases... El estrato más cercano a la Tierra se llama troposfera. Contiene alrededor del 90% de la masa total de la atmósfera... Por encima de la troposfera está la estratosfera... La capa de ozono es la parte de la estratosfera donde se absorben las radiaciones ultravioletas. El que sigue por encima es el de la mesosfera... Por encima de ésta se encuentra la termosfera... Los gases ionizados forman una capa dentro de la termosfera que se llama ionosfera... La última parte de la atmósfera se extiende entre los 480 y los 960 kilómetros por encima de la Tierra y se llama exosfera...53

Si contamos el número de estratos citados en esta fuente, vemos que la atmósfera consta exactamente de siete, como comunica el versículo.

Troposfera.

Estratosfera.

Ozonosfera.

Mesosfera.

Termosfera.

Ionosfera.

Exosfera.

En el versículo se menciona otra importante cuestión referida a este tema: ...e inspiró a cada cielo su cometido... (Corán, 41:12). En otras palabras, Dios afirma en el versículo que El asigna una función a cada cielo. Y como hemos visto, cada estrato cumple un papel vital para beneficio de toda la humanidad y el resto de las criaturas vivientes. Esas funciones particulares van desde la formación de la lluvia a evitar la entrada de las radiaciones dañinas; de reflejar las ondas radiales a impedir el impacto perjudicial de los meteoritos.

Es un gran milagro que estas realidades, imposibles de descubrir sin la tecnología del siglo XX, fuesen expresadas explícitamente por medio del Corán hace 1400 años.

 

La Función de las Montañas

El Corán llama la atención sobre una función geológica muy importante de las montañas:

Hemos colocado en la tierra montañas firmes para que ellas y sus habitantes no vacilen... (Corán, 21:31).

Como vemos en este versículo, se comunica que las montañas poseen la función de prevenir sacudidas en la Tierra. Esto que la geología moderna lo descubrió hace poco, era desconocido para todos en el momento en que el Corán fue revelado.

Sucede que las montañas emergieron como consecuencia de los movimientos y colisiones de las placas tectónicas que forman la corteza terrestre. Cuando dos placas chocaban, la más fuerte se deslizaba debajo de la otra, que se curvaba, y daba lugar a la formación de colinas y montañas. El estrato inferior continuaba su movimiento subterráneo y se extendía hacia abajo. En consecuencia, una parte se proyectaba en dirección descendente y era tan grande como la parte visible sobre la superficie de la Tierra.

Y las montañas fueron y son las encargadas de fijar o retener esas dos placas, por lo que las podemos considerar como clavos que mantienen unidos dos pedazos de madera. Es decir, cumplen el papel de impedir en gran medida el deslizamiento de una sección de la corteza terrestre sobre otra y el de evitar así determinado movimiento de las mismas..

En un versículo se señala ese papel de las montañas y se las compara con estacas:

¿No hemos hecho de la tierra lecho y de las montañas estacas? (Corán, 78:6-7).

Esa función vital de las montañas descubierta recientemente por la geología moderna y la investigación sísmica, fue revelada en el Corán hace siglos, como un ejemplo de sabiduría suprema de Dios en la creación. En otro versículo se dice también:

...Ha fijado en la tierra las montañas para que ellas y vosotros no vaciléis... (Corán, 31:10).

 

La Identidad en la Huella Digital

Al comunicarse en el Corán que para Dios es fácil volver a la vida al ser humano después de muerto, se subraya en particular la cuestión de las huellas digitales:

¿Es que el hombre (impío) cree que Nosotros no recompondremos sus huesos (para el Día de la Resurrección)? ¡Sin duda que sí!, somos Poderosos hasta para restablecer sus yemas (digitales y huellas dactilares, ¿cómo no haremos algo de menos precisión?) (Corán, 75:3-4).

El énfasis puesto sobre las huellas dactilares tiene un sentido muy especial. Eso se debe a que no se repiten y cada persona tiene sus propias huellas digitales, distintas de cualquier otra, motivo por el que se las acepta como prueba de identidad en todo el mundo.

Pero lo notable es que dicha característica la descubrimos al estudiar el cuerpo humano a fines del siglo XIX. Con anterioridad se las consideraba simples líneas curvadas sin sentido. Si bien Dios nos instruye sobre las mismas en el Corán, recién se entendió su importancia hace poco más de un siglo.

 

El Movimiento de las Montañas

Se nos informa en un versículo que las montañas no son inmóviles aunque lo parezcan:

Verás pasar las montañas, que tú creías inmóviles, como pasan las nubes... (Corán, 27:88).

Las montañas se apoyan sobre la corteza terrestre y se mueven porque ésta última “flota” sobre un estrato (magma) que es más denso.

El científico alemán Alfred Wegener (1880-1930) propuso por primera vez en la historia a comienzos del siglo XX que al principio hubo una sola masa de tierra formando un único continente y que luego se dividió en partes que se desplazaron en direcciones diferentes, con lo que se constituyeron varios continentes.

En un artículo publicado en 1915, Wegener señaló que hace unos 500 millones de años toda la tierra firme del planeta formaba un único continente --denominado Pangaea-- que se ubicaba en el polo Sur. Después de 320 millones de años ese continente único se separó en dos partes: a) Gondwana, incluyendo lo que hoy día es Africa, Australia, la Antártida e India; b) Laurasia, incluyendo lo que hoy día es Europa, la parte norte del continente americano y Asia (con excepción de la India). En los 150 millones de años subsiguientes, Gondwana y Laurasia se dividieron en partes más pequeñas.

Los continentes resultantes de la división de Pangaea se han estado moviendo permanentemente algunos centímetros por año, con lo que se va modificando poco a poco la ubicación relativa de los mares y de las tierras firmes.

Este movimiento de la corteza terrestre se descubrió gracias a la investigación geológica en los albores del siglo XX: La corteza y la parte más elevada del estrato, en un grosor de unos cien kilómetros, se divide en segmentos llamados placas. Existen seis placas mayores y varias menores. De acuerdo con la teoría llamada de las placas tectónicas, éstas poseen un movimiento de traslación y arrastran con ellas a los continentes y fondos oceánicos... El movimiento de los continentes ha sido medido y es de uno a cinco centímetros por año. En la geografía terrestre habrá lentos cambios mientras las placas continúen moviéndose. Por ejemplo, el Océano Atlántico se ensancha levemente cada año55.

Aquí debemos decir algo importante. Dios se ha referido en el versículo al movimiento de las montañas como algo que va a la deriva al igual que las nubes. En la explicación del fenómeno los científicos también usan ese término al decir “continentes llevados a la deriva por una corriente”56.

Sin dudas es un verdadero milagro que un hecho descubierto por la ciencia recientemente haya sido comunicado por el Corán hace tanto tiempo.

 

El Hierro y el Corán

El hierro es uno de los elementos puesto de relieve en el Corán. En el capítulo al-Hadid (que significa “el Hierro”) se nos informa:

...Hemos hecho descender el hierro, que encierra una gran fuerza y ventajas para los hombres... (Corán, 57:25).

Se podría pensar que la expresión hecho descender, que se usa en particular para el hierro en este versículo, sirve como alegoría para explicar que en la naturaleza se encuentra como algo beneficioso. Pero al considerar esa mención literalmente, es decir que lo que se hace descender del cielo es directamente el mineral, nos damos cuenta de que el versículo está revelando otro hecho extraordinario muy significativo.

Efectivamente, los últimos descubrimientos en el campo de la astronomía han develado que el hierro que se encuentra en la Tierra proviene del espacio exterior.

Una serie de metales del universo, entre los que se encuentra el hierro, se producen en el núcleo de estrellas donde las temperaturas alcanzan los suficientes millones de grados a los que no llega nuestro sol. Cuando en una estrella la cantidad de hierro excede determinado nivel y ya no puede acumularlo, eventualmente explota y se llama “supernova”, debido al brillo extraordinario que emite al hacerlo. Como resultado de la explosión se dispersan meteoritos que contienen hierro y que viajan por el espacio hasta que son atraídos por el campo gravitatorio del algún cuerpo celeste.

Lo mencionado nos enseña que el hierro no se formó en la Tierra sino que ha sido hecho descender por medio de meteoritos, exactamente como lo relata el versículo coránico. No cabe ninguna duda que este proceso no podía ser conocido de ninguna manera en el siglo VII, es decir, cuando fue revelado el Corán.

Además, el versículo antes mencionado incluye códigos matemáticos interesantes. El valor numérico de las palabras árabes al Hadid (el Hierro) es igual al número del capítulo: cincuenta y siete. Por otra parte, el valor numérico de sólo la palabra Hadid (Hierro) es veintiséis, es decir, el número atómico del hierro.

 

Los Vientos que Fecundan

En un versículo del Corán se menciona la característica “fecundadora” de los vientos y la formación de la lluvia:

Hemos enviado los vientos que fecundan (las nubes), y hacemos bajar del cielo agua, de la que os damos a beber y que no sabéis conservar (Corán, 15:22).

Aquí se señala que el primer paso para la formación de la lluvia son los vientos. Hasta principios del siglo XX, la única relación que se establecía entre los vientos y la lluvia era que las primeros arrastraban las nubes. Pero los descubrimientos meteorológicos modernos han demostrado la función “fecundadora” de los vientos al intervenir en la formación de las lluvias. Dicha función opera como sigue. En la superficie de los mares y de los océanos se forman incontables burbujas de aire debido a la espuma que genera el movimiento del agua. Esas burbujas estallan y son arrojadas al espacio en la forma de miles de pequeñas partículas con un diámetro de una centésima de milímetro, conocidas como “aerosoles”. Se mezclan con el polvo arrastrado por los vientos y son transportadas a las capas superiores de la atmósfera donde entran en contacto con el vapor de agua que se condensa y las incluye. De ese modo se convierten en parte de pequeñas gotas que se unen y forman nubes dispensadoras de lluvia.

Como vemos, los vientos “fecundan” el vapor de agua existente en la atmósfera con partículas que salen del mar y eventualmente ayudan a la formación de nubes de lluvia.

Si los vientos no poseyesen dicha propiedad no se formarían las gotas de agua en la atmósfera superior y no existiría algo que se llame lluvia.

Lo más importante a tener en cuenta aquí es que el papel crítico de los vientos en la formación de las precipitaciones fue comunicado hace siglos en un versículo coránico en una época en que las personas conocían muy poco de este tipo de fenómenos naturales...

 

La Medida en que se Producen las Precipitaciones

Otro detalle que nos da el Corán acerca de la lluvia es la medida en la que desciende a la Tierra:

Es El quien envía de la nube agua de acuerdo a una medida. Luego Nosotros resucitamos por medio de ella un país muerto. Del mismo modo se os sacará (de la sepultura) (Corán, 43:11).

Esa “medida” en la cantidad de lluvia ha sido descubierta por la investigación científica moderna. Se estima que en un segundo se evaporan de la superficie terrestre unas 16 millones de toneladas de agua, lo que representa unas 513 billones de toneladas por año. Una cantidad similar es la que desciende en el mismo tiempo. Esto significa que la evaporación y la precipitación se cumplen de acuerdo a una “medida”. La vida sobre la Tierra depende de ese ciclo, al cual los humanos nunca podríamos reproducirlo de manera artificial.

Una desviación mínima en esa “medida” o equilibrio crearía un desastre ecológico capaz de exterminar la vida sobre la Tierra. Sin embargo, bajo condiciones regulares, se mantiene ese ciclo como ha revelado el Corán.

 

Los Mares no se Mezclan Uno con Otro

Una de las propiedades de los mares comprobada recientemente, está relatada en un versículo coránico:

(Dios) Ha dejado fluir las dos grandes masas de agua, que se encuentran, pero les separa una barrera que no rebasan (Corán, 55:19-20).

Esta propiedad de los mares, por la cual se juntan sin mezclarse, ha sido comprobada por la oceanografía hace muy poco tiempo. Debido a la fuerza física llamada tensión superficial, las aguas de dos mares contiguos no se mezclan. La tensión superficial se produce por la diferencia de las densidades de sus aguas e impide que se mezclen como si hubiese una pared delgada entre ambas. Lo interesante de este fenómeno es que fue revelado en el Corán en una época en que la gente no poseía ningún conocimiento en la materia o de oceanografía.

 

El Sexo de los Bebés

Hasta hace no mucho, se pensaba que el sexo de los bebés era determinado por las células maternas o por éstas y las del padre. Pero el Corán nos informa otra cosa, pues señala que esa diferencia proviene de una gota (de esperma) cuando es eyaculada:

que El crea la pareja, varón y hembra, de una gota (de esperma) cuando es eyaculada (Corán, 53:45-46).

El desarrollo de la genética y de la biología molecular ha convalidado científicamente la exactitud de lo afirmado por el Corán. Hoy día se sabe que el sexo queda determinado por las células del esperma que proviene del hombre y que la madre no cumple ningún papel en ello.

Los cromosomas son los elementos más importantes en la determinación del sexo. Dos de los 46 cromosomas que disponen la estructura de un ser humano son identificados como sexuales. El varón tiene un cromosoma que se llama “X” y otro que se llama “Y” (o sea, es “XY”), mientras que la mujer tiene dos cromosomas “X” (o sea, es “XX”). Se denominan así porque sus formas se asemejan a dichas letras. Los “Y” poseen los genes que codifican el sexo masculino, mientras que los “X” los que codifican el sexo femenino. La formación de un nuevo ser humano comienza con la combinación de estos cromosomas y según el par que se una tendremos un hombre o una mujer.

En otras palabras, el sexo del bebé queda determinado por el tipo de cromosoma masculino (“X” o “Y”) que se una al del óvulo femenino que siempre es “X”.

Nada de esto era conocido en el mundo científico hasta que se descubrieron las leyes de la herencia y se dio comienzo a la ciencia de la genética en el siglo XX. Hay que tener en cuenta que en muchas culturas se creía que el sexo del bebé a nacer era determinado por el organismo de las mujeres, por lo cual se las criticaba a ellas cuando daban a luz sólo niñas.

El Corán reveló información que rechazaba la superstición antedicha trece siglos antes de que fueran descubiertos los genes, y se refiere a que el sexo de la criatura que se forma en el vientre de la madre no es decidido por ésta sino por el espermatozoide del padre.

 

El Coágulo Adherido al Utero

Si seguimos examinando lo anunciado por el Corán acerca de la formación del ser humano, continuamos encontrando verdades científicas importantes.

Cuando el espermatozoide se une al óvulo, se constituye lo esencial del bebé, es decir, una célula llamada cigoto que se comienza a reproducir de inmediato por división y eventualmente se convierte en un “pedazo de carne” llamado embrión, observable sólo con la ayuda del microscopio.

El embrión no se queda sin hacer nada mientras se desarrolla, sino que se prende al útero como la raíz de una planta que se aferra a la tierra por medio de sus zarcillos. De esa manera obtiene del cuerpo de la madre las sustancias esenciales para desarrollarse.

En este punto y de modo milagroso el Corán nos revela otra realidad al referirse al desarrollo del embrión en el vientre materno:

¡Recita en el nombre de tu Señor, Que ha creado, ha creado al hombre de sangre coagulada! ¡Recita! Tu Señor es el Munífico, (Corán, 96:1-3).

La palabra árabe que se traduce por “sangre coagulada” es alaq y tiene el sentido de una cosa que se adhiere en algún lugar. Se la usa para describir literalmente a la sanguijuela que se aferra al cuerpo para succionar la sangre. Por cierto, el uso de una palabra tan apropiada para indicar al embrión que se desarrolla en el vientre materno, demuestra nuevamente que el Corán es una revelación de Dios, el Señor de todos los Mundos.

 

Los Músculos Envuelven a los Huesos

Otro dato importante que nos brinda el Corán es el de las etapas por las que pasa el desarrollo del ser humano en el vientre materno, pues nos hace saber que primero crecen los huesos y luego los músculos:

Luego, creamos de la gota un coágulo de sangre, del coágulo un embrión y del embrión huesos, que revestimos de carne. Luego hicimos de él otra criatura. ¡Bendito sea Dios, el Mejor de los creadores! (Corán, 23:14).

La embriología es la rama de la ciencia que estudia el desarrollo del embrión en el vientre materno. Hasta hace muy poco, los embriólogos sostenían que los músculos y los huesos se desarrollaban juntos. Por esa razón y durante bastante tiempo algunos pensaban que los versículos coránicos estaban en conflicto con la ciencia. No obstante, el avance en la investigación microscópica gracias a los nuevos desarrollos tecnológicos, reveló que lo que se dice en el Corán es correcto palabra por palabra.

Dichos estudios a nivel microscópico exhibieron que la nueva criatura se forma tal como se describe en los versículos. En primer lugar se osifica el tejido cartilaginoso del embrión. Luego las células musculares seleccionadas de entre el tejido que rodea a los huesos, se unen y cubren a éstos. En la publicación científica Desarrollo Humano se describe eso así: Durante la séptima semana, el esqueleto comienza a expandirse y los huesos adquieren las formas familiares para nosotros. Al finalizar esa semana y durante la octava, los músculos empiezan a cubrir la estructura ósea57.

En resumen, las fases del desarrollo del ser humano descriptas en el Corán coinciden totalmente con los descubrimientos de la embriología moderna.

 

Las Tres Etapas del Bebé en el Vientre Materno

Se relata en el Corán que el ser humano es creado en un proceso de tres etapas en el vientre materno:

Os ha creado de una sola persona (de Adán), de la que ha sacado a su cónyuge (a Eva). Os ha dado, de los rebaños, cuatro parejas (es decir, macho y hembra de camélido, bovino, ovino y caprino). Os ha creado en el seno de vuestras madres, creación tras creación (es decir, en fases sucesivas), en triple oscuridad (posiblemente se refiere a la pared abdominal, la matriz y el amnios). Tal es Dios, vuestro Señor. Suyo es el dominio. No hay más dios que El. ¡Cómo, podéis pues, ser tan desviados! (Corán, 39:6).

Esas tres etapas fueron comprobadas por la biología moderna, es decir, que el ser humano se desarrolla en tres regiones distintas del vientre materno. Hoy día se trata de un tema que aparece en todos los libros de embriología que se estudian en las facultades de medicina. Por ejemplo, en Embriología Humana Básica, un texto de referencia, se dice: La vida en el útero pasa por tres etapas: desde la fecundación hasta la segunda semana y media (etapa preembrionaria); desde el momento antes mencionado hasta el principio de la octava semana (etapa embrionaria); desde la octava semana hasta el parto (etapa fetal)58.

En resumen, las características principales de esas etapas son:

Etapa preembrionaria

En esta primera fase el cigoto crece por división y cuando la célula inicial se convierte en un “racimo” de células, éstas se “entierran” en las paredes del útero. Luego se organizan en tres estratos mientras siguen creciendo.

          Etapa embrionaria

La segunda fase dura aproximadamente cinco semanas y media, momentos en que el nuevo ser es llamado “embrión”. Aquí empiezan a aparecer los órganos básicos a partir de los estratos celulares.

Etapa fetal

Desde el comienzo de la octava semana y hasta el parto el embrión se pasa a llamar “feto”. La característica más distintiva es que al feto se lo ve parecido en sus rasgos generales a un ser humano desarrollado, con su rostro, manos y pies. Aunque inicialmente mide sólo tres centímetros, ya están delineados todos sus órganos. Esta fase dura treinta semanas hasta que sale al mundo exterior.

Lo notable es que toda esta información estuvo disponible para los investigadores científicos sólo después de la aparición de instrumentales modernos, aunque, de manera milagrosa, ya fue dada hace mucho tiempo por los versículos coránicos, lo cual es una clara evidencia de que el Libro de los musulmanes no es un invento de los hombres sino la palabra de Dios.

 

La Leche Materna

La leche materna es un compuesto sin parangón, creado por Dios como una fuente de alimentación excelente para el bebé y como sustancia que incrementa la resistencia a las enfermedades. Los nutrientes producidos con tecnología moderna no son capaces de reemplazar este sustento milagroso.

Cada día se halla una nueva propiedad benéfica para el bebé en la leche materna. Algo comprobado hace poco por los estudiosos es que la lactancia hasta los dos años resulta lo mejor para la criatura59. Lo sorprendente es que el Corán nos lo comunicó hace catorce siglos:

Hemos ordenado al hombre con respecto a sus padres --su madre le llevó (dentro) sufriendo pena tras pena y le destetó a los dos años--: “Sé agradecido conmigo (es decir, con Dios) y con tus padres. ¡Soy Yo el fin de todo! (Corán, 31:14).

 

Conclusión

Lo que hemos visto hasta ahora nos exhibe algo de modo muy claro: todas las noticias que nos suministra el Corán se han probado ciertas. En sus versículos se anuncian cuestiones sobre temas científicos y novedades para el futuro que nadie podía conocer en aquella época debido al nivel de los estudios y la tecnología existentes. Está claro que esto proporciona suficiente evidencia de que el Corán no es la palabra del ser humano sino la de Dios Todopoderoso, el Originador de todo, Quien todo lo abarca en su Conocimiento. Dice Dios en un versículo: ¿No meditan en el Corán? Si hubiera sido de otro que de Dios, habrían encontrado en él numerosas contradicciones (Corán, 4:82). Pero no sólo que allí no existe ninguna incoherencia, sino que cada información que contiene revela día a día que se trata de un libro divino y milagroso.

Lo que deberían hacer todos los seres humanos es aceptarlo como lo que es, es decir, revelación de Dios, y tomarlo como su única guía. Dios nos lo sugiere en un versículo:

 Es ésta (el Corán) una Escritura bendita que hemos revelado. ¡Seguidla, pues, y temed a Dios! Quizás, así, se os tenga piedad (Corán, 6:155).


 

LIBRO DOS

LOS CIENTIFICOS RELIGIOSOS

Independientemente de lo obstinados y ateos que puedan ser los materialistas, hay una verdad que sigue siendo evidente: Dios creó todos los sistemas y formas de vida que la ciencia estudia. Por consiguiente, la ciencia y la religión son compatibles en la medida en que sean practicadas con honestidad y cordura. Un indicio de esa concordancia son los científicos creyentes en Dios del pasado y del presente que hicieron grandes contribuciones a la humanidad.

Quien realiza nuevos descubrimientos y trabaja con el fin de develar los misterios del universo tratando de llegar a comprender sus particularidades, es realmente un investigador en profundidad del arte de Dios. Es por este motivo que religión y ciencia están inseparablemente unidos. El científico es quien hace evidente el poder infinito de Dios y el arte y la perfección únicas en Su creación. Por esta razón y debido a que está inmerso en el estudio de distintos aspectos de la creación, es quien percibe antes que otros la existencia y la Unicidad de Dios.

No sorprende para nada que muchísimos científicos, inducidos por la religión, hayan realizado importantes contribuciones en sus campos específicos por medio de elaboraciones mentales sin trabas ni limitaciones. No sólo demostraron de esa manera que la ciencia y la religión son totalmente compatibles, sino que también aportaron al conocimiento y a la humanidad de la manera más amplia. Pioneros de la ciencia de la talla de Newton, Kepler, Leonardo de Vinci y Einstein creían, como resultado de sus observaciones e investigaciones, que el universo fue creado y ordenado por Dios y Que también El lo gobierna. Además, fueron personas de fe las que establecieron los principios sobre los que se fundamenta el saber, lo que indica que la religión jugó un papel decisivo en su advenimiento.

Isaac Newton, considerado el más grande científico de todos los tiempos, expresa su visión del cosmos en las siguientes palabras: El sistema más hermoso formado por el sol, los planetas y los cometas, pudo constituirse solamente debido a la capacidad, determinación e inteligencia de un Ser poderoso. Ese Ser gobierna todo... como Señor y Amo de todo. Está acostumbrado a que se Le llame Señor Dios, Gobernante Universal60.

Es un hecho conocido que los logros científicos de Kepler brotaban de su fe religiosa. Arno Penzias, ganador del Premio Nobel de física de 1978, y codescubridor de la radiación cósmica de fondo, se ha referido a Kepler: Esto no nos remonta al triunfo de Copérnico sino en verdad al de Kepler. Porque, después de todo, la noción de epiciclos y cosas por el estilo, se remonta a los días en que los científicos intercambiaban pareceres. Todo esto siguió así hasta que tuvimos un creyente verdadero, que fue Kepler. Creía realmente en Dios, el Legislador.... Y sostenía que tenía que haber algo más simple y poderoso.... por lo que fue premiado con las leyes de la naturaleza que él definió. Desde ese día en adelante se produjo una lucha terrible (en el campo de las ideas), pero esas leyes tan sencillas son valederas hasta la fecha. Y los científicos aún las mantienen. Provienen esencialmente de Kepler y éste las obtuvo de su fe61.

En esta parte del libro nos ocuparemos de los científicos del pasado y del presente creyentes en Dios, fundadores y constructores de la ciencia moderna, como así también de sus contribuciones a la misma. Todos los que citaremos admitían y admiten que el cosmos y el conjunto de las formas de vida fueron creados por Dios. Las palabras de Francis Bacon grafican cómo considera el científico religioso lo que se observa en la creación: Todos los trabajos exponen la capacidad y destreza del que lo hace... y lo mismo ocurre con el de Dios, el cual luce la omnipotencia y sabiduría del Hacedor62.

En sus versículos Dios comunica que una de las maneras de adquirir la capacidad para meditar acerca de la creación, reconocer que Le pertenece, entender Su omnisapiencia, Su omnipotencia y lo que significa “el temor a El”, es “conocer” o “saber”:

Quienes toman amigos en lugar de tomar a Dios son semejantes a la araña que se ha hecho una casa. Y la casa más frágil es la de la araña. Si supieran... Dios sabe todo lo que invocan en lugar de invocarle a El. Es el Poderoso, el Sabio. Proponemos estas parábolas a los hombres, pero no las comprenden sino los que saben. Dios ha creado con un fin los cielos y la tierra. Ciertamente, hay en ello un signo para los creyentes (Corán, 29:41-44).

Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la tierra, la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores. Ciertamente, hay en ello signos para los que saben (Corán, 30:22).

Dios atestigua (por medio de la Revelación), y con El los ángeles y los hombres dotados de ciencia, que no hay más dios que El, Que vela por la equidad. No hay más Dios que El, el Poderoso, el Sabio (Corán, 3:18).

 

Pero a los que, de ellos, están arraigados en la Ciencia, a los creyentes, que creen en lo que se te ha revelado a ti y a otros antes de ti, a los hacen la azAllah (a los que rezan), a los que dan el azaque (la limosna), a los que creen en Dios y en el último Día, a ésos les daremos una magnífica recompensa (Corán, 4:162).

 

CIENTÍFICOS CREYENTES DEL PASADO

Roger Bacon (1220 – 1292)

La gracia de la fe nos ilumina con magnanimidad63.

Llamado Doctor Mirabiles (el Doctor Maravilloso) por sus contemporáneos, fue un científico y teólogo británico que puso gran énfasis sobre el método experimental y terminó con muchas costumbres arcaicas de la ciencia de su tiempo. Pronosticó una serie de avances tecnológicos sensacionales que iban a producirse cientos de años después y difíciles de imaginar en su época. Algunos de sus anticipos en el siglo XIII fueron el barco de vapor, el tren, el automóvil, la grúa y los puentes colgantes. Dice en una carta a un amigo: En primer lugar y por medio de la creatividad artística, tomarán forma instrumentos de navegación sin hombres que remen, grandes barcos cruzarán los mares con un solo hombre que los guíe y navegarán más rápido que con el impulso de muchos remeros. También se crearán carros que se moverán con una eficacia indescriptible sin que ningún viviente los ponga en movimiento (con su esfuerzo físico)64.

Puesto que creía que la luz fue creada por Dios para que los seres humanos vean, realizó observaciones en dicho campo. Definió las características de las lentes ópticas y sus aplicaciones. Fue el primero en advertir que la luz emitida por una estrella demora cierto tiempo en su viaje hasta la Tierra. También sostuvo doscientos años antes que Colón que nuestro planeta no era plano sino redondo y que se podría llegar a la India viajando hacia el oeste desde Europa.

Convencido de que las conclusiones a las que llegaba serían útiles para los creyentes, dijo: Entonces, como vimos, esta ciencia es provechosa en lo que respecta a la comunidad de creyentes debido al conocimiento especial que aporta del futuro, del presente y del pasado65.

Sostuvo como estudioso que la ciencia no estaba en conflicto con la religión sino que más bien podía servir como un instrumento importante para ayudar a persuadir a los incrédulos. Declaró: Esta ciencia es de gran utilidad para persuadir a los hombres a aceptar la fe66.

Francis Bacon (1561 – 1626)

Reputado estudioso y uno de los fundadores del método científico, es conocido por ser un devoto creyente en Dios. En Novum Organum expresa que la filosofía natural (la ciencia) es, después de la palabra de Dios, el mejor remedio contra la superstición y el respaldo más aceptado por la fe67.

Galileo Galilei (1564 – 1642)

Se trata de la primera persona que utilizó un telescopio para observar el cielo. Sostenía que la Tierra era redonda y fue el primero en detectar las regiones oscuras, cráteres y colinas de la Luna. Conocido por su inmensa contribución a la ciencia, creía que los sentidos, la capacidad del habla y la inteligencia, eran dones concedidos por Dios a las personas y que los mismos debían ser usados de la mejor manera posible. Dijo que la naturaleza se trataba, simplemente, de otro libro escrito por Dios, y sostuvo que las verdades de la ciencia y las verdades de la religión no pueden impugnarse mutuamente debido a que El es el autor de toda la verdad68.

Johannes Kepler (1571 – 1630)

Dado que los astrónomos somos sacerdotes de Dios elevadísimo con respecto al libro de la naturaleza, debemos ser reflexivos no para gloria de nuestras inteligencias sino para Gloria de Dios68.

Fundó la astronomía moderna, descubrió el movimiento elíptico de los planetas, estableció una fórmula para relacionar el período orbital de cada planeta con su distancia media del sol y completó las tablas astronómicas que permiten el cálculo de la posición de cada planeta en cada momento del pasado o del futuro.

Estaba convencido de que el universo lo originó un Creador. Cuando se le preguntó porqué se dedicaba a la ciencia, dijo: Mi intención era ser teólogo... pero ahora, por medio de mis esfuerzos, veo como Dios es glorificado también en la astronomía, porque “los cielos declaran la Gloria de Dios”70.

Precisamente por considerar que dicha Gloria se manifestaba en todo lo creado, su vida es un ejemplo de la amplitud de pensamiento y el éxito que puede alcanzar el científico que admite que en la naturaleza hay un propósito divino. Kepler preguntó, ¿Quién puso osos y zorros blancos en las nevadas zonas del norte? ¿Quién puso como comida de los osos a las ballenas y como comida de los zorros los huevos de las aves?, y luego respondió: Nuestro Dios Grande. Y grande es Su virtud y Su sabiduría ilimitada: Alabadle, vosotros cielos; alabadle, vosotros sol, luna y planetas; usen cada sentido para percibir a El y cada lengua para declarar a El vuestro Creador. Alabadle vosotros Armonías celestiales; alabadles vosotros jueces de las Armonías reveladas: y tú mi alma, alaba al Señor tu Creador mientras yo viva. Porque a través de El, por El y en El son todas las cosas, tanto las perceptibles como las inteligibles, de las que somos totalmente ignorantes. Y lo que sabemos es una parte mínima de ello, porque más allá aún hay más. Para El sea la alabanza, el honor, la gloria, hasta la eternidad71.

Johannes Baptista von Helmont (1579 – 1644)

Inventor del termómetro y del barómetro, es quien también dio comienzo al estudio de la química de los gases y de los procesos químicos en el organismo humano. En un libro de Walter Pagels sobre los estudios científicos de Helmont, se dice que la inspiración para sus investigaciones las tomaba de sus creencias religiosas72.

Blaise Pascal (1623 – 1662)

Fue un científico distinguido que realizó importantes descubrimientos a partir de su temprana juventud. Aportó las principales innovaciones en la geometría desde la época de los griegos de la antigüedad, contribuyó significativamente en el campo de las matemáticas, realizó hallazgos monumentales en el campo de la física y llevó a cabo una serie de estudios sobre la mecánica de los fluidos y las presiones, demostrando que la presión atmosférica varía según la altura.

Eminencia científica profundamente espiritual, afirmó rotundamente que Dios es el Creador de todo, desde las matemáticas hasta el orden de los elementos73.

John Ray (1627 – 1705)

Este conocido botánico británico fue una persona creyente. Percibió que si el ser humano fue colocado en la Tierra para reflejar la gloria de todas las obras de Dios, entonces debería observar y llegar a conocer todo lo creado. Ese criterio le estimuló a emprender la investigación científica ya en su juventud. En sus días fue la mayor autoridad en el campo de la botánica y la zoología. Es el autor de La Sabiduría de Dios en la Creación, obra que fue muy bien aceptada. Allí presentó miles de especies de plantas, insectos, pájaros y peces y comunicó que la naturaleza revela la existencia de un Creador. Dijo que la creación de Dios es lo que El creó al principio y luego conservó hasta la actualidad en el mismo estado y condición74. Siempre enfatizó que la ciencia y la religión se entrecruzan de muchas maneras. La postura que mantenía es mejor comprendida en sus propias palabras: Para una persona libre no existe mejor ocupación y deleite que la de contemplar las bellas obras de la naturaleza y honrar la sabiduría y bondad infinitas de Dios75.

Robert Boyle (1627 – 1691)

Conocido como el padre de la química moderna, realizó una serie de descubrimientos científicos revolucionarios. Estableció la relación entre la presión aplicada al aire y el volumen que ocupa, conocida hoy como “ley Boyle de los gases”. Entre sus invenciones se cuentan un tipo de papel tornasol y un refrigerador primitivo. Demostró que el agua se expande cuando se congela, produjo la definición moderna de “elemento” y contribuyó en la formulación de la teoría atómica al sostener que si el aire se puede comprimir debía existir vacío entre sus componentes.

Además de ser un científico extraordinario fue un devoto creyente en Dios. Sostenía la existencia de un diseño inteligente en la naturaleza originado por un creador Todopoderoso. Enseñó en sus clases y escritos que la ciencia y la creencia en Dios debían marchar paralelas. Expresó: Recuerden glorificar a quien originó la naturaleza... Usen el conocimiento para beneficiar a la humanidad76.

Comentó que la perfección en lo viviente revela explícitamente la existencia de Dios: El excelente plan del gran sistema propio del mundo, especialmente la curiosa confección de los cuerpos de los animales, el uso de sus distintas partes y el empleo de sus sentidos, han sido los grandes motivos en todas las épocas y en todas las naciones que indujeron a los filósofos a reconocer una Deidad como la autora de esas estructuras admirables77.

Antonie von Leeuwenhoek (1632 – 1723)

Con el objeto de examinar los paños que vendía, aprendió a esmerilar sus propios lentes de aumento y ello lo motivó a producir otros más potentes hasta convertirse en el primer observador de las bacterias por medio de un microscopio. Por otra parte, tratando de demostrar la existencia del Creador y en consecuencia rebatir la idea de “generación espontánea”, examinó los espermatozoides, los glóbulos rojos y los sistemas de nutrición de las plantas y de los animales. Fue el primero en estudiar los capilares, ver pasar los glóbulos rojos a través de ellos y determinar que los músculos están formados por fibras78.

Isaac Newton (1642 – 1727)

Matemático, astrónomo y físico excepcional, es considerado el más grande científico de todos los tiempos. Su mayor contribución fue el descubrimiento de la ley de la gravedad. También agregó el concepto de “masa” a la relación entre la fuerza y la aceleración, dio a conocer la ley de acción y reacción y presentó la tesis de que un objeto en movimiento continuará moviéndose en línea recta a una velocidad constante siempre que otra fuerza no incida sobre él. Todo ello se ha seguido utilizando hasta hoy día en los más diversos cálculos de ingeniería. Una de sus notables contribuciones fue la invención de un telescopio de reflexión mediante el cual pudo analizar la composición de la luz blanca, con lo que estableció los fundamentos para una nueva disciplina, es decir, la óptica.

Además de sus innovaciones, escribió ensayos críticos en los que refuta el ateísmo y defiende el creacionismo (Historia de la Creación, De Natura Acidorum, etc). En ellos sostiene la idea de que la creación es la única explicación posible del universo y que éste, al que compara con un reloj gigante permanente, puede ser obra solamente de un Creador todopoderoso y omnisapiente.

Como trasfondo de todos sus descubrimientos que cambiaron el mundo, estaba su deseo de acercarse a Dios: en su conocido trabajo Principia Mathematica nos hace saber que esa era la razón subyacente al ardor puesto en el esfuerzo científico: El (Dios) es ...eterno e infinito... Es Paciente y omnipresente; y por existir siempre y en todas partes, constituye el tiempo y el espacio... Le conocemos solamente por medio de sus artificios más excelentes y sensatos... Le adoramos y reverenciamos como Sus siervos...79.

John Flamsteed (1646 – 1719)

Sacerdote devoto, fue fundador del conocido observatorio astronómico de Greenwich y primer astrónomo real de Inglaterra. Después de innumerables observaciones produjo el primer gran mapa estelar en la época del telescopio.

John Woodward (1665 – 1728)

Fue uno de los padres de la ciencia geológica. Entre sus contribuciones valiosas se encuentra la construcción de un importante museo paleontológico en Cambridge en el cual se incluyó el departamento de Geología.

Carolus Linnaeus (1707 – 1778)

Científico y muy piadoso, dirigió importantes estudios en el campo de la botánica. Comprobó que las plantas se reproducen sexualmente e introdujo en la ciencia la idea de “taxonomía biológica” (clasificación de los organismos vegetales).

Jean Deluc (1727 – 1817)

Físico suizo que acuñó el término “geología”. Con su padre desarrolló el termómetro de mercurio y el higrómetro modernos. Es conocido por su convicción de la creación y por su oposición a la idea de que el universo y la vida pasaron a existir por casualidad.

Sir William Herschel (1738 – 1822)

Hombre muy religioso, fue uno de los astrónomos más consumados del siglo XVIII. Construyó los telescopios de reflexión más avanzados de su época, a la vez que catalogó y estudió las nebulosas y galaxias de un modo que nunca se había hecho antes. Dijo en su momento: Hay que estar loco para ser astrónomo y ateo. Es decir, enfatizó que le sorprendía que un científico dedicado a la astronomía y testigo del orden perfecto en el universo pudiese no creer en Dios80.

William Paley ( 1743 – 1805)

Convencido de la creación, publicó Teología Natural, el cual fue muy vendido en su época. Consideraba que si las obras de arte son producto de los seres humanos, lo viviente debe ser producto de un ser muy superior a los humanos. Según Paley, el hecho de que todas las criaturas vivientes estén equipadas con todo tipo de características necesarias para sobrevivir, es una prueba de planeamiento, de diseño y de un Creador que las diseñó81.

George Cuvier (1769 – 1832)

Fue anatomista y paleontólogo, uno de los más grandes de ellos. Es considerado el fundador de la anatomía comparada y uno de los principales generadores de la paleontología como disciplina científica separada. Firme creacionista, participó en importantes debates sobre “creación o evolución”82.

Humphrey Davy (1778 – 1829)

Conocido como creyente en Dios, fue uno de los más grandes químicos de su tiempo y tuvo a Faraday como aprendiz. Fue el primero en aislar muchos elementos químicos importantes, en demostrar el fenómeno de la descomposición del agua por medio de la electrólisis y en comprobar que los diamantes eran carbón puro. Inventó la lámpara de seguridad para los mineros que lleva su nombre y realizó importantes contribuciones en el campo de la química.

Adam Sedgwick (1785 – 1873)

Uno de los principales geólogos ingleses del siglo XIX, conocido especialmente por identificar y denominar como cámbrico y devónico dos de los principales sistemas rocosos del planeta. Clérigo y amigo personal de Darwin, siempre se opuso a las ideas evolucionistas de éste83.

Michael Faraday (1791 – 1867)

Reconocido mundialmente como uno de los más grandes físicos de la historia, desarrolló en particular las nuevas ciencias de la electricidad y el magnetismo. También realizó contribuciones claves en el campo de la química. Fue un científico convencido de la existencia de un Creador y de que la ciencia y la religión no se contradicen. Estaba seguro de que toda la naturaleza se encontraba interconectada y constituía un conjunto único porque Dios había creado todo. Basándose en ese concepto concluyó que la electricidad y el magnetismo debían estar estrechamente vinculados84.

Samuel Morse (1791 – 1872)

Figura notoria por su invención del telégrafo, construyó también la primera cámara fotográfica en los Estados Unidos. Sostenía la existencia de Uno Quien todo lo crea con un propósito. Percibía que el mundo material y el mundo espiritual funcionaban en armonía. Cuatro años antes de morir escribió: Cuanto más me acerco al fin de mi peregrinación, más aprecio lo valioso que es como recurso de quienes caen en desgracia el reconocimiento de la grandeza y sublimidad de Dios, porque así se ilumina el futuro con esperanza y júbilo85.

Joseph Henry (1797 – 1878)

Este gran físico y creyente norteamericano fue profesor en la Universidad de Princeton. Inventó el motor electromagnético y el galvanómetro. Tenía por hábito adorar y rezar a Dios y pedir la guía divina en cada momento crítico de cada uno de sus experimentos86.

Louis Agassiz (1807 – 1873)

Admitido ampliamente como el más grande de los biólogos norteamericanos, era un inveterado oponente del evolucionismo. Percibía la existencia de un plan divino en la naturaleza y no podía aceptar una teoría incapaz de reconocer su diseño. En Ensayo Sobre la Clasificación escribió: La combinación en el tiempo y en el espacio de todas estas concepciones exhibe no sólo intención sino que también demuestra premeditación, poder, sabiduría, grandeza, presciencia (conocimiento que tiene Dios de los hechos antes de que sucedan), omnisciencia, providencia. En una palabra, todas estas realidades proclaman en voz alta en su encadenamiento natural al Dios Uno, a Quien el ser humano puede conocer, adorar y amar87.

James Prescott Joule (1818 – 1889)

Además de su descubrimiento de la primera ley de la termodinámica, demostró cómo calcular el calor que produce una corriente eléctrica al circular por un cable y fue el primero en determinar la velocidad de una molécula de gas. Su principal aporte fue la constante conocida como “equivalencia mecánica del calor”, lo cual condujo a la formulación de la ley de conservación de la energía, la más básica y universal de todas las leyes científicas.

Era un científico convencido de que podía acercarse más a Dios en la medida que más conocía las leyes de la naturaleza. Ese convencimiento lo impulsaba a realizar más investigaciones. Fue uno de los 717 científicos que firmaron un manifiesto en contra de Darwin en 1864. En referencia a la ciencia dijo: Después de conocer la voluntad de Dios y obedecerle, el principal objetivo debe ser conocer algunos de Sus atributos de sabiduría, poder y bondad que evidencian las obras de Sus manos. Es evidente que el conocimiento de las leyes naturales significa nada menos que una forma de relacionarse con la inteligencia o espíritu de Dios que allí se expresan88.

George Gabriel Stokes (1819 – 1903)

Fue un gran físico y matemático británico que realizó grandes contribuciones en una serie de campos. Expandió el conocimiento acerca de las diferencias en la gravitación o atracción universal, la astrofísica, la química, los problemas acústicos y el calor. Demostró que el cuarzo, a diferencia del vidrio, es transparente a la radiación ultravioleta. Junto a Lord Kelvin estuvieron entre los primeros que apreciaron convenientemente los estudios de Joule sobre la termodinámica. Stokes demostró también que los rayos X eran parte del espectro electromagnético de Maxwell. Fue presidente del Instituto Victoriano de Londres y activo miembro de la Sociedad Filosófica de Cambridge.

Investigó la naturaleza como obra de un Creador y puntualizó de manera resaltada su creencia en Dios. En uno de sus trabajos dijo que las leyes de la naturaleza se concretan según Su voluntad y que si El lo deseaba podía cancelarlas89.

Rudolph Virchow (1821 – 1902)

Sus mayores contribuciones fueron en el campo de la medicina. Es considerado el padre de la patología moderna y del estudio de las enfermedades celulares. Fue el primero en describir la leucemia y muy activo en la investigación antropológica y arqueológica. Se constituyó en uno de los científicos que más se opuso a la difusión del evolucionismo de Darwin y Haeckel. También participó en política y luchó con mucho vigor en contra de la autorización oficial para la enseñanza evolucionista en las escuelas de Alemania90.

Gregory Mendel (1822 – 1884)

Pasó a la historia como el fundador de la investigación sobre los principios de la herencia. Además de haber refutado la teoría de la evolución con su enunciado de las tres leyes de la genética, sostenía que Dios originó el mundo y que la casualidad no podía ser la autora de la vida91.

Louis Pasteur (1822 – 1895)

Es una de las grandes figuras de la historia de la ciencia y de la medicina, en especial por haber establecido la relación entre los gérmenes y las enfermedades y por su tenaz oposición a la teoría de la evolución. Fue el primero en explicar el fundamento y mecanismo del proceso de fermentación. Gracias a los grandes avances que realizó en el campo de la bacteriología, aisló una serie de microorganismos causantes de enfermedades (especialmente los correspondientes a la rabia, la difteria y el ántrax) y produjo vacunas para combatirlos. También desarrolló los procedimientos de esterilización y pasteurización (eliminación de microorganismos perjudiciales mediante el tratamiento a una temperatura inferior al punto de ebullición).

Firme creyente en Dios, sufrió una feroz oposición debido a su resistencia al darwinismo. Defendió la compatibilidad entre ciencia y religión, cosa que enfatizó en sus escritos. En uno de ellos dice: Cuanto más conozco, mi fe se acerca más a la de un campesino bretón (es decir, a una fe sencilla, serena, abarcadora, sin cuestionamientos)92.

Una ciencia escasa te aleja de Dios pero su acrecentamiento te acerca a El93.

William Thompson (Lord Kelvin) (1824 – 1907)

Es aceptado como el físico más importante de su tiempo y conocido por su enérgica fe en Dios. La comunidad científica lo tiene en elevada consideración por sus contribuciones en la física y en las matemáticas, como así también por sus inventos. Desarrolló un método para licuar el hidrógeno y el helio. Definió la temperatura absoluta por medio de una escala independiente de todo cuerpo térmico, descubrió el cero absoluto y estableció la “escala Kelvin”, en la que se mide en “grados Kelvin”. Constituyó a la termodinámica en una disciplina científica formal y formuló la primera y la segunda ley de la misma con una terminología precisa. Expresaba abiertamente su creencia en Dios: No teman ser librepensadores. Si conjeturan con suficiente firmeza y coherencia, la misma ciencia les hará creer en Dios94.

Con respecto al origen de la vida, la ciencia... afirma positivamente la existencia de un poder creador95.

J. J. Thomson (1856 – 1940)

Fue profesor de Física en la Universidad de Cambridge y descubridor del electrón en 1897. Como persona religiosa, en una nota publicada en la revista Nature llama la atención sobre el hecho de que las conclusiones a las que llegaba la ciencia señalaban la existencia de Dios: Quienes asciendan a la cumbre de la ciencia, tendrán allí señales más amplias y sentimientos más profundos respecto a la verdad que es puesta de relieve con cada avance en su campo, lo que destaca la majestuosidad de las obras del Señor96.

Sir William Huggins (1824 – 1910)

Conocido como científico creyente en Dios y astrónomo brillante, fue el primero en demostrar que el principal componente de las estrellas es el hidrógeno además de pequeñas cantidades de otros elementos que existen en la Tierra. También identificó por primera vez el efecto Doppler (es decir, que la luz de las estrellas se corre del rojo al azul en la medida que se alejan una de otra) en astronomía, efecto que condujo a la idea de un universo en expansión.

Joseph Clerk Maxwell (1831 – 1879)

Tuvo una vida corta pero singularmente productiva. Reconocido como el padre de la física moderna, demostró la unidad entre la luz y la electricidad y reunió a ambas junto al magnetismo bajo un conjunto de ecuaciones célebres que llevan su nombre. Einstein se basó en las mismas para formular la teoría de la relatividad y dijo que sus logros eran los más profundos y fructíferos que ha experimentado la física desde la época de Newton. Maxwell se opuso con determinación a la teoría de la evolución y produjo una refutación matemática concienzuda a la denominada “hipótesis nebular” del francés Laplace, quien era ateo. También impugnó con ironía la filosofía evolucionista de Herbert Spencer, gran defensor del darwinismo. En una carta vierte sus reflexiones sobre el papel de los científicos creyentes en Dios y dice que tienen la obligación de llevar adelante esos trabajos que beneficiarán (la comprensión de la idea) religiosa97.

John Strutt (1842 – 1919)

Estudió el desplazamiento de las ondas electromagnéticas y realizó grandes contribuciones en los campos de la óptica, la acústica y la dinámica de los gases, además de ser codescubridor del argón y los gases raros. Abierto creyente en Dios, encabezaba sus trabajos con la siguiente sentencia: Las obras de Dios son excelentes98.

George Washington Carver (1865 – 1943)

Carver fue un importante investigador de la agricultura cuando ésta se convirtió en una disciplina importante, a fines del siglo XIX. Realizó una serie de descubrimientos decisivos y en sus charlas y entrevistas se refería siempre a su creencia en Dios. Respondió a un periodista del Atlanta Journal que le interrogó sobre la estabilidad o durabilidad de las pinturas: Todo lo que hago es elaborar lo que Dios ha creado para que los seres humanos puedan usarlo. El trabajo es de Dios, no mío99.

Sir James Jeans (1877 – 1946)

Este prominente físico sostenía que el universo existía por obra de un Creador de Sabiduría infinita. Entre otras cosas dijo: Descubrimos que el universo muestra evidencia de un diseño o de un Poder controlador que tiene algo en común con nuestras mentes100.

Un estudio científico del universo ha sugerido la conclusión de que puede ser sintetizado en la siguiente oración: parece que ha sido creado por un matemático perfecto101.

Albert Einstein (1879 – 1955)

Uno de los científicos más importantes del siglo pasado era conocido también por su creencia en Dios. No dudó en declarar que la ciencia no podía existir sin la religión: No puedo concebir un científico genuino sin una fe en Dios profunda. Esta situación puede expresarse por medio de una imagen: la ciencia sin la religión renquea102.

Estaba convencido de que el universo tenía un diseño demasiado perfecto para ser el producto de la casualidad y que fue organizado por un Creador dueño de una Sabiduría Superior.

En sus escritos se refería normalmente a Dios y consideraba muy importante preguntarse acerca del orden existente en el universo. Expresa que en todo verdadero investigador de la Naturaleza hay una especie de reverencia religiosa103.

En otra parte escribió: Todo aquel que esté seriamente comprometido en la investigación científica, adquiere el convencimiento de que en las leyes del universo se manifiesta un espíritu muy superior al humano. Es así como la investigación científica conduce a un sentimiento religioso de tipo especial...104.

Georges Lemaître (1894 – 1966)

Propuso la teoría del Big Bang, la cual apunta a que el universo fue creado. Pensaba que era evidente que éste tuvo un comienzo, tendrá un fin y que el reconocerlo juega un papel decisivo en la creencia en Dios por parte de mucha gente. Además de científico era sacerdote y creía que la ciencia y la religión conducen a la misma verdad105.

Sir Alister Hardy (1896 – 1985)

Instituyó la ciencia oceanográfica moderna. La Fundación Templeton lo denominó en 1985 el investigador del año por sus estudios empíricos sobre las experiencias religiosas, realizados por primera vez de manera científica.

Wernher von Braun (1912 – 1977)

Está considerado uno de los principales científicos del mundo. Fue el principal ingeniero alemán en materia de cohetes durante la segunda guerra mundial y desarrolló el conocido como V2. Gran creyente en Dios, ocupó el cargo de director de la NASA en su momento. En el prólogo a una antología sobre la creación y el diseño en la naturaleza, ofreció el siguiente testimonio: Los vuelos espaciales tripulados son un logro asombroso pero sólo han abierto una pequeña ventana a la pavorosa amplitud espacial. Una mirada a través de esta mirilla a los vastos misterios del universo debería confirmar nuestra fe en la certeza de su Creador. Me resulta difícil entender que haya científicos que no reconozcan la presencia de una racionalidad superior originadora del universo o que haya teólogos que nieguen los avances de la ciencia106.

En mayo de 1974 expresó en un artículo: Nadie puede ser expuesto a la ley y el orden del universo sin concluir que existe un diseño y un propósito que lo respalda... Cuanto mejor entendamos los embrollos del universo y todo lo que él alberga, más razón encontraremos para maravillarnos por el diseño inherente en el que se basa... Verse forzado a admitir una única conclusión, es decir, que el universo se produjo por casualidad, violaría la propia objetividad de la ciencia... ¿Qué proceso azaroso podría llegar a producir el cerebro o el sistema de la vista humanos?107.

Max Planck (1858 – 1947)

Profesor de física en la Universidad de Berlín, elaboró en el decenio de 1900 una constante referida a la radiación de energía que lleva su nombre. Sostuvo que dicha radiación se parece más a una lluvia discontinua que a una corriente de agua que fluye de manera constante. Estableció también que esa radiación se distribuye o viaja en cantidades fijas o “cuantos”, a manera de “paquetes de energía”, y que la cantidad mínima de energía o unidad de energía propia de las radiaciones es una partícula subnuclear llamada fotón. Este concepto resultó un punto de viraje en la historia de la física. De ese modo se llegaba a la conclusión de que la luz no sólo viajaba por el espacio en forma de onda sino que también lo hacía como partículas.

Esta persona, responsable de semejantes descubrimientos, creía en una inteligencia omnipotente que gobierna el universo y expresó que el Creador del orden universal es Dios. Respecto a su creencia en Dios dijo: Cualquiera que realiza un trabajo científico con plena responsabilidad comprueba que sobre el dintel de la puerta del templo de la ciencia están escritas las siguientes palabras: “Debes tener fe. Es una cualidad de la que el científico no puede prescindir108.

Charles Coulson (1910 – 1974)

Profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford durante muchos años, a menudo hacía mención de su creencia en Dios, de las súplicas que Le dirigía y de su convicción de que el propósito para el que vivía era acercarse más a El109.

 

OTROS CIENTIFICOS DEL PASADO CREYENTES EN DIOS

Cada uno de los investigadores cuyos nombres aparecen a continuación, hicieron importantes contribuciones a la ciencia y creían firmemente en Dios. Son un ejemplo claro de que adherir al creacionismo no está en pugna con el progreso científico. Por el contrario, la religión alienta y fomenta la investigación en todos los campos de la ciencia.

 Leonardo de Vinci (1452-1519)                             Georgias Agricola (1494-1555)

Arte, Ingeniería, Arquitectura                               Mineralogía

 

John Wilkins (1614-1672)                         Walter Charleton (1619-1707)

Astronomía y Mecánica                                       Presidente del Colegio Real de Físicos

 

Isaac Barrow (1630-1677)                                    Nicolas Steno (1631-1686)

Profesor de Matemáticas                                     Estratigrafía

 

Thomas Burnet (1635-1715)                                 Increase Mather (1639-1723)

Geología                                                              Astronomía

 

Nehemiah Grew (1641-1712)                                William Whiston (1667-1752)

Medicina                                                             Física, Geología

 

John Hutchinson (1674-1737)                                Jonathan Edwards (1703-1758)

Paleontología                                                       Física, Meteorología

 

Richard Kirwan (1733-1812)                                Timothy Dwight (1752-1817)

Mineralogía                                                         Pedagogo

 

James Parkinson (1755-1824)                               William Kirby (1759-1850)

Medicina                                                             Entomología (estudio de los insectos)

 

Benjamin Barton (1766-1815)                               John Dalton (1766-1844)

Botánica, Zoología                                               Primero en enunciar la teoría atómica moderna

 

Charles Bell (1774-1842)                                      John Kidd (1775-1851)

Anatomía                                                            Química

 

Johann Carl Friedrich Gauss (1777-1855)  Benjamin Silliman (1779-1864)

Geometría, Geología, Magnetismo, Astronomía Mineralogía

 

Peter Mark Roget (1779-1869)                             William Buckland (1784-1856)

Fisiología                                                 Geología

 

William Prout (1785-1850)                                    Edward Hitchcock (1793-1864)

Química                                                              Geología

 

William Whewell (1794-1866)                               Richard Owen (1804-1892)

Astronomía y Física                                             Zoología, Paleontología

 

Matthew Maury (1806-1873)                                Henry Rogers (1808-1866)

Oceanografía, Hidrografía                                    Geología

 

James Glaisher (1809-1903)                                  Philip H. Gosse (1810-1888)

Meteorología                                                       Ornitología (estudio de las aves), Zoología

 

Sir Henry Rawlinson (1810-1895)             John Ambrose Fleming (1849-1945)

Arqueología                                                         Electrónica

 

Sir Joseph Henry Gilbert (1817-1901)                    Thomas Anderson (1819-1874)

Química Agrícola                                     Química

 

Charles P. Smyth (1819-1900)                              John W. Dawson (1820-1899)

Astronomía                                                          Geología

 

Henri Fabre (1823-1915)                                      Bernhard Riemann (1826-1866)

Entomología                                                         Geometría

 

Joseph Lister (1827-1912)                                    John Bell Pettigrew (1834-1908)

Cirugía                                                                Anatomía, Fisiología

 

Balfour Stewart (1828-1887)                                P.G. Tait (1831-1901)

Electricidad de la Ionosfera                                  Física, Matemáticas

 

Edward William Morley (1838-1923)                     Sir William Abney (1843-1920)

Premio Nobel de Física                                        Astronomía

 

Alexander MacAlister (1844-1919)                       A.H. Sayce (1845-1933)

Anatomía                                                            Arqueología

 

James Dana (1813-1895)                                      George Romanes (1848-1894)

Geología                                                              Biología y Fisiología

 

William Mitchell Ramsay (1851-1939)                   William Ramsay (1852-1916)

Arqueología                                                         Química

 

Howard A. Kelly (1858-1943)                              Douglas Dewar (1875-1957)

Ginecología                                                          Ornitología

 

Paul Lemoine (1878-1940)                                    Charles Stine (1882-1954)

Geología                                                              Química Orgánica

 

A. Rendle-Short (1885-1955)                                L. Merson Davies (1890-1960)

Medicina                                                             Geología, Paleontología

 

Sir Cecil P.G. Wakeley (1892-1979)

Medicina

 

CIENTIFICOS CONTEMPORANEOS CREYENTES EN DIOS

La ciencia ha dado grandes pasos y se hicieron muchos descubrimientos en el siglo XX. Los progresos han demostrado con toda claridad algo: La Realidad de la Creación.

Cada descubrimiento científico indica un diseño, un orden y un plan perfectos en cada cosa animada o inanimada de la naturaleza. Muchos investigadores testigos de esa verdad comprobaron que todo el universo es la obra de una Sabiduría superior, motivo por el cual pasaron a defender la realidad de la Creación, es decir, reconocieron que todo ha sido creado por Dios Todopoderoso.

En la actualidad hay muchas organizaciones respetables en occidente establecidas por científicos creyentes, especialmente en los Estados Unidos. Su objetivo es dejar en claro que la evidencia científica confirma el diseño perfecto del universo.

A continuación nombramos algunas de esas personalidades actuales, reconocidas por sus logros.

Dr. Henry Fritz Schaefer

Profesor de química en la Universidad Graham Perdue y Director del Centro de Computación de Química Cuántica en la Universidad de Georgia, ha sido nominado para el Premio Nobel y recientemente se lo consideró el tercer químico más citado del mundo.

Como creyente aspira a conocer mejor a Dios a través de su trabajo científico. Escribió: La motivación y la alegría que tengo en el trabajo científico procede de los ocasionales momentos en que descubro algo nuevo y me digo, “¡fíjate, así es como Dios lo hizo!”110.

Isaac Bashevis Singer

Uno de los más notables físicos de nuestros días, rechaza la teoría de la evolución y cree en Dios. En una conferencia criticó el darwinismo mediante un interesante relato a modo de fábula: Algunos científicos descubrieron una isla desierta y se quedaron fascinados por la jungla y los animales salvajes que veían. Escalaron los cerros y observaron los alrededores pero no podían encontrar el más leve signo de civilización. Al regresar a su nave hallaron en la playa un reloj de pulsera nuevo que funcionaba correctamente, lo cual les intrigó. Se preguntaban cómo habría llegado el reloj a ese lugar, porque estaban seguros de que nadie había puesto los pies allí antes que ellos. Se les presentaba una sola explicación: el reloj, con su malla de cuero, vidrio protector, batería y demás componentes, llegó a la isla por casualidad y se asentó sobre la playa. No había ninguna otra alternativa.

Para explicar la decepción de los evolucionistas, Singer terminó su relato con esta oración: Cada reloj, por cierto, ha sido fabricado por alguien111.

Todo lo animado o inanimado posee un diseño superior y un orden perfecto. Por consiguiente, nada puede ser atribuido a la casualidad. Es obvio que cada cosa es la obra de un Creador supremo todopoderoso. Pero la mayor parte de los científicos modernos no dan importancia a esa perfección y orden que lo demuestra.

Malcom Duncan Winter, Jr.

Recibió su doctorado en la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern. Sostiene que el universo en general y los humanos en particular, fueron creados por un Hacedor superior. Al desarrollar sus puntos de vista escribió: La Tierra y el universo, con todas sus complejidades, sus diversas formas de vida y el propio ser humano con su capacidad de pensamiento superior, son demasiado complicados para ser el producto de la mera casualidad. Por lo tanto, tiene que existir una Mente Magistral, un Creador que los hizo. Debe existir Dios112.

William Phillips

Es un científico creyente que recibió el Premio Nobel antes de cumplir 50 años por su trabajo sobre nuevos métodos para enfriar y atrapar átomos con luz laser. En una conferencia de prensa después de haberse anunciado que se le otorgaba tan eminente distinción, hizo la siguiente observación: Dios nos ha dado un mundo increíblemente fascinante para vivir en él y explorarlo113.

Profesor Dale Swartzendruber

Su primer trabajo fue como científico adjunto en estudios del suelo en la Universidad de California y luego tuvo el cargo de profesor asociado de la cátedra de Suelos en la Universidad Purdue. Es miembro de la Sociedad Americana de la Ciencia del Suelo. Señaló que el universo no se pudo formar por casualidad y que es obra de un Creador: En verdad, “en todas partes” hay teleología, propósito, diseño. Uno no puede dejar de verlo en los cielos o sobre la tierra. Negar un Gran Diseñador es tan totalmente ilógico como admirar un magnífico campo de trigo y al mismo tiempo negar la existencia del agricultor que lo sembró114.

William Dembski

Es uno de los principales matemáticos de la actualidad y su área de investigación abarca un gran número de disciplinas, desde la filosofía a la teología. Subraya que la ciencia es una tarea que se realiza con el objeto de comprender el mundo y que los científicos no son más que los que intentan llevar adelante ese trabajo: El mundo es creación de Dios. Y los científicos, en su trabajo para entenderlo, simplemente siguen los rastros del propósito de Dios. Los científicos no son creadores sino descubridores... Lo importante del acto de la creación es que revela al Creador. Ese acto lleva siempre la firma del creador115.

Profesor Stephen Meyer

Es profesor adjunto de Filosofía en el Colegio Whitworth. Admite sin dudas el hecho de la Creación y ha elaborado una serie de trabajos sobre el tema. En muchos de ellos sostiene que el universo es producto de un diseño inteligente y que la naturaleza testimonia esa realidad. En uno de sus artículos se refiere al diseño en las células y dice: Sostengo que ni la casualidad ni la “selección natural prebiótica”, ni la “necesidad” físico-química (de cualquier manera teórica que se lo presente) pueden explicar el origen de la información que encierra la primera célula116.

Profesor Walter L. Bradley

Profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad A&M de Texas, es autor del libro El Misterio del Origen de la Vida. Opina que el cosmos y todo lo animado e inanimado es el resultado de un diseño, evidencias de lo cual se presentan por todas partes. Sus palabras comunican su fe en la existencia del Creador: En la primavera de 1987 acepté realizar una exposición sobre Cristianismo y Ciencia en la Universidad de Cornell. Decidí experimentar en un nivel amplio y popular el tema de la Evidencia Científica de la Existencia de Dios... Las evidencias claras de la existencia de un creador inteligente son abundantes117.

Earl Chester Rex

Primero fue catedrático en matemáticas en la Universidad de Southern California y luego profesor adjunto de física en el Colegio George Pepperdine. Al sostener que el universo fue creado por Dios y que está bajo su control, subrayó que cualquier teoría actual sobre su origen y conservación que lo ignore o niegue, no explica todas las realidades del caso o resulta desesperanzadora y confusa118.

Dr. Allan Sandage

Uno de los más distinguidos astrónomos de nuestros días, aceptó a Dios a los 50 años. En una entrevista publicada en la revista Newsweek titulada La Ciencia Descubre a Dios, explica porqué aceptó la religión: Fue mi trabajo lo que me condujo a la conclusión de que el mundo es mucho más complicado que lo que puede explicar la ciencia. Sólo a través de lo sobrenatural puedo comprender el misterio de la existencia119.

Profesor Cecil Boyce Hamann

Miembro de las Facultades de la Universidad de Kentucky, de la Escuela de Medicina de la Universidad de St. Louis y del Colegio de Greenville, enseña actualmente biología en el Colegio Asbury. Es un científico con una firme fe en Dios, lo que expresó así: Hacia cualquier parte que me vuelva en el campo de la ciencia hay evidencias de diseño, ley y orden, (producto) de un Ser Supremo... Sí, creo en Dios. Creo en un Dios que no es solamente una Deidad todopoderosa que creó y sustenta este universo, sino en Uno que se preocupa por la corona de su creación, el ser humano120.

Paul Ernest Adolph

Fue profesor adjunto de anatomía en la Universidad St. John y ahora miembro del Consejo de Dirección del Colegio de Cirujanos de Estados Unidos. Debe su firme fe a sus estudios científicos y dijo una vez acerca de la misma: Podría decir que he aceptado definidamente la existencia y realidad de Dios. Esa convicción no proviene solamente de experiencias de naturaleza espiritual, sino de mi práctica médica que ha ampliado y confirmado lo que había aceptado por medio de la fe... ¡Si, por cierto, Dios existe!121.

Lester John Zimmerman

Se doctoró en la Universidad de Purdue y es profesor de agricultura y matemáticas en el Colegio Goshen. Argumentó su fe en Dios de la siguiente manera: La naturaleza fue originada por Dios, Quien la sustenta incesantemente. Mientras continúo estudiando y observando como opera la Naturaleza en el suelo y en las plantas, mi creencia en Dios aumenta constantemente y diariamente me inclino ante El, alabándolo y admirándolo122.

Enrico Medi

Este investigador italiano, habló en una conferencia internacional realizada en Roma en 1971 sobre los milagros con los que se encuentra el científico en su trabajo: ...hay una causa, más allá del espacio, más allá del tiempo, que es la dueña de la vida y que hizo la existencia de esta manera. Se trata de Dios123.

Wayne U. Ault

Ganó un postgrado en la Universidad de Columbia y fue investigador asociado del Laboratorio de Geoquímica en Nueva York. Declaró que la investigación científica acrecienta el compromiso con Dios: La búsqueda del conocimiento y la curiosidad acerca del cómo y del porqué de la Naturaleza, son parte de las cualidades con las que está dotada la mente. Una vez que el científico puso su fe en el Creador del universo, la misma sólo puede crecer como resultado de los estudios, en el campo que sea124.

Profesor Michael P. Girouard

Profesor de Biología en la Universidad de Louisiana del Sur, cree que la vida no pudo aparecer por casualidad y que la estructura muy compleja y perfecta de las proteínas y células, las unidades básicas de la vida, fueron creadas por Dios. En una alocución titulada ¿Es Posible Que La Vida Emerja Por Medio De Las Casualidades?, realizada en la segunda conferencia internacional sobre El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación y organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1988 en Estambul, el profesor Girouard sostuvo su opinión basado en pruebas científicas y terminó su discurso así: La hechura de las cosas vivientes es muchísimo más complicada que las pruebas y resultados de laboratorio. Cuando nos volvemos a las leyes de la física y de la química en busca de algo que nos aclare esa realidad, lo que aprendemos es que, definidamente, debe existir una Inteligencia, un Creador, Quien ha ordenado estas leyes. Esta es la explicación más científica. Dichas leyes nos revelan con certeza que la formación de lo viviente y la evolución (de modo espontáneo) a partir de la materia inanimada es imposible. En homenaje a estos descubrimientos científicos, no sólo doy por terminado mi discurso sino que también deja de existir el evolucionismo125.

Profesor Edward Boudreaux

Profesor de Química en la Universidad de New Orleans, sostiene que los elementos químicos fueron organizados por Dios deliberadamente para dar lugar a la vida. En su discurso titulado El Diseño en la Química, pronunciado en la segunda conferencia internacional sobre El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada en Estambul, dijo: El mundo en que vivimos y sus leyes naturales los estableció con gran precisión el Creador para nosotros, los humanos126.

Profesor Kenneth Cumming

Mundialmente conocido y miembro del Instituto para la Investigación de la Creación de los Estados Unidos, es una autoridad en bioquímica y paleontología. Expresó su oposición a la teoría de la evolución y su fe en la existencia de Dios: Sostengo que hay montones de evidencia que dicen que esa idea (de la evolución) ha caducado. Deber ser puesta en tela de juicio, debe ser desenmascarada, luego de su bancarrota frente a la perspectiva de la creación. Según ésta, un ser superior, de intelecto, ha creado todo lo que vemos. Y las variaciones que observamos son parte de esa creación. Este es el tipo de respuesta que deberíamos dar en apoyo de nuestra comprensión de la realidad127.

Profesor Carl Fliermans

Muy conocido en los Estados Unidos, es profesor de microbiología en la Universidad de Indiana. Patrocinado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, estudia “la neutralización de desechos químicos por medio de bacterias”. En la conferencia internacional sobre El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada en Estambul, refutó las suposiciones de los evolucionistas en el campo de la bioquímica y expresó su creencia en Dios: La biología moderna prueba que las formas de vida no pasaron a existir por casualidad, lo cual evidencia la creación superior por parte de Dios128.

Profesor David Menton

Profesor de anatomía en la Universidad de Washington, afirmó su creencia en Dios al decir: He estado examinando la anatomía de lo viviente durante treinta años. En todos los casos me he encontrado con la realidad de la creación perfecta de Dios129.

Profesor John Morris

Conocido geólogo, es presidente del Instituto para la Investigación de la Creación, la organización más prolífica de los Estados Unidos, constituida por científicos que defienden el creacionismo. En su discurso se refirió a su fe en Dios y a su convicción en que la teoría de la evolución ha sido refutada por la ciencia: Al igual que muchos otros científicos distinguidos y cualificados, como devotos creyentes en Dios sostenemos que El es el Creador. Es Dios Quien dirige nuestras vidas y a Quien tenemos que volver. Le debemos nuestras vidas y tenemos la responsabilidad de obtener Su contento130.

Arthur Peacocke

Su primera disciplina fue la bioquímica física y actualmente es director del Centro Ian Ramsey de la Universidad de Oxford. Así declara su fe: Dios crea y está presente en cada instante de tiempo en todo lo creado; trasciende el tiempo: es eterno, en el sentido de que no hay ningún tiempo pasado en el que no haya existido, ni habrá tiempo en el futuro en el que no vaya a existir131.

Albert McCombs Winchester

Después de completar sus estudios de postgrado en la Universidad de Texas, se desempeñó como profesor de biología en la Universidad de Baylor y fue presidente de la Academia de Ciencias de Florida. Afirmó que la investigación científica fortifica su fe en Dios: Hoy día, después de muchos años en la investigación y de trabajar como científico, me siento feliz de decir que mi fe en Dios no se ha debilitado sino que se ha fortificado y ha adquirido un fundamento más firme que antes. La ciencia da lugar a la comprensión de la majestad y omnipotencia del Ser Supremo, la cual se fortalece con cada nuevo descubrimiento132.

Mehdi Golshani

Físico de la Universidad Tecnológica Sharif de Teherán, concedió una entrevista a la revista Newsweek y allí subrayó su creencia en Dios y que la investigación científica complementa la religión: Los fenómenos naturales son los signos de Dios en el universo y estudiarlos es casi una obligación religiosa. El Corán pide a las personas que viajen por la Tierra para ver cómo El ha iniciado la creación. La investigación es un acto de adoración, en el sentido que revela las maravillas de Su creación133.

Profesor Edwin Fast

Completó su trabajo de postgrado en la Universidad de Oklahoma y enseñó allí en el Departamento de Física. Sostiene que es completamente imposible que los átomos, “los ladrillos” formadores de la materia, se hayan unido espontáneamente para dar lugar al universo en general y a lo viviente en particular. Expresó su adhesión al creacionismo: Uno debe llegar finalmente a la conclusión de que la existencia de las “leyes naturales” retratan la planificación que hay en el cosmos, evidencian una Inteligencia que decide establecer la operatividad universal tal como la vemos... La Causa que creó las partículas también determinó, lógicamente, sus propiedades134.

Charles H. Townes

Actualmente se desempeña en la Universidad de Berkeley y es el descubridor del principio del laser. Su fe en Dios la expresó así: Como individuo religioso, siento con fuerza la presencia y acción de una existencia creadora más allá de mí y no obstante personal y muy cercana135.

John Polkinghorne

Investigador distinguido de física corpuscular en la Universidad de Cambridge, hizo la siguiente declaración a la revista Newsweek: Cuando uno se da cuenta de que todas las leyes de la naturaleza debieron estar en una sintonía increíblemente fina para producir el universo que vemos, es difícil sostener que éste se formó por casualidad. Por el contrario, nos damos cuenta de que debe haber un propósito que lo permitió. La razón fundamental por la cual creo en Dios es que para mi hay una mente y un propósito por detrás del universo136.

Hugh Ross

Doctor en astronomía de la Universidad de Toronto, es presidente del Instituto creacionista de los Estados Unidos “Razones para Creer”. Escribió muchos libros sobre la relación entre la cosmología y la creación. Algunos de ellos son: El Creador y el Cosmos, Creación y Tiempo, Más Allá del Cosmos. En dos de sus observaciones expresa: Si el comienzo del tiempo es concurrente con el comienzo del universo, como afirma el teorema espacio-temporal, entonces la causa del universo debe ser alguna entidad operando en una dimensión temporal completamente independiente y preexistente a la del cosmos... Ello nos dice que el Creador es trascendente, que opera más allá de los límites dimensionales del universo137.

Un Creador trascendente e inteligente debe haber hecho existir el universo. Un Creador trascendente e inteligente debe haberlo diseñado. Un Creador trascendente e inteligente debe haber diseñado el planeta Tierra. Un Creador trascendente e inteligente debe haber diseñado la vida138.

Profesor Dr. Duane Gish

Doctorado en Bioquímica en la Universidad de California (Berkeley), es conocido y respetado por su convicción religiosa y su lucha antievolucionista. Dio numerosas conferencias acerca de la invalidez de la teoría de la evolución y actualmente es uno de los más sobresalientes polemistas en defensa del creacionismo.

Participó en la conferencia internacional sobre El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada en 1988 en Turquía. Refiriéndose a ese colapso y a su fuerte fe en la creación dijo: La teoría de la evolución está en una crisis irremediable. Pero el creacionismo, por el contrario, está respaldado por evidencias sólidas. En la actualidad miles de científicos encuentran la idea de la creación cada vez más convincente139.

Dr. Pierre Gunnar Jerlstrom

Recibió el doctorado en biología molecular en la Universidad de Griffith, condujo numerosos estudios en ese campo y fue honrado con diversos premios científicos. Sus artículos son publicados en varias revistas de ciencia. También es conocido por su creencia en Dios.

Dr. Stephen Grocott

Posee un doctorado en química organometálica --de los metales complejos ópticamente activos-- de la Universidad de Western (Australia). Se dedicó muchos años a la purificación del aluminio, a la química industrial y a la ambiental. Publicó muchos artículos sobre esos temas. Después de bastante tiempo como evolucionista pasivo, fue sacudido por la lógica, la integridad y la abrumadora masa de evidencia científica de la Creación Extraordinaria.

Conferencista sobre el creacionismo, tiene una capacidad especial para involucrar en el tema a todos los presentes.

Dmitry Kouznetsov

Este investigador ruso puntualiza que un gran número de estudiosos han comenzado a creer en Dios y a aceptar la religión debido a los nuevos descubrimientos científicos. Es un ardiente polemista con los evolucionistas140.

Dr. Emil Silvestru

Trabajó como profesor adjunto en la Universidad Babes-Bolyai de Rumania. Reconocido y respetado internacionalmente como autoridad en la investigación de cavernas, publicó numerosos artículos en revistas del todo el mundo. Hasta hace poco dirigió el primer Instituto Mundial de Espeleología (la espeleología es el estudio de las cavernas). Es un científico creacionista.

Dr. Andre Eggen

Experto en genética animal, ha trabajado recientemente para el gobierno francés como investigador. También sostiene el creacionismo.

Dr. Ian Macreadie

Biólogo molecular, ha realizado investigaciones en microbiología y biología molecular. Autor de más de sesenta artículos de investigación, es una de las autoridades del Instituto de Investigación Biomolecular de la Organización de la Commonwealth Australiana de Investigación Científica e Industral (CSIRO). El Dr. Macreadie repudia el creacionismo y ganó el premio más importante de la Sociedad Australiana de Microbiología por sus sobresalientes contribuciones en la investigación.

Profesor Andrew Conway Ivy

Uno de los más conocidos expertos en fisiología del mundo, fue director del Departamento de Fisiología y Farmacología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern entre 1925 y 1946. Luego ocupó el cargo de vicepresidente de la Universidad de Illinois desde 1946 hasta 1953. Posteriormente se desempeñó en la misma como profesor emérito de fisiología y jefe del Departamento de Ciencia del Colegio de Medicina. Cuando se le preguntó, ¿existe el Creador del universo?, respondió: Si, estoy seguro de que hay un Dios de la misma manera que estoy seguro de otras cosas.

Después dijo: La creencia en la existencia de Dios es lo único que otorga a la existencia un sentido completo, racional y esencial. La creencia en Dios es la razón fundamental de la certeza absoluta de que el ser humano es algo más que un paquete de materia y energía. La creencia en Dios es la fuente y el fundamento primario de las ideas más estimulantes de la mente humana141.

Dr. Raymond Jones

Se ha desempeñado durante años en la estimada organización australiana CSIRO. Es conocido por resolver el problema de la leguminosa guaje (un árbol semejante a la acacia), lo que ahorró millones de dólares a la agricultura australiana. Es un científico creacionista.

Jules H. Poirier

Estudió ingeniería eléctrica, física y matemáticas en la Universidad de California (Berkeley) y trabajó para la Marina de los Estados Unidos como ingeniero especialista en diseños electrónicos de alta potencia para proyectos especiales y de defensa. Durante su carrera profesional fue responsable de soluciones e innovaciones en muchos diseños que ayudaron a las fuerzas de defensa y al programa espacial norteamericanos. Al descubrir que los animales actuaban con cierto discernimiento, concluyó que un Creador les deber haber dado vida. Es autor del libro De la Oscuridad a la Luz para Volar: La Monarca, Mariposa Maravillosa, donde discurre sobre la cuestión mencionada.

Michael J. Behe

Profesor de bioquímica en la Universidad Lehigh de Pensylvania y uno de los científicos más renombrados, cree que el cosmos y todo lo viviente es obra de un diseño inteligente. Publicó muchos artículos en periódicos conocidos, como The New York Times y Boston Review. Es autor del libro La Caja Negra de Darwin, reimpreso más de ochenta veces en todo el mundo. Con el mismo demostró mediante lo que él denomina “complejidad irreductible”, que la teoría de la evolución no puede ser cierta desde el punto de vista biológico. Según ese concepto, muchos órganos están compuestos de diversas partes interactivas indispensables para su funcionamiento básico. Por consiguiente, la eliminación de alguna de esas partes hace imposible la actividad de todo el sistema. Es por eso que considera que el desarrollo gradual o la casualidad no tienen sentido, no cabe para nada tenerlos en cuenta.

En el libro mencionado escribió: No fueron diseñados por las leyes de la naturaleza ni por la casualidad o la necesidad. Antes bien, fueron planificados. El diseñador sabía como se verían los sistemas acabados y luego los produjo. La vida sobre la tierra en su nivel más fundamental, en sus componentes más decisivos, es el producto de una actividad inteligente. La conclusión del diseño inteligente fluye naturalmente de los datos... Inferir que los sistemas bioquímicos fueron diseñados por un agente inteligente es un proceso monótono que no requiere ningún principio nuevo de la lógica y de la ciencia. Proviene simplemente del duro trabajo que los bioquímicos llevaron a cabo a lo largo de los últimos cuarenta años, combinado con la manera en la que llegamos a conclusiones sobre el diseño todos los días142.

Philip Johnson

Profesor de derecho en la Universidad de California (Berkeley), ha realizado dilatadas investigaciones sobre el aspecto ideológico de la teoría de la evolución. Es autor de tres libros sobre la materia, que se titulan Darwin Enjuiciado, La Causa del Equilibrio y La Prueba de la Objeción. También publicó sólidos trabajos sobre Derecho Penal y numerosos artículos. Conocido creyente en Dios y fuerte opositor de la teoría de la evolución, escribió: ...Quiero recusar el evolucionismo materialista. Unámonos alrededor del Creador143.

Charles Birch

Profesor emérito de la Universidad de Sydney (Australia) y conocido por su firme fe en la creación, fue galardonado en 1990 con el Premio Templeton Para el Progreso de la Religión. Su fe la expresa así: Como fuente de todos los valores, Dios está más cerca que las manos y los pies, más cerca que la aspiración y espiración del aire que nos mantiene vivos. La experiencia de Dios es real... Dios es causa en la creación del mundo y efecto al experimentarlo144.

S. Jocelyn Bell Burnell

Profesora y directora del Departamento de Física de la Universidad Abierta de Inglaterra, en su papel de astrónoma descubrió junto a otros las estrellas de neutrones en rotación llamadas pulsars. Firme creyente en Dios escribió: Creo en un Dios que es poderoso y omnisciente pero también solícito y perdonador. Estoy segura de que Dios existe145.

Profesor Owen Gingerich

Profesor de astronomía e historia de la ciencia en el Centro Smithsoniano de Harvard para la Astrofísica (Cambridge, Massachusetts), expresó así su creencia en Dios: Creo en Dios como la superinteligencia que planeó y guió la creación del universo... Sostengo que la creación de la humanidad, el principal propósito del universo, fue hecha a imagen de Dios, particularmente en lo que hace a la conciencia, el conocimiento y la libertad moral para elegir entre lo correcto y lo equivocado146.

Profesor Carl Friedrich von Weizsacker

Físico y filósofo, es profesor en el Max-Planck-Gesellschaft de Alemania. Expresó su creencia en Dios de la siguiente manera: Durante una magnífica noche estrellada en las montañas Jura de Suiza, percibí dos certezas: Dios está presente aquí; las estrellas son esferas de gas, como nos lo enseña la física hoy día147.

Profesor David Berlinski

Doctor en matemáticas en la Universidad de Princeton, cree que lo viviente no evolucionó sino que es el producto de un diseño inteligente. En sus trabajos se refiere muchas veces a Dios denominándolo el autor de los diseños: Las complejas estructuras de la vida, las humanas en particular, tuvieron existencia solamente por medio de un proceso de diseño deliberado. Si para crear un simple dedal se requiere un obrar inteligente, ¿por qué los elementos de las estructuras vivas deberían pasar a existir de otro modo?148.

La biología molecular ha revelado que cualquiera sea la criatura, ha sido creada por Dios149.

Profesor William Lane Craig

Primero obtuvo el doctorado de filosofía en la Universidad de Birmingham (Inglaterra) y luego el de Teología en la Ludwig Maximiliens Universitat-Munchen (Alemania). Sostiene que el universo fue creado por Dios con un propósito especial. Su pensamiento se refleja en las dos observaciones que siguen: ...el universo es algo hecho. Pienso que es razonable argumentar que la causa del universo debe ser un Creador personal. ¿De qué otro modo podría provenir un efecto temporal de un origen eterno?... Hemos visto, basándonos en argumentos filosóficos y pruebas científicas, que es sensato admitir que el universo en algún momento comenzó a existir. Considerando el principio obvio e intuitivo de que cualquier cosa que exista debe a algo o a alguien su existencia, nos vemos conducidos a inferir la conclusión de que con el universo pasa lo mismo. En función de nuestro argumento, lo que motiva u origina lo existente debería no tener origen, ser eterno, inmodificable e inmaterial. Además debería ser un agente personal que decide libremente crear un efecto en el tiempo. Por lo tanto, sobre la base del argumento cosmológico del kalam (teología dogmática y escolástica), infiero que es racional creer que Dios existe150.

En verdad, dada la máxima ex nihilo nihil fit (de la nada nada viene), el Big Bang requiere una causa sobrenatural. Debido a que la singularidad cosmológica inicial representa el fin de todas las trayectorias espacio-temporales, no puede existir una causa física del Big Bang. Por el contrario, la causa debe trascender el espacio y el tiempo físico: debe ser independiente del universo y con un poder imposible de concebir. Además debe ser una existencia singular dotada de libre albedrío. La causa del origen del universo debe ser un Creador personal que le dio entidad mediante Su libre albedrío, hace una determinada cantidad de tiempo151.

Dr. Kurt Wise

Es paleontólogo y profesor adjunto de ciencia en el Departamento de Matemáticas y Ciencias Naturales del Colegio Bryan. Conocido por su oposición a la teoría de la evolución, dijo: La creación no es una teoría... La realidad de que Dios creó el universo no es una teoría, es algo cierto152.

Siegrfid Hartwig Scherer

Doctora en antropología física en la Universidad de Zurich, es autora del libro Rampithecus-Vorfahr des Menschen? (¿Es el Rampithecus el Progenitor de los Seres Humanos?). En sus trabajos demostró que la evidencia fósil refuta la teoría de la evolución y que los simios no son los ancestros de los humanos. Percibe que todas las criaturas son obra de un Creador.

J. P. Moreland

Doctor en filosofía de la Universidad de California del Sur, científico creyente en Dios y autor de los libros La Cristiandad y la Naturaleza de la Ciencia y La Hipótesis de la Creación.

Paul A. Nelson

Recibió su doctorado en filosofía en la Universidad de Chicago. Es uno de los científicos que cree que la vida es el producto de un diseño inteligente.

Profesor Jonathan Wells

Doctor en estudios religiosos en Yale y biólogo investigador postdoctorado en el Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de California (Berkeley), es el autor de La Crítica de Charles Hodge al Darwinismo. Wells sostiene que las últimas novedades en la ciencia exhiben que la vida es el producto de un diseño.

Dr. Don Batten

Ha realizado investigaciones en el campo de la fisiología vegetal y ha ganado una serie de premios por sus estudios Científico muy creyente en Dios, ha escrito un conjunto de libros y numerosos artículos acerca de los signos de la creación en la Tierra, además de los trabajos realizados en su especialidad. Viajó por todo el mundo dando conferencias en las que explicaba los signos de Dios con un lenguaje no académico. Este científico australiano llevó adelante su primera serie de conferencias en Inglaterra en 1995.

Dr. John Baumgardner

Doctor en geofísica y física espacial de la Universidad de California (Los Angeles). Se dedicó a investigar los atolladeros en que cae la teoría de la evolución para encontrarle una explicación, pero eso le llevó a darse cuenta de su falsedad, a denunciarla y a admitir la Creación, a pesar de haberse educado en el evolucionismo.

Profesor Doctor Donald Chittick

Recibió su doctorado en química física en la Universidad de Oregón. Ha sido honrado con muchos premios por sus trabajos. Actualmente dicta conferencias acerca de temas como “Evidencia de la Creación” y “La Creación y la Tierra al Comienzo”.

Dr. Werner Gitt

Es director y profesor del Instituto Alemán de Física y Tecnología (Physikalisch-Technische Bundesanstalt, Braunshweig). Compuso numerosos artículos referentes a la ciencia de la información, las matemáticas y la ingeniería. Convencido de que el cosmos fue creado, escribió también muchos libros en los que admite la existencia del Creador y critica la teoría de la evolución. Algunos de ellos son: ¿Recurrió Dios a la Evolución?, Al Comienzo Existía la Información, Las Estrellas y su Propósito: Señales en el Espacio y Si los Animales Hablaran.

Dr. Gary E. Parker

Obtuvo varios reconocimientos académicos antes de recibir su doctorado en biología y fisiología en la Universidad de Ball. Comenzó su carrera como evolucionista, pero frente a las evidencias científicas convincentes a favor de la creación, abandonó la teoría de la evolución y admitió la existencia del Creador. Dictó múltiples conferencias acerca del creacionismo y publicó una serie de libros sobre biología y ciencia de la creación.

Dra. Margaret Helder

Doctora en Botánica y vicepresidenta de la Asociación de la Ciencia de la Creación de Alberta (Canadá), con toda probabilidad es la mujer más prominente en el tema del que se ocupa dicha organización. Ha escrito numerosos artículos acerca de los signos de la creación en nuestro entorno.

Profesor Doctor Jonathan D. Sarfati

Obtuvo su doctorado en química en la Universidad Victoria de Wellington y es coautor de numerosos artículos en las principales publicaciones científicas. Siempre se preocupó por defender la creencia en Dios y actualmente es un activo investigador creacionista.

Profesor Robert Matthews

Graduado en física en la Universidad de Oxford y miembro de la Sociedad Real de Estadística y de la Sociedad Real de Astronomía, describió los milagros de Dios en la creación en su libro publicado en 1992: El desarrollo (humano) tiene lugar en perfecta armonía, produce un feto, luego un bebé, un niño y finalmente un adulto. Todo el proceso en su conjunto es aparentemente milagroso. ¿Cómo puede ser producido algo sorprendentemente tan complejo a partir de un comienzo tan simple? En resumen, ¿cómo una sola célula mucho más pequeña que el punto de esta “i” puede producir un ser consciente? La mayor parte del proceso es misterioso y constituye uno de los Misterios Prominentes153.

Dr. Claude Tresmontant

Miembro de la Universidad de París describió su convicción en la creación y en que la Tierra no pudo originarse por casualidad, en una entrevista que le hizo la revista Realities: Ninguna teoría que contemple la casualidad como factor decisivo, puede explicar la creación del mundo. No tiene ningún sentido decir que la casualidad puede explicar la creación de las criaturas154.

Dr. Don Page

Recibió su doctorado en física en el Instituto Tecnológico de California en 1976 y ha trabajado con notables científicos desde entonces. Cree que la comprensión del universo ayuda al conocimiento del poderío y sabiduría de Dios, aunque no se Le puede abarcar en toda Su amplitud.

Dr. Andrew Snelling

Doctor en geología, ha trabajado en proyectos para la CSIRO, para la Organización de Ciencia y Tecnología Atómica de Australia (ANSTRO) y para la Agencia Internacional de Energía Atómica, como así también con científicos de universidades de Australia, de Estados Unidos, de Gran Bretaña, de Japón y de Suecia.

Como resultado de todos sus estudios publica artículos que aparecen en las revistas científicas internacionales. También fue honrado con un gran número de premios por su contribución a la ciencia de la creación y ha escrito numerosas notas acerca de los signos de la creación en los seres vivos.

Dr. Carl Wieland

Médico creacionista muy requerido como orador sobre la evidencia científica que respalda el hecho de la creación. También ha escrito numerosos artículos sobre la materia, los cuales fueron publicados en todo el mundo.

 

OTROS CIENTIFICOS CONTEMPORANEOS CREYENTES EN DIOS

Todos los científicos exitosos de la actualidad que son nombrados en la lista que sigue, se oponen a la idea de que lo viviente ha pasado a existir por casualidad y están convencidos de que Dios creó el universo según un diseño inteligente.

John K.G. Kramer                                               Dr. Jerry Bergman

Bioquímica                                                          Psicología

 

Dr. Kimberly Berrine                                           Jay L. Wile

Microbiología e Inmunología                                 Química Nuclear

 

Profesor Vladimir Betina                                      Dr. Andrew Bosanquet

Bioquímica y Biología                                           Biología y Microbiología

 

Dr. David R. Boylan                                            Dr. Clifford Burdick

Ingeniería Química                                               Geología

 

Robert Kaita                                                        Alexander V. Lalomov

Física del Plasma                                                 Geología

 

Profesor Dr. Steve Austin                                    Profesor Robert Newman

Geología                                                              Astrofísica

 

Profesor Siegfried Scherer                                   Dr. Russell Humphreys

Biología                                                               Física

 

Dr. Geoff Downes                                               Dr. Larry Butler

Fisiología Vegetal                                     Bioquímica

 

Profesor Linn E. Carothers                                   Profesor Sung-Do Cha

Estadística                                                           Física

 

David Dewitt                                                       Profesor Dr. Eugene F. Chaffin

Neurociencia                                                       Física

 

Dr. Choong-Kuk Chang                                       Profesor Chung-Il Cho

Ingeniería Genética                                              Biología

 

Dr. Harold Coffin                                                Dr. Jack W. Cuozzo

Palaeontología                                                     Medicina

 

Dr. Malcolm Cutchins                                          Dr. Lionel Dahmer

Ingeniería Aeroespacial                                        Química Orgánica

 

Dr. Raymond V. Damadian                                  Dr. Chris Darnbrough

Física                                                                  Bioquímica

 

Dr. S. E. Aw                                                       Dr. Thomas Barnes

Bioquímica                                                          Física

 

Dr. Paul Ackerman                                              Dr. Douglas Dean

Psicología                                                            Bioquímica

 

Dr. Don DeYoung                                               Profesor Danny Faulkner

Astronomía, Física Atmosférica                            Astronomía

 

Profesor Dennis L. Englin                                    Profesor Robert H. Franks

Geofísica                                                             Biología

 

Dr. Donald Hamann                                             Dr. Barry Harker

Bromatología                                                       Filosofía

 

Dr. Charles W. Harrison                                      Dr. Harold R. Henry

Física Aplicada                                                    Ingeniería

 

Dr. Joseph Henson                                              Robert A. Herrmann

Entomología                                                         Matemáticas

 

Dr. Russell Humphreys                                        Dr. Jonathan W. Jones

Física                                                                  Medicina

 

Dr. Valery Karpounin                                          Dr. Dean Kenyon

Matemáticas                                                        Biología

 

Dr. John W. Klotz                                                Dr. Vladimir F. Kondalenko

Biología                                                               Citología, Patología Celular

 

Dr. Leonid Korochkin                                          Profesor Jin-Hyouk Kwon

Genética, Biología Molecular, Neurobiología          Física

 

Profesor Myung-Sang Kwon                                Profesor John Lennox

Inmunología                                                         Matemáticas

 

Dr. John Leslie                                                    Profesor Lane P. Lester

Bioquímica                                                          Biología, Genética

 

Profesor George D. Lindsey                                 Dr. Alan Love

Ciencia de la Educación                                       Química

 

Profesor Marvin L. Lubenow                               Dr. Andrew McIntosh

Antropología                                                        Aerodinámica

 

Dr. John Mann                                                    Dr. Frank Marsh

Agricultura                                                          Biología

 

Dr. Ralph Matthews                                            Dr. John Meyer

Química radiactiva                                               Fisiología

 

Dr. Henry M. Morris                                           Dr. Len Morris

Hidrología                                                            Fisiología

 

Dr. Graeme Mortimer                                          Profesor Hee-Choon No

Geología                                                              Ingeniería Nuclear

 

Dr. David Oderberg                                             Profesor John Oller

Filosofía                                                              Lingüística

 

Profesor Chris D. Osborne                                   Dr. John Osgood

Biología                                                               Medicina

 

Dr. Charles Pallaghy                                            Profesor J. Rendle-Short

Botánica                                                              Pediatría

 

Dr. Jung-Goo Roe                                                Dr. David Rosevear

Biología                                                               Química

 

Dr. Young-Gi Shim                                              Dr. Mikhail Shulgin

Química                                                              Física

 

Dr. Roger Simpson                                              Dr. Harold Slusher

Ingeniería                                                            Geofísica

 

Profesor Man-Suk Song                                       Profesor James Stark

Informática                                                          Ciencia de la Educación

 

Profesor Brian Stone                                            Dra. Lyudmila Tonkonog

Ingeniería                                                            Química, Bioquímica

 

Dr. Larry Vardiman                                             Dr. Joachim Vetter

Estudios de la Atmósfera                                      Biología

 

Dr. Noel Weeks                                                  Dr. A. J. Monty White

Zoología                                                              Química, Dinámica de los Gases

 

Profesor A. E. Wilder-Smith                                 Dr. Clifford Wilson

Química Orgánica y Farmacología                        Arqueología

 

Profesor Verna Wright                                         Profesor Seoung-Hoon Yang

Medicina                                                             Física

 

Dr. Ick-Dong Yoo                                               Dr. Sung-Hee Yoon

Genética                                                              Biología

 

CONCLUSION

La religión es la fuente primaria para proveer al ser humano del conocimiento más preciso acerca de la creación del universo en general y de la vida en particular. Cuando decimos “religión” nos referimos al “Corán”, pues lo consideramos la verdadera fuente de información. Los libros sagrados de otras religiones han sido alterados y ya no pueden ser considerados Libros Divinos.

El Corán, en cambio, es definidamente la palabra de Dios y no contiene ninguna contradicción. Es el libro que Dios envió a sus siervos como guía. Al decir, Somos Nosotros Quienes hemos revelado la Amonestación y somos Nosotros sus custodios. Antes de ti, mandamos a otros enviados... (Corán, 15:9-10), Dios comunica que el Corán es la última revelación y que está bajo Su protección. Por consiguiente, la ciencia avanzará con presteza sólo si es guiada por el Corán, aceptando sus revelaciones. Solamente así la ciencia se pondrá en el sendero de Dios. En cambio, cuando se adopta un camino opuesto al de la religión, los científicos pierden tiempo y recursos e impiden el progreso de la ciencia.

Como en todo lo que exige esfuerzos, el camino que se debe seguir en el campo científico es, ciertamente, el que Dios ordenó en el Corán, como El mismo lo pregona: Este Corán dirige a lo que es más recto (Corán, 17:9).

FIN (The End)


NOTAS

1 Ibn Majah 1/224 y Tirmidhi 218, citado por Anas Ibn Malik.

2 Tirmidhi 279, Darimi y Daraqutni, citado por Abdullah ibn Mas`ud.

3 Tirmidhi 220

4 Albert Einstein, Ideas y Opiniones, Editorial Crown, New York, 1954

5 Carta a Maurice Solovine I, 1 de Enero de 1951; Archivo de Einstein 21-174, 80-871, publicado en Cartas a Solovine, p. 119.

6 H. S. Lipson, A Physicist's View of Darwin's Theory, Evolutionary Trends in Plants, vol. 2, N° 1, 1988, p. 6

7 H. S. Lipson, A Physicist Looks at Evolution, “Physics Bulletin”, vol. 31 (1980), p. 138

8 Albert Einstein, Science, Philosophy, And Religion: A Symposium, 1941, capítulo 1.3

9 Tirmidhi 225 e Ibn Majah, citado por Abdullâh Ibn Umar and Ka'b ibn Malik.

10 Tirmidhi 1392

11 Albert Einstein, Science, Philosophy, And Religion: A Symposium, 1941, capítulo 1.3

12 Henry Margenau, Roy Abraham Vargesse. Cosmos, Bios, Theos. La Salle IL: Open Court Publishing, 1992, p. 241

13 William Lane Craig, Cosmos and Creator, “Origins & Design”, Primavera 1996, vol. 17, p. 18

14 Michael Denton, Nature's Destiny: How the Laws of Biology Reveal Purpose in the Universe, The New York: The Free Press, 1998, pp. 14-15

15 Malcolm Muggeridge, The End of Christendom, Grand Rapids: Eerdmans, 1980, p. 59

16 Søren Løvtrup , Darwinism: The Refutation of A Myth, New York: Croom Helm, 1987, p. 422

17 Paul R. Ehrlich and Richard W. Holm, Patterns and Populations, “Science”, vol. 137 (31 de Agosto de 1962), pp. 656-7

18 Sidney Fox, Klaus Dose, Molecular Evolution and The Origin of Life, New York: Marcel Dekker, 1977, p. 2

19 Klaus Dose, The Origin Of Life: More Questions Than Answers, “Interdisciplinary Science Reviews”, vol. 13, N° 4, 1988, p. 348

20 George Gamow, Martynas Ycas, Mr. Tompkins Inside Himself, Allen & Unwin, Londra, 1966, p. 149

21 Pat Shipman, Birds Do It. Did Dinosaurs?, “New Scientist”, 1 de Febrero de 1997, p. 28

22 Colin Patterson, “Harper's”, Febrero de 1984, p. 60

23 Pierre-P Grassé, Evolution of Living Organisms, New York, Academic Press, 1977, p. 103

24 Michael Pitman, Adam and Evolution, London, River Publishing, 1984, p. 70

25 Gordon Taylor, The Great Evolution Mystery, New York: Harper and Row, 1983, pp. 34-38

26 Leakey, R., & Lewin, R. People of the lake: Mankind and its beginnings. New York: Anchor Press/Doubleday, 1978, p. 17

27 S.J. Jones, A Thousand and One Eves, “Nature”, vol. 34, 31 de Mayo de 1990, p. 395

28 William A. Dembski Science and Design, “First Things”, N° 86, Noviembre de 1998, p. 26

29 G. Mansfield, Creation or Chance! God's purpose with mankind proved by the wonder of the universe, Logos Publications

30 S.R. Scadding, Do 'Vestigial Organs' Provide Evidence For Evolution?, “Evolutionary Theory”, vol. 5, Mayo de 1981, p. 173

31 Michael J.Behe, Darwin's Black Box, New York: Free Press, 1996, pp.231-232

32 Colin Patterson, Evolución y Creacionismo, discurso en el Museo Norteamericano de Historia Natural, Nueva York (5 de Noviembre de 1981)

33 Colin Patterson, Evolución y Creacionismo, discurso en el Museo Norteamericano de Historia Natural, Nueva York (5 de Noviembre de 1981)

34 The Earth Before Man, p. 51

35 Francis Darwin, The Life and Letters of Charles Darwin, vol. I, New York: D. Appleton and Company, 1888, p. 413

36 Francis Darwin, The Life and Letters of Charles Darwin, vol. I, New York: D. Appleton and Company, 1888, p. 315

37 F. Clark Howell, Early Man, NY: Time Life Books, 1973, pp. 24-25

38 Francis Hitching, The Neck of the Giraffe: Where Darwin Went Wrong, New York: Ticknor and Fields, 1982, p. 204

39 Introducción del libro El Origen de las Especies de Charles Darwin (Dutton: Everyman's Library, 1956), p. xxii

40 Richard Dawkins, The Blind Watchmaker, London: W. W. Norton, 1986, p. 229

41 Mark Czarnecki, The Revival of the Creationist Crusade, MacLean's, 19 de Enero de 1981, p. 56

42 Norman Macbeth, Darwin Retried: An Appeal to Reason, Boston, Gambit, 1971, p. 101

43 Richard Dawkins, The Blind Watchmaker, London: W. W. Norton, 1986, p. 159

44 Al-Kulayni, Usul al-Kafi, i, kitab fadl al-'ilm, bab thawab al-'alim wa al-muta'allim, hadith 1

45 Tirmidhi, 222

46 Tirmidhi, 2487, Ahmad e Ibn Majah, narrado por Umm Salamah

47 Michael Baigent, Richard Leigh, Henry Lincoln, The Messianic Legacy, Gorgi Books, London, 1991, pp.177-178

48 Michael Denton, Nature's Destiny: How the Laws of Biology Reveal Purpose in the Universe, The New York: The Free Press, 1998, p. 389

49 Michael J.Behe, Darwin's Black Box, New York: Free Press, 1996, p. 239

50 Edward J. Larson y Larry Witham, Scientists and Religion in America, “Scientific American”, Septiembre de 1999, p. 81

51 Richard Lewontin, The Demon-Haunted World, The New York Review of Books, 9 de Enero de 1997, p. 28

52 Michael J.Behe, Darwin's Black Box, New York: Free Press, 1996, p. 234

53 General Science, Carolyn Sheets, Robert Gardner, Samuel F. Howe; Allyn and Bacon Inc. Newton, Massachusetts, pp. 319-322

54 página web://southport.jpl.nasa.gov/ scienceapps/dixon/report6.html

55 General Science, Carolyn Sheets, Robert Gardner, Samuel F. Howe; Allyn and Bacon Inc. Newton, Massachusetts, pp. 305-306

56 Powers of Nature, “National Geographic Society”, Washington D.C., 1978, pp. 12-13

57 Moore, Developing Human, 6a edición, 1998

58 Basic Human Embryology, Williams P., 3a edición, 1984, p. 64

59 Rex D. Russell, Design in Infant Nutrition, “Impact” N° 259, Enero de 1995, página web://www.icr.org/pubs/imp259.htm

60 Principia, Newton, segunda edición; J. De Vries, “Essentials of Physical Science”, B. Eerdmans Pub.Co., Grand Rapids, SD, 1958, p. 15

61 página web://www.ldolphin.org/bumbulis/

62 página web://www.ldolphin.org/bumbulis/

63 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 26

64 conn.me.queensu.ca/~mech480/ aeroquot.PDF

65 Michael Bumbulis, Christianity and The Birth of Science, página web://www.ldolphin.org/bumbulis

66 Primer Libro de Francis Bacon de la Pericia y el Progreso en el Aprendizaje de lo Divino y Humano

67 página web://www.christianity.co.nz/ science4.htm

68 página web://home.columbus.rr.com/ sciences/enlightened_belief_ history.htm

69 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 13

70 Johannes Kepler, citado en: J.H. Tiner, Johannes Kepler-Giant of Faith and Science (Milford, Michigan: Mott Media, 1977), p. 197

71 Harmonice Mundi (Armonías del mundo), Johannes Kepler Gesammelte Werke, Munich, 1937, vol. 6, p. 363

72 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 51

73 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 57

74 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 18

75 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 66

76 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 63

77 John Marks Templeton, Evidence of Purpose - Scientists Discover the Creator, Continuum, New York, 1994, p. 50

78 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 70

79 Sir Isaac Newton, Mathematical Principles of Natural Philosophy, Translated by Andrew Motte, Revised by Florian Cajore, Great Books of the Western World 34, Robert Maynard Hutchins, Editor in chief, William Benton, Chicago, 1952:273-74

80 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 31

81 William Paley, Natural Theology; or, Evidences of the Existence and Attributes of the Deity Collected from the Appearances of Nature [Edinburgh, 1816], capítulo 5, sección 5, p. 61

82 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, pp. 38-39

83 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 53

84 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 111

85 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 47

86 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 49

87 página web://www.ucmp.berkeley.edu/ history/agassiz.html

88 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 133

89 página web: www.leaderu.com/offices/ schaefer/docs/scientists.html

90 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 59

91 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 143

92 página web://www.archimedesfoundation. org/quotes.html

93 Jean Guitton, Dieu et La Science: Vers Le Métaréalisme, Paris: Grasset, 1991, p. 5

94 página web: www.leaderu.com/offices/ schaefer/docs/scientists.html

95 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 66

96 página web: www.leaderu.com/offices/ schaefer/docs/scientists.html

97 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 153

98 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 79

99 Gene Adair, George Washington Carver, pp. 82-83

100 Sir James Jeans, in his Rede Lecture at Cambridge, reported in the “Times”, London, 5 de Noviembre de 1930

101 Sir James Jeans, The Mysterious Universe, New York: Macmillan Co., 1932/ Cambridge, England: University Press, 1932, p. 140.

102 Simposio sobre Science, Philosophy and Religion, publicado por la Conferencia sobre la Ciencia, la Filosofía y la Religión en su Relación con la Forma de Vida Democrática, Inc., New York, 1941

103 Citado en Moszkowski, Conversaciones con Einstein, p. 46

104 Carta a un niño que preguntó si los científicos rezan, 24 de Enero de 1936; Archivos de Einstein 42-601

105 Dan Graves, Scientists of Faith, Kregel Resources, 1996, p. 159

106 Henry M. Morris, Men of Science Men of God, Master Books, 1992, p. 85

107 Dennis R. Petersen, Unlocking the Mysteries of Creation, Creation Resource Foundation: El Dorado, California, 1990, p. 63.

108 Max Planck, Where Is Science Going?, Allen & Unwin, 1933, p. 214.

109 Charles Coulson, Science and Christian Belief, pp. 72-73

110 US News & World Report, 23 de diciembre de 1991

111 Taskin Tuna, Sonsuz Uzaylar (Espacios eternos), p. 31

112 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, pp. 182-183

113 Página web: www.leaderu.com/offices/ schaefer/docs/scientists.html

114 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 191

115 William Dembski, The Act of Creation, Bridging Transcendence and Immanence, presentado en el foro Millstatt, Strasbourg, Francia, 10 de Agosto de 1998

116 Stephen C. Meyer, tomado de su disertación The Explanatory Power of Design: DNA and the Origin of Information dictada en la Conferencia sobre el Diseño y los Orígenes “Mere Creation: Reclaiming the Book of Nature”, Universidad de Biola, 14-17 de Noviembre de 1996

117 http://www.leaderu.com/ real/ri9403/evidence.html

118 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 181

119 Newsweek, 27 de Julio de 1998, p. 46

120 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 219

121 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 212

122 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 196

123 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 212

124 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 211

125 Michael Girouard, conceptos vertidos en su disertación titulada "¿Es posible que la vida surja por casualidad?", en el marco de la Conferencia Internacional El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1998 en Estambul.

126 Edward Boudreaux, de su disertación titulada El diseño en Química, en el marco de la Conferencia Internacional El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1998 en Estambul.

127 Kenneth Cumming, conceptos expuestos en la Primera Conferencia Internacional El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1998 en Estambul

128 Carl Fliermans, concepto expuesto en la Segunda Conferencia Internacional El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1998 en Estambul

129 David Menton, parte de lo expuesto en la Segunda Conferencia Internacional El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1998 en Estambul

130 John Morris, parte de lo expuesto en la Segunda Conferencia Internacional El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 5 de julio de 1998 en Estambul

131 John Marks Templeton, Evidence of Purpose - Scientists Discover the Creator, Continuum, New York, 1994, p. 103

132 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 165

133 Newsweek, 27 de Julio de 1998, p. 49

134 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 155

135 Newsweek, 27 de Julio de 1998, p. 49

136 Newsweek, 27 de Julio de 1998, pp. 48-49

137 Hugh Ross, Creator and the Cosmos, p. 112

138 Hugh Ross, Design and the Anthropic Principle, Reasons to Believe, CA1988

139 Duane Gish, conceptos expuestos en la Primer Conferencia Internacional , El Colapso de la Teoría de la Evolución: el Hecho de la Creación, organizada por la Fundación para la Investigación de la Ciencia el 4 de abril de 1998 en Estambul, Turquía.

140 http://earth.ics.uci.edu/faqs/ kouznetsov.html

141 John Clover Monsma, The Evidence of God in an Expanding Universe, p. 225

142 Michael J.Behe, Darwin's Black Box, New York: Free Press, 1996, p. 196

143 Tim Stafford, The Making of a Revolution, Christianity Today, Volumen 41, Número 14, 8 de Diciembre de 1997

144 John Marks Templeton, Kenneth Seeman Giniger, Spiritual Evolution - Scientists Discuss Their Beliefs, Templeton Foundation Press, Philadelphia &, London, p. 3,14

145 John Marks Templeton, Kenneth Seeman Giniger, Spiritual Evolution - Scientists Discuss Their Beliefs, Templeton Foundation Press, Philadelphia &, London, pp. 22-23

146 John Marks Templeton, Kenneth Seeman Giniger, Spiritual Evolution - Scientists Discuss Their Beliefs, Templeton Foundation Press, Philadelphia &, London, pp. 50-51

147 John Marks Templeton, Kenneth Seeman Giniger, Spiritual Evolution - Scientists Discuss Their Beliefs, Templeton Foundation Press, Philadelphia &, London, p. 131

148 http://www.rae.org/dendar.html

149 http://www.rae.org/matersci.html

150 http://www.leaderu.com/ truth/3truth11.html

151 William Lane Craig, Cosmos and Creator, “Origins & Design”, vol.17, p. 18

152 http://www.answersingenesis.org/ Docs/3119.htm

153 Robert Matthews, Unravelling The Mind of God, p. 8

154 Claude Tresmontant, "It is Easier to Prove the Existence of God Than It Used to Be", Réalités, Paris, Abril de 1967, p. 46

Fuente: www.harunyahya.com

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